domingo 29 de noviembre de 2009

Crisis de valores


La crisis es de valores

Manuel Martín Ferrand

"Ni el vicio me seduce, ni adoro la virtud"

(Manuel Machado)

Dice Manuel Pizarro, uno de los grandes despilfarros políticos de Mariano Rajoy, que "la actual crisis es más crisis de valores que económica". Ése debiera ser el punto de partida para buscar una solución verdaderamente sostenible a los muchos problemas que nos angustian y que nos tienen instalados en el furgón de cola del tren europeo. La Ley de Economía Sostenible que José Luis Rodríguez Zapatero acaba de anunciar en un ambiente y con unos modos más propios de un conducator rumano que de un jefe de Gobierno democrático, carecerá de sentido si no busca una sólida base moral. Algo perfectamente compatible con el laicismo; pero imposible, aquí y ahora, si se prescinde de la base cultural cristiana en la que se ha sostenido la evolución y la grandeza de Occidente.



Desde Adam Smith a nuestros días, el soporte ético es el fundamento del mercado, y cuando éste fracasa en razón de las acometidas que le propinan las ideas falsamente sociales, es porque se sale de su carril moral. De ahí la oportunidad de Pizarro cuando solicita "una solución cristiana para salir de la crisis". Algo que, como bien dice el diputado del PP, no necesita nuevos códigos de conducta ni reglamentos de buen gobierno puesto que existe "un Decálogo desde los tiempos de Moisés", en el que se incluye el "no robarás", "no codiciarás los bienes ajenos" y "no darás falsos testimonios".
"No se puede subvencionar con dinero público al que lo hace mal para que siga haciéndolo mal", señala Pizarro para mejor valorar las aportaciones gigantescas en su cuantía, irregulares en su procedimiento, estériles en sus resultados e indignantes por su oscuridad con las que el Gobierno ha ayudado a la banca y a las cajas para abordar una crisis producida, en buena medida, por la insolvencia gestora y los intereses bastardos de los beneficiarios de la iniciativa zapateril.
Sin rigor ético y exigencia crítica es inalcanzable una sociedad equilibrada y justa. De hecho, el Estado de bienestar es una adormidera para que los ciudadanos, instalados en la seguridad aparente y cubiertas todas sus necesidades básicas, no piensen mucho, exijan poco y olviden sus protestas más sensatas. En eso estamos y, aunque sea un diputado del PP el punto de referencia para esta elucubración, no parece que en la cúpula del PP sean éstas las corrientes de opinión más perentorias y activas.
Otro abogado del Estado, Ángel Herrera Oria, que después se hizo sacerdote, llegó a cardenal e inspiró toda una corriente de periodismo moralmente comprometido, es el protagonista de un nuevo libro de Agapito Maestre que acaba de ver la luz, El fracaso de un cristiano (Editorial Tecnos, Madrid). Lo reseño porque el pensamiento de Herrera, germinado en otro tiempo y en otras circunstancias, siempre respetuoso con el poder establecido y decididamente resistente a las leyes injustas, es soporte de lo que ahora nos recuerda Pizarro. Herrera, creador de periódicos tan fundamentales como El Debate o el Ya,trató de colaborar con la República, pero tuvo su rechazo justamente por la exigencia ética que trataba de implantar en la vida pública. Tampoco, por idénticas razones, fue bien visto en el franquismo y, como suele suceder a quien desde la razón predica la justicia y el verdadero progreso, las dos Españas le miraron con recelo. Es tan lúcida como oportuna la reflexión que ahora aporta Maestre sobre el personaje.
Si la crisis que padecemos es de valores y de ella se deriva su dimensión económica, parece necesario solventar primero, reconstruir los valores evaporados para que se pueda recuperar el crecimiento económico en el que estábamos instalados, crear empleo y riqueza y volver, con menos dogmatismo y rencores históricos como los que impone Zapatero, al redil de una Europa que engorda en cargos y estructura lo que no crece en funcionalidad.


(Tomado de Estrella Digital)

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El tiempo ¿una ilusión?


