viernes, 26 de octubre de 2007

La sangre de los mártires (Juan Manuel de Prada)

Posted by Rubén García  |  at   13:10

La próxima beatificación de 498 mártires de la Guerra Civil ha levantado ronchas entre los gerifaltes y sicarios del Régimen, que ven en ella un desafío a la llamada Ley de Memoria Histórica. Y vaya si lo es. Se trata, sin duda, del más formidable desafío que se pueda concebir.
La beatificación de los mártires nos recuerda, en primer lugar, que la Guerra Civil no fue esa historieta de buenos y malos que el Régimen pretende imponer, donde unos ponían la sangre y otros el plomo. La beatificación de los mártires nos recuerda que la Segunda República, erigida por el Régimen en espejo de virtudes en el que nuestra democracia debe contemplarse, estimuló y exacerbó el odio antirreligioso desde el instante mismo de su fundación y permitió que, tras el alzamiento militar, la cacería indiscriminada del católico se convirtiese en el pasatiempo predilecto de las milicias socialistas, comunistas y anarquistas, a las que los irresponsables gobernantes republicanos proveyeron de armas para que pudiesen traducir en cadáveres el odio que previamente les habían inoculado. Más de siete mil religiosos fueron martirizados en aquellas jornadas de oprobio; el número de seglares que corrieron idéntica suerte aún no ha sido fijado, pero su establecimiento -si es que algún día se logra- dejará chiquitas esas cifras. El Régimen no soporta que tales muertos sean conmemorados, porque deslucen la memoria distorsionada y sectaria de aquel conflicto.
Pero la naturaleza del desafío que supone la beatificación de los mártires es de una naturaleza mucho más honda. La llamada Ley de Memoria Histórica se funda sobre una argamasa de rencor y apriorismos ideológicos falaces. Primero se establece que quienes combatieron en el bando republicano fueron unos luchadores por la democracia y la libertad (cuando lo cierto es que muchos de ellos combatieron por instaurar las más feroces formas de tiranía imaginadas por el hombre); después se trata de mantener viva su memoria para que sirva como acicate del resentimiento, para que ese resentimiento siga infectando la convivencia de los españoles. La sangre de los mártires se alza contra este propósito cainita. Pues quienes ahora van a ser beatificados no fueron asesinados por simpatizar con tal o cual ideología; tampoco lo fueron por batallar en tal o cual bando. Fueron asesinados, única y exclusivamente, por profesar la fe católica, por ser testigos de Cristo. La Iglesia no beatifica a curas trabucaires que se echasen al monte a pegar tiros; tampoco a católicos que fuesen condenados a muerte por haber conspirado contra la República. El reconocimiento de la muerte martirial exige como condición sine qua non que no interfieran motivos de índole política; mártir significa «testigo», y sólo quienes fueron asesinados por dar testimonio de su fe merecen tal reconocimiento.
Y aquí radica, precisamente, la naturaleza desafiante de aquellas muertes. Los mártires que van a ser beatificados podrían haber salvado el pellejo abjurando de su fe; pero su entereza no tembló en aquel trance: entendieron que la fe que profesaban bien merecía el sacrificio del don más valioso que al hombre le es entregado. Y entendieron también que ese sacrificio máximo sólo sería valioso si imitaba el sacrificio redentor del Gólgota. Aquellos hombres y mujeres murieron perdonando a quienes los mataban, murieron amando a quienes los mataban, seguros de que su sangre se convertiría en fermento fecundo. Aquí radica la belleza de su sacrificio, la escandalosa y subversiva belleza de su muerte: murieron con la alegría de saberse amados por Quien iba a acogerlos en su seno, murieron amando a quienes los odiaban, seguros de que ese amor derramado sobre la tierra no sería baldío, seguros de que su sangre acabaría propiciando una cosecha fecunda de reconciliación.
Conmemorar a aquellos mártires significa reafirmar su voluntad de amor, significa exorcizar el odio, significa celebrar la belleza de la vida que vuelve a florecer generosamente incluso allí donde ayer se sembró la muerte. Y significa, desde luego, un desafío formidable para quienes se alimentan con el veneno del rencor, los gerifaltes y sicarios del Régimen.

