viernes, 30 de marzo de 2007

La Vida Eterna de Savater

Posted by Unknown  |  at   21:12

Colgamos la "rápida" recensión sobre el nuevo libro de Fernando Savater, en la que se postula como uno de los valedores del nuevo laicismo anti..., realizada por Carlos Soler para Arguments
El libro, titulado "La Vida Eterna", está haciendo "furor" en España y fue presentado el pasado 8 de marzo en el hotel Palace de Madrid por Carlos Castilla del Pino y Manuel Feijoo.


Ofrezco ahora un comentario de urgencia, una primera impresión después de haber hojeado el libro. La obra requiere una lectura detenida y una recensión larga que afrontaré cuando disponga de tiempo.

Mi primera sensación sobre el libro no aporta novedades: es el Savater de siempre: buen comunicador, inteligente, hábil; partidario declarado del pensamiento débil, no suele afrontar los problemas a fondo: tiende más a los fuegos de artificio, a la retórica eficaz, a la bisutería intelectual. En definitiva, no sé si el autor busca un diálogo honrado. Quizás busque más el desahogo: parece que el autor vierte en cada página su propia hiel, su resentimiento, su amargura disfrazada de chanza.

Savater hace con demasiada frecuencia lo que yo estoy haciendo en estos párrafos: sembrar valoraciones sin dejar hablar al valorado. Ahora me lo permito porque en otras recensiones he intentado dialogar en serio con Savater y porque me propongo hacerlo con esta obra en cuanto pueda; como programa intelectual para toda la vida, me repugnaría.

En esta obra cada vez que menciona a un Papa u obispo es, hasta lo que he detectado, para aplicarle lo que llamo un “adjetivo descalificativo”: un adjetivo con el que, si el lector se lo cree, el calificado queda definitivamente excluido como alguien que merezca ser escuchado. Sólo en la página 243 se juntan estos calificativos (perdón: descalificativos) sobre Juan Pablo II: retrógrado, opuesto a toda la modernidad intelectual (pero ¿hay en el mundo una sola persona capaz de oponerse ¡a todo!?), “ignora el despliegue histórico del pensamiento”. A Benedicto XVI le aplica los descalificativos “profundo como un cenicero” y “sutil como un ladrillazo” (p. 250). Seamos serios: deje usted hablar a la gente y luego pondere el peso de sus argumentos, haga una crítica razonada; entre en diálogo con el otro antes de valorarlo. Decir que me he leído varias cosas de Juan Pablo II (o de cualquier otro) y pasar inmediatamente a descalificarle sin hablar para nada del contenido es poco serio.

En la página 242 afirma que en una ocasión un obispo polaco le lanzó un anatema, y cuenta los quebraderos de cabeza que le trajo como consecuencia. ¿Un anatema? ¿En el año 2000? No conozco el episodio, pero desde luego por lo que cuenta Savater no estuvo precisamente amable, como pretende, sino lo más hiriente que pudo; sospecho que lo que pasa es lo siguiente: Savater puede criticar a cualquiera de cualquier manera; pero si le criticas a él y tu crítica no le gusta, será considerada un anatema intolerante, violento y fanático, y serás la causa de todas sus desgracias.

Como Savater tiene sentido común, hay muchas cosas aprovechables: siempre que le leo aprendo de él. Pero ocurre que es necesario desgajar esas ideas valiosas del contexto frívolo, superficial, ideológicamente rabioso en que habitualmente se sitúa lo que escribe. Me parece interesante una cita de Cacciari en la que dice, a pesar de no tener fe en ninguna religión concreta, que es imprescindible pensar sobre Dios: “yo no puedo dejar de pensar en lo último, en la cosa última (...). Es lo que decía Heidegger: ‘ateo es el que no piensa’. El que hace algo y punto, termina su tarea sin interrogarse sobre lo último. Pueden ser muy inteligentes, pero pensar es a fin de cuentas pensar en lo último” (p.15). Lástima (y casualidad) que unas líneas más arriba Cacciari se autodescalifique afirmando que detesta a los ateos.

Dice Savater que, si algún día hay un papa a su gusto, será porque ha venido el anticristo o por que él ha vuelto al redil. Utiliza aquí una imagen entrañablemente evangélica, quizás porque de paso connota gregarismo, sumisión y renuncia al pensamiento, elementos totalmente ajenos al significado que la imagen tiene en boca de Jesucristo. En cualquier caso rezo para que así sea, para que Savater “vuelva al redil”. Un Savater cristiano podría hacer mucho bien, si conseguimos que se deje de tonterías y se ponga a pensar en serio.

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Descubren un muro del Primer Templo en Jerusalén

Posted by Emilio López  |  at   18:59

Traduzco un artículo de última hora en el Jerusalem Post, en el que se habla de un descubrimiento que dará mucho que hablar, al menos entre los arqueólogos. Dejo también el link para los que lean inglés. Es breve, pero intenso:


Encontrado un muro del primer templo en la Ciudad de David
por ETGAR LEFKOVITS

Un muro del primer templo ha sido recientemente descubierto en la Ciudad de David de Jerusalén, reforzando la demanda de que es el lugar del palacio del rey David, dijo una arqueóloga el pasado jueves.
El nuevo descubrimiento, hecho por la Dra. Eilat Mazar, miembro senior del Shalem Center’s Institute for the Archeology of the Jewish People, viene poco después de dos años de que ella dijese que había descubierto la localización del palacio en el lugar justo fuera de las murallas del la Ciudad Vieja.
El monumental edificio del siglo X a. C. encontrado por Mazar en 2005 en una excavación de seis meses ha encendido el debate entre los arqueólogos sobre si éste es en verdad el palacio construido para el victorioso David por el Rey Jirán de Tiro, como cuenta 2 Samuel 5.
Una sección de 20 metros de largo de un muro de 7 metros de grosor ha sido descubierta ahora. Indica que la ciudad de David sirvió una vez como un centro principal de gobierno, dice Mazar.
Mazar estima que menos de un cuarto de todo el muro ha sido descubierto hasta ahora, y dice que es el sitio más grande del tiempo del Rey David que haya sido nunca descubierto.
La excavación está patrocinada por el Shalem Center de la capital, con el apoyo académico de la Hebrew University de Jerusalén.

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lunes, 26 de marzo de 2007

El Evangelio del amor

Posted by Unknown  |  at   15:45

Con un poco de retraso, Antonio José Guerra nos envía la traducción que ha hecho de un texto de Vincenzo Paglia para preparar la próxima Pascua. El amor a los pobres en la espiritualidad cristiana desde la experiencia de las Comunidades de San Egidio.

Meditación ofrecida por Vincenzo Paglia en la Iglesia de Sta. Mª del Trastévere de Roma para preparar la Cuaresma 2007 (16 de marzo de 2007). Vincenzo Paglia es obispo de la diócesis de Terni-Narni-Amelia (Italia, cerca de Asís); es Director espiritual de la Comunidad de San Egidio, Presidente de la Federación Internacional Bíblica Católica y Presidente de la Comisión Ecumenismo y Diálogo de la CEI (Conferencia Episcopal Italiana).

Continúa...


Lc 16,19-31 19 “Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. 20 Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, 21 deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico...pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. 22 Sucedió, pues, que murió el pobre y los ángeles le llevaron al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue sepultado. 23 "Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno. 24 Y, gritando, dijo: "Padre Abrahán, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama." 25 Pero Abrahán le dijo: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. 26 Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan hacerlo; ni de ahí puedan pasar hacia nosotros." 27 "Replicó: "Pues entonces, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, 28 porque tengo cinco hermanos, para que les advierta y no vengan también ellos a este lugar de tormento." 29 Abrahán le dijo: "Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan." 30 Él dijo: "No, padre Abrahán, que si alguno de entre los muertos va a ellos, se convertirán." 31 Le contestó: "Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán aunque un muerto resucite."”

El rico y el pobre Lázaro

Esta página evangélica, que tantas veces hemos escuchado, hoy resuena en este lugar de manera particular. Hace casi 1500 años que cada año, en el jueves segundo de cuaresma, la narración del rico y el pobre Lázaro se lee en la celebración eucarística en la estación cuaresmal de Santa María del Trastévere. Quizás se eligió por el mismo Papa Gregorio Magno cuando reordenó las estaciones cuaresmales que, como sabéis, trazan un itinerario espiritual que día a día conduce hacia la Pascua. Gregorio Magno, que conocía bien Roma porque había estado en ella de “prefecto” y luego de obispo, eligió esta página para el Trastévere, un barrio atestado de pobres y lleno de contradicciones. Quizás quería indicar a los cristianos del Trastévere y de Roma como tenían que prepararse para la Pascua. Comentando él mismo esta página evangélica los reprendía diciendo: “Cada día encontramos a Lázaro si lo buscamos, y también sin buscarlo, cada día nos tropezamos con él. Los pobres se presentan a nosotros, incluso importunándonos, piden, pero podrán interceder por nosotros en el último día…No malgastéis, por tanto, el tiempo de la misericordia y no despreciéis el remedio que ellos os ofrecen”. Sí, queridos amigos, “no malgastemos el tiempo de la misericordia”, es decir, el tiempo del auxilio a los más débiles, a los pobres, a los enfermos, a los ancianos. Y la cuaresma para nosotros es aquel tiempo oportuno que la Iglesia nos ofrece; y es el “tiempo de la misericordia”. Obviamente, no porque la misericordia esté restringida a los cuarenta días de la cuaresma, sino porque en estos días aprendemos de Dios el sentido de una vida marcada por la misericordia.

Es esto, queridos amigos, el sentido de nuestro retiro cuaresmal. Y lo hacemos junto a esta Basílica que nos ayuda a revivir la página evangélica de Lucas. Tenemos necesidad de pararnos, de retirarnos y de escuchar de nuevo. De hecho, es fácil para cada uno de nosotros, para mí obispo, para vosotros sacerdotes, monjas, e incluso laicos, ser arrollados por nuestros ritmos cotidianos, probablemente no porque sean vertiginosos, sino porque nos encierran en nosotros mismos. No es difícil parecerse al rico de la parábola. Alguno podría decir que nosotros no “celebramos espléndidas fiestas”. En verdad, el celebrar espléndidas fiestas puede ocurrir cada vez que nos cerremos en nuestro pequeño horizonte, cada vez que nos paramos a considerar sólo lo que nos atañe, a preocuparnos sólo por nuestras cosas, las de mi diócesis, las de mi parroquia, las de mi país, las de mi colegio, las de mi convento, las de mi raza, etc. Aquel rico de la parábola pensaba en sí y en su satisfacción. No vio al pobre Lázaro, no porque fuera ciego, sino porque estaba tan ocupado por sus cosas que no se dio cuenta que aquel pobre Lázaro estaba con llagas y hambriento sentado en la puerta de su casa. Sólo los perros se dieron cuenta de ello.

El evangelio habla de “gran abismo” que separa después de la muerte al rico de Lázaro. En verdad, este abismo estaba presente en la vida de cada día. De hecho, el “gran abismo” no es un problema de kilómetros sino de corazón, no es un problema de espacio sino de interés, no es una cuestión social sino de amor, de preocupación, de cercanía, de amistad. Pero esto puede suceder, y sucede a menudo, que hay un abismo incluso entre el altar donde celebras la Misa y el pobre que está fuera en la puerta de la Iglesia; entre el colegio donde vives y la residencia de mayores que está al otro lado de la calle; entre el convento y la acera donde encuentras al vagabundo; entre los países ricos y la multitud de países pobres, entre los barrios pudientes y aquellos más pobres, etc. Sí, puede haber un “gran abismo” también entre tú y el pobre. Tantos, demasiados, son los abismos que dividen los pocos ricos del enorme número de pobres. Y nosotros somos hijos ricos de nuestra sociedad rica que nos acostumbra a vivir como ciegos delante del “gran abismo”. En efecto, no está de moda hablar hoy de los pobres, ni siquiera entre los creyentes. Es fácil, muy fácil olvidarlos y, a veces incluso, despreciarlos. La parábola evangélica que hemos escuchado describe esta terrible y dramática realidad contemporánea, presente en todas las latitudes. Los pobres no están de moda en nuestros días. Quizás no lo han estado nunca, pero hoy todavía menos. Su presencia en nuestras ciudades es cada vez más un problema. Hay una profunda tendencia en nuestra sociedad: poner a parte a los pobres, hacerlos menos visibles, tenerlos a los márgenes. Y esto ocurre por todos lados, incluso en las grandes ciudades de los países ricos.