Es posible que el espacio y el tiempo no tengan otra naturaleza que la que les asignemos por convención

Son conceptos tan básicos que se resisten a ser definidos, y, sin embargo, sobre ellos se basa toda nuestra ciencia. ¿Qué son el espacio y el tiempo? Su interpretación ha variado a lo largo de la Historia y aún hoy es posible que una nueva manera de comprenderlos provoque la próxima revolución científica. Ya tenemos ejemplos como Julian Barbour, que propone un modelo serio de física alternativa en la que el tiempo no existe más que como una ilusión en nuestras mentes. Es posible que el espacio y el tiempo no tengan otra naturaleza que la que les asignemos por convención. Por Sara Lumbreras Sancho.


El espacio y el tiempo son conceptos tan fundamentales que se resisten a ser definidos (como en la conocida cita de San Agustín: “¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé. Si me lo preguntan, no lo sé”. Su naturaleza última está fuera del alcance de la ciencia y, sin embargo, toda la física se basa en ellos. Han evolucionado con la ciencia: el espacio y tiempo absolutos fueron esenciales para el desarrollo de la mecánica Newtoniana; un espacio-tiempo que depende del observador y que se ve deformado por la materia es el núcleo de la revolución traída por la Relatividad General.

Precisamente la Relatividad General, junto con la Teoría Cuántica de Campos (QFT) plantea un espinoso enigma a la ciencia actual, al no haberse encontrado ninguna teoría que las unifique. Pese a décadas de esfuerzo en varias líneas de investigación prometedoras (como las Supercuerdas), el proceso de unificación iniciado con las leyes de Maxwell no ha podido aún incluir con éxito a la Gravedad junto con las otras fuerzas. Es posible que la próxima revolución científica llegue con un cambio de paradigma que reconcilie las dos teorías enfrentadas con una nueva manera de comprender el espacio y el tiempo.

Como lo expresó Majid en su libro Espacio-tiempo cuántico y realidad física: “Está iniciándose un nuevo Renacimiento centrado en nuestra comprensión del espacio y el tiempo’’. Parece claro que la Ciencia necesita ayuda de la Filosofía, y que es indispensable en este punto identificar y analizar los supuestos que subyacen a las teorías dominantes actuales. Las viejas preguntas deben ser revisitadas con ojos nuevos: ¿Cuál es la naturaleza del espacio y el tiempo? ¿Son continuos o discretos? (y esta pregunta no tiene por qué tener la misma respuesta para ambos). ¿Son independientes de la consciencia? ¿Tienen sentido el espacio vacío o el tiempo sin cambio? ¿Cómo interactúan con la materia? La Filosofía ha reflexionado sobre estos problemas durante siglos. Revisar sus conclusiones nos puede proporcionar un buen punto de partida.

Breve historia de la filosofía del espacio y el tiempo

No es sorprendente que encontremos en Grecia los dos primeros ejemplos bien conocidos de filósofos del tiempo. Heráclito defendía que todo a nuestro alrededor se encontraba en un estado de constante fluir, que el cambio era lo único que permanecía. En la posición contraria, para Parménides, el cambio era una ilusión, ya que para él era lógicamente imposible.

Zenón, discípulo de Parménides, formuló las paradojas que le hicieron célebre. En ellas trataba de demostrar que el movimiento era imposible porque se componía de la suma de infinitas partes (por ejemplo, Aquiles no podrá nunca alcanzar a la tortuga a la que dio ventaja en una carrera, porque cuando llega al punto en el que se encontraba el reptil un instante atrás éste siempre ha avanzado algo más).

Aunque hoy en día estas paradojas nos resultan muy ingenuas, podemos sacar en claro que Parménides y Zenón asumían que el espacio y el tiempo eran continuos. Es más, éste es el caso de todos los filósofos naturales griegos bien conocidos, incluido Demócrito (para él sólo la materia estaba cuantizada, no el espacio infinito que la contenía).