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martes, 23 de octubre de 2007

El calvario de los cristianos en Tierra Santa

Posted by Emilio López  |  at   18:52


Hace ya tiempo publiqué un post sobre el mismo tema, contando mi experiencia personal en Tierra Santa. La verdad es aún más dura, la realidad es aún más cruel. Y así nos la presenta Robert Spencer en Frontpage Magazine el día 10 de Octubre. Es un artículo que Libertad Digital ha traducido, y que ofrezco íntegro.




El sábado pasado*, el palestino cristiano Rami Ayyad fue secuestrado y asesinado. Su cadáver apareció al día siguiente. Seis meses atrás, una bomba había reducido a cenizas la librería cristiana que Ayyad regentaba en Gaza, la Sociedad de la Sagrada Biblia.
Ningún grupo ha reivindicado el asesinato de Ayyad, pero el atentado contra su librería era del mismo patrón que los perpetrados por un grupo yihadista que se hace llamar Las Rectas Espadas del Islam.

La muerte de Ayyad ha tenido lugar en el momento en que la situación de los cristianos en los dominios de la Autoridad Palestina es más precaria que nunca. Justus Weiner, del Jerusalem Center for Public Affairs, declaraba lo que sigue allá por el mes de junio:
Desde hace unos años, esta minoría [la cristiana] necesita desesperadamente ayuda. Los palestinos cristianos no pueden practicar su religión en paz y con entera libertad. Los que están en mayor peligro son los árabes cristianos; y, de entre ellos, los que han abandonado el islam: por lo general, han de hacer frente completamente inermes a la crueldad de los fundamentalistas musulmanes.
Se trata de una crueldad a menudo sancionada por la ley islámica. El jeque Abú Saqer, del grupo Yihadia Salafiya, proclamó el pasado junio: "Espero que nuestros vecinos cristianos comprendan que el mandato otorgado a Hamás significa que se van a producir cambios reales. Si quieren vivir en paz en Gaza, han de estar preparados para el Gobierno islámico". O sea, preparados, por ejemplo, y de acuerdo con las provisiones de la sharia, a practicar su religión sólo de manera discreta, sin llamar la atención. Al habla de nuevo Abú Saqer:
La Yihadia Salafiya y los demás movimientos islámicos se asegurarán de que las escuelas e instituciones cristianas publiciten lo que están impartiendo, para que quede bien claro que no están desarrollando actividad misionera alguna. Y nada de alcohol en la calle. Por lo que hace a las mujeres, todas ellas, incluidas las no musulmanas, deben comprender que han de cubrirse siempre que estén en un espacio público.
Hamás pretende incluso reinstaurar la jizya, el impuesto especial prescrito por el Corán (9:29) para los judíos y los cristianos, del que los musulmanes están exentos.

Los cristianos están abandonando en tropel las zonas controladas por la Autoridad Palestina, incluso algunos de los lugares más sagrados para la Cristiandad. En 1948 los cristianos representaban el 85% de la población de Belén; pues bien, para 2006 no eran sino el 12%. Además, en la Plaza del Pesebre han erigido una mezquita enorme, junto a las iglesias católica y ortodoxa.

George Rabie, un taxista cristiano de la ciudad, ha relatado las palizas que ha recibido a manos de musulmanes indeseables por exhibir en su vehículo un crucifijo. "Todos y cada uno de los días he de afrontar la discriminación (...) Muchos extremistas de las aldeas se están viniendo a Belén". La discriminación a que hace referencia Rabie puede llegar a ser mortal: hace unos años, varios musulmanes abatieron a tiros a dos mujeres cristianas porque no llevaban el velo islámico. Este crimen fue reivindicado por las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa en los siguientes términos: "Queremos limpiar de prostitutas la casa de los palestinos".

