miércoles 13 de mayo de 2009

La Eucaristía en san Pablo: “Cuerpo de Cristo, Cuerpo de la Iglesia”

Pablo es uno de los testigos privilegiados, dentro del Nuevo Testamento, al que debemos acudir si queremos comprender en profundidad el sacramento de la Eucaristía, máxime cuando estamos celebrando un Año Paulino en toda la Iglesia.
Es cierto que, en sus cartas, habla pocas veces de la Eucaristía, solamente lo hace en los capítulos 10 y 11 de la Primera Carta a los Corintios. En ambos casos, además, no se refiere a ella directa, sino indirectamente, con ocasión de las consultas que le hacen los cristianos de Corinto.
Pablo no pretende defender apologéticamente la verdad teológica de la presencia real de Cristo en el sacramento, que no era negada, sino sacar de la Eucaristía consecuencias prácticas para la vida cotidiana de la comunidad.
Corinto era una gran ciudad cosmopolita, abrumadoramente pagana, con infinidad de templos, y con fama de moralmente corrupta. La iglesia local era una comunidad cristiana entusiasta, muy orgullosa de su ciencia y sus carismas, pero que olvidaba a sus miembros más débiles. El Apóstol les recuerda que lo esencial no son los dones, sino la edificación fraterna desde el amor; si la ciencia no lleva al amor está vacía. Hay entre los cristianos una grave fractura que contradice el Evangelio: por un lado los fuertes y sabios, por otro los indoctos y pobres.
Respecto al modo en que se celebraba la eucaristía en aquella comunidad, parece deducirse que, al reunirse la comunidad, tenían primero un ágape, una cena festiva y solidaria, al menos en su intención. Pero no todos llegaban a tiempo a ella; unos llegaban antes con sus propios alimentos y comían y bebían en abundancia, llegando incluso a embriagarse. Cuando llegaban los cristianos pobres, sin comida, simplemente miraban, ansiando aquello que los otros derrochaban.
Después de esto, pasaban juntos a celebrar lo específico de la Eucaristía, con los gestos y palabras sacramentales de bendición del pan y del vino. No dice nada, pero es de suponer que, antes de repartir las especies eucarísticas, leían y comentaban las Escrituras.
Para Pablo, la Eucaristía une a Cristo de una manera total: “la copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?” (10,16). Comunión (koinonia) significa participar, junto con otros, de una realidad salvífica, que pasa a formar parte de mí. No dice cómo se da realmente esta participación de la sangre y del cuerpo glorioso de Cristo, pero para Pablo es incuestionable que esto es lo que ocurre cuando celebramos la Eucaristía.
Los cristianos tienen el sacramento del altar para unirse a Cristo, por lo que no deben participar de los banquetes paganos, “Así que no podéis beber de la copa del Señor y de la copa de demonios” (10,21). La comunión con Cristo excluye todas las demás “comuniones”.
Además, esas comidas rituales unen a los paganos, y eso supone separarse de la mesa cristiana, unida por una sola Eucaristía: “Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan” (10,17). Por tanto, la Eucaristía une a Cristo y une a la Iglesia al mismo tiempo. Porque participamos de un solo pan, el cuerpo de Cristo, la Iglesia se hace un solo pan y un solo cuerpo.
Respecto a las divisiones, Pablo les reprocha que, aunque se sigan reuniendo, “eso ya no es comer la cena del Señor” (11,20), porque no son fieles a la intención fundamental que Cristo quiso dar a la Eucaristía. Es un pecado contra la fraternidad; obrando así desprecian a la comunidad y avergüenzan a los que no tienen con su ostentación egoísta.
Les recuerda el sentido primero de la Cena del Señor, para que examinen si están siendo realmente fieles a él. Es una tradición que se remonta hasta el mismo Jesús, Cristo fue entregado, nos dio su propio cuerpo (su vida entera, su ser) y mandó a la comunidad que celebrara esto como memorial de su entrega a los demás. Entonces, ¿cómo llamar “cena del Señor” a lo que hacen los corintios, cuando no son capaces de esperarse los unos a los otros, no parten su banquete con el pobre, y avergüenzan a los necesitados y a la comunidad? La disposición comunitaria –unidad, compartir, respeto, amor- es esencial, según Pablo, para que se de la verdadera Eucaristía.
¿Puede haber Eucaristía, verdadera cena del Señor, allí donde, aún existiendo los elementos indispensables para la validez, como son la materia, la forma, el ministro, etc., faltan la caridad y el amor fraterno? ¿Es menos esencial que haya pan ázimo y vino sin aditivos que el hecho de que sea una comunidad unida y reconciliada la que celebre?
Las palabras de Jesús “haced esto en conmemoración mía” son mucho más que una invitación a reproducir los gestos rituales y las palabras, exigen que se den las mismas circunstancias que se dieron en su Cena, la entrega de la vida por amor.
Benedicto XVI comentando esta enseñanza de san Pablo decía, en la Audiencia general del jueves 11 de diciembre de 2008: “Cristo se une personalmente a cada uno de nosotros, pero el mismo Cristo nos une también con el hombre y con la mujer que están a mi lado. Y el pan es para mí y también para el otro. Así Cristo nos une a todos consigo y nos une entre nosotros, uno con otro (...) Cristo y el prójimo son inseparables en la Eucaristía. Y así todos somos un solo pan, un solo cuerpo. Una Eucaristía sin solidaridad con los demás es un abuso de la Eucaristía”.

Rubén García Peláez



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martes 21 de abril de 2009

La Creación como kénosis, nueva perspectiva

John Polkinghorne al encuentro entre ciencia y religiones
La idea de un Dios que impone su presencia en el mundo y que exige ser reconocido, de tal manera que no hacerlo supone contravenir las leyes del orden creado en el universo, fue propia de gran parte de la filosofía y teología teocéntrica cristiana, vigente en los últimos siglos. Hoy en día, sin embargo, comienza a abrirse camino una forma distinta de entender la presencia divina en el mundo. Dios no ha querido imponerse, sino que ha aceptado la kénosis de sí mismo en la Creación, creando un universo ambiguo en que el hombre deberá construir su vida libre y creativamente. El libro “La obra del amor. La creación como kénosis”, coordinado por John Polkinghorne, recoge las opiniones de un grupo de teólogos y científicos sobre esta nueva perspectiva. Por Leandro Sequeiros.
En octubre del año 1998, un grupo de teólogos y de científicos se reunieron en el Queens´s College de Cambridge, bajo los auspicios de la Fundación Templeton para discutir las intuiciones proporcionadas por un enfoque kenótico de la creación. Entendían ésta como producida por la acción del Dios del amor. La reunión se inspiró inicialmente en los escritos de Jürgen Moltmann y W. H. Vanstone, y ambos especialistas pudieron tomar parte en los debates. Se acordó desarrollar más el tema preparando la serie de ensayos que constituyen la parte sustancial del libro coordinado por John Polkinghorne, La obra del amor. La creación como kénosis.

El punto de partida de este ensayo es la aceptación de que el diseño del universo es kenótico. Este concepto no es nuevo. Aparece ya en la teología de Urs von Balthasar, pero en estos años se ha extendido y difundido en el mundo anglosajón. Esta expresión está empezando a formar parte de las elaboraciones teológicas modernas. ¿Qué quiere expresar? ¿Qué imagen de Dios refleja esta teología? ¿Qué consecuencias tiene para el diálogo con los científicos? La reciente publicación en castellano de este excelente ensayo teológico [Editorial Verbo Divino, Estella, 2008 (traducción de la edición inglesa de 2001), 287 páginas] abre nuevos espacios para las tendencias de las religiones.