Tres existencias

Platón propuso tres tipos diferentes de existencia: lo que es (material), en lo que se es (espacio), y por lo que se es (el modelo, la forma). Así que para él el espacio existía pero no de la misma manera que la materia.

Aristóteles afirmó que la existencia del espacio “la hace obvia el hecho de que las cosas puedan remplazarse”. Incluso propuso una definición: “El espacio ocupado por un objeto es la frontera estática más pequeña que lo contiene”. Sin embargo, el tiempo no tiene existencia real, ya que el pasado ya no existe y el futuro no existe todavía. Pese a ello, le dio una definición: “El tiempo es el número del cambio con respecto al antes y al después”. Esto implica que sólo existe en la mente, ya que “el tiempo es un tipo de número, y sólo el alma puede contar”.

Los teólogos medievales sostenían que Dios no existe en el tiempo sino en la eternidad, entendida como la existencia sin tiempo más que como tiempo sin principio ni final. Como lo expresó Boecio: “La eternidad es la posesión completa y perfecta de vida ilimitada en un único instante”. Es interesante notar que para los maestros medievales como San Agustín o Boecio, este ojo divino que lo ve todo en un mismo instante no suponía ninguna amenaza para la libertad. El conocimiento que Dios tiene del futuro no es equivalente al conocimiento humano de lo que está por venir, puesto que para Él, todos los momentos de la historia son equivalentes. Es útil mantener estas consideraciones en mente cuando reflexionemos sobre cosmologías sin tiempo como la de Barbour.

Kant interpretaba el espacio y el tiempo como nociones a priori que no son abstraídas por la experiencia, sino que son el marco que hace que ésta sea posible.

Newton creó definiciones precisas de los conceptos de movimiento, espacio y tiempo. De acuerdo con ellas, el tiempo fluye perfectamente uniforme, imperturbable. El espacio es absoluto, casi como un contenedor transparente que se extiende hasta el infinito. Concedió que sólo podían observarse movimientos relativos, pero afirmó que los movimientos absolutos podían deducirse a partir de ellos.

Vuelta al absoluto

Leibniz se oponía a este punto de vista, defendiendo una visión relativa del espacio donde sólo las distancias y velocidades relativas tenían significado físico real. Su correspondencia con el portavoz de Newton, Clarke, se siguió con interés. El argumento final de las discusiones fue un experimento donde un cubo de agua se hace girar. La curvatura que aparece en la superficie del líquido no responde al movimiento relativo entre el agua y las paredes del cubo sino claramente a la rotación absoluta. La discusión se considero cerrada a favor de la interpretación de Newton.

Hasta el siglo XIX no se volvió a sospechar de la noción invisible de espacio absoluto. Mach, científico brillante y empirista convencido, argumentó que el momento linear o angular de un objeto existe como consecuencia de su movimiento relativo con respecto al resto de objetos en el universo. Esto es lo que Einstein llamó el Principio de Mach. La inercia es entonces un concepto que se refiere no a cuerpos aislados, sino al universo en su totalidad.

Einstein se sintió inspirado por las leyes de Maxwell -que determinan la velocidad de la luz sin especificar con respecto a qué referencia- a postular que era la misma para todas. De hecho, todos los experimentos que habían intentado medir diferencias en la velocidad de la luz debidas a movimientos relativos con respecto al éter (como el experimento de Michelson-Morley) habían fracasado. Desde este punto de partida derivó un nuevo paradigma en el que todas las leyes de la Física son idénticas e independientes del observador.

El espacio y el tiempo están completamente entrelazados en el espacio-tiempo, y ya no son inmutables, sino que se ven deformados por la materia que contienen. Es su geometría, la que define la inercia ahora, ya que los marcos de referencia inerciales son los que siguen las geodésicas (caminos de mínima distancia) de este nuevo paisaje.

La Teoría de la Relatividad ha sido probablemente la transformación más profunda en nuestra comprensión del espacio y el tiempo, haciendo avanzar nuestro conocimiento de la Física. Ahora, la pregunta es si otro cambio en nuestra interpretación de estos conceptos puede traernos la próxima revolución. Quizá sus inicios están ya presentes en alguno de los modelos evocadores que presentamos en la siguiente sección.