¿Por qué entonces hablar de los pobres? La razón es simple: porque somos cristianos, porque el Evangelio nos abre los ojos y nos impulsa a ir a su encuentro. No hay una razón sociológica para hablar hoy de los pobres, ni siquiera hay una razón política o económica. Los pobres no cuentan y dan incluso fastidio. Jesús nos abre los ojos, la mente y el corazón hacia ellos. Todas las páginas evangélicas de hecho son una invitación para amar a los pequeños y débiles, a los pobres y a los enfermos. Y Jesús, para que lo comprendamos sin posibilidad de excusas, se identifica con los pobres, hasta el punto de llegar a decir: “cada vez que habéis hecho estas cosas a uno solo de estos mis hermanos más pequeños, lo habéis hecho a mí” (Mt 25,40). Son palabras pronunciadas en el cuadro de una solemne narración evangélica, casi un pequeño Apocalipsis. La identificación de Jesús con los pobres está clarísima. Y el amor hacia ellos se convierte en normativo no sólo para los cristianos, sino incluso para todos los hombres, y esto cuenta más que las mismas manifestaciones “religiosas”. Es significativa aquella tradición que otorgaba a los pobre, mucho antes que al Papa, el título de Vicarius Christi. Recuerdo un libro pequeño sobre la fraternidad cristiana de un joven teólogo llamado Joseph Ratzinger que nos acompañó en los primeros años de la comunidad de San Egidio. Entre la multitud de cosas que aquel libro decía una era ésta: Jesús usa el término “hermano” sólo para dos categorías de personas: los discípulos y los pobres, como para subrayar el vínculo inseparable. En verdad, toda la historia de la Iglesia está marcada por este vínculo. Hay como un hilo conductor que atraviesa veinte años de historia cristiana que asocia la Iglesia a los pobres. Pero ella se ha separado de ellos. Lo que aparece al historiador es el hecho que cada vez que se ha aflojado este vínculo con los pobres se ha debilitado también el vínculo con el Evangelio. Y cada vez que los cristianos han elegido dar de nuevo a la Iglesia la “forma del Evangelio”, se han encontrado de nuevo con los pobres. Parece una ley de la historia cristiana, ya sea de la pastoral como de la espiritualidad.

La identificación de Jesús con los pobres encuentra una manifestación peculiar en la relación entre la Eucaristía y los pobres: en ambos está la presencia “real” de Cristo. Varias veces el vínculo entre la Eucaristía y los pobres se recuerda en los textos cristianos. Algunos teólogos ortodoxos, como Olivier Clement, hablan de “sacramento del hermano” y “sacramento del altar”. En tal horizonte se coloca la conocida amonestación de Juan Crisóstomo a sus fieles: “Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo desdeñéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con vestiduras de seda, mientras fuera del templo descuidáis este otro Cristo que está afligido por el frío o la desnudez”. Dentro de pocos días es el aniversario del asesinato de Monseñor Romero (24 de marzo de 1980). Me ha dado que pensar el trabajo de un estudioso que compara la obra de Romero con la de Crisóstomo: ambos predicadores del Evangelio y del amor a los pobres; ambos han vinculado la Eucaristía y los pobres, no sólo de palabra sino pagando esto con la propia vida: Crisóstomo tuvo el exilio, y Romero fue asesinado en el altar. Benedicto XVI, como recogiendo esta sabiduría espiritual, subraya en su primera encíclica (Deus charitas est): “Una Eucaristía que no se traduzca en amor concretamente practicado está en sí misma fragmentada” (n. 14). Del resto es fácil acordarse del texto de Pablo a los Corintios: “20 Cuando os reunís, pues, en común, eso no es comer la cena del Señor; 21 porque cada uno come primero su propia cena, y mientras uno pasa hambre, otro se embriaga. 22 ¿No tenéis casas para comer y beber? ¿O es que despreciáis a la iglesia de Dios y avergonzáis a los que no tienen? ¿Qué voy a deciros? ¿Alabaros? ¡En eso no os alabo!” (1 Cor 11,20-22).

El Evangelio afirma claramente que la vida del discípulo no puede desarrollarse lejos de los pobres. Y el cristiano no puede encontrar los pobres simplemente como un problema social: ellos son su familia. Los pobres de hecho tienen derecho a ser amados, a tener hermanos y hermanas como todos nosotros. La relación con ellos no puede ser reducida a una actividad o a un oficio de la Iglesia. Todo cristiano tiene que tener una relación personal con ellos, quizás también con uno sólo. En efecto, al final de la vida seremos interrogados sobre este amor personal con al menos un hambriento, un sediento, un preso, un desnudo, un anciano, un enfermo, un condenado a muerte…Andrea Riccardi (fundador de la Comunidad de San Egidio) le gusta decir que el cristiano es aquél que tiene un pobre por amigo. Por tanto, el encuentro con los pobres tiene que hacerse una experiencia y un conocimiento directo. En esto el amor por los pobres es como la oración, como la Eucaristía. No se confía la oración a otros, ni la propia comunión a los otros; cada uno reza personalmente y vive la relación directa con el Padre que está en los cielos; cada uno de nosotros se comunica personalmente con la Eucaristía para unirse al Señor Jesús. Análogamente cada uno de nosotros no puede confiar el amor a los pobres a Cáritas o a otros. El amor por los pobres, así como lo hace el cristiano, es personal porque implica al corazón. Los pobres, antes que de pan, tienen necesidad de nuestra consideración, de nuestra amistad, de nuestro amor. En fin, tienen que ser llamados por su nombre como cada uno de nosotros desea justamente para sí mismo, y tienen necesidad que el Evangelio les sea anunciado, más aún, tiene que ser comunicado a todos a partir de ellos. Dios – recuerda Gregorio Magno a sus fieles comentado la parábola de Lázaro y el rico – conoce a los pobres de manera particular, los conoce por su nombre: “Por tanto, ¿por qué el Señor hablando de un pobre y de un rico, dice el nombre del primero y silencia el del otro, si no es para demostrar que Dios conoce a los humildes y está cerca de ellos, mientras no reconoce a los soberbios?” El rico de la parábola no tiene nombre porque no tiene amigos.

La actitud de amistad con los pobres casi no está considerada en las comunidades cristianas. Hay necesidad de una verdadera y propia “conversión pastoral” a partir del descubrimiento de los pobres como hermanos, como parientes, como familiares. Quien de nosotros ha hecho esta experiencia lo sabe de buena manera. Sabe cuánto los pobres tienen necesidad de amigos, y descubre que incluso nosotros tenemos necesidad de ellos, y estamos felices de su amistad porque es sincera. No tengo dudas en decir que uno de los calificativos más claros del cristiano es el ser amigo de los pobres. Jesús en los Evangelios aparece como amigo de los pobres. Todos los pobres y los débiles lo buscaban y se agolpaban alrededor suya. Allí donde iba creaba un clima de fiesta, sobre todo entre los pobres y pecadores. Por esto eran “bienaventurados”. No lo eran ciertamente por su condición de pobreza, lo eran porque finalmente había venido su amigo. Y en un mundo que está perdiendo el corazón y la piedad, el Evangelio continúa siendo una gran garantía y una gran defensa de los pobres ya que incrementa el número de amigos para ellos.

Pero, si es verdad que los pobres están sostenidos por nosotros, es igualmente verdad que también nosotros estamos sostenidos por ellos. Es una verdad extraordinaria de la tradición cristiana. Y en efecto, se experimenta un viraje decisivo cuando, en la amistad con los pobres, nos damos cuenta que son ellos los que nos evangelizan. ¿En qué sentido nos evangelizan? Los pobres, con su misma condición, nos recuerdan nuestra debilidad. El anciano, con la fragilidad de su cuerpo, nos recuerda la nuestra, incluso si nosotros buscamos a toda costa esconderla bajo el bienestar o el bien vestir. Los pobres nos recuerdan además la vanidad de aquel orgullo que sentimos como una defensa natural frente a la dureza de la vida. Ellos, en fin, nos hablan de nuestra fragilidad y de la vanidad de una vida encerrada en los ambientes protegidos y seguros. Gregorio Magno amonesta: “Por tanto, que ninguno se crea al seguro porque puede decir: yo no robo a los otros, sólo exploto los bienes que poseo de acuerdo a la justicia. El rico de la parábola, de hecho no fue castigado por haber sustraído a los otros, sino sólo por haberse dado desordenadamente a los bienes recibidos. La condena al infierno le fue dada porque no conservó el sentimiento de temor en la felicidad, porque se convirtió en arrogante a causa de las riquezas que poseía, sin ningún sentimiento de piedad…”.

El “sentimiento del temor en la felicidad” es una observación a tener en cuenta. A menudo la felicidad embriaga, hasta llegar a pensar que se puede ser feliz contra los otros y sin los otros. Los pobres desde ahora saben ser maestros silenciosos: con mucha humildad (porque no tienen ni la fuerza ni la autoridad para hacerlo con arrogancia) nos inquietan cuando nos sentimos orgullosos o arrogantes. La amistad con los pobres nos evangeliza en profundidad, si por evangelización no entendemos algo de teología de laboratorio, sino una comunicación vital. El pobre Lázaro era un mensaje claro para el rico si hubiera ensanchado su mirada más allá de su horizonte de bienestar, más allá del umbral de su casa. El pobre Lázaro no chilla ni se impone, pero su presencia habla. Los pobres no sólo nos evangelizan ahora, sino en el futuro serán también nuestros intercesores. El pensamiento de los pobres como intercesores ha estado presente siempre en la tradición cristiana. Por ejemplo, el Pastor de Hermas subrayaba que el rico y el pobre se ayudan mutuamente: “Cuando el rico está junto al pobre y lo socorre en lo que necesita, cree que esto que hace por el pobre puede encontrar recompensa en Dios, ya que el pobre es rico en intercesiones y confesiones, y su intercesión tiene gran poder en Dios”. Los pobres serán nuestros salvadores cuando nos presentemos en el tribunal de Dios. El encuentro con ellos es verdaderamente saludable, en todos los sentidos.

La experiencia de la Comunidad de San Egidio

En la historia de la Comunidad de San Egidio el encuentro con los pobres ha sido y sigue siendo decisivo. Los primeros que ha encontrado, hace casi cuarenta años, fueron aquellos que estaban en las barracas de la periferia de Roma: eran inmigrantes procedentes del sur de Italia, mujeres forzadas a una dura vida y humilladas, niños que no iban a la escuela…Rostros sufrientes, historias difíciles. Luego vino el encuentro con los ancianos: aquellos a los que el progreso concede el don de una vida longeva, pero a los que la sociedad les hace entender que están de más en las familias, en las casas…La vejez llega como una pobreza añadida para quien es pobre, y una verdadera pobreza también para el que está bien. La vejez hace pobres en una sociedad que tiene siempre prisa y no tiene cuidado de quien es débil. Junto a los ancianos hemos descubierto el mundo variopinto de los discapacitados; también hemos descubierto una práctica difundida del aborto que está destruyendo para favorecer sólo a quien da garantías de nacer sano. Luego está la gran pobreza de las enfermedades psíquicas que atenaza los corazones y las mentes de tantos en nuestra sociedad opulenta. La enfermedad psíquica revela en sí una trampa, pues es difícil distinguir en ella entre pobreza material y pobreza espiritual. Y luego están los extranjeros, con sus historias de dolor, que viven a menudo en un universo extraño que no entienden. Pienso en los gitanos, este pueblo distinto, que no ha tenido nunca tierra y nacionalismo, el cual apenas es soportado por nosotros debido a su modo fastidioso de convivir con nuestras ciudades. Y también los que viven en la calle, que acaban en esta situación por motivos muy diversos. En fin, los enfermos de todos los tipos, sobre todo los que cargan con una sentencia de muerte sobre sus espaldas y ven el futuro no ya con la mirada de una vida infinita, como aparece a los sanos, aunque sabemos que así no es. Mundos diversos, rostros diferentes…Los hemos recordado para contaros treinta y nueve años de encuentro y de amistad con el mundo de los pobres de parte de la Comunidad de San Egidio en las partes más variopintas del mundo.