John Polkinghorne y la kénosis

La teologia de la ciencia es un concepto emergente. John Polkinghorne es un físico y teólogo conocido por todos aquellos que muestran interés por el diálogo entre las ciencias y las religiones. Su obra más conocida es La fe de un Físico. Siendo un prestigioso profesor universitario de Física de partículas, optó por dejar la cátedra, estudiar teología y ordenarse sacerdote en la iglesia anglicana. Desde entonces, ha sido uno de los más eficaces dinamizadores del encuentro fe-ciencia. Como apunta el profesor Manuel García Doncel en la presentación de la edición española de La obra del amor. La creación como kénosis, “esta obra de 2001 constituye una grandiosa colaboración sobre el tema de actualidad “la creación como kénosis”. Este concepto ha surgido de su concepción cristológica, bíblicamente fundada en el himno prepaulino (Filipenses 2, 6-11), tradicionalmente aplicado a la encarnación, en el que se canta a Cristo que en su amor redentor, siendo de condición divina, “se despojó de sí mismo” (en griego heautón ekénosen: literalmente, “se autovació”, “se autoanonadó”) tomando condición de esclavo y haciéndose obediente hasta la muerte. Para el profesor Javier Monserrat, Dios no ha “impuesto” su presencia ante la razón humana. Es decir, ha escogido en la creación la vía de su ocultamiento, del “vaciamiento” o “anonadamiento” de su presencia divina. La kénosis divina es, pues, epistemológica. En este concepto se fundamenta la nueva “teología de la ciencia”.

Los once capítulos del libro corresponden a otras tantas colaboraciones especialmente invitadas. Cinco de ellos han sido distinguidos con el Premio Templeton, por su activa participación en el diálogo entre la teología y las ciencias, y especialmente por sus reflexiones sobre la acción divina en el mundo (Ian G. Barbour [en 1999], Arthur Peacocke [en 2001], Holmes Rolston III [en 2003], George Ellis [en 2004] y el mismo John Polkinghorne [en 2002]). A ellos se añaden, entre otros, tres de los creadores históricos de esa tercera concepción de la kénosis, el propio Jürgen Moltmann y su colaborador teológico en Tubinga, Michael Welter, y Paul S. Fiddes, que tras acudir allí como visitante redactó su defensa del “sufrimiento creativo de Dios”.

Las raíces de la Teología kenótica

Las raíces de una elaboración teológica de la kénosis se nutren de las concepciones trinitarias de Urs von Balthasar (1905-1988). Para von Balthasar, la kénosis del “dejar espacio al otro” es la condición básica de todo amor, y en especial del eterno amor interpersonal divino. Desde otra perspectiva, a partir de la obra sobre El Dios Crucificado (Jürgen Moltmann, 1972), se elaboró otra concepción de la kénosis del Creador Trinitario que, por amor a los seres personales creados, decide tolerar el pecado y admitir ciertas limitaciones en su omnipotencia, en su eternidad (haciéndose también temporal), y aun quizá en su omnisciencia y en su modo de actuar sobre la creación. Este último concepto de kénosis, que es el central de la obra, supone un cambio drástico en la idea misma de Dios, que admita su sufrimiento y, por tanto, su mutabilidad.

El poder divino: un enfoque procesual (Ian G. Barbour)

El profesor Ian G. Barbour desarrolla el concepto teológico de autolimitación de Dios como kénosis. Para este prestigioso físico y teólogo, apoyándose en la teología del proceso sugiere que la crítica a la omnipotencia divina ofrece una forma característica de tratar cinco temas muy importantes de la teología kenótica: la integridad de la naturaleza; el problema del mal y del sufrimiento; la realidad de la libertad humana; la interpretación cristiana de la cruz; y las críticas feministas de las imágenes patriarcales de Dios. En suma: el pensamiento procesual abre un camino entre la omnipotencia y la impotencia, reelaborando el concepto del poder divino como potenciación habilitadora más que como control dominador.

Arthur Peacocke: el coste de la nueva vida

El bioquímico y teólogo Arthur Peacocke (1924-2006), afirma que “admitir que Dios, en el acto de la creación, pueda concebirse como autosacrificándose y autolimitándose, como exponiendo de algún modo la divinidad misma al sufrimiento y haciéndose por tanto vulnerable a la historia del orden creado, no se puede justificar sin hacer referencia al carácter evolutivo del proceso real de la creación”. Esta sugerencia se refuerza, e incluso se manifiesta como revelada – o sea, comunicada por Dios – si Dios se ha expresado verdaderamente a sí mismo en Jesucristo. Pues mientras éste vivió en la tierra fue muy vulnerable a los poderes que se agitaban a su alrededor, bajo los cuales acabó sucumbiendo con terrible sufrimiento y, desde su punto de vista humano, en el abandono de una muerte trágica.

Creer que Jesucristo –concluye- es la autoexpresión de Dios en los límites de una naturaleza humana concuerda del todo con aquellas concepciones, previamente derivadas por tanteos de la reflexión sobre el ser y el devenir naturales, que afirman que Dios, al ejercer la creatividad divina, se autolimita, es vulnerable, se autovacía y es donador de sí mismo (…) Es esta acción y expresión del Amor, creemos, la que finalmente vence al mal en la humanidad.

Kénosis, naturaleza y persona humana

Para Holmes Rolston III, la ciencia y la religión deben reconciliarse con la naturaleza. Rolston defiende que la religión debe “naturalizarse” en el sentido de que debe volver a la experiencia “sacral” de la naturaleza. Toda experiencia religiosa es para Rolston una experiencia numinosa de la naturaleza. Esta experiencia puede explicar el origen prehistórico de la religión y, por tanto, es la forma que lo religioso ha ido tomando en nuestros genes (y que está en línea con los resultados empíricos actuales sobre la existencia del hoy llamado “cerebro místico”).

“Se debe llegar a una religión naturalizada, - escribe- no tanto en el sentido de explicarla naturalísticamente, cuanto en el de explicar el encuentro numinoso con una naturaleza manifiesta. La biología genera religión: el fenómeno de la vida evoca una respuesta religiosa, entre o no en cuestión una presencia funcional de la sociedad humana …”. Y añade: “La naturaleza es el primer misterio que se encuentra; la sociedad viene después, mucho después, según lo que sabemos por la historia evolutiva” (Genes, Genesis and God University Press, 1999, 292). Como seres humanos con mente (mind) estamos aquí y necesitamos por ello el recuento unificado de la historia de la Tierra que nos ha llevado hasta aquí.

“El mundo secular aspira a dirigir la naturaleza –concluye en su capítulo de La obra del amor – a reducirla a recursos humanos, y planifica una tecnología y una industria con las que lograr tal fin en nuestro siglo XXI y nuestro tercer milenio. Pero, con tamaña aspiración, lo único que los humanos hacen es intensificar sus herederos apetitos de autorrealizarse, tentados hoy a autoengrandecerse en proporciones jamás posibles antes (….) La oportunidad actual del cristianismo consiste en limitar ese desproporcionado engrandecimiento humano y velar por el bien de los cinco millones de otras especies de seres vivos que también habitan la Tierra. Tal kénosis es una exigencia cristiana para nuestro tercer milenio”.