El universo sin tiempo y otras perspectivas sugerentes

En esta sección presentamos algunas perspectivas interesantes que difieren de la interpretación convencional y que podrían desencadenar la próxima revolución científica. Exponemos la idea de universo eterno de Julian Barbour, junto con otras especulaciones provocativas de un grupo de respetados físicos contemporáneos.

Julian Barbour admitió que le fascinó leer en una de las obras de Mach: “Está totalmente fuera de nuestras capacidades medir cómo cambian las cosas en el tiempo. Más bien al contrario, el tiempo es una abstracción a la que llegamos a través de los cambios en las cosas”. Continúa sus reflexiones con la idea de que cuando medimos tiempo estamos en realidad midiendo distancia.

Utilizamos el ángulo cubierto por la manecilla del reloj para inferir el tiempo transcurrido. El tiempo solar es la distancia recorrida por el sol en el cielo. El tiempo sideral, lo que se han desplazado las estrellas. El tiempo atómico, las oscilaciones de un átomo de cesio. De hecho, es posible construir el reloj más sencillo analizando las trayectorias de tres cuerpos moviéndose inercialmente. Este reloj inercial fue presentado por primera vez por Neumann, y después lo desarrolló Tait. Con tres partículas, asumimos que una de ellas se encuentra en reposo.

Podemos utilizar la segunda como la manecilla del reloj, dividiendo en intervalos la distancia que cubre. Si suponemos que se mueve con velocidad unidad, es inmediato deducir la velocidad de la tercera partícula. De hecho, basta con tres instantáneas de un sistema inercial para definirlo completamente en estos términos y ser capaz de calcular todas las posiciones relativas de sus componentes, pasadas y futuras. Es importante caer en la cuenta de que estas instantáneas llegan sin ninguna información adicional que proporcione el momento en el que fueron tomadas.

Sistema sin tiempo

La posibilidad de describir un sistema (aunque fuera muy simple) sin tiempo es lo que inspiró a Barbour en su búsqueda de un modelo de universo eterno. Propone que el verdadero escenario del universo es el espacio de todas sus configuraciones posibles. Como estas configuraciones son eternas, da a este espacio el nombre de Platonia.

Todas las Platonias tienen un estado de mínimo tamaño y complejidad al que llama Alpha. Sin embargo, no hay Omega, ya que no existe ningún límite para el tamaño o la complejidad de lo que puede existir. Si trazamos una curva en Platonia, tendremos una posible historia del universo. De nuevo, no necesitamos del tiempo: como en la construcción de Tait, tener las posiciones relativas de los elementos es suficiente para definir una historia (y nada nos impide echar un vistazo a la posición relativa de las manecillas de nuestro reloj en cada punto de la curva).

Podemos definir distancias en Platonia como nos plazca, y, utilizándolas, trazar curvas de longitud mínima o geodésicas a través de su paisaje. Algunas definiciones de distancia son especialmente interesantes, ya que Barbour consigue derivar de ellas historias que son coherentes con las leyes de Newton o, con una definición más sofisticada, incluso con la Relatividad. Así, parece posible reformular la Mecánica por completo sin necesidad del tiempo.

Sin embargo, nuestra experiencia nos indica que el tiempo sí existe. Barbour intenta explicar el origen de esta persistente ilusión. En Platonia todas las posibles configuraciones del universo existen eternamente. Sin embargo, estas configuraciones aparecen con distinta intensidad.

Describe una bruma que se concentra en las mejores soluciones de la ecuación del universo, de una manera que recuerda a las probabilidades de la Mecánica Cuántica. Las soluciones que resuenan mejor son las que tienen más coherencia interna. Esta coherencia interna se manifiesta en la creación de lo que él define como cápsulas del tiempo.

Una cápsula del tiempo es un patrón estático que crea o codifica la apariencia de movimiento, cambio o historia. Por lo tanto, nuestra impresión de tiempo y movimiento sólo se debe a las huellas que deja, que son en realidad eternas, y a los recuerdos en nuestra consciencia que son también patrones eternos.