Si alguno pregunta: ¿cómo vive la Comunidad de San Egidio? La respuesta es simple: rezando juntos y queriendo a los pobres. Encontrar a los pobres es una cosa posible en nuestras calles, donde hay gente que sufre, que pide, que no tiene casa. Es posible encontrarlos en las grandes construcciones anónimas donde, en la discreción y en la soledad de un apartamento, se esconde tanto dolor y tanta pobreza. Es posible encontrarlos también uniéndose a aquellos que, como ya alguno de vosotros hacéis, gastan su vida sirviendo a los pequeños, ayudando en el comedor de los pobres, visitando a los ancianos, apoyando a los discapacitados, rezando juntos por ellos. Tantos son los modos para estar junto a los pobres. Cada uno debe elegir el modo. Lo que cuenta en todo caso es tener a un pobre por amigo. La relación con el pobre inicia – parece – con el dar. Y quisiera dedicar una palabra sobre la limosna. Hoy muchos la desprecian. Alguno sostiene que sería mejor dar una contribución a los servicios sociales. No creo que tengamos el derecho de despreciar la limosna, de la que habla toda la Escritura, y también el Judaísmo y el Islam. Obviamente no se quiere con la limosna descargar de la responsabilidad que se tiene que tener hacia el que tiene necesidad; pero se invita al menos a pararse, a mirar a la cara, a los ojos del pobre, a dar algo de lo propio. También porque del pararse para la limosna puede nacer un interés ulterior.

La limosna: es poner un poco de pietas, en una vida social en la falta esta piedad. Es la asunción de una actitud piadosa y no la agresiva o con prisas que se tiene en la vida de la ciudad. Antiguo y Nuevo Testamento son un himno a la limosna: Sir 29,9 “Si quieres cumplir el mandamiento, acoge al indigente, y según su necesidad no le despidas con las manos vacías”. Jesús retoma esto en su enseñanza: Lc 12,33 “Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos”. La limosna hace madurar una actitud compasiva y no desdeñosa. Se comienza con el dar; pero se recibe. Tener una actitud misericordiosa es preparar un mundo mejor, más humano. Dios advierte esta actitud piadosa: Pro 19,17 “Quien se apiada del pobre presta a Yahvé y recibirá su recompensa”. La piedad penetra en la profundidad de la vida más allá del hecho concreto. Juan Crisóstomo decía que la limosna es la “reina de la virtud”: “No resiste a la limosna ningún poder de lo alto…”.

El amor por los pobres es también una defensa para ellos en relación a la violencia que a menudo padecen. Nuestra atención por ellos a menudo los defiende en aquellos ambientes y en aquellas calles de las que se querría expulsar. A veces se quieren ciudades lindas y sin pobres, o donde los débiles están escondidos. Los pobres delante de nuestras iglesias pueden parecer un espectáculo medieval, pero ¿no está escrito que “de ellos es el reino de los cielos”? En una ciudad en la que se hospitalizan a los ancianos, se esconden los moribundos, se internan a los enfermos, es un escándalo que los sanos estén junto a los enfermos, los ricos a los pobres, los débiles a los fuertes. Juan Crisóstomo recuerda que los edificios del poder están frecuentados sólo por personajes distinguidos, mientras “en los verdaderos palacios, hablo de la iglesia y los santuarios de los mártires, se encuentran los endemoniados, los mutilados, los pobres, los viejos, los ciegos, los lisiados”. Una vida, lejos de los pobres, no es una garantía de felicidad: una vida cerrada a la compasión no es garantía de serenidad. Por esto, en la vida de la Iglesia, los ambientes de los pobres han estado siempre cercanos a aquellos de la oración. Y también en la educación de los más jóvenes, el conocimiento de los pobres es un camino de madurez.

Paulino de Nola, un rico romano entre el s. III y IV d.C., convertido por las cartas de la Biblia, monje y luego obispo del Sur, había construido su monasterio sobre una segunda planta después de haber puesto a los pobres en la primera planta, para significar que los pobres están en la base de la comunidad. Y Paulino alaba aquello que un senador romano, Pammachio, había hecho introduciendo a los pobres en la misma basílica de San Pedro para un gran almuerzo en su honor: “tu reuniste en la basílica del apóstol una multitud de pobres, los dueños de nuestras almas, que por toda la ciudad de Roma piden limosna para vivir”. Nosotros de San Egidio, retomando esta antigua tradición romana, una vez al año, tenemos un gran almuerzo para los pobres y nos sentamos con ellos en la basílica de Santa María del Trastévere, sólo el día de Navidad, para significar que, en aquella fiesta en la que los pobres están solos, ellos están al centro de la Iglesia, que es su verdadera familia. Y vienen, año tras año, de toda la ciudad, de modo que la basílica se queda pequeña y se necesita preparar otros locales. Paulino elogiaba a Pammachio porque no expulsaba al mendigo de su puerta sino que lo invitaba a comer: “Abramos también nosotros nuestras casas a los hermanos, ya sea porque…tememos el peligro que, expulsando al hombre, alejamos, por así decir, también su ángel, o porque tengamos la esperanza que, acogiendo con solícita humanidad todo extranjero que pasa, merezcamos de hospedar también a los ángeles”. Los pobres por amigos: convirtiéndose en amigos de Dios se reencuentra amigos de los pobres. Mientras aquellos que ayudan a los pobres creen de ser ángeles para quien sufre, se encuentran viviendo una vida acompañado de los necesitados, verdaderos ángeles de sentido y de afecto. He visto ancianos que llenan la vida a personas que se han sentido vaciadas, propiamente cuando comienzan a ayudarle con amistad. Se comienza con el dar, pero se continúa recibiendo.

Escucha del Evangelio y amor por los pobres

No hay contradicción entre una verdadera espiritualidad, entre la escucha de Dios, y el amor por los pobres. Sin la escucha de la Palabra de Dios, el amor se enfría o se convierte en una ideología. Se entiende el por qué es tan vital la oración vespertina para la Comunidad de San Egidio. Sin la oración es imposible un compromiso de tantos que emplean su vida al servicio de los débiles. La oración es nuestra fuerza para servir y para amar a los pobres. ¡Cuantos impulsos de voluntariado también en la Iglesia se han apagado o se han perdido en la vorágine de la institución porque no han estado animados por la oración! Es la historia de un impulso social que, en un pasado reciente, ha estado fuerte entre los cristianos, pero que se ha vuelto perezoso, institucionalizado, politizado. Al pobre se le ha sustituido el ídolo de una idea, de un método, de una teoría. ¿Por qué se ha vuelto perezoso? El amor por los pobres está protegido y aumentado por la misma fe. La Palabra de Dios suscita una y otra vez nuestro corazón y afirma el primado del corazón y no del interés…Tenía razón el cardenal Congar cuando ponía a los pobre en el misterio mismo de la Iglesia: “los pobres son cosa de la Iglesia. No son sólo su clientela o beneficiarios de su sustancia: la Iglesia no vive plenamente su misterio si los pobres están ausentes de ella…El cuidado de los pobres, de los desarraigados, de los débiles, de los humildes, de los oprimidos, es una obligación que tiene sus raíces en el mismo corazón del cristianismo entendido como comunión. No puede existir más una comunidad cristiana sin ‘diaconía’, es decir, servicio a la caridad, que a su vez no puede existir sin la celebración de la Eucaristía. Las tres realidades están legadas entre ellas: comunidad, Eucaristía, diaconía de los pobres y de los humildes. La experiencia demuestra que ellas viven y languidecen juntas; pero a menudo falla la imaginación que convierte en inventiva la caridad, y la audacia y el ánimo para superar todo titubeo y tomar la iniciativa”.

Los pobres son una parte importante de la Comunidad de San Egidio; ya sea los pobres que están cercanos como los que están lejos. Más allá de los pobres de nuestra ciudad existe un mundo pobre lejano que es en realidad grandísimo. En efecto, el hombre y la mujer de hoy no encuentran al pobre sólo debajo de su casa. En el mundo globalizado, los pobres lejanos se han hecho cercanos. Todos tomamos contacto con la miseria de los países lejanos. Asistimos casi en directo a las guerras y vemos largas filas de prófugos. Y la guerra es la madre de tantas pobrezas. Alguno de nosotros, quizás podrá decir que esta gran pobreza que es la guerra está lejos de Italia. ¿Qué podemos hacer si existen tantas guerras lejanas? Muy a menudo se asiste a las imágenes de dolor con un sentido de impotencia. África está lejos, está lejano Oriente Medio, lejanos están tantos otros países martilleados por el hambre. ¿Qué hacer? Los pobres se han hecho vecinos nuestros. Hoy también nosotros que vivimos en los colegios y en las parroquias italianas estamos cercanos al mundo entero: estamos en la ventana desde donde se ve el mundo. Ninguno puede decir: ¡Yo no sé! Y es verdad que una estupenda vista sin corazón nos hace crueles, como fue el rico de la parábola para el pobre Lázaro. Se trata de recuperar el corazón, y esto sólo es posible rezando, escuchando el Evangelio, acogiendo en nosotros “los mismo sentimientos que estuvieron en Cristo Jesús”, como escribe Pablo. Mirar el mundo con el corazón significa que no se tiene la solución a todo, pero no nos cansamos de preocuparnos por quién se encuentra en la miseria. El amor por los pobres lejanos inquieta a nuestros corazones y solicita nuestra mente a que nos acordemos de ellos.

Estamos en la ventana sobre el mundo. Por esto no se puede olvidar el gran Sur: los pueblos pobres. Todo creyente tiene que encontrar su modo de estar presente, ya sea con el recuerdo, con el interés, con la oración. Este amor tiene que inquietar la cultura corriente para la que prepara un destino separado entre nosotros y el Sur: me acuerdo en particular del África devorada por las guerras, por el SIDA (el 70% de los seropositivos y el 75% de los muertos por esta enfermedad están en este continente), y por algunas clases dirigentes corruptas. Pero, ¿cuántos africanos pueden acceder a la cura del SIDA, que incluso está disponible, como demuestra el proyecto DREAM? Para el WorldWatch Institute – se lee en su relación anual – en el 2010 habrán 25 millones de huérfanos por el SIDA, mientras la diferencia entre países ricos y el Sur se habrá más que redoblado.

Los problemas de los pobres del Sur tienen que convertirse, al menos un poco, en nuestros problemas. Así se realiza una alianza particular. Es la alianza – así Andrea Riccardi nos ha subrayado a menudo, refiriéndose a las palabras del profeta Sofonías – entre humildes y pobres. Los humildes son los cristianos, que han descubierto como el orgullo de su vida y la arrogancia de su bienestar no vale mucho. Dice el profeta Sofonías: “Buscad a Yahvé, vosotros, humildes de la tierra, que cumplís sus mandatos; buscad la justicia, buscad la humildad; quizá encontréis cobijo el Día de la ira de Yahvé” (Sof 2,3). Son los “humildes de la tierra”, aquellos que se han hecho discípulos de aquel Jesús que es manso y humilde de corazón. Este pueblo de los humildes – como dice el Salmo 18 – vive precisamente en su Señor, una alianza profunda con los pobres. Continúa el profeta Sofonías: “Dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, se cobijará al amparo de Yahvé” (Sof 3,12). Es una gran promesa y un gran sueño: el pueblo de los humildes que se funde con el pueblo de los pobres en el amor. Dios ha dispuesto que los creyentes sean una gran reserva de amor para los pobres del mundo.