Por su parte, Malcolm Jeeves, profesor de psicología y neurólogo, parte de la afirmación de Moltmann de que un aspecto clave de la kénosis, el de darse uno a sí mismo, es “la naturaleza trinitaria de Dios, y por tanto, la marca de todas sus obras”. Hoy día, aspectos de la conducta de autodonación y autosacrificio están siendo muy estudiados y debatidos por los biólogos, los psicólogos y los neurólogos evolucionistas”. Concluye que hemos de ver la kénosis como una clave para comprender un aspecto de la naturaleza profunda de la creación, contemplando la emergencia de la kénosis en el mundo biológico del que nosotros, creaturas de Dios, formamos parte. Hemos de recordar que seguimos creyendo que Cristo era más que humano “por las señales que a lo largo de los siglos han sido aducidas como prueba de que en Él se combinaron la divinidad y la humanidad”.

Creación kenótica: unificación de vida y cosmología

El núcleo central de La obra del amor lo constituyen los capítulos de John Polkinghorne y George Ellis. Para el primero, toda dicotomía entre creación y redención comporta riesgos teológicos, que aumentan cuando se la fuerza a una correlación con diferentes atributos divinos. “El acto de crear, - escribe- de dar existencia a un mundo y mantenerlo en su ser, es a todas luces un acto de gran poder, al que no son comparables los exiguos poderes de las creaturas. En el discurso teológico, sólo Dios puede dar la respuesta a la famosa pregunta: ¿Por qué hay algo más bien que nada?”

Polkinghorne desarrolla sus ideas considerando que es necesario apelar al amor divino para entender lo que es la creación: ésta existe porque Dios le da una vida y un valor extrínsecos. Pero la necesidad de hacer justicia a la vez al amor divino kenótico y al poder divino providencial forma parte claramente de una tensión teológica. La insistencia en el amor divino se percibe tras la figura, trazada por la teología del proceso, de un Dios que, en conmovedora frase de A. N. Whitehead, es “el compañero de sufrimientos que comprende” y que sólo actúa mediante el poder de la persuasión. Pero, ¿podría ser el Dios de Whitehead el Dios Único que resucitó a Jesús?

“Una gran parte del creativo pensamiento teológico de la segunda mitad del siglo XX –escribe Polkinghorne – se ha ocupado de reexaminar estas cuestiones (…) El reconocimiento científico del carácter evolutivo del universo ha animado a los teólogos a reconocer la presencia de Dios inmanente en la creación y la necesidad de complementar el concepto de creatio ex nihilo con un concepto de creatio continua. Así, el de la creación continua ha sido un tema importante en los escritos de los científicos-teólogos. Y sus implicaciones teológicas son muchas e importantes”.

Y finaliza: “A ningún autor serio que escriba sobre la acción divina se le pasará por alto la desmedida arrogancia que supone mostrarse como interlocutor y confidente del Creador en sus actos de creación. Toda teología es, en un sentido obvio, “teología humilde”, pues confesamos nuestra limitación e ignorancia ante el Misterio divino. Jamás podremos coger al Infinito entre las mallas de nuestra red racional. Sin embargo, creo que sabemos lo bastante para decir que Dios es verdaderamente amoroso, y que cuida no sólo de la creación en general, sino de todas y cada una de las criaturas en particular (…) La teología kenótica es inevitablemente teología paradójica, puesto que se basa en el concepto de la humildad de Dios”.

Para Ellis, el universo está diseñado para la ambigüedad. El mal físico es una consecuencia de este mundo autónomo que se hace a sí mismo evolutivamente. El mal moral de la acción humana tampoco debía ser restringido en un diseño providente para la libertad incondicionada del ser humano. El Dios oculto no está absolutamente oculto, ya que el universo está diseñado con un equilibrio entre ocultamiento y manifestación que hacen posible a los humanos acceder a Dios. El diseño del universo es, pues, kenótico: Dios ha renunciado a imponer su presencia para la libertad humana. Dios –escribe Ellis – ha elegido un amor incondicional y un camino sacrificial.

Dios ha sacrificado, ha anonadado, ha vaciado de contenido (kénosis) la imposición de su presencia en el mundo. Es la kénosis de Dios en la creación, en entera consonancia con la kénosis del Verbo (lógos) en Cristo, de que nos habla San Pablo en el himno de la carta a los de Filipos. Para Ellis, “la revelación kenótica dada por Cristo muestra la acción creativa de Dios en el mundo”.

La voluntad kenótica de Cristo, que manifiesta la kénosis fundamental del Dios creador, está manifiesta en la escena de las tentaciones en el desierto, en toda la vida de Cristo y en su muerte y resurrección. Situando su pensamiento en una constante línea de convergencias que a lo largo del siglo XX apuntan a entender la teología de la kénosis como una pieza esencial del pensamiento cristiano.

Pero un aspecto esencial para George Ellis es la traducción ética de este enfoque cosmológico-teológico de la kénosis. Así como, a través de la creación y el misterio de Cristo, Dios ha aceptado la kénosis de sí mismo a favor de la humanidad, así igualmente el comportamiento del cristiano debe ser entendido como una kénosis libre que acepta a Dios y se entrega en plenitud a los demás hombres en una solidaridad sacrificial que es un estado religioso que va más allá del puro altruismo.

La moral cristiana se funda así en una kénosis a la inversa por amor. Estos principios han sido aplicados por Ellis en su propia vida de compromiso político por los derechos humanos en Sudáfrica, como se refleja en sus publicaciones sobre esta temática, que le llevaron incluso a la persecución en la época del apartheid.

El amor kenótico como holografía de la realidad

En sucesivos capítulos de La obra del amor, se añaden tres de los creadores históricos de la concepción de kénosis como limitación de Dios: el propio Jürgen Moltmann, su colaborador teológico en Tubinga, Michael Welker, y Paul S. Fiddes que ahonda en el “sufrimiento creativo de Dios”. El cuadro se completa con el filósofo de la naturaleza Keith Ward y la representante de la teología femenina, Sarah Coakley. El canónigo W. H. Vanstone, que completaba el número de doce colaboradores, falleció durante la preparación de esta obra, por lo que le ha sido dedicada, y cada uno de los capítulos recoge un pensamiento de su librito clásico sobre el tema, Esfuerzo del amor, costo del amor (1977).

Leandro Sequeiros es Catedrático de Paleontología y Colaborador de la Cátedra CTR

(Tomado de Tendencias21)