Samir Qumsiyeh, propietario de una cadena cristiana de televisión, declaró en enero que la situación era "muy peligrosa". "Estoy seguro de que dentro de quince años no quedarán cristianos en Belén –agregó–. Habrá que buscarlos con lupa. Es una situación muy penosa". A juicio del hostelero betlemita Joseph Canawati, "no hay lugar para la esperanza para la comunidad cristiana". "No creemos que las cosas vayan a mejorar. Para nosotros, esto se ha acabado", sentencia.

Entre tanto, el mundo cierra los ojos. La ONU no ha emitido resolución alguna en la que se inste a los palestinos a poner fin al maltrato de la minoría cristiana. Las organizaciones de derechos humanos no han abierto la boca. En cuanto a Occidente, donde los grupos proislámicos dicen rechazar y aborrecer el "extremismo", tampoco presta la menor atención a la opresión que sufren los palestinos cristianos.

Entre tanto, los izquierdistas y los grupos musulmanes denuncian en todos los campus de Estados Unidos a los organizadores de la Semana de Concienciación sobre el Islamofacismo, en vez de unirse a ellos y oponerse a la opresión que padecen hoy día en gran parte de los países musulmanes los cristianos (y las mujeres, y los homosexuales, y...).

¿Por qué se comportan así estos grupos? Si realmente se oponen a las actividades de los yihadistas y a la opresión inherente a la sharia, ¿por qué no lo demuestran? En cambio, lo que están haciendo es poner toda la carne en el asador para desacreditar la Semana de Concienciación sobre el Islamofascismo mediante la difamación de David Horowitz y compañía.

Si la Semana de Concienciación sobre el Islamofascismo acaba siendo silenciada, aquellos que hacen miserable la vida de los cristianos en la Autoridad Palestina y el resto del mundo islámico se habrán anotado un tanto. Y no quedará absolutamente nadie que hable por sus víctimas, que están padeciendo un verdadero calvario.

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Dominicos holandeses "reinventan" la Misa

Posted by Rubén García  |  at   14:25

ROMA, 3 de octubre del 2007 – En el volver a darle plena ciudadanía al rito antiguo de la misa, con el motu proprio “Summorum Pontificum”, Benedicto XVI ha mencionado su intención de reaccionar también al exceso de “creatividad” que en el nuevo rito “llevó a menudo a deformaciones de la liturgia al límite de lo soportable”.

Ateniéndose a lo que ocurre en algunas áreas de la Iglesia, esta creatividad incide no sólo sobre la liturgia sino también sobre los mismos fundamentos de la doctrina católica.

En Holanda, en Nijmegen, en la iglesia de los frailes agustinos, cada domingo la misa es presidida conjuntamente por un protestante y por un católico, que se turnan entre la liturgia de la Palabra y el sermón, y la liturgia eucarística. El católico es casi siempre un simple laico, y frecuentemente una mujer. Para la plegaria eucarística, en vez de los textos del misal se prefieren los textos compuestos por el ex jesuita Huub Oosterhuis. El pan y el vino lo comparten todos.



Ningún obispo ha autorizado jamás esta forma de celebración. Pero el P. Lambert van Gelder, uno de los agustinos que la promueve, está seguro de estar en lo correcto: “En la Iglesia son posibles diferentes formas de participación, nosotros somos parte de la comunidad eclesial a todos sus efectos. No me considero para nada cismático”

Siempre en Holanda, los dominicos han hecho más, con el consenso de los provinciales de la orden. Dos semanas antes de que entrara en vigor el motu proprio “Summorum Pontificum” distribuyeron en todas las 1300 parroquias católicas un opúsculo de 38 páginas titulado “Kerk en Ambt”, Iglesia y ministerio, en el cual proponen transformar en regla general lo que en varios lugares ya se practica espontáneamente.

La protesta de los padres dominicos es que, a falta de un sacerdote, sea una persona escogida por la comunidad quien presida la celebración de la misa: “No importa que sea hombre o mujer, homo o heterosexual, casado o célibe”. La persona escogida previamente y la comunidad son exhortados a pronunciar juntos las palabras de la institución de la eucaristía: “Pronunciar estas palabras no es una prerrogativa reservada a los sacerdotes. Esas palabras constituyen la consciente expresión de fe de la comunidad entera”.

