viernes, 25 de julio de 2008

Pensadores no creyentes comentan la "Spe salvi" (II)

Posted by Rubén García  |  at   9:20

El segundo comentario es de Ernesto Galli della Loggia

2. Aquello que la historia humana no llega a colmar
por Ernesto Galli della Loggia

El pasado y el presente; Occidente y su tradición cultural de un lado, la modernidad del otro: es entre estos dos polos que parece moverse la reflexión que Benedicto XVI ha dado hasta aquí a sus intervenciones de mayor empeño, en particular a sus dos encíclicas. Una reflexión cuyo contenido verdadero no es otro que el destino del cristianismo.

Sólo si Occidente, en efecto, el antiguo teatro geográfico e histórico que primero acogió el mensaje proveniente de Jerusalén para hacer alma y forma de su cultura, entenderá toda la profundidad de la relación con sus propios orígenes cristianos, sólo bajo esta condición – parece pensar el Papa – la religión de al Cruz podrá soportar el desafío que le lanzan los nuevos tiempos, manteniendo todavía su ánimo firme en la antigua promesa de non praevalebunt.

De aquí el impulso a repasar de algún modo el entero recorrido de evento cristiano, a recorrer los muchos caminos a través de los cuales el cristianismo no sólo ha plasmado Occidente después de haberse mezclado con sus raíces clásicas, sino – contrariamente a una convicción difundida – también ha preparado y hasta favorecido la venida de la modernidad.

El objetivo muy ambicioso es nada menos el de, como se lee, “una autocrítica de la edad moderno en diálogo con el cristianismo” en la cual por otra parte “confluya también una autocrítica del cristianismo moderno”, o sea – si entiendo bien – de un tipo de “nuevo inicio” marcado por lo que se presenta como el nuevo objetivo de este pontificado: la reconciliación entre religión y modernidad.

Al proceder en esta dirección me parece que el Papa opera un vuelco decisivo no tanto respecto al Concilio Vaticano II en cuanto tal, sino ciertamente respecto a la “vulgata” ha circulado largamente en los años siguientes respecto al mismo.

De hecho Benedicto XVI parece poner al centro de la atención – entiéndase bien: a la atención no política, sino teológica – de la Iglesia no más genéricamente el “mundo” sino Occidente, el problema de Occidente. En grupo él distingue con seguridad los términos teóricamente cruciales para el discurso cristiano sobre la modernidad ya no, como había hecho el Vaticano II, en la “justicia”, en la “paz” y en la autodeterminación individual y colectiva, sino en la “razón” y en la “ciencia” (la segunda, en especial, sustancialmente ausente en la temática conciliar).

Todo ello es bien visible en la última encíclica del Papa. Si con la “Deus caritas est” Joseph Ratzinger había explorado algunos de los cambios revolucionarios introducidos por el mensaje evangélico en el mundo de la “intimidad moral”, en particular en la relación con el otro, entre aquellos dos “otros” por antonomasia que son el hombre y la mujer, con la “Spe salvi” él concentra su atención sobre un aspecto también decisivo que Benedetto Croce llamó la “revolución cristiana” que está en el origen del mundo moderno: vale decir, la relación absolutamente nueva respecto a la dimensión del futuro que aquella revolución significó para las culturas en las que tuvo modo de afirmarse.

Con ello, el análisis de Benedicto XVI define su impostación, que en esta encíclica es propiamente suya (pero que ya se mostraba en la precedente), de una declinación de la perspectiva teológica que tiende continuamente a configurarse como filosofía de la historia. Mejor aún, para quien como mira estas cosas desde el exterior: a poner la religión cristiana como el origen antes de la historia como dimensión típica del pensamiento occidental.

Si de hecho – como la encíclica no se cansa de subrayar haciendo de ello su propio eje – la fe cristiana es por la esencia de la esperanza, fe en un futuro (“los cristianos tienen un futuro”; “sus vidas no terminan en el vacío”); si esta – como escribe de modo muy evidente el Papa – ha “atraído dentro del presente el futuro”, y lo ha hecho – agrega él mismo – teniendo en mente el futuro no de este o aquel individuo sino de la entera comunidad de creyentes, pues bien, 'cómo no ver precisamente en ello, entonces, la premisa por aquella más general tensión al mañana y más allá que ha marcado tan íntimamente toda nuestra civilización?

Pero precisamente en esta tensión está el origen de la idea de que el hoy prepara el mañana, que el sentido de cuanto ocurre hoy es en esta preparación, y por tanto que el acontecer humano en su conjunto, poseyendo una dirección, un fin, posee también un sentido, un significado.