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viernes 20 de marzo de 2009

Manifiesto de Madrid contra el aborto

«Los abajo firmantes, profesores de universidad, investigadores, académicos, e intelectuales de diferentes profesiones, ante la iniciativa del Grupo Socialista en el Congreso, por medio de la Subcomisión del aborto, de promover una ley de plazos, suscribimos el presente Manifiesto en defensa de la vida humana en su etapa inicial, embrionaria y fetal y rechazamos su instrumentalización al servicio de lucrativos intereses económicos ó ideológicos.
En primer lugar, reclamamos una correcta interpretación de los datos de la ciencia en relación con la vida humana en todas sus etapas y a este respecto deseamos se tengan en consideración los siguientes hechos:


a) Existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación. Los conocimientos más actuales así lo demuestran: la Genética señala que la fecundación es el momento en que se constituye la identidad genética singular; la Biología Celular explica que los seres pluricelulares se constituyen a partir de una única célula inicial, el cigoto, en cuyo núcleo se encuentra la información genética que se conserva en todas las células y es la que determina la diferenciación celular; la Embriología describe el desarrollo y revela cómo se desenvuelve sin solución de continuidad.
b) El cigoto es la primera realidad corporal del ser humano. Tras la fusión de los núcleos gaméticos materno y paterno, el núcleo resultante es el centro coordinador del desarrollo, que reside en las moléculas de ADN, resultado de la adición de los genes paternos y maternos en una combinación nueva y singular.
c) El embrión (desde la fecundación hasta la octava semana) y el feto (a partir de la octava semana) son las primeras fases del desarrollo de un nuevo ser humano y en el claustro materno no forman parte de la sustantividad ni de ningún órgano de la madre, aunque dependa de ésta para su propio desarrollo.
d) La naturaleza biológica del embrión y del feto humano es independiente del modo en que se haya originado, bien sea proveniente de una reproducción natural o producto de reproducción asistida.
e) Un aborto no es sólo la «interrupción voluntaria del embarazo» sino un acto simple y cruel de «interrupción de una vida humana».
f) Es preciso que la mujer a quien se proponga abortar adopte libremente su decisión, tras un conocimiento informado y preciso del procedimiento y las consecuencias.
g) El aborto es un drama con dos víctimas: una muere y la otra sobrevive y sufre a diario las consecuencias de una decisión dramática e irreparable. Quien aborta es siempre la madre y quien sufre las consecuencias también, aunque sea el resultado de una relación compartida y voluntaria.
h) Es por tanto preciso que las mujeres que decidan abortar conozcan las secuelas psicológicas de tal acto y en particular del cuadro psicopatológico conocido como el «Síndrome Postaborto» (cuadro depresivo, sentimiento de culpa, pesadillas recurrentes, alteraciones de conducta, pérdida de autoestima, etc.).
i) Dada la trascendencia del acto para el se reclama la intervención de personal médico es preciso respetar la libertad de objeción de conciencia en esta materia.
j) El aborto es además una tragedia para la sociedad. Una sociedad indiferente a la matanza de cerca de 120.000 bebés al año es una sociedad fracasada y enferma.
k) Lejos de suponer la conquista de un derecho para la mujer, una Ley del aborto sin limitaciones fijaría a la mujer como la única responsable de un acto violento contra la vida de su propio hijo.
l) El aborto es especialmente duro para una joven de 16-17 años, a quien se pretende privar de la presencia, del consejo y del apoyo de sus padres para tomar la decisión de seguir con el embarazo o abortar. Obligar a una joven a decidir sola a tan temprana edad es una irresponsabilidad y una forma clara de violencia contra la mujer.
En definitiva, consideramos que las conclusiones que el Grupo Socialista en el Congreso, por medio de la Subcomisión del aborto, trasladará al Gobierno para que se ponga en marcha una ley de plazos, agrava la situación actual y desoye a una sociedad, que lejos de desear una nueva Ley para legitimar un acto violento para el no nacido y para su madre, reclama una regulación para detener los abusos y el fraude de Ley de los centros donde se practican los abortos».

Fdo.:
Nicolás Jouve (Catedrático de Genética; DNI 1154811)
Francisco Ansón (Escritor; DNI 847005)
Cesar Nombela (Catedrático de Microbiología; 1346619S)
Francisco Javier del Arco (Biólogo, Filósofo y Escritor; DNI: 00138438-N)
Vicente Bellver (Profesor Titular Filosofía del Derecho: DNI: 24335564T)
Luís Franco Vera (Catedrático de Bioquímica: DNI es 02.464.829B)
…/…

Siguen un millar de adhesiones a fecha de 17 de marzo de 2009, y siguen aumentando

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sábado 7 de marzo de 2009

La Biblia tenía razón (Por Ramón Tamames)

Realmente, nunca es fácil hacer predicciones económicas a corto plazo, a través de lo que generalmente se consideran estudios de coyuntura; y lo mismo acontece a largo, respecto de los cambios que acaban siendo estructurales. En el primer caso, por hallarnos inmersos en un ciclo de incierta evolución, en gran medida por los ajustes que vayan produciéndose, relacionados con la política económica en curso. Y en el segundo, por el inevitable proceso de cambio tecnológico y social de duración imprevisible.
Precisamente, esas alteraciones de la marcha de la actividad económica es lo que Joseph A. Schumpeter supo destacar en su libro Business Cycles (1927), en el que analizó las diferentes clases de fluctuaciones, distinguiendo en la región ascendente de la curva la recuperación a partir de la fase anterior, para pasar después al auge, prolongable en una fase más o menos larga de bonanza culminante en el boom. Ulteriormente, dicho en lenguaje actual, tendríamos el recalentamiento, la desaceleración, el estrés y el definitivo cambio de tendencia, para entrar en la crisis, pudiendo llegarse, de persistir las inercias declinantes, a la recesión, y más allá a la propia depresión.
La experiencia histórica demuestra que ciclos ha habido siempre, y que no pueden erradicarse: ni por medio de decretos leyes, ni a través de políticas económicas, por muy bien que se diseñen e instrumenten. Sencillamente, porque en una economía de mercado -aunque sean no pocas restricciones a la competencia- se dan millones de planes individuales de empresas y consumidores, que difícilmente pueden encajar en un equilibrio perfecto. En ese contexto, inevitablemente van surgiendo fenómenos de sobredimensionamiento de la oferta y de saturación de demanda, que acaban por derivar en escenarios de interrupción y ulterior declive del crecimiento.
¿Y por qué decimos como subtítulo de este artículo que la Biblia tenía razón? No es ningún epígrafe a lo Isaac Asimov, o incluso proveniente de tendencias creacionistas. Y veremos que, efectivamente, la Biblia tenía razón, en lo que seguramente fue la primera referencia histórica conocida sobre ciclos: en el Génesis se planteó la iniciática teoría de las fluctuaciones económicas, y la primera solución a las mismas.
Lo que sigue es una transcripción, simplemente retocada para evitar algunas insistencias -tan frecuentes en el lenguaje antiguo-, de un gran diálogo económico. Cuando el Faraón mandó llamar a José, a quien apresuradamente sacaron de la prisión donde estaba. Se cortó el pelo, se mudó de ropa y fue a ver al rey, quien le dijo:
-He tenido un sueño y no hay quien lo interprete, y he oído decir que tú sí sabrías hacerlo... Estaba yo en la ribera del Nilo, y de él vi salir siete vacas gordas y hermosas, que se pusieron a pacer en la verdura de la orilla. Al poco tiempo, detrás de ellas subieron otras siete vacas, feas y flacas, que se comieron a las siete primeras. Luego vi cómo de un mismo tallo salieron siete espigas granadas y hermosas, para a continuación surgir otras tantas espigas malas, secas y quemadas por el viento solano, que devoraron a las primeras. Se lo he contado a todos mis sacerdotes y adivinos, y ninguno ha sabido explicarme.
-El sueño, Faraón -contestó José-, es uno solo; Dios te ha dado a conocer lo que va a hacer: las siete vacas hermosas, y las siete espigas hermosas, son siete años de abundancia. Y las siete vacas flacas y las siete espigas secas y quemadas por el viento solano, son los siete años de hambre que seguirán a otros tantos de abundancia. Por tanto, Faraón, es preciso que tus enviados, con toda autoridad, visiten la tierra de Egipto, y guarden un quinto de la cosecha de los años de la abundancia; poniéndolo a tu disposición, para mantener las ciudades durante los siguientes años de hambre que han de venir.
Pareció muy bien esa interpretación al Faraón, quien se dirigió a sus cortesanos con estas palabras:
-¿Podríamos por ventura encontrar un hombre como éste? Así lo digo, José: como Dios te ha dado a conocer tales cosas, y eres persona tan sabia, serás tú mismo quien se haga cargo de las tareas que has mencionado.
Los ciclos de siete años de abundancia, seguidos de otros tantos de escasez fueron una buena exposición -hace por lo menos 3.000 años- de la deriva cíclica en la realidad. Además, en la Biblia se dio una solución absolutamente racional al proceso: acumular reservas en los años de abundancia para los de escasez.
Para terminar, no cabe decir, tras la rememoración del Génesis aquello de nihil novum sub sole, porque, ciertamente, bajo el sol surgen nuevas circunstancias: de modo que en el caso que nos ocupa, cada crisis es una nueva experiencia. Y así sucede con la que se inició en el verano del 2007. Y si quieren Vds. más detalles, lean mi nuevo libro, que saldrá en abril, con el título: La Primera Gran Depresión del Siglo XXI.
(Tomado de Estrella Digital)