Bradbury imagina que el universo tiene probablemente una tendencia a encontrar más apropiadas las soluciones con más estructura. Esto hace que los universos que contienen consciencias sean los preferidos (ya que nada hay más complejo que la consciencia). Esto podría explicar el hecho de que la realidad que observamos es altamente compleja y estructurada, que es un estado altamente improbable estadísticamente.

El tiempo es una ilusión. Chris Kirkman. Everystockphoto.
Geometría no conmutativa, espacio-tiempo espuma, fractales y hologramas

La de Barbour no es la única cosmología de la eternidad. En las Redes Causales, como en los trabajos de Penrose y Sorkin, el espacio-tiempo se describe mediante una serie de eventos discretos en la que únicamente se especifica qué elementos preceden causalmente a otros.

Penrose reflexiona también sobre los valores que se le dan al momento angular en la Mecánica Cuántica. “¿Por qué decimos que un electrón tiene espín arriba o abajo, en vez de derecha o izquierda?”. Sólo sabemos que el espín de un electrón puede tomar dos valores distintos: ½ o -½. Asimilarlos a una dirección en el espacio carece de sentido. Cuando construimos una estructura a partir de partículas elementales, podemos calcular su momento angular total. Si trasladamos un electrón de una estructura a otra, podemos calcular la probabilidad de que la segunda estructura incremente o disminuya su momento angular en el ½ aportado por el nuevo electrón. Penrose interpreta esta probabilidad como el coseno del ángulo que forman las dos estructuras.

Si un electrón que está contribuyendo con momento angular positivo en su estructura origen tiene 100% de probabilidad de aportar momento positivo una vez transferido, entonces las dos estructuras son exactamente paralelas. Si siempre contribuye en sentido opuesto entonces son antiparalelas. Valores intermedios de probabilidad nos darían ángulos intermedios. Estas probabilidades son discretas, pero cuando las estructuras aumentan en complejidad el número de valores que puede tomar, la probabilidad aumenta. En el límite, da origen a un continuo de direcciones.

Las Redes de Espín no consideran el tiempo, pero Penrose las generalizó a un espacio-tiempo de cuatro dimensiones en su Teoría de Twistores. En esta teoría, las unidades básicas son los rayos de luz, ya que un fotón existe simultáneamente en todos los puntos atravesados en su trayectoria debido a la deformación relativista del tiempo.

En todos los modelos presentados hasta ahora se asume que la distancia de A a B es necesariamente la misma que de B a A. La geometría no conmutativa prueba a relajar esta condición y a aplicar la geometría no conmutativa al espacio. Alain Connes, un matemático francés, trabaja en explorar las posibilidades de esta concepción del espacio. Recordando a Demócrito y sus átomos (en la que los distintos elementos se distinguían por sus formas diferentes) propone que quizá la materia sea una manifestación de la estructura profunda del espacio-tiempo.

El tiempo como espuma

Ya hemos mencionado que la suposición de continuidad para el espacio-tiempo puede ser la causa de que no hayamos encontrado aún la Gravedad Cuántica. Sabemos de la Mecánica Cuántica que las distancias menores que la longitud de Plank carecen de sentido físico. El espacio-tiempo podría estar basado en una especie de espuma (como lo expresó John Wheeler), y su escala fundamental podría ser borrosa. Shahn Majid estudia las consecuencias que tendría esta descripción de la realidad. En particular, la teoría de Majid predice que la velocidad de la luz debería variar ligeramente con la frecuencia. Ya se están realizando experimentos para detectar estas desviaciones mínimas en la luz emitida por supernovas distantes utilizando el telescopio LISA.

Tim Palmer propuso una nueva interpretación de la Mecánica Cuántica en la que las probabilidades aparecen como consecuencia de la complejidad intrínseca de la estructura del espacio. Para él la realidad profunda debería ser descrita como un fractal. Su idea principal puede explicarse con la analogía de recibir las coordenadas de un punto en una costa de perfil intrincado. No seríamos capaces de saber con seguridad si el punto pertenece a la tierra o al mar, sino una probabilidad. Palmer sostiene que las probabilidades que encontramos en la Mecánica Cuántica se derivan de un fenómeno similar.