Aquí está en resumen el origen, para decirlo con una sola palabra, de la idea de historia. Y por consecuencia, de la fractura de la que se sustancia la modernidad: desde el momento que es precisamente en el ámbito de la “esperanza”, del “futuro”, del significado de la historia – a lo largo de un recorrido que desde la espera del Paraíso ha conducido a la espera del progreso – que se ha desarrollado quizá el principal momento de laicización de la mentalidad colectiva moderna.

El escrito del Papa Ratzinger – nunca antes como en este caso absolutamente suyo: a un cierto punto se lee un “yo estoy convencido” del todo inusual para el texto de una encíclica – es por una buena parte el reconocimiento en el campo de la historio de las ideas de las causas que han llevado a la expulsión de la esperanza cristiana del mundo por obra especialmente del binomio ciencia-libertad. Pero para ratificar naturalmente que ni la ciencia, ni las siempre parciales realizaciones políticas de la libertad estarán jamás en grado de satisfacer la necesidad de justicia y de amor que se agita en cada ser humano y que es en cambio la sustancia de la esperanza cristiana, garantizada por Dios a los creyentes: “sólo Dios puede crear la justicia”, así como sólo el amor puede balancear el sombrío “sufrimiento de los siglos”.

También a quien no tiene fe, como yo, no le cuesta estar de acuerdo en la existencia de este irreparable “adicional” que la historia humana privada de Dios no llegaría jamás a colmar.

Pero este estar de acuerdo – que no tiene ni quiere tener nada de formal, y por lo demás debería estar en la sustancia casi por descontado – no puede callarse una observación crítica que reviste el conjunto del análisis de la encíclica, tan convincente en muchos pasajes: 'por qué la historia del Occidente cristiano ha resultado de esta manera? 'Por qué esta parece concluirse con un jaque a la religión que inclusive la forjado tan íntimamente?

La respuesta está quizá en aquella que en un determinado punto – que ya lo he recordado – la encíclica misma llama la necesaria “autocrítica del cristianismo moderno”: indicación a la cual no se le da ninguna continuación.

Me pregunto si es lícito esperar de Benedicto XVI lo que habríamos sin duda preguntado al profesor Ratzinger. No lo sé. Pero estoy seguro que si acaso en un mañana el pontífice quisiese hacer sentir su voz para responder a esta interrogante, aquella voz suscitaría quizá un eco no destinado a apagarse en el tiempo.

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Pensadores no creyentes comentan la "Spe salvi" (I)

Posted by Rubén García  |  at   9:17


Tomado de http://chiesa.espresso.repubblica.it/
Por segunda vez en tres meses "L'Osservatore Romano", el diario de la Santa Sede, ha publicado en primera página unos comentarios a la encíclica de Benedicto XVI “Spe salvi” escritos por pensadores no creyentes.

El primer comentario, publicado el 28 de marzo, es del profesor Aldo Schiavone (en la foto), presentado en la nota a pie del artículo como “Director del Instituto Italiano de Ciencias Humanas”.

Schiavone es uno de los más autorizados estudiosos de derecho romano y de historia y filosofía del derecho. Enseña en la Universidad de Florencia. En su campo, en Italia, es una luminaria como lo es en Alemania el profesor Ernst-Wolfgang Böckenförde, muy estimado por el Papa Joseph Ratzinger.

No es católico, más aún, no es creyente de alguna fe revelada. Pero siempre ha prestado mucha atención al hecho religioso.


El segundo comentario, publicado el 28 de junio, es el profesor Ernesto Galli della Loggia.

Galli della Loggia ha sido profesor ordinario de historia de los partidos y movimientos políticos en la Universidad de Perugia. Después ha enseñados en Florencia en el Instituto Italiano de Ciencias Humanas dirigido por el profesor Schiavone. Y desde el 2005 enseña filosofía de la historia en la facultad de filosofía de la Universidad Vida-Salud San Rafael de Milán, de la que ha sido director por dos años. Para la editorial il Mulino dirige la serie “La identidad italiana”, inaugurada con un libro suyo del mismo título.

Tampoco Galli della Loggia es católico, más aún, se dice “privado de fe”. Sin embargo afirma reconocer “ese ‘agregado’ que la historia humana sin Dios no alcanzaría jamás a colmar”.

Tanto Schiavone como Galli della Loggia son muy conocidos para el público culto italiano. Son editorialistas de los dos diarios laicos más difusos, el primero lo es de “La Repubblica” y el segundo del “Corriere della Sera”.