El opúsculo se abre con la explícita aprobación de los superiores de la provincia holandesa de la orden de los predicadores y dedica las primeras páginas a una descripción de lo que sucede el domingo en las iglesias de Holanda.

Por escasez de sacerdotes, no en todas las iglesias se celebra la misa. Desde el 2002 al 2004 el número total de las misas dominicales en Holanda ha descendido de 2200 a 1900. En cambio, en el mismo periodo ha aumentado de 550 a 630 el número de “servicios de Palabra y comunión”: es decir, liturgias que la sustituyen, sin el sacerdote y por tanto sin celebración sacramental, en las cuales la comunión se hace con hostias consagradas antes.

En algunas iglesias la distinción entre la misa y el rito que la sustituye es percibida claramente por los fieles. Pero en otras no, las dos cosas son consideradas de igual valor, intercambiables en todo. Más aún, el hecho de que sea un grupo de fieles el que designe al hombre o mujer que guía la liturgia sustituta consolida en los mismos fieles la idea de que su elección “desde abajo” es más importante que el envío de un sacerdote de afuera y “desde arriba”.

Y lo mismo ocurre para la formulación de las plegarias y para el ordenamiento del rito. Se prefiere dar libre campo a la creatividad. Las palabras de la consagración, en la misa, son frecuentemente sustituidas por “expresiones más fáciles de entender y más en sintonía con la moderna experiencia de fe”. En el rito sustituto, sucede frecuentemente que a las hostias consagradas se agregan hostias no consagradas y se distribuyen todas juntas para la comunión.

En estos comportamientos los dominicanos holandeses distinguen tres expectativas difundidas:

– que los hombres y las mujeres a quienes se les confía que presidan la celebración eucarística sean escogidos “desde abajo”;

– que se espera que “esta elección sea seguida de una confirmación o bendición, u ordenación por parte de la autoridad de la Iglesia”;

– que las palabras de la consagración “sean pronunciadas tanto por quienes presiden la eucaristía, como por la comunidad de las que ellos son parte.

A juicio de los dominicanos holandeses, estas tres expectativas tienen pleno fundamento en el Concilio Vaticano II.

La movida decisiva del Concilio, a su juicio, ha sido la de introducir en la constitución sobre la Iglesia el capítulo sobre el “pueblo de Dios” antes que el de “la organización jerárquica constituida desde lo alto hasta lo bajo, desde el Papa y desde los obispos.

Esto implica sustituir una Iglesia “pirámide” con una Iglesia “cuerpo”, con el laicado como protagonista.

Y esto implica también una visión diferente de la eucaristía.

La idea que la misa sea un “sacrificio” – sostienen los dominicos holandeses – está también ligada al modelo “vertical”, jerárquico, en el cual sólo el sacerdote puede pronunciar válidamente las palabras de la consagración. Un sacerdote varón y célibe, como está prescrito por “una antigua teoría de la sexualidad”.

En cambio, del modelo de la Iglesia “pueblo de Dios” deriva una visión de la eucaristía más libre y paritaria: como simple “compartir el pan y el vino entre hermanos y hermanas en medio de lo cual está Jesús”, como “mesa abierta también a gente de diferentes tradiciones religiosas”.

El opúsculo de los dominicos holandeses termina exhortando a las parroquias a escoger “desde abajo” las personas a las cuales hacer presidir la eucaristía. Si por motivos disciplinarios el obispo no confirmase a tales personas – porque están casadas, o porque son mujeres – las parroquias seguirán igualmente su camino: “Sepan que ellas de todos modos están habilitadas para celebrar una real y genuina eucaristía cada vez que se reúnen en oración y comparten el pan y el vino”.

Los autores del opúsculo son el padre Harrie Salemans, párroco de Utrecht, Jan Nieuwenhuis, ex director del centro ecuménico de los dominicos de Ámsterdam, André Lascaris y Ad Willems, ex profesor de teología en la universidad de Nijmegen.