Es una fraternidad a vivir cada día, mirando a los ojos al pueblo vecino, acordándose de quién es el pobre lejano. Es una fraternidad que cada cristiano puede vivir por su vida, sin evitar los ojos del pobre, sin rechazar el escuchar el lamento que viene de lejos. Es una fraternidad que cada uno de nosotros puede vivir permaneciendo humilde. En la humildad, de hecho, crece la fraternidad con los pobres. Son una alianza y una fraternidad, de la que nos damos cuenta cuando levantamos los ojos y los dirigimos al que ha sido crucificado. Pobre en medio de los condenados a muerte, Jesús humilde de corazón y manso, en su debilidad esconde una fuerza más fuerte que aquella de los poderosos de este mundo. Mirándole a Él, seremos salvados. Mirándole a Él, aprenderemos a amar a todos y particularmente a los pobres. (Fin de la reflexión de Vincenzo Paglia)

Mi Reflexión final ¿quién o qué es el prójimo?

El prójimo es el samaritano que se acerca al que estaba medio muerto; es decir, el PRÓJIMO es el que está más cercano a los pobres. Hay que tener el coraje de dar piedad, de ofrecer bendición, de dejarse bendecir y amar por el pobre. Hay que tener el valor de vivir de verdad el evangelio. Para poder encontrar este “rostro” de Jesús, hace falta alimentar nuestra vida espiritual, esto es, beber de la fuente que nos da la vida: la escucha constante del Evangelio. Esta palabra de Vida ocasiona una conmoción allí donde se escucha, y provoca una revolución en relación a los pobres, pues se convierte en Buena Noticia para el que no tiene ninguna noticia agradable. ¡Reorientemos nuestros corazones como Dios quiere! ¡Sintamos la necesidad de sentir esa pasión de Amor en nuestros corazones para que nos empuje a amar a todos, y especialmente a los pobres!

¡Feliz Semana Santa y Pascua de Nuestro Señor Jesucristo!



ANTONIO JOSÉ GUERRA MARTÍNEZ

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domingo, 25 de marzo de 2007

Recursos de Arqueología Bíblica en español

Posted by Emilio López  |  at   11:19

Lo prometido es deuda, así que aquí va una serie de enlaces a páginas en español sobre arqueología bíblica. No están todas, puede que no sean las mejores, pero nos pueden ayudar a entrar en el conocimiento de las costumbres y de la historia de la región en la que se desarrolla la Biblia. Hoy, día de la Encarnación, no se me ocurre mejor regalo.

Un primer link es terrae antiqvae, un blog dedicado a todas las especializaciones de arqueología, pero en el que es posible navegar por temas como Mesopotamia, Próximo Oriente, y lo que nos toca más de cerca en nuestro estudio bíblico: Israel. Muchas fotos, y bastante actualizado.
En nuestro mismo servidor nos encontramos con un blog titulado I.E.A.B. según la misma página, un grupo de personas que se dedican a la investigación en la rama de la arqueologia bíblica), se puede encontrar una serie de artículos sobre diversos temas, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Quizá sería de agradecer que se quitase la música de cada página, pues disturba al lector.

En estas tres páginas se pueden encontrar muchos links, con los que aumentar nuestro conocimiento sobre la ciencia arqueológica. Espero que sea de vuestro agrado, y que sirva para mayor gloria de Dios.

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sábado, 24 de marzo de 2007

El médico que renunció al Nobel por defender la vida

Posted by Rubén García  |  at   13:57

Artículo de Rosa Bueno (www.solidaridad.net)

El arzobispo de París, Mons. André Vingt-Trois, previa confirmación de la Santa Sede, nombró al Padre Jean Charles Naud, prior de la Abadía de St. Wandrille, postulador de la causa de beatificación Jérôme Lejeune. De este modo comenzó el tan esperado proceso a nivel diocesano. El anuncio fue hecho en la XIII Asamblea General de la Pontificia Academia para la Vida, el 25 de febrero pasado.


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El Dr. Jérôme Lejeune a los 33 años, en 1959, publicó su descubrimiento sobre la causa del síndrome de Down, la trisomía 21, esto lo convirtió en uno de los padres de la genética moderna. En 1962 fue designado como experto en genética humana en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y en 1964 fue nombrado Director del Centro nacional de Investigaciones Científicas de Francia y en el mismo año se crea para él en la Facultad de Medicina de la Sorbona la primera cátedra de Genética fundamental. Se transformó así en candidato número uno al Premio Nobel.
Aplaudido y halagado por los “grandes del mundo”, deja de serlo cuando en 1970 se opone tenazmente al proyecto de ley de aborto eugenésico en Francia: matar a un niño por nacer enfermo, es un asesinato y además abre las puertas a la liberalización total del crimen del aborto.
En esos meses participa en New York en la sede de la ONU en una reunión en la que se trataba de justificar, ya entonces, la legalización del aborto para evitar los abortos clandestinos. Fue en ese momento cuando refiriéndose a la Organización Mundial de la Salud dijo “he aquí una institución para la salud que se ha transformado en una institución para la muerte”. Esa misma tarde escribe a su mujer y a su hija diciendo: “Hoy me he jugado mi Premio Nobel”.
La defensa de Lejeune siempre defendió al ser humano desde la concepción.
Rechazó científicamente no sólo el crimen abominable del aborto, sino conceptos ideológicos como el de pre-embrión. Por esas razones lo aislaron, lo acusaron de integrismo y fundamentalismo y de intentar imponer su fe católica en el ámbito de la ciencia.
Fue incomprendido y perseguido en ámbitos de eclesiales, y aislado por sus colegas. Pero en ningún momento escuchó a los prudentes que le aconsejaban “callar para llegar más alto y así poder influir más”: las estructuras de pecado no se pueden cambiar, sólo hacen cómplices. Hizo caso omiso también de los que le decían que estaba sumiendo en la miseria a su familia, ya que le fueron cortados todos los fondos para sus investigaciones de las cuales vivía: continuó con sus investigaciones, sostuvo a su familia y se financió dando conferencias.
Juan Pablo II, en carta al Cardenal Lustinger, entonces arzobispo de París, con motivo de la muerte de Lejeune decía: “En su condición de científico y biólogo era una apasionado de la vida. Llegó a ser el más grande defensor de la vida, especialmente de la vida de los por nacer, tan amenazada en la sociedad contemporánea, de modo que se puede pensar en que es una amenaza programada. Lejeune asumió plenamente la particular responsabilidad del científico, dispuesto a ser signo de contradicción, sin hacer caso a las presiones de la sociedad permisiva y al ostracismo del que era víctima”.
En 1992 comienza, a petición de Juan Pablo II, la gestación de la Pontificia Academia para la Vida, creada por Su Santidad el 11 de febrero de 1994. El 26 de febrero de ese año recibe, ya en su lecho de muerte, el nombramiento de Presidente de la Academia. Entrega su alma a Dios el Domingo de Pascua de 1994 (3 de abril).

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viernes, 23 de marzo de 2007

El Papa y la fisión nuclear del amor

Posted by Rubén García  |  at   22:16

Artículo de José Francisco Serrano Oceja

No pocas veces a lo largo de la historia los perseguidores, antagonistas, simuladores, conculcadores del cristianismo se han preguntado en dónde radica la fuerza de la fe cristiana. Se ha pensado que la respuesta se encuentra en una inteligencia que se ha ido acumulando a lo largo de la historia o en un profundo conocimiento tanto de la epidermis de la vida humana como de las profundidades de su corazón.

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Se podría pensar que esa fuerza radica en un uso de una razón ligada al poder, al dinero, a la voluntad de dominio. Quizá esté en la exigencia del grupo, como ejercicio de la sociabilidad. Puede que la encontremos en la combinación de silencio con elocuencia. Habrá quien diga que está en su capacidad de cambiar de piel según sople el viento de lo que interese. Pero no, ni mucho menos. La fuerza del cristianismo radica en la presencia de Cristo en la historia; una presencia que se extiende en el horizonte de los tiempos y en lo profundo de la esperanza que anhela el hombre.
El cristianismo, y lo ha repetido con insistencia Benedicto XVI, no es una ideología ni un conjunto de benéficas intenciones. El cristianismo es un acontecimiento, y se construye en relación y desde la relación con el acontecimiento. El origen de la fe cristiana no se encuentra en lo que los apóstoles creyeron o imaginaron sobre Jesús, sino en los acontecimientos históricos de los que fueron testigos y, en no pocos casos, protagonistas. Ni antes, ni ahora, la fe hace el hecho, lo constituye, lo legitima. No, es el hecho, la presencia de lo que sucede, lo que despierta la admiración, la respuesta agradecida, la confianza; la fe, en suma.
Benedicto XVI está empeñado ofrecer un magisterio sobre lo esencial. Ha trazado un círculo en el pensamiento y ha escrito dentro la palabra amor. Benedicto XVI es el Papa de la propuesta cristiana sobre el amor. Juan Pablo II fue el Papa de la fe; Benedicto lo es del amor. Así inició su pontificado y así lo continúa con una exhortación postsinodal sobre la Eucaristía que es una consecuencia lógica de lo que escribió en su primera encíclica. Ya al inicio del texto ahora presentado, el Papa señala: "San Agustín, con un penetrante conocimiento de la realidad humana, ha puesto de relieve cómo el hombre se mueve espontáneamente, y no por coacción, cuando se encuentra ante algo que lo atrae y le despierta el deseo. Así pues, al preguntarse sobre lo que puede mover al hombre por encima de todo y en lo más íntimo, el santo obispo exclama: ¿Ama algo el alma con más ardor que la verdad?"
La fuerza del cristianismo es la verdad del cristianismo. Una verdad vivida, comunicada, experimentada, fecunda de razón y de cultura. La fuerza del cristianismo se hace visible en la presencia de una formulación de lo cristiano que sea capaz de romper con las tendencias culturales y sociales. Benedicto XVI señala casi al final de su documento sobre el sacramento del amor que "el culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la propia fe. Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas. Estos valores no son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana. Esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía (cf. 1 Co 11,27-29)". No lo hace por casualidad, ni por una forzada estrategia de lanzar mensajes a diestro y siniestro en pos de una revolución conservadora, de ideología atávica.
El Papa es coherente, saca las consecuencias de una lógica de amor que responde a la necesidad de la verdad en el hombre, de la aceptación gratuita de la vida y del sentido, del sí a la revolución que tiene como principio esa "fisión nuclear" en la conversión de la sustancia del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, por usar una imagen bien conocida hoy por nosotros, que se produce en lo más íntimo del ser. "Un cambio destinado a suscitar un proceso de transformación de la realidad, cuyo término último será la transfiguración del mundo entero, el momento en que Dios será todo para todos", ha escrito.

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jueves, 22 de marzo de 2007

Las seis reglas de George Orwell para escribir con efectividad

Posted by Joaquín Mestre  |  at   9:20



No es necesario argumentar que la producción de literatura teológica no es especialmente popular. La gente común no lee teología. Basta con visitar las mejores librerías para descubrir que lo teológico aparece, generalmente, como un subgénero de la sección de esoterismo (menos mal que aún no lo han colocado en la de literatura fantástica y ciencia-ficción). Y no se trata fundamentalmente de que el tema no despierte el interés general. El problema está quizá en un error de comunicación.

Todos sabemos que el trabajo teológico no tiene como destino la autocomplacencia del teólogo, sino el servicio al pueblo de Dios y, especialmente, a los pobres (también a los pobres de cultura filosófica y teológica) y por ésto, ante el desolador panorama de la difusión teológica, podemos gritar: "Houston, tenemos un problema". Lo de aludir a Houston, no es sólo un guiño fácil: la cultura anglosajona nos lleva la delantera en hacer accesible la teología al gran público.