También se ha propuesto que toda la información contenida en el universo está codificada en su frontera. Este holograma cósmico encerraría en una superficie bidimensional la realidad tridimensional completa. Si el espacio es discreto, significaría que para que la superficie pudiera contener toda la información, el interior debería ser mucho más borroso. Craig Hogan cree que esta falta de definición puede estar detrás del ruido, por ahora inexplicado, que está perturbando el experimento GEO600 en Hannover, diseñado para detectar ondas gravitacionales.

Una intrigante posibilidad

De acuerdo con Barbour, podemos describir nuestra realidad sin referirnos al tiempo. Él toma este hecho como evidencia de que la naturaleza del tiempo es ilusoria. Sin embargo, incluso si su descripción es completamente consistente con las observaciones, esto no prueba que el tiempo no existe. Sólo prueba que es matemáticamente posible hacer Física sin tiempo, lo cual es una conclusión completamente diferente.

Como ya tenemos una Física basada en el tiempo, esto querría decir que tenemos dos modelos distintos que funcionan igualmente bien. En la Teoría de Campos Cuánticos nos encontramos también con dos modelos, formulados sobre espacio-tiempos diferentes, que dan resultados equivalentes. ¿Es posible que descripciones distintas del espacio y el tiempo nos proporcionen predicciones igualmente correctas?

Poincaré señaló el hecho de que nuestros sentidos no pueden percibir directamente la geometría del espacio. El espacio geométrico, el verdadero marco de nuestras experiencias, es distinto del espacio de representación que inferimos de nuestros sentidos.

Para empezar, la experiencia de la visión es un fenómeno puramente bidimensional. Sin embargo, tomamos la información de nuestras retinas y del resto de nuestras percepciones y cómo estas varían con el movimiento y los combinamos para formar el espacio de representación tridimensional.

Como resultado, ‘’Es también imposible representarnos los objetos externos en el espacio geométrico, así como imposible es para un pintor dibujar en una superficie plana los objetos con sus tres dimensiones. El espacio de representación es sólo una imagen del espacio geométrico, una imagen deformada por cierta perspectiva, y sólo podemos representarnos los objetos haciéndolos obedecer las leyes de esta perspectiva”.

El tiempo como convención

Poincaré propone un experimento mental en el que consideramos un mundo contenido en una esfera en el que todos los cuerpos tienen el mismo coeficiente de dilatación, así que la longitud de cualquier objeto es proporcional a su temperatura absoluta. La temperatura de este mundo disminuye con la distancia al centro según la fórmula R2 – r2, así que en su frontera la temperatura es el cero absoluto. Incluso aunque este universo es finito, para sus habitantes es de hecho infinito ya que se vuelven más y más pequeños al aproximarse a la frontera. Estos seres imaginarios estudiarían la física de su mundo, completamente inconscientes de las dilataciones térmicas. Cuando se mueven, experimentan una contracción en sus miembros en la dirección de la frontera. Sin embargo, esta deformación se consideraría una serie de perspectiva, con lo que sus sentidos se ajustarían para corregirla.

Poincaré señala que “sería un error concluir que la geometría es, ni tan siquiera en parte, una ciencia experimental. Si fuera experimental, sólo sería aproximada y provisional. ¡Y qué burda aproximación sería! La geometría consistiría únicamente en el estudio de los movimientos de los cuerpos sólidos, pero en realidad no le atañen los sólidos naturales: su objeto son los sólidos ideales’’. Finalmente argumenta que la experimentación puede guiarnos, pero no impone ninguna elección de geometría ni puede revelarnos cuál es la más apropiada, la verdadera.