En la bibliografía citada por ellos sobresale otro, más famoso, teólogo dominico holandés, Edward Schillebeeckx, 93 años, que en los años ochenta terminó bajo el examen de la congregación para la doctrina de la fe por tesis cercanas a las que ahora confluyen en el opúsculo.

La conferencia episcopal holandesa se reserva replicar oficialmente. Pero ya ha hecho saber que la propuesta de los dominicos se presenta “en conflicto con la doctrina de la Iglesia católica”.

Desde Roma, la curia general de los predicadores ha reaccionado débilmente. En un comunicado del 18 de setiembre – no publicado en el sitio web de la orden – ha definido el opúsculo como una “sorpresa” y ha tomado distancia de la “solución” propuesta. Pero ha señalado que comparte “la inquietud” de los hermanos holandeses sobre la escasez de sacerdotes: “Puede ser que sientan que la autoridad de la Iglesia no haya tratado suficientemente este asunto y, como consecuencia, empujen así a un diálogo más abierto. [...] Creemos que a esta inquietud se debe responder con una reflexión teológica y pastoral prudente entre la Iglesia interna y la orden dominicana”.

Desde Holanda, los dominicos han anunciado una próxima reimpresión del opúsculo, cuyas primeras 2500 copias se agotaron rápidamente.


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La Iglesia sumergida de los Emiratos Árabes Unidos

Posted by Rubén García  |  at   14:16

Artículo de Fabio Proverbio en el Avvenire (31 de agosto del 2007)

Es de tarde y en compañía de Santos y Lea atravieso en auto la frenética Dubai. En torno a mí hay voluminosos Suv que con esfuerzo avanzan en el congestionado tráfico urbano, lujosos y muy modernos edificios, inmensas obras edilicias animadas por ejércitos de obreros: es la confirmación de que nos encontramos en una de las ciudades ubicada más a la vanguardia y más en ebullición del planeta.

Somos llevados a un lugar de asilo puesto a disposición por la diplomacia de Filipinas para hospedar y proteger a las jóvenes inmigrantes en fuga de los propios empleadores.

Llegados a destino, en un elegante palacio, encuentro un centenar de muchachas que se esfuerzan en compensar el estado de natural desorden generado por la aglomeración de personas (ver foto). Pegadas unas a otras, entonan cantos y oraciones, intercambiándose abrazos de recíproca consolación. Observo las lágrimas que ninguna muchacha logra contener y busco inútilmente dar una razón a tanta tristeza. Entenderé al final de la oración, cuando Santos y Lea me cuentan las dramáticas experiencias vividas por estas jóvenes inmigrantes.


Son historias inverosímiles, como la de Beng, que cansada de ser tenida encerrada en la casa donde prestaba servicio y de soportar molestias de parte de los miembros de la familia, intentó una fuga desesperada, que concluyó con una ruinosa caída y la ruptura de un brazo. Socorrida y conducida al hospital por algunos que pasaban, la muchacha fue después arrestada con la acusación de intento de suicidio. La intervención de la diplomacia filipina puso en libertad nuevamente a la inmigrante que hoy, en este lugar protegido, espera la evolución del proceso. No es mejor la suerte que le tocó a la doméstica que prestó servicio después de ella en la misma familia: un nuevo intento de fuga con el mismo epílogo.

Santos y Lea pertenecen a la Legión de María, el movimiento católico que aquí se ha vuelto el punto de referencia para muchas inmigrantes filipinas que, en esta comunidad, encuentran no sólo solidaridad, sino también la necesaria asistencia legal para poderse librar de condiciones de trabajo que frecuentemente no corresponden a aquellas definidas en el contrato de enganche.

Después de haber saludado a las jóvenes inmigrantes, que mientras tanto habían al menos aparentemente retomado algo de serenidad y el espíritu jovial que caracteriza al pueblo filipino, parto para Abu Dhabi.