En este sentido, puede ser interesante recordar a los/las cachorros/as de teólogos/as un ensayo de George Orwell, "Politics and the English Language" que, allá por 1946, invitaba a mantener seis reglas de escritura bien sencillas:

1.-No uses nunca una metáfora, comparación u otra figura literaria que estamos acostumbrados a ver impresa.
2.-No uses nunca una palabra larga si una palabra corta puede funcionar igual.
3.-Si puedes quitar una palabra, quítala siempre.
4.-Nunca uses la voz pasiva si puedes usar la voz activa.
5.-Nunca uses una palabra extranjera, una palabra científica o un vocablo de alguna jerga si hay un término del castellano cotidiano que sea equivalente.
6.-Rompe cualquiera de estas reglas antes de escribir algo realmente "bárbaro".

Podríamos añadir que estos seis mandamientos se resumen en dos:

1.-Amarás la sencillez sobre todas las cosas.

No dejes que el deseo de manifestar tu vastísima cultura o tu capacidad para el trabalenguas teológico te separe de tu objetivo: que Cristo sea conocido y amado.

2.-Amarás a tu prójimo como a tí mismo.
¿No es cierto que te cansa perder el tiempo con larguísimos textos teológicos que acaban diciendo muy pocas cosas?. Pues, tú mismo...



Joaquín Mestre
(Dedicado a Álvaro. Él sabe porqué)

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lunes, 19 de marzo de 2007

Disco Duro virtual

Posted by Unknown  |  at   16:23

Muchos de nosotros utilizamos las famosas cuentas de Google, Gmail, para hacer nuestras copias de seguridad por su, hasta ahora, gran capacidad: 2,7 gb (han previsto ir aumentándola cada año y se calcula que en 2009 puede llegar a 3,5 gb para todo el mundo). Para facilitar estas copias contábamos con programas "caseros" que agilizaban la tarea: gspace (extensión para Firefox), gdrive, etc. Pero con el tiempo, esta cantidad se nos va quedando corta. De ahí que hayan ido apareciendo nuevas cuentas o discos virtuales de mayor capacidad, pero siempre comerciales. Esta semana se ha presentado un nuevo servicio que tiene pinta de convertirse en un standard para los backups online. Se trata de MediaMax. Igualmente tiene varias cuentas de pago, siendo la más cara de 29,95 € mensuales con capacidad de 1000 gb. Pero también ofrece una cuenta «gratuita» de nada menos que 25 gb. La interfaz es muy intuitiva y tiene la ventaja de ofrecernos un gran buzón, de hacer públicos algunos archivos (para decirle a quien queramos que pinchen un link y se bajen nuestro archivo), de enviar emails de más de 1 gb (las cuentas normales sólo permiten transferencias de 10 mg), de sincronizar carpetas de nuestro disco duro con el disco virtual (al estilo del Synback que presentamos hace un tiempo), de programar backups y de distinguir tipos de archivos para facilitar las búsquedas: video, música, fotos y mail. En fin, un servicio excelente que mantendrá a salvo nuestra información y nos dará nuevas posibilidades para acceder desde cualquier ordenador o de compartir la información que queramos de formas variadas.
Por último, destacar que también tiene un programa gestor gratuito que nos facilita mucho el manejo del disco virtual. Con este programa es posible ir haciendo las sincronizaciones mientras vamos trabajando y con bastante rapidez (esto depende de la línea, claro).
Para acceder a la página de inscripción y al panel de control online: http://www.mediamax.com
Para bajar el programa gestor pincha aquí.

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sábado, 17 de marzo de 2007

Antivirus online my rápido

Posted by Unknown  |  at   17:45

La empresa Panda software acaba de lanzar un nuevo producto muy interesante para todos los que quieran tener el máximo nivel de seguridad. Se trata del servicio gratuito online: nanoscan. Este servicio escanea tu equipo en unos segundos (el mío ha tardado 72: un tiempo récord para cualquier escaneo) y te ofrece los resultados detalladamente para saber qué acciones tomar. Su nuevo método y heurística permiten esta rapidez con gran fiabilidad en los resultados. Aunque no sustituye al antivirus residente (no desinfecta ni ofrece funciones de cortafuegos), sí puede ser una opción para estar seguros de que no ha entrado ningún virus o malware en el ordenador que usamos para trabajar habitualmente. Por ahora (hasta abril), sólo funciona a través de ActiveX con lo que no podrá ser usado en otro navegador distinto al iexplorer. No creo que esto sea un problema, dado que todos los usuarios de windows (los únicos que se tienen que preocupar seriamente por códigos maliciosos) tienen esta opción de "serie". Puedes acceder al servicio a través de esta página: www.nanoscan.com
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Actualización:
Me ha escrito Carlos, un miembro del equipo de Nanoscan anunciándome la salida del plugin para Firefox. Aquí les dejo el mensaje. Yo todavía no lo he probado, pero se pone más interesante...

Mi nombre es Carlos y trabajo en el equipo de NanoScan. Te escribo porque en tu post del 17 de Marzo de 2007 [http://sintesis.blogspot.com/2007/03/antivirus-online-my-rpido.html] hacías algunos comentarios sobre el funcionamiento de NanoScan. Me alegra informarte que, después de unos meses de trabajo, hemos desarrollado un plug-in que hace NanoScan uno de los primeros antivirus online para Firefox. El funcionamiento es muy sencillo, cuando le das a “NanoScan my PC”, te saca la pantalla de instalación del plug-in, mediante el cual el navegador también podrá acceder a los servicios de NanoScan. Funciona con un plug-in especial para Firefox (como el de Flash por ejemplo) que se instala sólo una vez…

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González de Cardedal: Resilencia o resistencia

Posted by Rubén García  |  at   15:39

Ayer, 14 de marzo, la Congregación romana para la doctrina de la fe publicó una Notificación sobre dos obras de Jon Sobrino, jesuita bilbaíno que vive en aquellas tierras americanas, en las que sociedades todavía civilmente no tejidas, regímenes de pobreza e injusticia hacen difícil la proposición del evangelio como una palabra de vida y de libertad. J. Sobrino es superviviente de la horrible matanza organizada en la capital del Salvador en la que perecieron otros compañeros jesuitas, entre los cuales el nombre más significativo era el del padre Ellacuría, que regresaba al Salvador después de haber impartido la semana anterior un curso en la Universidad de Salamanca.
Sobrino ha elaborado su teología desde los pobres, considerando que deben ser guía de ella

Continúa...
Este documento se define a sí mismo como una Notificación, dirigida primero al autor, luego a la Iglesia y a quienes quieran conocer la concordancia o discordancia de las ideas del J. Sobrino con la totalidad de la doctrina normativa en la Iglesia católica. Se le reconoce su buena intención y su voluntad de expresarlas en un contexto donde la pobreza es una lacra de las masas humanas en medio de las que sé que vive. Su empeño ha sido proponer la fe católica como palabra de Dios iluminadora y redentora de la vida humana, sobre todo a aquellos que viven en sus situaciones de pobreza y marginación.
Notificación no es una declaración de herejía, ni una condena personal, ni la prohibición de ejercer el ministerio apostólico, celebrar la eucaristía, predicar o enseñar la doctrina católica. No es un juicio sobre su tarea sacerdotal y apostólica, sino exclusivamente sobre dos de sus obras, y no en todas sus partes sino en aquellas que explícitamente se señalan. Sería error o mala intención poner bajo sospecha todo lo dicho o todo lo escrito por él. Por otro lado, es necesario recordar explícitamente que en él se afirma literalmente: "La Congregación no pretende juzgar las intenciones subjetivas del autor, pero tiene el deber de llamar la atención acerca de proposiciones que no están en conformidad con la doctrina de la Iglesia".
¿Cuál ha sido la gestación de este documento desde 2001 hasta hoy que se publica? Una de las dos obras incriminadas aparece en 1991 y la otra en 1999. A partir de ese momento, los teólogos han apreciado sus valores a la vez que detectado imprecisiones y errores. Como resultado de ese eco y dada la influencia que el autor ha ejercido en el mundo latinoamericano, la Congregación emprendió un estudio más profundo de ellas en 2001. A partir de esa fecha ha habido un proceso de comunicación con el autor y de explicaciones por parte de éste, interviniendo también como cauce de comunicación evidente su superior general el P. Kolvenvach, en orden a que todo el proceso tuviera la claridad y transparencia que algo tan serio exige.
¿Cuáles son las afirmaciones fundamentales del documento? Hay una primera parte que en un cierto sentido es secundaria y en otro termina siendo decisiva. ¿Desde dónde se hace teología y a quién deben dirigirse primariamente sus palabras y de dónde se toman sus criterios? La respuesta de J. Sobrino es: desde los pobres y para los pobres. Semejantes afirmaciones han sido recogidas por el magisterio contemporáneo de la Iglesia al hablar de la opción preferencial por los pobres y como el lugar donde la Iglesia debe mostrar que no es un poder más para apoyar a los que ya lo son en este mundo, sino la reveladora del Dios que, siendo rico, se hizo pobre para subvenirnos con su amor, su debilidad y su riqueza.
La cuestión real es esta otra: lo que la Iglesia tiene sobre todo que hacer es responder y ayudar a los pobres, realizando su misión específica: anunciar el evangelio de Jesucristo tal como él ha sido transmitido por la tradición apostólica e interpretado bajo la luz del Espíritu Santo en los concilios. Su misión es colaborar pero no suplantar las soluciones políticas, sociales, culturales y económicas propias de otras instancias e instituciones. El evangelio se predica desde los pobres y para los pobres, pero ni ellos ni los ricos son señores ni intérpretes últimos. ¿Cuáles son las reales pobrezas? Por supuesto la carencia de pan y salud, de vestido y cobijo, de paz y libertad, de esperanza y de justicia, de cultura y de participación, pero también lo son el desconocimiento del Dios, la ignorancia del evangelio, el no haber oído hablar de Jesucristo, el rechazo de la vida eterna como una dimensión a la vez inherente y trascendente a ésta.
J. Sobrino ha elaborado su teología desde los pobres, considerando que sus necesidades y esperanzas deben ser los criterios guía de ella. Eso le ha inclinado a presentar una figura de Jesús en que se ofrecen los rasgos que el evangelio presenta, inclinándose a ver en él sobre todo un ejemplo de fe, un sujeto supremamente solidario. Una vida y una muerte expuestas y exponentes de fidelidad hasta el final, una relación privilegiada con Dios. Siendo esto verdadero, sin embargo, no siempre aparecen con toda nitidez otras dimensiones que la Iglesia le ha conferido desde el Nuevo Testamento hasta los concilios: ser el Hijo eterno y consubstancial con Dios, que con su persona le introduce en la historia humana, le hace solidario de ella, iluminándola así y recreándola. Todo esto lo es Cristo porque es el Hijo eterno con el Padre, encarnado, muerto por nosotros y resucitado para nuestra justificación. A esa novedad divina que Cristo ha insertado en el mundo, los cristianos la han designado salvación.
Hay tres comprensiones fundamentalmente diversas de Jesús: la humanista que le interpreta cómo una de las figuras que han dado la talla máxima de humanidad (Jaspers); judaica como el exponente supremo del profetismo de Israel (Klausner) y la cristiana, que asumiendo las dos anteriores, las prolonga y completa. La Notificación a Sobrino afirma que hay aspectos esenciales de la comprensión cristiana de Jesús que en su obra o no están claramente expuestas o son erróneas (la divinidad de Jesucristo, la encarnación, la relación del Reino de Dios con la persona de Jesús, su autoconciencia, el valor salvífico de su muerte). Éstos son aspectos irrenunciables en la confesión cristiana de Jesucristo y por otro lado poco tienen que ver con la teología de la liberación, sino que son los motivos esenciales de toda teología católica.
Para un teólogo equivocarse es humano y la palabra de la Iglesia es una llamada de atención, que, como la de todo el que objetiva y generosamente nos corrige, hay que agradecer para poder con su ayuda repensar nuestro camino, rehacer la obra, corregir posibles errores o matizar expresiones. A esa capacidad de volver sobre sí reflexionando hasta hacer girar la propia posición, de retracción en recuperación, de flexibilidad y ensanchamiento, es a lo que los ingleses desde 1824 y los franceses desde 1911 llaman resiliencia. Nosotros necesitamos una palabra castellana para designar esa actitud. El término proviene de la física y se refiere a la capacidad que tiene un material para recuperar su mejor forma anterior después de haber sido sometido a circunstancias que lo doblegan, estiran o hacen crujir.
Para cualquier teólogo católico es momento doloroso el no ser reconocido por la Iglesia como expresión plena de su verdad. Bien seguro que Sobrino será sin duda capaz de esta resiliencia, en lugar de sucumbir a la tentación de la disidencia o resistencia empecinadas. Aquella le hará madurar su pensamiento haciendo objetivamente posible una recepción mejor de su teología. La mera resistencia le condenaría a empobrecimiento y soledad; finalmente a una infecundidad cristiana y humana. Todos, comenzando por los pobres, esperamos y le agradecemos de antemano que aprovechará esta oportunidad espiritual para repensar, profundizar, ensanchar y catolizar más su teología