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jueves 29 de enero de 2009

Teología para ver

El IOCS (Institute for Orthodox Christian Studies) de Cambridge nos ofrece en su sitio videos sobre teología cristiana ortodoxa; el primero de ellos, recoge una mesa redonda sobre el libro de David Bradshaw "Aristotle East and West: Metaphysics and the Division of Christendom". Aquí encontraréis la página y aquí los videos. Son en inglés, pero la iniciativa merece reseña.

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martes 20 de enero de 2009

Etana

Quiero presentaros un portal con abundantes recursos sobre arqueología y lenguas del próximo oriente antiguo. Es un proyecto cooperativo de varias universidades de todo el mundo y se llama ETANA (Electronic Tools and Ancient Near Eastern Archives), o lo que es lo mismo: Herramientas electrónicas y archivos sobre Próximo Oriente Antiguo.

Los aficionados a la arqueología del Próximo Oriente y los que estudian el Antiguo Testamento encontrarán textos fundamentales en hitita, cananeo, sumerio, egipcio... El portal tiene un buscador (ABZU) y la sección Core Texts. El primero se fija en la bibligrafía secundaria y el segundo en las fuentes, aunque en ambas secciones puede localizarse parecido contenido. Puede accederse también a una sección de excavaciones arqueológicas y a un proyecto de traducciones de textos acadios en escritura cuneiforme.

Espero que os resulte interesante.

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viernes 2 de enero de 2009

Revista Católica Internacional "Communio"

Alojado en la web personal de Alfonso Pérez de Laborda (catedrático de filosofía de la facultad teológica San Dámaso) encontramos un pequeño tesoro para los hispanófonos que gustan de los contenidos on-line: la edición española de la Revista Católica Internacional Communio. Como sabéis, la revista fue fundada (entre otros) por el teólogo Joseph Ratzinger. Tiene ediciones en diversas lenguas, cuyo catálogo completo encontraréis aquí: encontraréis que se publica en belga-holandés, francés, alemán, portugués e inglés. La edición española ha pasado por diversas visicitudes: ha dejado de editarse (entre 1997 y 1999 y en 2005) y ha cambiado de editor y equipo editorial en España (desde 2006). Se nos ofrece el texto completo, escaneado en PDF (como imagen, no como texto) de los números más difíciles de localizar: los publicados por Encuentro entre 1979 y 2004; en cuanto a los últimos números (de 2006 a 2008), producidos por Ciudad Nueva, podéis informaros en la web oficial. Espero que os sirva...

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sábado 27 de diciembre de 2008

Teología para escuchar

Para los fans del IPod y aquellos que se cansan pronto de leer, os presento una manera distinta de aprender teología: escuchando. Por casualidad, he encontrado esta charla del Prof. Ángel Cordovilla en un ciclo de conferencias de la Fundación Juan March. El ciclo tenía por título "Las fuentes de la conciencia europea", y abordaba cuatro de estas fuentes, de la mano de cuatro reconocidos expertos: la griega, la romana, la ilustrada y la cristiana. El joven profesor Cordovilla aborda la fuente cristiana y lo hace (a mi juicio) con maestría. Os recomiendo que os la descarguéis en MP3 o que la escuchéis on-line, mientras hacéis alguna de vuestras tareas.

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martes 23 de diciembre de 2008

¡Feliz Navidad cristiana!

Con esta sencilla fábula sobre el significado más profundo de la Navidad, os deseo una Feliz Navidad a todos los lectores, asi como a mis compañeros de blog. ¡Feliz Navidad para todos!
Érase una vez un hombre que no creía en Dios. No tenía reparos en decir lo que pensaba de la religión y las festividades religiosas, como la Navidad.
Su mujer, en cambio, era creyente y criaba a sus hijos en la fe en Dios y en Jesucristo, a pesar de los comentarios desdeñosos de su marido.
Una Nochebuena en que estaba nevando, la esposa se disponía a llevar a los hijos al oficio navideño de la parroquia de la localidad agrícola donde vivían. Le pidió al marido que los acompañara, pero él se negó.


-¡Qué tonterías! -arguyó-. ¿Por qué Dios se iba a rebajar a descender a la Tierra adoptando la forma de hombre? ¡Qué ridiculez!
Los niños y la esposa se marcharon y él se quedó en casa.
Un rato después, los vientos empezaron a soplar con mayor intensidad y se desató una ventisca. Observando por la ventana, todo lo que aquel hombre veía era una cegadora tormenta de nieve. Y decidió relajarse sentado ante la chimenea.
Al cabo de un rato, oyó un golpazo; algo había golpeado la ventana. Luego, oyó un segundo golpe fuerte. Miró hacia afuera, pero no logró ver a más de unos pocos metros de distancia. Cuando empezó a amainar la nevada, se aventuró a salir para averiguar qué había golpeado la ventana. En un campo cercano descubrió una bandada de gansos salvajes. Por lo visto iban camino al sur para pasar allí el invierno, y se vieron sorprendidos por la tormenta de nieve y no pudieron seguir. Perdidos, terminaron en aquella finca sin alimento ni abrigo. Daban aletazos y volaban bajo en círculos por el campo, cegados por la borrasca, sin seguir un rumbo fijo. El agricultor dedujo que un par de aquellas aves habían chocado con su ventana.
Sintió lástima de los gansos y quiso ayudarlos.
-Sería ideal que se quedaran en el granero -pensó-. Ahí estarán al abrigo y a salvo durante la noche mientras pasa la tormenta.
Dirigiéndose al establo, abrió las puertas de par en par. Luego, observó y aguardó, con la esperanza de que las aves advirtieran que estaba abierto y entraran. Los gansos, no obstante, se limitaron a revolotear dando vueltas. No parecía que se hubieran dado cuenta siquiera de la existencia del granero y de lo que podría significar en sus circunstancias. El hombre intentó llamar la atención de las aves, pero solo consiguió asustarlas y que se alejaran más.
Entró a la casa y salió con algo de pan. Lo fue partiendo en pedazos y dejando un rastro hasta el establo. Sin embargo, los gansos no entendieron.
El hombre empezó a sentir frustración. Corrió tras ellos tratando de ahuyentarlos en dirección al granero. Lo único que consiguió fue asustarlos más y que se dispersaran en todas direcciones menos hacia el granero. Por mucho que lo intentara, no conseguía que entraran al granero, donde estarían abrigados y seguros.
-¿Por qué no me seguirán? -exclamó- ¿Es que no se dan cuenta de que ese es el único sitio donde podrán sobrevivir a la nevada?
Reflexionando por unos instantes, cayó en la cuenta de que las aves no seguirían a un ser humano.
-Si yo fuera uno de ellos, entonces sí que podría salvarlos -dijo pensando en voz alta.
Seguidamente, se le ocurrió una idea. Entró al establo, agarró un ganso doméstico de su propiedad y lo llevó en brazos, paseándolo entre sus congéneres salvajes. A continuación, lo soltó. Su ganso voló entre los demás y se fue directamente al interior del establo. Una por una, las otras aves lo siguieron hasta que todas estuvieron a salvo.
El campesino se quedó en silencio por un momento, mientras las palabras que había pronunciado hacía unos instantes aún le resonaban en la cabeza:
-Si yo fuera uno de ellos, ¡entonces sí que podría salvarlos!
Reflexionó luego en lo que le había dicho a su mujer aquel día:
-¿Por qué iba Dios a querer ser como nosotros? ¡Qué ridiculez!
De pronto, todo empezó a cobrar sentido. Entendió que eso era precisamente lo que había hecho Dios. Diríase que nosotros éramos como aquellos gansos: estábamos ciegos, perdidos y a punto de perecer. Dios hizo que Su Hijo se volviera como nosotros a fin de indicarnos el camino y, por consiguiente, salvarnos. El agricultor llegó a la conclusión de que ese había sido ni más ni menos el objeto de la Natividad.
Cuando amainaron los vientos y cesó la cegadora nevada, su alma quedó en quietud y meditó en tan maravillosa idea. De pronto comprendió el sentido de la Navidad y por qué había venido Cristo a la Tierra. Junto con aquella tormenta pasajera, se disiparon años de incredulidad. Hincándose de rodillas en la nieve, elevó su primera plegaria: "¡Gracias, Señor, por venir en forma humana a sacarme de la tormenta!"