Es domingo, pero en un país musulmán como los Emiratos Árabes Unidos es un día cualquiera. Y sin embargo en la iglesia católica de San José en Abu Dhabi, al final de la tarde asisto a un extraordinario ir y venir de fieles, pertenecientes a grupos étnicos diferentes, que vienen aquí para poder participar en la misa celebrada en la propia lengua nacional. Son indios, por lo general de Kerala o del Tamil Nadu, filipinos, libaneses, iraquíes o cristianos provenientes de otros países medio orientales, pero también europeos y americanos.

El viernes, día festivo en los países musulmanes, la afluencia de fieles es todavía más copiosa, tanto que la iglesia no llega a contener a todos. Muchos deben seguir la celebración fuera, en el atrio, donde con ocasión de festividades particulares como la Navidad o la Pascua, vienen dispuestas pantallas gigantes para permitir a todos la participación. Sin embargo, como le interesa precisar a monseñor Paul Hinder, obispo del vicariato apostólico de Arabia, los que frecuentan regularmente la parroquia son sólo un porcentaje pequeño, el 15-18 por ciento, de la población católica de la capital y sus alrededores.


Los cristianos presentes en los Emiratos Árabes Unidos representan cerca del 35 por ciento de la población, para un total de fieles superior al millón, en su mayoría católicos.

Son todos trabajadores inmigrantes, muchos de los cuales, viviendo en zonas periféricas mal conectadas a la ciudad, no pueden asistir regularmente a los lugares de culto. Este es el caso de miles de indios ocupados en las canteras edilicias de Dubai, alojados en la más grande villa-dormitorio de Asia que, según cálculos no oficiales, acoge una población de cerca trescientos mil obreros. O de los inmigrantes que trabajan en la industria petrolífera, colocados en villas-oasis lejanas en el desierto.

Otro caso es el de las domésticas filipinas que, por falta de tiempo libre o de dinero para el transporte, permanecen en los lugares donde trabajan. En consecuencia, la oración organizada en pequeños grupos de fieles, homogéneos por lengua y proveniencia, reunidos en lugares privados – apartamentos, dormitorios, almacenes – se vuelve un aspecto muy importante y difundido de la expresión religiosa de la comunidad católica. Se trata de un momento de encuentro necesario, pero riesgoso por las reglas impuestas por las autoridades locales, que consienten la libertad de culto sólo en ámbitos oficialmente reconocidos como los edificios parroquiales presentes en el territorio. En este contexto, los grupos carismáticos originarios de la India o de Filipinas asumen un rol importante en la activación de iniciativas en apoyo del inmigrante que vive en las condiciones más difíciles. Frecuentemente no se limitan a iniciativas religiosas sino intervienen también con servicios prácticos de asistencia, como en el caso de la Legión de María.

El fenómeno de la inmigración en los Emiratos Árabes es relativamente reciente y está ligado a la riqueza petrolera de la región. Cuando en los años cincuenta y sesenta los inicios petroleros comenzaron a traer prosperidad y progreso, el desarrollo del país hizo necesario el empleo de mano de obra proveniente del extranjero, especializada y no especializada.

Hoy los Emiratos están sufriendo un proceso de modernización que no tiene igual en el mundo. Los petro-dólares son reinvertidos en estructuras e infraestructuras a la vanguardia, la bolsa de Dubai está asumiendo importancia mundial y el puerto está entre los más frecuentados del globo. Islas artificiales en forma de palmera, pistas de esquí en el desierto, hoteles de las formas más improbables y toda una serie de construcciones excéntricas – como la todavía no terminada torre de Buró Dubai, que debería ser el edificio más alto del mundo – son sólo algunos ejemplo de las “maravillas” con las que los emires locales se han propuesto asombrar al mundo y atraer a los inversionistas extranjeros, que aquí encuentran condiciones favorables para la inversión y un costo de trabajo bajísimo.

Los inmigrantes representan el 90 por ciento de casi dos millones de trabajadores presentes en los Emiratos, porcentaje que alcanza el 100 por ciento para la mano de obra barata. De hecho, para los árabes locales el concepto de pobreza o es desconocido – para los más jóvenes – o es un recuerdo borroso de tiempos lejanos. La falta de impulsos a la realización profesional y económica – ya garantizadas desde el nacimiento – está inclusive desalentando a la futura clase dirigente del país, con el riesgo de hacerla inadecuada para afrontar los desafíos impuestos por la globalización.