Uno y otro son desde hace tiempo interlocutores estimados en el Vaticano.

El 25 de octubre del 2004 Galli della Loggia sostuvo un debate público sobre el Occidente y las religiones con el entonces cardenal Ratzinger, debate promovido por la Fundación Gaetano Rebecchini, que fue tenido en Roma en el espléndido Palacio Colonna.

El 30 de noviembre del 2007 tanto él como Schiavone presentaron y comentaron en el Vaticano, en presencia del cardenal secretario de estado Tarcisio Bertone, las actas de un seminario del Pontificio Comité de Ciencias Históricas sobre “Historia del cristianismo: balance y cuestiones abiertas”.

Sus comentarios a la “Spe salvi” desarrollan argumentaciones diferentes. Pero convergen sobre un punto. Ambos dan mucha relevancia a aquel pasaje de la encíclica en el que Benedicto XVI augura “una autocrítica de la edad moderna” junto con “una autocrítica del cristianismo moderno”.

Pero uno y otro consideran que esta esperada autocrítica del cristianismo está lejos de cumplirse.

Para Galli della Loggia a ella “no le ha seguido nada”, ni en la encíclica ni en otros documentos papales.

Para Schiavone la Iglesia se cierra demasiado a la defensiva. Continúa pensando en “un hombre que tiene que ser protegido de sí mismo argumentando presuntos vínculos naturales”

Se puede hipotizar que Benedicto XVI haya leído con interés estas críticas tan fuera de lo común en el “diario del Papa”. Y no se excluye que tarde o temprano responda a las mismas.

A continuación los dos comentarios a la “Spe salvi” aparecidos en "L'Osservatore Romano", el primero el 28 de marzo del 2008, el segundo el 28 de junio del 2008:

1. Una nueva alianza entre Iglesia y modernidad laica

por Aldo Schiavone


La "Spe salvi" es un texto complejo y que involucra, escrito con gran maestría entretejiendo una multiplicidad de temas, desde motivos más propiamente pastorales a reflexiones de orden doctrinario y dogmático. Y a su vez, es también lo que se diría un ensayo histórico de interpretación, dedicado a medirse con nudos cruciales dispuestos sobre un espectro temporal largísimo, desde la antigüedad romana al mundo contemporáneo.

El hilo conductor, anunciado como de costumbre ya en las palabras del incipit – una bellísima cita paulina – es un discurso conciso sobre la esperanza, justamente considerada como la conexión por excelencia entre dos planos fundamentales: el horizonte de la historia y el de la escatología.

Es una decisión fuerte, que toca sin duda un nervio descubierto de nuestros días: el que en otro lugar (en el libro “Historia y destino”) me pareció definirlo como la pérdida del futuro, la incapacidad de atraer “dentro del presente el futuro”, en modo que “las cosas futuras se viertan en las presentes, y las presentes en las futuras”, como ahora escribe sugestivamente el pontífice.

Para él, y no podría ser de otra manera, el aspecto escatológico de la esperanza – de la esperanza cristiana – se liga a la certeza “que el cielo no está vacío”, que “sobre todo existe una voluntad personal, hay un Espíritu que en Jesús se ha revelado como Amor”. Es el punto de unión – límpido y atormentado a la vez – entre esperanza y fe: y oportunamente Benedicto recuerda a propósito la elaboración teológica medieval que llega a definir precisamente la fe como “sustancia de las cosas esperadas”.

Pero el hombre es también historia, y la pregunta capital: “'qué cosa podemos esperar?” – una duda que los eventos de nuestro tiempo hacen a la vez decisivo y cargado de angustia – requiere por ello también de una respuesta en el terreno de la historicidad, y no sólo en el de la escatología.

Y es en este punto que el interrogarse de Benedicto sobre la esperanza – sobre su forma histórica, podríamos decir – se transforma, inevitablemente y con gran fuerza, en un discurso sobre la modernidad: sobre su razón, sobre sus conquistas y sus fracasos.

La perspectiva es fuertemente sintética, pero jamás superficial, y el uso que se propone en estas páginas de Kant, de Adorno, inclusive de Marx, es veloz y a veces discutible, pero siempre pertinente. Pero seguir todos los pasajes sería demasiado largo y complejo, y me cuidaré de hacerlo. Buscaré, en cambio, mantenerme dentro de lo que me parece el dispositivo esencial y más potente del razonamiento del pontífice. Que se encuentra a mi parecer en la afirmación que es hoy indispensable “una autocrítica de la edad moderna” en la cual pueda confluir también “una autocrítica del cristianismo moderno”.