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jueves, 15 de marzo de 2007

Carta de Jon Sobrino a Kolvenbach

Posted by Rubén García  |  at   21:52

Aunque puede que ya la hayáis leído en otros sitios, por si aún no lo habéis hecho, he aquí la carta que Jon Sobrino escribió al Padre Kolvenbach, Prepósito General de la Compañía de Jesús, acerca de la Notificación de la Congregación para la Doctrina de la Fe:

Querido P. Kolvenbach:

Ante todo le agradezco la carta que me escribió el 20 de noviembre y todas las gestiones que ha hecho para defender mis escritos y mi persona. Ahora me dice el P. Idiáquez que le escriba a usted sobre mi postura ante la notificatio y las razones por las que no me adhiero -“sin reservas”, dice usted en su carta- a ellas. En un breve texto posterior expondré mi reacción ante la notificatio, pues, como usted dice, lo normal es que la noticia aparezca en los medios y que los colegas de la teología esperen una palabra mía.

Continúa...

1. La razón fundamental.
La razón fundamental es la siguiente. Un buen número de teólogos han leído mis dos libros antes de que fuese publicado el texto de la Congregación de la fe de 2004. Varios de ellos leyeron también el texto de la Congregación. Su juicio unánime es que en mis dos libros no hay nada que no sea compatible con la fe de la Iglesia.
El primer libro, Jesucristo liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret, fue publicado en español en 1991, hace 15 años, y ha sido traducido al portugués, inglés, alemán e italiano. La traducción portuguesa tiene el imprimatur del Cadenal Arns, del 4 de diciembre de 1992. Que yo sepa ninguna recensión o comentario teológico oral cuestionó mi doctrina.
El texto del segundo libro, La fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas, fue publicado en 1999, hace siete años, y ha sido tradcido al portugués, inglés e italiano. Fue examinado muy cuidadosamente, antes de su publicación, por varios teólogos, en algunos casos por encargo del P. Provincial, Adán Cuadra, y en otros a petición mía. Son los PP. J. I. González Faus, J. Vives y X. Alegre, de San Cugat; el P. Carlo Palacio, de Bello Horizonte; el Pbro. Gesteira, de Comillas; el Pbro. Javier Vitoria, de Deusto; el P. Martin Maier, de Stimmen der Zeit. Varios de ellos son expertos en teología dogmática. Uno, en exégesis. Y otro, en patrística.

Recientemente, el P. Sesboué, a petición de Martin Maier, el año 2005 tuvo la gentileza de leer el segundo libro, La fe en Jesucristo, conociendo también, según entiendo, el texto de la Congregación de la fe de 2004. El P. Maier le pidió que se fijase si había algo en mi libro contra la fe de la Iglesia. Su respuesta de 15 páginas en conjunto es laudatoria para el libro. Y no encontró nada criticable desde el punto de vista de la fe. Sólo encontró un error, que él llama técnico, no doctrinal. “Mon intention est de montrer le centre de gravité de l’ouvrage et combien il prend au serieux les affirmations conciliares, comme les titres de Crist dans le N.T. Je n’ai trouvè qu’une erreure réelle, s’est son interpretation de la communication des idiomes, mais c’este une errer technique en non doctrinale“. (Afirmo desde ahora que no tengo ningún inconveniente en esclarecer, en la medida de mis posibilidades, ese error técnico).

Sobre el modo de analizar mi texto por parte de la congregación dice lo siguiente:

“Je n’ai pas voulu répondre avec trop de précision au document de la CDF qui vise aussi le premier livre de Sobrino et me paraît tellement exagéré qu’il est sans valeur. Talleyrand avait ce mot: “Ce qui est exagéré est insignifiant!”. Avec cette méthode délibérément soupçonneuse je peux lire bien des hérésies dans les encycliques de J. P. II ! J’en ai tout de même tenu compte dans mon évaluation. J’ai voulu dire que ce livre me paraît plus rigoureux dans ses formulations que le précédent. J’ai aussi cité des textes de la tradition, ou contemporains, ou même des papes qui vont dans le sens de Sobrino (en cela je suis la méthode de la CDF!).

Entregué una copia del texto del P. Sesboué al P. Idiáquez y al P. Valentìn Menéndez.

Todos estos teólogos son buenos conocedores del tema cristológico, al nivel teológico y doctrinal. Son personas responsables. Se han fijado explícitamente en posibles errores doctrinales míos. Son respetuosos de la Iglesia. Y no han hallado errores doctrinales ni afirmaciones peligrosas. Entonces no puedo comprender cómo la notificatio lee mis textos de manera tan distinta y aun contraria.

Esta es la primera y fundamental razón para no suscribir la notificatio: “no me siento representado en absoluto en el juicio global de la notificatio”. Por ello no me parece honrado suscribirla. Y además, sería una falta de respeto a los teólogos mencionados.


2. 30 años de relaciones con la jerarquía
El documento de 2004 y la notificatio no son una total sorpresa. Desde 1975 he tenido que contestar a la Congregación para la Educación católica, bajo el cardenal Garrone, en 1976, y a la Congregación de la Fe, primero bajo el cardenal Seper y después, varias veces, bajo el Cardenal Ratzinger. El P. Arrupe, sobre todo, pero también el P. Vincent O’keefe, como vicario general, y el P. Paolo Dezza, como delegado papal, siempre me animaron a responder con honradez, fidelidad y humildad. Me agradecieron mi buena disposición a responder y me daban a entender que el modo de proceder las curias vaticanas no siempre se distinguía por ser honrado y muy evangélico. Mi experiencia, pues, viene de lejos. Y usted conoce lo que ha ocurrido en los años de su generalato.
Lo que quiero añadir ahora es que no sólo he tenido serias advertencias y acusaciones de esas congregaciones, sobre todo la de la fe, sino que desde muy pronto se creó un ambiente en el Vaticano, en varias curias diocesanas y entre varios obispos, en contra de mi teología -y en general, contra la teología de la liberación. Se generó un ambiente en contra de mi teología, a priori, sin necesidad de leer muchas veces mis escritos. Son 30 largos años de historia. Sólo voy a mencionar algunos hechos significativos. Lo hago no porque ésa sea una razón fundamental para suscribir la notificatio, sino para comprender la situación en que estamos y qué difícil es, al menos para mí, y aun poniendo lo mejor de mi parte, tratar honrada, humana y evangélicamente, el problema. Y para ser sincero, aunque ya he dicho que no es una razón para no adherirme a la notificatio, siento que no es ético para mí “aprobar o apoyar” con mi firma un modo de proceder poco evangélico, que tiene dimensiones estructurales, en una medida, y que está bastante extendido. Pienso que avalar esos procedimientos para nada ayuda a la Iglesia de Jesús, ni a presentar el rostro de Dios en nuestro mundo, ni a animar al seguimiento de Jesús, ni a la “lucha crucial de nuestro tiempo”, la fe y la justicia. Lo digo con gran modestia.

Algunos hechos del ambiente generalizado que se ha generado contra mi teología, más allá de las acusaciones de las congregaciones, son los siguientes.

Monseñor Romero escribe en su Diario el día 3 de mayo de 1979: “Visité al P. López Gall… Me dijo con sencillez de amigo el juicio negativo que se tiene en algunos sectores para con los escritos teológicos de Jon Sobrino”. Por lo que toca a Monseñor Romero, pocos meses después me pidió que le escribiera el discurso que pronunció en la Universidad de Lovaina el 2 de febrero de 1980 -en 1977 ya había redactado para él la segunda carta pastoral “La Iglesia, cuerpo de Cristo en la historia”. Escribí el discurso de Lovaina. Le pareció muy bien, lo leyó íntegramente y me lo agradeció.

Antes de su cambio como obispo, Monseñor me había acusado de peligros doctrinales, lo que muestra que sabía moverse en esa problemática (también escribió un juicio crítico contra la “Teología Política” de Ellacuría en 1974). Pero después, nunca me avisó de tales peligros. Creo que mi teología le parecía correcta doctrinalmente -al menos en lo sustancial. (Sé muy bien que en el Vaticano un problema para su canonización ha sido mi posible influjo en sus escritos y homilías. Escribí un texto de unas 20 páginas sobre ellos. Y lo firmé).

Cuando Alfonso López Trujillo fue nombrado cardenal, dijo poco después en un grupo, más o menos públicamente, que iba a acabar con Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Ronaldo Muñoz y Jon Sobrino. Así me lo contaron, y me parece muy verosímil. Las historias de López Trujillo con el P. Ellacuría -con Monseñor Romero, sobre todo- y conmigo son interminables. Continúan hasta el día de hoy. Y empezaron pronto. Creo que en 1976 o 1977 habló en contra de la teología de Ellacuría y de la mía en una reunión de la Conferencia Episcopal de El Salvador, a cuya reunión se autoinvitó. Después, en carta a Ellacuría, negó tajantemente que hubiera hablado de él y de mí en dicha conferencia. Pero nosotros teníamos el testimonio, de primera mano, de Mons. Rivera, quien estuvo presente en la reunión de la conferencia episcopal.

En 1983 el cardenal Corripio, arzobispo de México, prohibió la celebración de un congreso de teología. Lo organizaban los pasionistas para celebrar, según su carisma, el año de la redención, que estaba siendo propiciado por Juan Pablo II. Querían tratar teológicamente el tema de la cruz de Cristo y la de nuestros pueblos. Me invitaron y acepté. Después me comunicaron la prohibición del cardenal. La razón, o una razón importante, era que yo iba a tener dos conferencias en el congreso.

En Honduras, el arzobispo, regañó a un grupo de religiosas porque habían ido a una diócesis cercana a escuchar una conferencia mía. Me había invitado el obispo. Creo que su nombre era Mons. Corrivau, canadiense.

Sólo un ejemplo más para no cansarle. En 1987 o 1988, más o menos, recibí una invitación a hablar a un numeroso grupo de laicos en Argentina, en la diócesis de Mons. Hesayne. Se trataba de revitalizar a los cristianos que habían sufrido durante la dictadura. Y acepté. Poco después recibí una carta de Mons. Hesayne diciéndome que mi visita a su diócesis había sido objeto de debate en una reunión de la Conferencia Episcopal. El cardenal Primatesta dijo que le parecía muy mal que yo fuese a hablar a Argentina. Monseñor Hesayne, me defendió como persona y defendió mi ortodoxia. Le preguntó al cardenal si había leído algún libro mío, y reconoció que no. Sin embargo, el obispo se vio obligado a cancelar la invitación. Me escribió y se disculpó con mucho cariño y humildad, y me pidió que comprendiese la situación. Le contesté que la comprendía y que le agradecía.

De lo que he dicho hasta ahora sobre Argentina tengo certeza. Lo que sigue lo oí a dos sacerdotes, no sé si de Argentina o de Bolivia, que pasaron por la UCA. Al verme, me dijeron que conocían en lo que había ocurrido en Argentina. En resumen, en la reunión de la Conferencia Episcopal le habían dicho a Mons. Hesayne que tenía que elegir: o invitaba a Jon Sobrino a su diócesis, y el Papa no pasaría por ella en la próxima visita a Argentina, o aceptaba la visita del Papa a su diócesis y Jon Sobrino no podía pasar por allí.