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La Buena muerte

Artículo publicado en El Mundo de León (22noviembre 2008)

“Danos, Señor, buena muerte, por tu santísima muerte”. Esta es la invocación tradicional que los fieles rezan en el, así llamado, “Rosario de la buena muerte”.
El ser humano no sólo desea tener una buena vida, sino, además, una buena muerte.
La eutanasia, que significa literalmente buena muerte, es la acción u omisión médica destinada a acabar con una vida enferma o sufriente. Puede ser “eutanasia positiva”, cuando se trata de aplicar un medio que cause la muerte, o “eutanasia negativa”, si se trata de no aplicar algún recurso necesario para el sostenimiento de las funciones vitales como la alimentación, la respiración asistida, etc.


Hoy nos hallamos ante un debate social, hábilmente inducido por diversos grupos de opinión, sobre la oportunidad o no de aceptar legalmente la eutanasia, a la que algunos denominan también “muerte dulce” o “suicidio asistido”. El estreno de la película Mar adentro (A. Amenabar, 2004), que narra el desesperado camino hacia el suicidio del tetrapléjico gallego Ramón Sampedro, marcó un hito relevante en este largo proceso de impulsar una corriente pro-eutanasia en la opinión pública española. Hubo políticos relevantes que apoyaron con entusiasmo el film, voces críticas que denunciaron su torticera manipulación de los sentimientos y, en medio del alboroto, algunas asociaciones de tetrapléjicos españoles, que hicieron lo que pudieron para que su voz se escuchara.
No sólo en España se habla de eutanasia, en gran parte de Europa ocurre lo mismo. Parece que los europeos ya hemos perdido la aversión hacia esa palabra, convertida en tabú tras el espanto del nazismo, el más conocido régimen pro-eutanasia de la historia moderna, que exterminó a miles de deficientes y enfermos, en nombre de la pureza racial y de la economía de estado.
Son varios los motivos que llevan a esta “resurrección” actual de la eutanasia. En primer lugar, como señala Javier Gafo, por la ruptura del “dique moral” que ha supuesto la despenalización del aborto y su extensión masiva –sólo en España 100.000 abortos provocados en el último año. Cuando el valor de la vida humana, de algunas vidas consideradas no dignas o infrahumanas, es puesto en entredicho, un paso conduce al siguiente: ¿por qué puede ser eliminado legalmente el no-nacido y no iba a serlo el anciano deteriorado o el terminal?
En segundo lugar, por la sublimación de un supuesto derecho a la propia muerte que forma parte, dicen, del ejercicio completo de la libertad: elijo mi vida y elijo mi muerte. Según los médicos, el enfermo terminal pasa por diversas situaciones anímicas. En alguna de ellas puede desear lo muerte, deseo que, en realidad, puede estar escondiendo una llamada de atención a su entorno ante una situación superable de abatimiento y desesperación. Deberíamos preguntarnos si al enfermo terminal se le presta la suficiente atención médica y el calor humano que necesita. Los llamados cuidados paliativos son una atención integral, médica, humana y espiritual, para combatir el dolor físico o psíquico y ayudar al enfermo a encontrar un sentido a su existencia en los momentos finales. Esto se opone tanto a la eutanasia como a la “distanasia” o “encarnizamiento terapéutico”, que busca prolongar, con medios desproporcionados, la vida del terminal y, con ella, su sufrimiento.
Las repercusiones que puede acarrear optar por la vía barata y expeditiva de la legalización de la eutanasia, son incalculables. No es tan fácil determinar con exactitud cuando es firme y definitiva la voluntad de morir de un enfermo. Quien asegura querer morir, mientras se encuentra en un estado transitorio de depresión, quizá no piense lo mismo al recuperar el ánimo. Por otro lado, ¿cómo garantizar que cuando el enfermo está inconsciente sigue deseando lo mismo que, una vez, había manifestado?
Además, la posibilidad legal de la eutanasia supone una enorme presión moral contra los más débiles, enfermos y ancianos, que pueden verse inducidos a pedirla si quienes les rodean les hacen ver que su vida constituye ya un estorbo inútil. Pueden existir intereses ocultos, económicos y familiares, que fuercen a un enfermo a pedir la eutanasia.
Por último, la admisión legal de la eutanasia tendría efectos negativos sobre la confianza que se deposita en los médicos y el personal sanitario, que, de ser vistos como agentes de salud y vida, podrían pasar a ser considerados sospechosos de causar muerte.
La dramática experiencia de países como Holanda demuestra que, al abrir la puerta a la eutanasia libremente elegida, se cuela por ella, irremediablemente, la eutanasia coactiva para pacientes comatosos, inconscientes o dementes que no pueden manifestarse libremente. En una sociedad envejecida, como la nuestra, y con una mentalidad profundamente materialista, en la que uno vale por lo que es capaz de hacer, producir y consumir, más vale verle a tiempo las orejas al lobo, antes de que comience a devorarnos.

Rubén García Peláez

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martes 2 de diciembre de 2008

Recursos de patrística

La red tiene cada vez más recursos para los que nos dedicamos a (nos gusta) la teología. Hoy quiero presentaros algunos recursos para los que disfrutan con la literatura cristiana primitiva, patrística o patrología. Están en idiomas diversos - algunos en las lenguas originales: latín, griego, siriaco... Detrás de ellos hay gente muy generosa que quiere compartir:
- La joya de la corona es el blog del sacerdote rumano Stefan Zara: PATRISTICA. Teologie Patristică. En él encontraréis, literalmente, de todo; los materiales son propios de Stefan Zara (los ha escaneado él, quiero decir): un buen número de textos científicos sobre patrística, varios números de los volúmenes "Studia Patristica" (esencial para quien se dedica a estas cosas), instrumentos de trabajo para latín y griego y, por supuesto, fuentes. Mi último descubrimiento: el Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum. Os invito a descubrirlo por vosotros mismos; no quiero dar más detalles, porque si se difunde mucho puede que acaben quitándolo.