Se trata de una posición de absoluta relevancia, que comparto plenamente. Estoy del todo convencido también yo que los tiempos – si sabemos de verdad interpretarlos – están maduros para una nueva alianza entre el cristianismo y la modernidad laica, sobre la base de una paralela revisión crítica de su historia, y que ella pueda contribuir a aquella auténtica regeneración de lo humano sin lo cual nuestro futuro se llena siempre de sombras.

'Pero cómo trabajar en este extraordinario objetivo común? Benedicto hace referencia sobriamente pero con eficacia a los principales fracasos ideológicos y políticos de la modernidad, que retrospectivamente se nos presentan en toda su portada: la idea demasiado lineal, ingenua y materialista de “progreso”; la idea datada e inadecuada del comunismo como resultado último de la revolución francesa, y como puro vuelco de la base económica de nuestras sociedades. Sobre todo ello no puede haber sino concordancia. Pero la modernidad no es sólo esto: y Benedicto lo sabe muy bien. Efectivamente él le encuentra correctamente el corazón en la capacidad de instaurar una nueva y revolucionaria relación entre ciencia y praxis – o sea entre conocimiento y técnica transformadora.

Ahora, el punto es que este entramado entre ciencia y técnica – la potencia transformadora de la técnica – no está sólo andando “hacia un señorío siempre mayor de la naturaleza”; sino que está haciendo más, mucho más.

Nos está empujando – después de millones de años de historia de la especie – hacia el impactante punto de fuga más allá del cual la separación, que hasta ahora nos ha dominado, entre historia de la vida (en el sentido de nuestras bases biológicas) e historia de la inteligencia (humana) no tendrá más razón de ser. Un punto en el cual las bases naturales de nuestra existencia dejarán de ser un presupuesto inmodificable del actuar humano, y se volverán un resultado históricamente determinado de nuestra razón, de nuestra ética y de nuestra cultura. Esta reunión – el pasaje, al menos potencial, en el control evolutivo de la especie de la naturaleza a la mente – no está lejos: su anuncio está ya en las crónicas cotidianas.

Y entonces me pregunto y me permito solicitar humildemente: 'pero la forma histórica de nuestra esperanza no depende también de cómo se define la Iglesia frente al anuncio de esta novedad radical? 'Está ella de verdad lista para acogerla? 'O quizá la “autocrítica” de la que habla el pontífice debe ante todo referirse precisamente este aspecto?

Es verdad, Benedicto tiene razón: la ciencia – ninguna ciencia – podrá jamás “redimir” al hombre: hay necesidad de ética y de valores. Pero puede modificar – y ya lo está haciendo – en modo drástico la trama existencial del humano, lo más profundo que vive, las perspectivas primarias de vida y de muerte.

En suma, la relación histórica entre modernidad y esperanza no puede evitar el resolver este nudo. 'La superación definitiva y completa de los confines biológicos que nos han sido asignados hasta ahora por nuestro camino evolutivo puede ser integrada dentro de una forma histórica de esperanza compatible con la fe y con la escatología? 'En la “semejanza” del hombre con Dios – también ella citada por el pontífice – en el infinito al cual esta abismal comparación alude, puede ser incluso el proyecto de un humano final libre de los propios vínculos naturales, y completamente señor de su destino histórico?

En otros términos, lo que aquí está en cuestión es el irrumpir y el instalarse del infinito dentro de la historicidad del finito. También esto, como Benedicto sabe bien, es un tema crucial de la modernidad, bien reflejado en algunos grandes lugares de la filosofía clásica alemana. Y creo precisamente que el significado de la transición revolucionaria que estamos atravesando, que llama a la Iglesia a asumirse responsabilidades enormes, esté todo aquí: haber hecho efectivo, directo y determinante ante los ojos de todos aquello que la modernidad había sólo dejado entrever a sus filósofos. O sea que el infinito como ausencia de confines materiales a la posibilidad del hacer, como caída de toda determinación obligada por una barrera externa a nosotros (“omnis determinatio est negatio") está entrando establemente en el mundo de los hombres, y siempre más frecuentemente deberemos aprender a tenerlo junto a nosotros, y, si se puede decir así, a dirigirlo. Con la ayuda de Dios, estaría por decir: pero no oso hacerlo y me detengo.