No quiero cansarle más, aunque créame que podría contar más historias. También de obispos que se han opuesto a que dé conferencias en España... Esta “mala fama” no creo que fuese algo específicamente personal, sino parte de la campaña contra la teología de la liberación.

Y ahora formulo mi segunda razón para no adherirme. Tiene que ver menos directamente con los documentos de la Congregación de la fe, y más con el modo de proceder del Vaticano en lo últimos 20 ó 30años. En esos años, muchos teólogos y teólogas, gente buena, con limitaciones por supuesto, con amor a Jesucristo y a la Iglesia, y con gran amor a os pobres, han sido perseguidos inmisericordemente. Y no sólo ellos. También obispos, como usted sabe, Monseñor Romero en vida (todavía hay quien no le quiere en el Vaticano, al menos no quieren al Monseñor romero real, sino a un Monseñor Romero aguado), Don Helder Camara tras su muerte, y Proaño, Don Samuel Ruiz y un muy largo etc… Han intentado descabezar, a veces con malas artes, a la CLAR, y a miles de religiosas y religiosos de inmensa generosidad, lo que es más doloroso por la humildad de muchos de ellos. Y sobre todo, han hecho lo posible para que desaparezcan las comunidades de base, los pequeños, los privilegiados de Dios…

Adherirme a la notificatio, que expresa en buena parte esa campaña y ese modo de proceder, muchas veces claramente injusto, contra tanta gente buena, siento que sería avalarlo. No quiero pecar de arrogancia, pero no creo que ayudaría a la causa de los pobres de Jesús y de la iglesia de los pobres.


3. Las críticas a mi teología del teólogo Joseph Ratzinger
Este tema me parece importante para comprender dónde estamos, aunque no es una razón para no suscribir la notificatio.

Poco antes de publicar la primera Instrucción sobre algunos aspectos de la “Teología de la liberación”, corrió, en forma manuscrita, un texto del cardenal Joseph Ratzinger sobre dicha teología. El Padre César Jerez, entonces provincial, recibió el texto de un jesuita amigo, de Estados Unidos. El texto fue publicado después en 30 giorni III/3 (1984) pp. 48-55. Yo lo pude leer, ya publicado, en Il Regno. Documenti 21 (1984) pp. 220-223. En este artículo se mencionan los nombres de cuatro teólogos de la liberación: Gustavo Gutiérrez, Hugo Assmann, Ignacio Ellacuría, y el mío, que es el más frecuentemente citado. Cito textualmente lo que dice sobre mí. Las referencias son de mi libro Jesús en América Latina. Su significado para la fe la cristología, San Salvador, 1982.

a) Ratzinger: “Respecto a la fe dice, por ejemplo, J. Sobrino: La experiencia que Jesús tiene de Dios es radicalmente histórica. “Su fe se convierte en fidelidad”. Sobrino reemplaza fundamentalmente, por consiguiente, la fe por la “fidelidad a la historia” (fidelidad a la historia, 143-144).

Comentario. Lo que yo digo textualmente es: “su fe en el misterio de Dios se convierte en fidelidad a ese misterio”… con lo cual quiero recalcar la procesualidad del acto de fe. Digo también que “la carta (de los Hebreos) resume admirablemente cómo se da en Jesús la fidelidad histórica y en la historia a la práctica del amor a los hombres y la fidelidad al misterio de Dios” (p. 144). La interpretación de Ratzinger de remplazar la fe por la fidelidad a la historia está injustificada. Repito varias veces: “fidelidad al misterio de Dios”.

b) Ratzinger: “’Jesús es fiel a la profunda convicción de que el misterio de la vida de los hombres… es realmente lo último…’ (p. 144). Aquí se produce aquella fusión entre Dios y la historia que hace posible a Sobrino, conservar con respecto a Jesús la fórmula de Calcedonia pero con un sentido totalmente alterado: se ve cómo los criterios clásicos de la ortodoxia no son aplicables al análisis de esta teología.

Comentario. El contexto de mi texto es que “la historia hace creíble su fidelidad a Dios, y la fidelidad a Dios, a quien le instituyo, desencadena la fidelidad a la historia, al ‘ser a favor de otros’” (p. 144). Para nada confundo Dios y la historia. Además, la fidelidad no es a una historia abstracta, o alejada de Dios y absolutizada, sino que es la fidelidad al amor a los hermanos, lo que tiene una ultimidad específica en el Nuevo Testamento y es mediación de la realidad de Dios.

c) Ratzinger: “Ignacio Ellacuría insinúa este dato en la tapa del libro sobre este tema: Sobrino “dice de nuevo…que Jesús es Dios, pero añadiendo inmediatamente que el Dios verdadero es sólo el que se revela histórica y escandalosamente en Jesús y en los pobres, quienes continúan su presencia. Sólo quien mantiene tensa y unitariamente esas dos afirmaciones es ortodoxo…”

Comentario. No veo que tiene de malo las palabras de Ellacuría.

d) Ratzinger: “El concepto fundamental de la predicación de Jesús es “Reino de Dios”. Este concepto se encuentra también en el núcleo de las teologías de la liberación, pero leído sobre el trasfondo de la hermenéutica marxista. Según J. Sobrino el reino no debe comprenderse de modo espiritualista, ni universalista, ni en el sentido de una reserva escatológica abstracta. Debe ser entendido en forma partidista y orientado hacia la praxis. Sólo a partir de la praxis de Jesús, y no teóricamente, se puede definir lo que significa el reino; trabajar con la realidad histórica que nos rodea para transformarla en el Reino” (166).

Comentario. Es falso que yo hable del reino de Dios en el transfondo de la hermenéutica marxista. Sí es cierto que doy importancia decisiva a reproducir la praxis de Jesús para obtener un concepto que pueda acercarnos al que tuvo Jesús. Pero esto último es problema de epistemología filosófica, que tiene también raíces en la comprensión bíblica de lo que es conocer. Como dice Jeremías y Oseas: “hacer justicia, ¿no es eso conocerme?”.

e) Ratzinger: “En este contexto quisiera también mencionar la interpretación impresionante, pero en definitiva espantosa, de la muerte y de la resurrección que hace J. Sobrino. Establece ante todo, en contra de las concepciones universalistas, que la resurrección es, en primer lugar, una esperanza para los crucificados, los cuales constituyen la mayoría de los hombres: todos estos millones a los cuales la injusticia estructural se les impone como una lenta crucifixión (176). El creyente toma parte también en el reinado de Jesús sobre la historia a través de la implantación del Reino, esto es, en la lucha para la justicia y por la liberación integral, en la transformación de las estructuras injustas en estructuras más humanas. Este señorío sobre la historia se ejerce, en la medida en que se repite en la historia el gesto de Dios que resucita a Jesús, esto es, dando vida a los crucificados de la historia (181). El hombre asumió las gestas de Dios, y en esto se manifiesta toda la transformación del mensaje bíblico de modo casi trágico, si se piensa cómo este intento de imitación de Dios se ha efectuado y se efectúa”.

Comentario. Si la resurrección de Jesús es la de un crucificado, me parece al menos plausible comprender teológicamente la esperanza en primer lugar para los crucificados. En esta esperanza podemos participar “todos “ en la medida en que participemos en la cruz.

Y “repetir en la historia el gesto de Dios” es obviamente lenguaje metafórico. Nada tiene que ver con hybris y arrogancia. Hace resonar el ideal de Jesús: “sean buenos del todo como el Padre celestial es bueno”.

Hasta aquí el comentario a las acusaciones de Ratzinger. No reconozco mi teología en esta lectura de los textos. Además, como usted recordará, el P. Alfaro escribió un juicio sobre el libro del que Ratzinger saca las citas, sin encontrar error alguno en su artículo “Análisis del libro ‘Jesús en América Latina’ de Jon Sobrino”, Revista Latinoamericana de Teología 1, 1984, pp. 103-120). Por lo que toca a la ortodoxia concluye textualmente:

“a) Expresa y repetida afirmación de fe en la divinidad (filiación divina) de Cristo a lo largo de todo el libro;
b) reconocimiento creyente del carácter normativo y vinculante de los dogmas cristológicos, definidos por el magisterio eclesial en los concilios ecuménicos;
c) fe en la escatología cristiana, iniciada ya ahora en el presente histórico como anticipación de su plenitud venidera meta-histórica (más allá de la muerte);
d) fe en la liberación cristiana como “liberación integral”, es decir, como salvación total del hombre en su interioridad y en su corporalidad, en su relación a Dios, a los otros, a la muerte y al mundo. Estas cuatro verdades de la fe cristiana son fundamentales para toda cristología. Sobrino las afirma sin ninguna ambigüedad” (p. 117-118).

Y es grave que, sin citar mi nombre, la Instrucción de 1984, IX. Traducción “teológica de este núcleo”, repite algunas ideas que Ratzinger piensa haber encontrado en mi libro. “Algunos llegan hasta el límite de identificar a Dios y la historia, y a definir la fe como ‘fidelidad a la historia’…” (n. 4).

Creo que el cardenal Ratzinger, en 1984, no entendió a cabalidad la teología de la liberación, ni parece haber aceptado las reflexiones críticas de Juan Luis Segundo, Teología de la liberación. Respuesta al cardenal Ratzinger, Madrid, 1985, y de I. Ellacuría, “Estudio teológico-pastoral de la Instrucción sobre algunos aspecto de ‘la teología de la liberación’”, Revista Latinoamericana de Teología 2 (1984) 145-178. Personalmente creo que hasta el día de hoy le es difícil comprenderla. Y me ha disgustado un comentario que he leído al menos en dos ocasiones. Es poco objetivo y puede llegar a ser injusto. La idea es que “lo que buscan los (algunos) teólogos de la liberación es conseguir fama, llamar la atención”.

Termino. No es fácil dialogar con la Congregación de la fe. A veces parece imposible. Parece que está obsesionada por encontrar cualquier limitación o error, o por tener por tal lo que puede ser una conceptualización distinta de alguna verdad de la fe. En mi opinión, hay aquí, en buena medida, ignorancia, prejuicio y obsesión para acabar con la teología de la liberación. Sinceramente no es fácil dialogar con ese tipo de mentalidad.

Cuántas veces he recordado el presupuesto de los Ejercicios: “todo buen cristiano ha de ser más pronto a salvar la proposición del prójimo que a condenarla”. Y estos días he leído en la prensa un párrafo del libro de Benedicto XVI, de próxima aparición, sobre Jesús de Nazaret. “Creo que no es necesario decir expresamente que este libro no es en absoluto un acto magisterial, sino la expresión de mi búsqueda personal del «rostro del Señor» (salmo 27, 8) Por lo tanto, cada quien tiene libertad para contradecirme. Sólo pido a las lectoras y a los lectores el anticipo de simpatía sin la cual no existe comprensión posible”. Personalmente le ofrezco al papa simpatía y comprensión. Y deseo vehementemente que la Congregación de la fe trate a los teólogos y teólogas de la misma manera.


4. Problemas de fondo importantes
En mi respuesta de marzo de 2005 traté de explicar mi pensamiento. Ha sido en vano. Por eso ahora no voy a comentar, una vez más, las acusaciones que me hace la notificatio, pues fundamentalmente son las mismas. Sólo quiero mencionar algunos temas importantes, sobre los que en el futuro podamos ofrecer algunas reflexiones.

1. Los pobres como lugar de hacer teología. Es un problema de epistemología teológica, exigido o al menos sugerido por la Escritura. Personalmente, no dudo de que desde los pobres se ve mejor la realidad y se comprende mejor la revelación de Dios.