- Dedicado exclusivamente a aportar fuentes en lenguas originales, destaca Patrologia Latina, Graeca et Orientalis . Estos chicos, que al parecer son hispanoparlantes, no tienen problemas con el Copyright, pues publican obras que sólo se encuentran en las bibliotecas y el derecho de propiedad intelectual ya ha caducado. Por daros unos aperitivos: encontraréis los tomos de la "Vita Sanctorum" de los Bolandistas, el comentario a Juan de Orígenes o el Monumenta Germaniae Historica. Por supuesto, como indica el nombre del blog, también están las obras de Migne: la Patrologia Latina, Graeca y la Orientalis de Graffin y Nau. Más de la Latina encontraréis aquí.

- De menos interés, aunque puede ser útil, la sección de descargas de la Biblioteca Russlana Khazarara. Aunque pertenece a una web atea, contiene las escrituras cristianas y escritos patrísticos en formatos PDF y DjVu. La principal desventaja: que la web está en ruso, y muchos de los escritos también; pero los hay en griego y en latín.

Pues nada, que lo disfrutéis!

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sábado 8 de noviembre de 2008

La "Opera omnia" del Papa teólogo

Tomado dehttp://chiesa.espresso.repubblica.it/

ROMA, 29 de octubre del 2008 – Cuando la semana pasada fue presentado en el Vaticano el primer volumen de la "Opera omnia" de Joseph Ratzinger, una pregunta surgió naturalmente: ¿por qué el primer volumen impreso, de los dieciséis previstos, tiene por tema a la liturgia?
Para responder a esta pregunta basta leer el prefacio que Benedicto XVI ha firmado al inicio del volumen. Allí el Papa escribe que la elección del tema con el que comienza es decisión sólo suya. Y explica por qué. Con pasajes de gran interés, en trazos sorprendentes.
Pero curiosamente, en ocasión de la presentación del volumen, ni la sala de prensa vaticana, ni la editorial Herder que cuida la publicación de la obra en alemán dieron relevancia al prefacio escrito por el Papa, ni distribuyeron el texto.

La lengua alemana, poco agradable para la gran parte de los vaticanistas de todo el mundo, ha contribuido al escaso eco que ha tenido la obra. El primero en comprender la importancia del prefacio del Papa y en dedicarle un amplio servicio en el diario de la conferencia episcopal italiana, "Avvenire", ha sido Gianni Cardinale, el 24 de octubre.

Reproducimos más abajo el prefacio papal completo. Pero para entenderlo mejor es útil observar el plano completo de los volúmenes que recogerán los escritos de Joseph Ratzinger teólogo, los editados y los inéditos.


Los textos están ordenados no por fecha de publicación, sino por grandes temas. La secuencia ha sido decidida por el Papa en persona, así como la articulación interna de cada volumen.

El tomo I y II recogerán las tesis de laurea y de doctorado de Ratzinger, más otros escritos referentes a Agustín y Buenaventura, los dos doctores de la Iglesia objeto de las tesis.

El tomo III abrirá con la conferencia inaugural de Ratzinger profesor: "El Dios de la fe y el Dios de los filósofos", tenida en Bonn en 1959, seguida por los escritos referentes al binomio fe-razón y fundamentos histórico-ideales de Europa.

El tomo IV se iniciará con la célebre "Introducción al Cristianismo" de 1968. Seguirán otras tesis referentes a la profesión de fe, al bautismo, a la conversión, la secuela de Cristo y el cumplimiento de la existencia cristiana.

El tomo V reunirá los escritos sobre la creación, la antropología, la doctrina de la gracia, la mariología.

El tomo VI, cristológico, se abrirá con "Jesús de Nazaret", la única opera de esta recolección escrita y publicada después de que el autor fue elegido Papa.

El tomo VII recogerá los escritos relativos al Concilio Vaticano II, incluidos los apuntes y los comentarios de la época.

El tomo VIII se refiere a la eclesiología y el ecumenismo.

El tomo IX recogerá los ensayos de gnoseología teológica y de hermenéutica, en particular sobre la inteligencia de las Escrituras, la Revelación, la Tradición.

El tomo X se abrirá con "Escatología", del 1977, seguido de otros escritos sobre la esperanza, la muerte, resurrección, la vida eterna.

El tomo XI es el que ha sido publicado primero, en los días pasados. Con el título "Teología de la liturgia".

El tomo XII, dedicado a la doctrina de los sacramentos y al ministerio, tendrá como título "Anunciadores de la palabra y servidores de vuestra alegría".

El tomo XIII recogerá las numerosas entrevistas de Joseph Ratzinger, incluidas las publicadas en forma de libro con Vittorio Messori en 1984 y con Peter Seewald en 1996 y en el 2000.

El tomo XIV recoge las homilías antes de ser elegido Papa, muchas de las cuales son poco conocidas e inéditas.

El tomo XV abrirá con el libro "Mi vida" que salió en 1997, seguido de otras tesis de carácter autobiográfico y personal.

El tomo XVI cerrará la serie con una biografía completa de las obras de Joseph Ratzinger en lengua alemana, más un índice sistemático de todos los anteriores volúmenes. También cada tomo contiene a su vez índices detallados.

La "Opera omnia" de Ratzinger se publican en alemán por el editor Herder de Friburgo. La versión italiana está a cargo de la Libreria Editrice Vaticana. El tomo XI, que acaba de salir en alemán, estará en lengua italiana en marzo del 2009. Supervisa la publicación en italiano una comisión presidida por el arzobispo Angelo Amato, prefecto de la congregación para la causa de los santos, y la componen Elio Guerriero, director de la edición italiana de la revista "Communio", y el Padre Edmund Caruana. Los traductores son Eulalia Biffi y Edmondo Coccia. Para la publicación en otras lenguas están en carrera varios editores.

Aquí pues, en una traducción nuestra, el prefacio escrito por el Papa al volumen que ha querido que sea publicado en primer lugar, el que es dedicado a la liturgia:


Prefacio al primer volumen de mis escritos

por Joseph Ratzinger


El Concilio Vaticano II inició sus labores con la discusión del esquema sobre la liturgia, que luego fue solemnemente votado el 4 de diciembre de 1963 como primer fruto de la gran asamblea de la Iglesia, con el rango de una constitución. Que el tema de al liturgia fuera su primer resultado fue considerado a primera vista más bien una casualidad. El Papa Juan había convocado la asamblea de obispos con una decisión compartida por todos con alegría, para reafirmar la presencia del cristianismo en una época de profundos cambios, pero sin proponer un determinado programa. Desde la comisión preparatoria se había reunido una amplia serie de proyectos. Pero faltaba una brújula para poder encontrar el camino en medio de esta abundancia de propuestas. Entre tantos proyectos el texto sobre la sagrada liturgia pareció ser aquel sobre el cual había menos discusión. Así, se presentó como el más adecuado, como una especie de ejercicio - por llamarlo así - con el cual los Padres podían aprender los métodos de trabajo conciliar.