Cierto, no tengo ninguna autoridad para sostenerlo, pero no llego a sustraerme a la idea que un Dios de amor – como el que Benedicto nos invita a pensar – no tenga necesidad de un hombre en jaque, de un hombre prisionero de su materialidad biológica, de un hombre que tenga que ser protegido de sí mismo argumentando presuntos vínculos “naturales”, sino que haya escogido por amor el tener junto un hombre totalmente libre, y totalmente libre, a su vez, de escoger a Dios.

No me oculto que el meterse en este evento – o sea, llegar a imaginar una nueva relación entre historia y escatología, donde el infinito no esté sólo del lado de la segunda, porque de esto se trata en el fondo – impondría grandes cambios en el magisterio y en la dislocación mundana de la Iglesia. Pero donde de verdad, 'si no ahora, cuándo? Las energías están. Y está la esperanza. Quizá, ocurre solo un poco más de profecía, sin renunciar a la doctrina.


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miércoles, 16 de julio de 2008

Portal de fuentes litúrgicas

Posted by Unknown  |  at   17:08

El profesor Félix María Arocena, de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, junto con el profesor de Liturgia José Luis Gutiérrez, ha elaborado un elenco de fuentes litúrgicas (ritos occidentales), así como de revistas litúrgicas, que ahora se incluyen en la página web de la Biblioteca del centro académico (www.unav.es/biblioteca/guias/referencialiturgia.html). El trabajo se organiza en torno a tres polos fundamentales: fuentes litúrgicas anteriores al Concilio de Trento, libros litúrgicos tridentinos, y libros litúrgicos del Concilio Vaticano II. Una última sección recoge las fuentes litúrgicas no romanas (rito hispano, galicano, ambrosiano y otras familias litúrgicas).

Esta web posibilita también consultas on line de fuentes litúrgicas y de artículos de revistas especializadas disponibles en la red. Así, entre otros muchos textos, es posible visualizar y descargar, por ejemplo, los abstracts de los estudios publicados en Rivista Liturgica o los diversos editoriales de los fascículos correspondientes a la revista de Liturgia alemana Liturgisches Jahrbuch. La página web incluye otras webs de interés: en concreto, siete portales de Universidades e instituciones litúrgicas internacionales.

Servicio especializado y criterios científicos

Este elenco de fuentes de liturgias occidentales y revistas litúrgicas de la Biblioteca de la Universidad de Navarra ha sido “diseñado con criterios científicos” y “cualquier interesado en la materia -explica el profesor Arocena- puede consultarlo de tal manera que es posible acceder rápida y eficazmente a las existencias bibliográficas disponibles en nuestra Biblioteca”.

Félix María Arocena, profesor visitante de la Facultad de Teología San Dámaso (Madrid) y miembro de la Asociación Española de Profesores de Liturgia desde hace más de diez años, explica que más adelante “se irán incorporando selecciones de fuentes de referencia correspondientes a otras materias teológicas (exégesis, patrología...), las cuales no tienen por qué seguir necesariamente la estructura y exhaustividad de estas fuentes litúrgicas”.

Fuente: Revista Ecclesia

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miércoles, 9 de julio de 2008

¿Eslabón perdido entre el judaismo y el cristianismo?

Posted by Rubén García  |  at   7:43

Reproduzco en nuestro blog este artículo tomado de http://www.elmundo.es . El hecho de que lo recoja no significa que sea verídico lo que en él se afirma. Se trata sólo de una hipótesis que será discutida por los expertos.
SAL EMERGUI desde Jerusalén
8 de julio de 2008.- Sala en el Santuario del Libro del Museo de Israel. Jerusalén. No cabe un alfiler. Algunos periodistas y muchos expertos, arqueólogos, teólogos y profesores no cesan de escuchar y escribir. En el escenario, el investigador Israel Knhol, profesor de Estudios Bíblicos de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Ante una expectación académica más propia de las películas de Indiana Jones, Knhol presenta su hallazgo: la interpretación de una palabra clave en la línea 80 de las 87 de la piedra que contiene la que se conoce como 'revelación de Gabriel', defendiendo que la idea de la muerte del mesías y su revelación a los tres días es anterior a Jesús.