2. El misterio de Cristo siempre nos desborda. Mantengo como fundamental el que sea sacramento de Dios, presencia de Dios en nuestro mundo. Y mantengo como igualmente fundamental el que sea un ser humano e histórico concreto. El docetismo me parece que sigue siendo el mayor peligro de nuestra fe.
3. La relacionalidad constitutiva de Jesús con el reino de Dios. En las palabras más sencillas posibles, éste es un mundo como Dios lo quiere, en el que haya justicia y paz, respeto y dignidad, y en el que los pobres estén en el centro de interés de los creyentes y de las iglesias. Igualmente, la relacionalidad constitutiva de Jesús con un Dios que es Padre, en quien confía totalmente, y en un Padre que es Dios ante quien se pone en total disponibilidad.

4. Jesús es hijo de Dios, la palabra hecha sarx. Y en ello veo el misterio central de la fe: la transcendencia se ha hecho transdescendencia para llegar a ser condescendencia.

5. Jesús trae la salvación definitiva, la verdad y el amor de Dios. La hace presente a través de su vida, praxis, denuncia profética y anuncio utópico, cruz y resurrección. Y Puebla, remitiéndose a Mt 25, afirma Cristo “ha querido identificarse con ternura especial con los más débiles y pobres” (n. 196). Ubi pauperes ibi Christus.

6. Muchas otras cosas son importantes en la fe. Sólo quiero mencionar una más, que Juan XXIII y el cardenal Lercaro proclamaron en el Vaticano II: La Iglesia como “Iglesia de los pobres”. Iglesia de verdadera compasión, de profecía para defender a los oprimidos y de utopía para darles esperanza.

7. Y en un mundo gravemente enfermo como el actual proponemos como utopía que ”extra pauperes nulla salus”.

De estos y de muchos otros temas hay que hablar más despacio. Creo que es bueno que todos dialoguemos. Personalmente estoy dispuesto a ello.

Querido Padre Kolvenbach esto es lo que quería comunicarle. Bien sabe usted que, aunque estas cosas son desagradables, puedo decir que estoy en paz. Esta viene del recuerdo de innumerables amigos y amigas, muchos de ellos mártires. Estos días, el recuerdo del P. Jon Cortina nos trae de nuevo la alegría. Si me permite hablarle con total sinceridad, no me siento “en casa” en ese mundo de curias, diplomacias, cálculos, poder, etc. Estar alejado de “ese mundo”, aunque yo no lo haya buscado, no me produce angustia. Si me entiende bien, hasta me produce alivio.

Sí siento que la notificatio producirá algún sufrimiento. Por decirlo con sencillez, algo sufrirán mis amigos y familiares, una hermana que tengo, muy cercana a Monseñor Romero y a los mártires. Pienso también que hará la vida más difícil, por ejemplo a mi gran amigo el P. Rafael de Sivatte. Si no fuesen pocos los problemas que ya tiene para mantener con seriedad el Departamento de Teología -que lo mantiene muy bien por su gran capacidad, dedicación y ciencia- tendrá ahora que buscar otro profesor de cristología, y, como usted sabrá, también tendrá que buscar otro profesor de Historia de la Iglesia, pues, injustamente, el P. Rodolfo Cardenal no va a dar clases, pues no es bien visto por la jerarquía del país.

No sé si esta larga carta le ayudará en sus conversaciones con el Vaticano. Ojalá así sea. He procurado ser lo más sincero posible. Y le agradezco todos los esfuerzos que ha hecho para defendernos.

Le recuerdo con afecto ante el Señor.

Jon Sobrino


3 comentarios :

miércoles, 14 de marzo de 2007

¿Libertad religiosa en Israel?

Posted by Emilio López  |  at   9:04

No quisiera que este post fuese visto políticamente tendencioso, no es mi intención. Me he encontrado un artículo en el Jerusalem Post (periódico de habla inglesa sobre la situación del Estado de Israel) en el que se habla, como podréis leer después, de un curioso hecho, que parece molestar (según se expresan en algunos comentarios en la misma página web) a muchos judíos israelitas. Quiero colgarlo (traducido al español por un humilde servidor) para que se vea sobre todo las diferentes posiciones que algunos rabinos judíos tienen en cuanto a la presencia de cristianos en este Estado. Aquí pongo el enlace original para los que leáis el inglés. Podeís perder un poco de tiempo echando un vistazo a los comentarios, quizá aún más esclarecedores.

No he traducido dos términos usados en hebreo moderno (trasliterados al inglés en el artículo), esenciales para entender el artículo. El primero es "olim", los que suben, que se dice de los judíos que han echo su retorno a Israel. El segundo, en clara relación con el primero, es "aliyah", subida, que ha de entenderse justamente como retorno, vuelta a Israel. No digo, por ser políticamente correcto, inmigración.


Continúa...


Basta de introducciones, aquí el artículo en español, creo que da pie a hablar de muchas cosas, no sólo de política:


Finalmente en Israel, algunos Falash Mura están convirtiéndose a Jesús

por Uriel Heilman.


Cuando un israelí etiópe de nacimiento llamado Dessie acabó su compulso servicio militar hace tres años e hizo planes para viajar a Tailandia, India y Vietnam, deseaba embarcarse en una búsqueda espiritual.
Al igual que muchos jóvenes israelíes, Dessie sentía un vacío espiritual en su vida. Aunque había estudiado durante años en una universidad religionsa en el Barrio Talpiot (Jerusalén Este) poco después de hacer aliyah en 1992, no era muy religioso.
Dessie esperaba poder encontrar en el lejano Oriente algo de la espiritualidad que echaba en falta en una vida en Israel consumida en fiestas y alchohol.
“Estaba sediento de Dios. Me sentía vacío por dentro” decía Dessie. “Fue entonces cuando descubrí a Jesús”.
Dessie, de 25 años, es ahora un devoto miembro de Shalhevetya, una de las Iglesias protestantes que van creciendo en número en Israel, que se presentan como congregaciones de Judíos mesiánicos y que proveen a los Israelitas etiópicos.
Algunos de los miembros nacieron Judíos, otros son Cristianos que tomaron parte de la migración “Falash Mura” a Israel de hace 15 años, y otros son etíopes cuyos orígenes judíos son opacos y cuya alfabetización judía es virtualmente no existente.
Recent Ethiopian olim are easy prey for Christian missionaries. They come to Israel with little knowledge of Judaism; some have Christian roots. Most practiced some form of Christianity in Ethiopia before filing their aliyah petitions and moving to the Ethiopian cities of Gondar and Addis Ababa.
Los recientes olim etíopes son facilmente presa de los misioneros Cristianos. Vinieron a Israel con poco conocimento sobre el Judaísmo, algunos tienen raíces cristianas. Muchos practicaban alguna forma de Cristianismo en Etiopía antes de rellenar su peticiones de aliyah y trasladarse a las ciudades etíopes de Gondar y Addis Ababa.
Algunos líderes israelíes etíopes veteranos están advirtiendo que la prolongada aliyah etíope está poniendo peor las cosas, trayendo a Israel muchos cristianos que incluso están casados con etíopes de origen judío o que reclaman fraudulentamente estar relacionados con
“Hoy la aliyah de los Falash Mura se ha convertido en un negocio” dice Rabbi Yitzhak Zagay, un rabino etíope-isarelí en Rehovot, director del Comité Nacional de Judíos Etíopes, formado recientemente para combatir la actividad misionera.
El término Falash Mura se usa para hablar de etíopes con orígenes judíos que se convirtieron al Cristianismo hace bastantes generaciones para escapar de presiones sociales y económicas.
Inicialmente rechazados como apóstatas cuando Israel decidió hace más o menos 30 años facilitar la aliyah de los etíopes que habían mantenido su identidad judía, los Falash Mura empezaron a venir a Israel legalmente después del cambio de política del gobierno en los primeros años de los 90.
Si se hubiesen convertido al Cristianismo hace 150 o 200 años, estaría a favor de su aliyah”, dijo Zagay sobre los Falash Mura, haciéndose echo de la posición del Jefe del Rabinato israelí, que piensa que los Falash Mura son cristianos con orígenes judíos que son bienvenidos a la vuelta a la fe de sus antepasados.
“Pero no todos los que llegan son judíos. Están los que compran una identidad judía, y los que venden una identidad judía” dice Zagay. “los hijos ricos de Addis Ababa hacen presa en los Falash Mura y les pagan para casarse con ellos, llegar a Israel y después divorciarse e intentar traer al resto de sus familiares. El problema es que después de que llegan aquí, no solamente no son judíos, sino que están misionando activamente. Son adventistas, pentecostales y de otros grupos protestantes”, dijo.
Zagay organizó una conferencia en Rehovot en Febrero para afrontar el problema.
Otros líderes comunitarios, como el ex-miembro del Knesset Shlomo Molla, actualmente director de un departamento de la Organización Mundial Sionista, dice que los que hacen proselitismo son principalmente los extranjeros, no los etíopes.
“Este fenómeno existe en varios sectores de la población israelí, dijo Molla. “No creo que esté conectada con los Falash Mura. Desafortunadamente, los misioneros tienen éxito al penetrar en la comunidad etíope. Operan en la periferia. No son queridos. No son apoyados”.
La Iglesia a la que asiste Dessie la llevan protestantes finlandeses, dijo. Mantiene una variedad de servicios comunitarios; el domigno por la noche está reservado a los etíopes.
[…]
Muchas formas de proselitismo cristiano son ilegales en Israel.
Rav Simcha HaKohen Kook, rabino jefe de Rehovot, dice que el problema yace en un sistema de educación israelí que tiene penosas
“a pesar del hecho de que la oposición al cristianismo es absoluta en la comunidad etíope, existe una gran pobreza, indigencia y falta de respeto por los superiores de la comunidad, y así los etíopes son presa fácil para los misioneros”, dijo Kook.
Los misioneros “ofrecen ayuda y dan dinero, y los etíopes no conocen el judaísmo, así que es más fácil ganárselos”, dijo Kook. “Éste es un problema extendido entre los inmigrantes de muchos países. Si esto no se vuelve una preocupación nacional, combatir la actitividad misionera en un nivel nacional entre etíopes, rusos y otros, entonces nos arriesgamos a vaciar el Estado de Israel de todo su contenido judío”.
Pero Zagay y otros líderes religiosos atribuyen el problema a los propios Falash Mura. Él dice que los que vinieron en los primeros años de los 90 eran legítimos Falash Mura - miembros de familias cristianas de las que se sabía que tenían raíces judías – pero la mayoría de los que llegan ahora no lo son.
Esto ha llevado a llamar a la comunidad de etíopes israelitas para que hagan un paréntesis a la aliyah de los Falash Mura. Por tratarse de una materia tan delicada, pocos líderes etíopes desean hablar de esto públicamente.
“Esta aliyah está causando un daño irreversible al Estado de Israel”, contó un líder etiópe israelí en Jerusalén. “Esta gente no son judíos. Está separando a los etíopes de la comunidad Israelí.
“Quiero poner final a esta mentira”, dijo este líder. “Los israelíes blancos temen que se les acuse de racismo, por eso continúan trayéndolos. Pero si Israel trae gente por razones humanitarias, preferiría que trajeran los refugiados de Darfur”.
Incluso oficiales israelíes implicados en la aliyah reconocen que algunos de los etíopes que llegan a Israel no son judíos, pero afirman que el número es pequeño.
Como es virtualmente imposible para los Falash mura probar su proveniencia judía, entran a Israel bajo la ley de Entrada, una ley humanitaria diseñanda para hacer posible la inmigarción d familiares de isarelies, más que bajo la Ley del Retorno, hecha para judíos.
Una vez aquí, la Agencia Judía de Israel vigila su requerida conversión y enseña hebreo y judaísmo a los Falash Mura.
Esta controversia parecía lejana en una reciente tarde de domingo, cuando unas cuantas docenas de etíopes israelitas calladamente emprendían el camino hacia la Iglesia Shalhevetya cerca de un barrio fervientemente Ortodoxo de Jerusalén.
Dentro, los miembros de la congregación se movían con la música del órgano, ojos cerrados, brazos extendidos, Nuevos Testamentos en hebreo sobre sus sillas, cantando canciones a Jesús.

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