martes, 17 de octubre de 2006

Interpretar la Escritura

Posted by Departamento de Teología  |  at   15:11

Ante la convocatoria de un nuevo Sínodo sobre la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia, te ofrezco este post de Guillermo Juan Morado:

"La Sagrada Escritura es un texto y, como tal, no escapa a la necesidad indeclinable de ser interpretado. Un principio básico para una adecuada interpretación es tener en cuenta la naturaleza del texto. No captaríamos, posiblemente, el sentido de un poema si lo leyésemos con los criterios que rigen a la hora de descifrar un acta notarial. Ni percibiríamos qué quiere decir una felicitación navideña, prescindiendo de las convenciones que, usualmente, caracterizan a ese tipo de escritos.

Con la Escritura sucede algo similar. Para interpretarla es necesario caer en la cuenta de lo que la Biblia es: palabra de Dios en palabras humanas (cf 1 Tesalonicenses 2, 13). La Escritura es una muestra de la condescendencia de Dios, quien, para hablar al hombre, emplea el lenguaje de los hombres. Se da una analogía entre el misterio de la Encarnación y el misterio de la inspiración bíblica (cf Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 13). Por la Encarnación, el Hijo de Dios, sin dejar de ser Dios, se hizo hombre, asumiendo una naturaleza humana para llevar a cabo, a través de ella, la redención. Por la inspiración del Espíritu Santo, los autores humanos de la Escritura, sin dejar de ser verdaderos autores, se convierten en “instrumentos” de Dios, que habla mediante ellos a su pueblo. No hay contradicción a la hora de afirmar que Dios es el autor y que los hombres son autores, como no la hay a la hora de afirmar que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre.

Si aceptamos en la fe que la Biblia es palabra inspirada y, en cuanto tal, palabra de Dios, se abre para nosotros la posibilidad de interpretarla. En tanto que es palabra humana, emplearemos los mismos métodos que se usan para comprender el significado de los textos antiguos: la crítica textual – buscando el texto más seguro - , la crítica literaria, con sus diversos y complejos procedimientos, y también la crítica histórica. Pero todo este trabajo, necesario y útil, no basta. El Concilio Vaticano II nos advierte que la Escritura “se ha de leer e interpretar con el mismo Espíritu con que fue escrita”. Y aclara el significado de este criterio, imprescindible para una exégesis integral: “hay que tener muy en cuenta el contenido y la unidad de toda la Escritura, la Tradición viva de toda la Iglesia, la analogía de la fe” (Dei Verbum, 12)."

Artículo completo en "predicar en el desierto"

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