Revela que los judíos ya creían antes en la llegada de un mesías resucitado. "Existe la posibilidad que la profecía de la muerte y resurrección asociada a Jesús después de la crucifixión existiera antes por lo que éste podría haber estado influido por estas teorías en el judaísmo", explica Knhol, un poco abrumado ante la expectación creada. "No deseo ir contra ninguna religión ni muchos menos contra los cimientos del cristianismo", comenta intentando reducir el impacto de sus palabras y de la palabra descifrada.
El texto en la tabla de piedra caliza gris es en gran parte ilegible costando grandes esfuerzos a los expertos descifrarla. En una fotocopia del documento que nos entregan en la sala del Museo, se puede leer el término 'shlosha yamin' (tres días) seguida de una palabra prácticamente borrada pero que según Knhol es la palabra hebrea 'hayé', que significa 'vivir'. El texto —visión apocalíptica escrita en el siglo I antes de Cristo— indica que el arcángel San Gabriel resucitará tres días después de su muerte al "ministro de ministros", (en la tradición judía se aplica al mesías), en referencia a un líder local (Shimon).
"Yo identifiqué una idea judía no reconocida anteriormente, que la sangre del mesías es necesaria a fin de lograr la redención nacional. La idea de un torturado mesías que fue resucitado tres días después de su muerte fue adoptada por el judaísmo antes del nacimiento de Jesús. Las ideas principales del mito de Jesús existían en el judaísmo", comenta ante un silencio sepulcral. "El relato es muy parecido a lo que luego explica el Nuevo Testamento sobre la resurrección de Jesús", explica un ayudante en la sala.
En la conferencia internacional sobre los Manuscritos del Mar Muerto, Knohl reconoce que el análisis que hace del texto en hebreo antiguo de esta estela descubierta hace ocho años en la zona del mar Muerto, "puede cambiar la visión que todos tienen del personaje histórico de Jesús".
Su interpretación tambalea viejos debates entre el judaísmo y cristianismo, religión que se basa en el fundamento que Jesús era el mesías que murió y resucitó tres días después. Una premisa que según el investigador ya existía previamente en el judaísmo que nunca ha considerado a Jesús, uno de los suyos, como "el redentor o hijo de Dios".
La nueva interpretación de Knhol está provocando polémica, dudas y precaución. En declaraciones a la agencia EFE, el director del santuario del Libro y conservador de los Rollos del Mar Muerto, Adolfo Rotiman, comenta: "Estamos en el comienzo, en la investigación académica alguien propone y después se abre el debate, por lo que sugiero paciencia antes de sacar conclusiones y titulares grandiosos". Aunque reconoce: "Ha habido una lectura muy creativa, quizas osada".
Pero en muchos foros de Internet, no hay paciencia. La realidad virtual exige reacciones inmediatas. El debate se ha encendido. Hay algunos que escriben que "es la prueba que era una leyenda antigua que los cristianos posteriormente adoptaron y aplicaron a Jesús". Otros responden que "la interpretación de Knhol no es fiable ya que es difícil sacar conclusiones de una linea escrita en una tabla tan vieja y deteriorada".
Esta tablilla está en manos del coleccionista David Jeselshon —vive en Suiza— que la compró hace unos años en Londres de manos de un anticuario jordano. "No me di cuenta de su importancia hasta que se lo enseñé a la paleontóloga Ada Yardeni, que es especialista en escritos hebreos. Ella estaba abrumada y me dijo: ¡Has conseguido una piedra de los Rollos del Mar Muerto!", explicó Jeselshon al diario 'The New York Times'.

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viernes, 4 de julio de 2008

Homosexualidad: más ambiental que genética

Posted by Unknown  |  at   12:05

Aunque es un debate que puede resultar un poco «cansino» a estas alturas, la posibilidad de una orientación homosexual determinada desde la configuración genética, es uno de los recursos habituales de quienes defienden la gaylife o el estilo de vida gay no sólo como una opción voluntaria, sino como «marca» de la naturaleza que invalidaría los seculares desarrollos éticos de una sociedad que sólo habría contado con la determinación genética de la heterosexualidad. Es una cuestión que, además, se ha convertido en el «arma» perfecta de los numerosos grupos de presión y de las asociaciones de gays y lesbianas de todo el mundo, para cambiar las legislaciones y hasta los modos de comprensión y de vida en la mayoría de países occidentales. De hecho, la están empleando con cierta eficacia y ofreciendo resultados de «presuntos» estudios científicos han conseguido que la homosexualidad ya no se trate como enfermedad (desde 1992) y desde luego, que se la considere como una orientación sexual «natural» capaz de sustentar la institución matrimonial o la familia. Frente a esta opinión «impuesta» es muy difícil argüir sobre los numerosos aspectos derivados y que se manejan continuamente en el debate social: si es enfermedad o no, si se puede llamar matrimonio o no a la unión homosexual, si sería buena la adopción de niños por parte de parejas de gays o lesbianas…

La prestigiosa revista Science, en el último número de junio, publica un estudio que se dirige precisamente al núcleo de la cuestión: si la homosexualidad está determinada o no genéticamente. Y la conclusión no puede ser más clara: el factor determinante de esta orientación es el ambiental. El estudio titulado Gay Is Not All in the Genes realizado por un grupo de científicos suecos del Karolinska Institute in Stockholm, reconocen un pobrísimo porcentaje a los genes en el surgimiento de la orientación homosexual y apuntan a la influencia del entorno como el detonante decisivo de la homosexualidad.