Lo que a simple vista podría parecer una casualidad, también se revela - mirando a partir de la jerarquía de los temas y de las tareas de la Iglesia - como la cosa intrínsecamente más correcta. Comenzando con el tema "liturgia", se puso inequívocamente a la luz el primado de Dios, la prioridad del tema "Dios". Dios ante todo, así nos lo dice el inicio de la constitución sobre la liturgia. Cuando la mirada de Dios no es determinante todo lo demás pierde su orientación. Las palabras de la regla benedictina "Ergo nihil Operi Dei praeponatur" (43, 3: "Por lo tanto no se anteponga nada a la obra de Dios") valen en modo específico para el monaquismo, pero tienen valor, como orden de las prioridades, también para la vida de la Iglesia y de cada uno en el modo que le corresponde. Quizá es útil recordar aquí que en el término "ortodoxia" la segunda mitad de la palabra, "doxa", no significa "opinión" sino "esplendor", "glorificación": no se trata de una correcta opinión sobre Dios, sino de un modo correcto de glorificarlo, de darle una respuesta. Ya que esta es la pregunta fundamental del hombre que comienza a entenderse a sí mismo de la manera correcta: ¿cómo debo encontrar a Dios? Así, aprender el modo correcto de adorar - la ortodoxia - es lo que nos viene dado sobre todo por la fe.

Cuando decidí, después de algunas indecisiones, aceptar el proyecto de una edición de todas mis obras, me quedó claro inmediatamente que debería valer en ella el orden de las prioridades del Concilio, y que por lo tanto el primer volumen en salir debía ser el que contenía mis escritos sobre la liturgia. La liturgia de la Iglesia ha sido para mí, desde mi infancia, la actividad central de mi vida, y también se ha vuelto, en la escuela teológica de maestros como Schmaus, Söhngen, Pascher y Guardini, en el centro de mi trabajo teológico. Como materia específica he escogido la teología fundamental, porque quería ante todo ir hasta el fondo de la pregunta "¿por qué creemos?" Pero en esta pregunta estaba incluida desde el inicio la otra sobre la correcta respuesta que se ha de dar a Dios, y por tanto también la pregunta sobre el servicio divino. Precisamente desde este punto deben ser entendidos mis trabajos sobre la liturgia. No me interesaban los problemas específicos de la ciencia litúrgica, sino el anclarse de la liturgia en el acto fundamental de nuestra fe y por tanto también su lugar en nuestra entera existencia humana

Este volumen recoge entonces todos mis trabajos de pequeña y mediana dimensión con los cuales en el curso de los años, en ocasiones y desde perspectivas diferentes, he tomado posición sobre cuestiones litúrgicas. Después de todas las contribuciones que nacieron de este modo, fui impulsado finalmente a presentar una visión de conjunto que apareció en el año jubilar del 2000 bajo el título "El espíritu de la liturgia. Una introducción" y que constituye el texto central de este libro.

Lamentablemente casi todas las reseñas se centraron en un pequeño capítulo: "El altar y la orientación de la oración en la liturgia". Los lectores de las reseñas debieron deducir que la obra completa trataba sólo de la orientación de la celebración y que su contenido se reducía a querer reintroducir la celebración de la misa "con las espaldas dirigidas al pueblo". En consideración a esta distorsión he pensado por un momento en suprimir este capítulo (de apenas nueve páginas de un total de doscientas) para poder reconducir la discusión al verdadero argumento que me interesaba y sigue interesándome en el libro. Esto habría sido más fácilmente posible por el hecho de que mientras tanto aparecieron dos excelentes trabajos en los cuales la cuestión de la orientación de la oración en la Iglesia del primer milenio ha sido aclarada en modo convincente. Pienso ante todo en el importante librito de Uwe Michael Lang, "Volverse hacia el Señor. Orientación en la plegaria litúrgica" (Ediciones Cristiandad, Madrid, 2007), y en modo del todo particular a la gran contribución de Stefan Heid, "Actitud y orientación de la oración en la primera época cristiana" (en "Revista de Arqueología Cristiana 72, 2006), en la que las fuentes y bibliografía sobre dicho tema resultan ampliamente ilustradas y puestas al día.

El resultado es del todo claro: la idea que sacerdote y pueblo en la oración deberían mirarse recíprocamente nació sólo en la cristiandad moderna y es completamente extraña en la antigua. Sacerdote y pueblo ciertamente no rezan el uno hacia el otro, sino hacia el único Señor. Por tanto durante la oración miran en la misma dirección: o hacia Oriente como símbolo cósmico para el Señor que viene, o, donde esto no fuese posible, hacia una imagen de Cristo en el ábside, hacia una cruz o simplemente hacia el cielo, como hizo el Señor en la oración sacerdotal la noche antes de su Pasión (Jn 17, 1). Mientras tanto se está abriendo paso cada vez más, afortunadamente, la propuesta hecha por mí al final del capítulo en cuestión en mi obra: no proceder a nuevas transformaciones, sino proponer simplemente la cruz al centro del altar, hacia la cual puedan mirar juntos el sacerdote y los fieles, para dejarse guiar in tal modo hacia el Señor, al que todos juntos rezamos.

Pero de nuevo, con esto, quizá he dicho demasiado sobre este punto, que representa apenas un detalle de mi libro, y que podría incluso dejar de lado. La intención fundamental de la obra era la de colocar la liturgia por encima de las cuestiones con frecuencia mezquinas sobre esta o aquella forma, en su importante relación que he buscado describir en tres ámbitos que están presentes en todos y cada uno de los temas. Está ante todo la íntima relación entre Antiguo y Nuevo Testamento; sin la relación con la heredad veterotestamentaria la liturgia cristiana es absolutamente incomprensible. El segundo ámbito es la relación con las religiones del mundo. Y se agrega en fin el tercer ámbito: el carácter cósmico de la liturgia, que representa algo más que la simple reunión de un círculo más o menos grande de seres humanos; la liturgia es celebrada dentro de la amplitud del cosmos, abraza al mismo tiempo la creación y la historia. Esto es lo que se pretendía con la orientación de la oración: que el Redentor al cual rezamos es también el Creador, y así en la liturgia también está siempre presente el amor por la creación y la responsabilidad en relación a ella. Estaré contento si esta nueva edición de mis escritos litúrgicos puede contribuir a que se vean las grandes perspectivas de nuestra liturgia y colocar en su correspondiente lugar ciertas controversias mezquinas sobre formas exteriores.

Finalmente, y sobre todo, siento el deber de agradecer. Mi agradecimiento se debe ante todo, al obispo Gerhard Ludwig Muller, que ha tomado en sus manos el proyecto de la "Opera omnia" y ha creado las condiciones tanto personales como institucionales para su realización. De manera muy particular quisiera agradecer al Prof. Dr. Rudolf Voderholzer, que ha invertido tiempo y energías en medida extraordinaria en la recolección y en la separación de mis escritos. Agradezco también al señor Dr. Christian Schaler, que lo asiste de manera activa. Finalmente, va mi sincero agradecimiento a la casa editora Herder, que con gran amor y precisión ha asumido el honor de este difícil y fatigoso trabajo. Que todo ello pueda contribuir a que la liturgia sea comprendida en modo siempre más profundo, y celebrada dignamente. "La alegría del Señor es nuestra fuerza" (Ne 8, 10).

Roma, fiesta de los santos Pedro y Pablo, 29 de junio del 2008

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