El mismo término “inmigrado” es demasiado genérico para definir la realidad de quien hoy trabaja por cambiar el rostro del Golfo. El verdadero estado de estos trabajadores, también de aquellos que viven ya desde varios años en los Emiratos, es el de “expatriado”, o sea de personas cuya presencia en el país está únicamente ligada a la posesión de un contrato de trabajo regular, pero que jamás podrá volverse residente o adquirir casas y terrenos en el lugar. Sus destinos están ligados a las decisiones de los empleadores, que frecuentemente retienen sus pasaportes por temor a fugas o actos de insubordinación. Los ámbitos en los que esta mano de obra es usada son los relacionados a la industria petrolera y, más recientemente, al sector edilicio y a la ayuda doméstica.

Estos son los nuevos pobres de Dubai y sus alrededores. Su salario mensual difícilmente supera los 150 euros, trabajan en promedio 10 – 12 horas al día, seis de siete días, a temperaturas que pueden llegar a 50 grados centígrados. Viven en suburbios-dormitorio que son tan grandes como una ciudad, pero totalmente carentes de servicios. Semejantes a enormes cuarteles, estos poblados están habitados por hombres solos, para los quienes la familia es un recuerdo lejano, que se alcanza periódicamente con un giro postal que permitirá a los más afortunados mandar al colegio a sus hijos o pagar las deudas de una familia demasiado pobre. El mejor destino de las reclutas de este ejército de peones es poder gastar la propia vida profesional en las obras del Golfo con breves visitas a sus seres queridos cada dos o tres años.

Hablar de pobreza en un país en muy rápido crecimiento económico – y que apunta a volverse, por la ambición de sus gobernantes, en uno de los polos más importantes del arte contemporánea, con la apertura de museos y espacios para exposiciones – parece una paradoja. Más aún, es una realidad particularmente difícil de comprender y aceptar para un observador externo, precisamente por motivo de la exagerada opulencia con la que convive.

Pero también estos aspectos deben ser considerados para tratar de comprender la realidad de los Emiratos hoy: una tierra de grandes contrastes, donde la tradición se enfrenta con la modernidad en una fusión única, sorprendente y dramáticamente contradictoria, de Oriente y Occidente.


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miércoles, 3 de octubre de 2007

K Rahner: ¿sirve para algo la teología?

Posted by Rubén García  |  at   21:46

Pequeños avances y retrasos en el campo de la teoría de una ciencia cualquiera son frecuentemente de una importancia que al principio no se puede valorar. Puede ser que a primera vista, tales transformaciones parezcan cosas para perder el tiempo, cosas de la agudeza ociosa de los intelectuales. Pero si se piensa que tales conocimientos nuevos penetran en la conciencia general y ahí se convierten en supuestos obvios de la acción, quizás se sospeche, entonces, que de ellos depende mucho y a veces todo. Esto sirve también para la teología.
Es extraño: que los cristianos –con nuestra fe cristiana- parece que somos los que menos estamos convencidos del poder del pensamiento, los que menos creemos que la “teoría” puede llevar a la sazón efectos muy prácticos. Por eso preferimos reflexionar muchas veces sobre política eclesiástica, cuestión social, métodos de propaganda y cosas por el estilo. Por eso no suele apreciarse mucho, con frecuencia, la teología viva. A muchas personas en la Iglesia causa la impresión de que no hace más que enturbiar superfluamente conocimientos que ya estaban claros desde hacía mucho tiempo, crear inquietudes y distraer de lo más importante. Tales gentes no advierten que una teología viva, que plantee hoy nuevos problemas y que busque, trabaja para que la predicación de mañana llegue al espíritu y al corazón de los hombres. Tal trabajo de la teología puede parecer a veces complicado e infructuoso. Sin embargo, es también necesario. Incluso aunque el corazón y la gracia siguen siendo lo único insustituible.

K. Rahner, Escritos de Teología IV, (1962)

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