Te ofrecemos el enlace directo al artículo de Science

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martes, 1 de julio de 2008

La Biblia y nuestros hábitos de lectura (Eugenio Trías)

Posted by Rubén García  |  at   22:03

El célebre filósofo español Eugenio Trías, profesor de la Universidad Pompeu Fabra, relaciona en este artículo el tardío acceso del mundo católico a la Sagrada Escritura con la falta de hábito de lectura actual. Al mismo tiempo, reinvindica el papel de la religión y la espiritualidad frente a un laicismo reductivo.

"¿CUÁL es la principal causa de la escasez de hábitos de lectura de los españoles? ¿Se debe a condiciones climáticas y atmosféricas, al cultivo continuo y constante de la cultura oral, a nuestra propensión a la tertulia, a la confusión entre genio, ingenio y gracejo (o entre reflexión y chascarrillo)? ¿O existen razones más hondas, viejas raíces carcomidas que explican mejor esa inapetencia lectora? Quizás convenga recordar la historia española —la reciente y la remota— si se quiere responder a estas preguntas

En el primer gobierno socialista faltó algo trascendental. Se enlazó con la Segunda República en un punto esencial y necesario: la reforma militar. Tuvo lugar también la meritoria reconversión industrial, por no hablar de la tortuosa —pero necesaria— entrada en la OTAN. Algo faltó, sin embargo. Algo en lo cual la Segunda República hubiera debido servir de ejemplo: una verdadera y radical reforma educativa, comenzando en la enseñanza primaria y culminando con un sistema ágil y moderno de enseñanza secundaria y universitaria. Quizás esa falta de arraigo de los hábitos de lectura se ha pagado muy cara.
Creo sin embargo que la causa de esa indigencia lectora es más lejana. Tiene su origen, posiblemente, en peculiaridades del catolicismo contra-reformista. A diferencia de las confesiones reformadas, el catolicismo romano ha sido culpablemente remiso a entregar al feligrés el texto bíblico.
La gran gesta de Martín Lutero no fue sólo releer de manera rigurosa las epístolas de Pablo y la teología de Agustín. La mejor de sus contribuciones al cristianismo fue su traducción de la Biblia a lengua alemana. Eso fue un acontecimiento propicio: una verdadera renovación religiosa y cultural propia del mundo renacentista, de la modernidad incipiente y de la constelación que Gutenberg, con la invención de la imprenta, había inaugurado. Su compendio doctrinal, sola fides, sola gratia, se culmina —y alcanza estatuto trinitario— en el lema sola scriptura. Fe en Dios, esperanza en la gracia de Cristo, iluminación del Espíritu Santo en la lectura del texto bíblico. El acto creyente, litúrgico y devocional se produce a través del encuentro con el libro inspirado.
La lectura es, en el luteranismo, ilustración y liturgia: verdadera comunión sacramental. Puede ser estrictamente individual y personal en la oración que de ello deriva. Puede ser también comunitaria, incluso cantada.
Los católicos de Alemania, Francia, Gran Bretaña, Países Bajos o Estados Unidos de América, al convivir con generaciones reformadas de hugonotes, presbiterianos, anabaptistas, adventistas o evangélicos se fueron impregnando de su devoción por las sagradas escrituras. Debían visitarlas con el fin de defender sus posiciones religiosas. Las orientaciones vaticanas —poco inclinadas a la libre lectura de la Biblia— quedaron mitigadas.
La ausencia de ese combate dialéctico y apologético en España determinó una especie de monopolio eclesiástico cuya tremenda huella llega hasta hoy. No hubo influencia ni impregnación de la devotio moderna que desde Erasmo, Lutero y Calvino tendió siempre a privilegiar, en términos religiosos, la lectura bíblica. En España la Biblia es para muchos —todavía— una gran desconocida. Esa carencia lectora decidió, sin duda, la menesterosidad que poseemos en hábitos de lectura. El texto bíblico no fue determinante en nuestra infancia y primera adolescencia.
Alguien con poco cerebro ha dicho recientemente que el conocimiento de la Biblia arrastraría a la pérdida de la fe de la multitud creyente. Más bien sucede lo contrario. Conocer de forma directa, en la lectura, figuras creyentes como Abraham, Moisés, Job, los profetas, Jesús de Nazaret, Pablo de Tarso, podría ser el mejor modo de alimentar y fortalecer la conciencia religiosa (judía, cristiana).
Hoy se habla mucho de la crisis del libro a causa de la gran revolución de internet, de los ordenadores, de los textos procesados de forma informática. Puede que esa crisis sea relativa. O no sea mayor que la sufrida por el teatro ante la acometida del cine y de la televisión.
Los pueblos educados y curtidos en hábitos de lectura, sobre todo por las fuentes reformadas —luteranas, calvinistas— de su cultura, se hallan mucho mejor preparados para saldar con éxito ese envite. Aquí, en España, nos encontramos faltos de esas imprescindibles raíces.
No acepto la inferencia anti-religiosa, agnóstica o atea, que algunos extraen de sus defensas de una cultura laica moral y políticamente autónoma. Es propio de cierta mentalidad de progresismo infantil promover ese falaz nexo lógico. El pleno y legítimo derecho laico por poseer ámbitos independientes de reflexión y discusión en cuestiones morales, sin tutelas ni ingerencias clericales, no permite deducir la inanidad de toda referencia religiosa. A los nuevos cruzados que promueven esa deducción —como les llamó la revista alemana Der Spiegel— les falta seriedad, sobriedad, rigor. Denuncian al Dios cruel en perfecta ignorancia de la audacia que expresa Job, desde dentro de la Biblia, en su ataque a toda falsa teodicea. No rebasan el más ingenuo antropomorfismo en su acercamiento a ese insondable misterio al que por convención lingüística llamamos Dios.
El más radical sentido de lo secular puede perfectamente convivir con una conciencia religiosa ilustrada. Como sabía Kierkegaard, un verdadero salto exige transitar de la moral hasta el estadio religioso. La fe de Abraham que narra el Génesis no es conmensurable con el Levítico.
Es, de todos modos, imprescindible que el fomento didáctico de la cultura religiosa siga rumbos ajenos a la mera catequesis dogmática. En el terreno de la educación religiosa y cristiana resulta imprescindible el acercamiento al texto bíblico. Sería deseable promover su lectura. O que se facilitase el acceso gozoso de muchos ciudadanos a la Biblia, de forma que pudieran impregnarse de las maravillas que encierra. Sería posible, entonces, descubrirse lo que aquí pocos conocen: el increíble libro de ese impaciente Job capaz de desafiar a Dios; el poema erótico que es El cantar de los cantares; el dechado de sabiduría pesimista del Eclesiastés; o el vuelo místico delEvangelio de Juan.
Siempre he creído que el dilema entre asignaturas de Ética —o de Educación para la Ciudadanía— y de Religión quedaría obviado si hubiese a la vez más buena intención y más ilustración en ambas partes (en esas dos Españas que hielan el corazón de todo español que viene al mundo).
Nada más necesario en el mundo global del siglo XXI, para la educación del ciudadano, que un conocimiento cabal de los marcos religiosos en los que arraigan las principales culturas (y muy en especial la propia de cada uno). El mejor antídoto frente a la xenofobia se produciría si hubiese mayor conocimiento ilustrado sobre lo que es y significa, sin simplificaciones, la religión hebrea, el Islam (con todas sus familias), los distintos cristianismos, las religiones orientales o el animismo africano. Siempre he abogado por sustituir una asignatura catequética —de un apologético catolicismo o de un laicismo poco ilustrado— por una Historia de las Religiones o por una Ciencia de las culturas religiosas.
Nuestra comunidad hispana se halla en desventaja respecto a comunidades que poseen, desde la primera infancia, el conocimiento de un libro en el cual todo hombre puede hallar respuestas, modelos, ejemplos y contra-ejemplos. Y esto sucede así tanto si se lee como una grandísima enciclopedia de obras literarias insignes, o como forma de revelación textual a través de textos inspirados de alta valencia religiosa.
No haber gozado de esa impregnación lectora —que en países de tradición reformada, evangélica, anglicana o calvinista ha determinado el encuentro con el texto bíblico— constituye, quizás, la razón principal de nuestra inapetencia lectora, o de nuestro mal encaje en esa era de Gutenberg que tuvo en Martín Lutero el genio religioso que mejor se le ajustaba."

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