Es imposible medir una distancia sin una regla, o sin la posibilidad de desplazar la regla, ya que sólo podemos comparar objetos yuxtapuestos. Asumimos que la regla se mantiene constante durante el proceso. Éstos son los supuestos que dan forma a la geometría que encontramos. Podríamos encontrar una solución distinta si tomásemos otras hipótesis. Por ejemplo, si en vez de asumir que las reglas no se distorsionan, asumimos que la velocidad de la luz es constante, encontramos la geometría relativista.

Es posible que el espacio y el tiempo no tengan otra naturaleza que la que les asignemos por convención. Parece que podemos encontrar teorías igualmente válidas basadas en supuestos muy diferentes. Esto puede indicar que su realidad fundamental no existe independientemente de la experiencia que los asume, en una interdependencia inevitable. También podría ser que su naturaleza más básica no pudiera expresarse matemáticamente y sólo pudiéramos encontrar aproximaciones. O, finalmente, podría significar que la naturaleza puede describirse de varias maneras distintas. Los diferentes modelos que funcionen con éxito deberían ser entendidos como descripciones de la misma realidad, pese a sus diferentes expresiones.


Sara Lumbreras Sancho, de JP Morgan en Londres, es ingeniero del ICAI y colaboradora de laCátedra CTR


BIBLIOGRAFÍA


ARISTOTLE: “Physics“ , from Joe Sachs, Aristotle's Physics: A Guided Study ( 1995).

BARBOUR 1999: “The End of Time”

BOHETIUS 524: “Consolation of Philosophy”

BOHM 1952: “A Suggested Interpretation of the Quantum Theory in Terms of Hidden Variables“

CONNES 2008: “On the fine structure of space-time“

KANT 1781: “Critique of Pure Reason”

HOGAN 2008: “Indeterminacy of holographic quantum geometry“

MAJID 2008: “Quantum space-time and physical reality”

NICKEL 2006: “The Mathematical Theory of Motion as a Paradigm for Interpolating Change and Continuity”

PALMER 2009: “The invariant set postulate: a new geometric framework for the foundations of Quantum Theory and the role played by Gravity“

PENROSE 1971: “Angular momentum: an approach to combinatorial space-time”

PENROSE 2009: “Causality, Quantum Theory and Cosmology“

(Tomado de Tendencias21)

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domingo 11 de octubre de 2009

Una novelista para Cristo

"Desde ahora, sólo escribiré para Cristo, mi Señor". La frase parece tomada de un padre de la Iglesia, o quizá de un algún ilustre converso de hace siglos. Su autora, sin embargo, es rigurosa contemporánea nuestra; además, novelista de éxito internacional. Sus libros han sido llevados al cine, en filmes de tanto éxito como Entrevista con el Vampiro, protagonizada por Tom Cruise o La Reina de los Condenados.

Anne Rice lo tenía todo... o quizá no: en su juventud había perdido la fe en Dios. Como ella misma cuenta, tras años de andar perdida y buscando, volvió en 1998 a la Iglesia católica. Sólo cuatro años después, descubrió que lo mayor que podía hacer para mostrar su amor por Jesucristo era consagrarle a Él su trabajo: emplear todo su talento como escritora, para Él y sólo para Él. Por eso, Anne Rice ha renunciado a la esperada continuación de sus novelas de vampiros.

El primer fruto de la dedicación de Rice a escribir "sólo para Él" es la serie "Cristo el Señor", una biografía novelada de Jesucristo. Aunque bien documentadas históricamente - asegura Rice - las novelas tienen como objetivo acercar al lector a Jesucristo, "segunda persona de la Santísima Trinidad y el Dios que nos amó tanto que vino a vivir entre nosotros más de treinta años, antes de morir en la Cruz por nuestra salvación y resucitar de entre los muertos". De momento, se han publicado dos novelas de la serie: El Mesías. El Niño Judío, que narra la infancia de Jesús desde la vuelta de Egipto hasta el episodio del Templo, y Camino a Caná, que presenta a un Jesús en torno a los treinta años, al que su misión aparece de modo cada vez más claro.

Los libros están bellamente escritos y su lectura "engancha" . La documentación es buena y con un exquisito respeto por los evangelios y la fe vivida de la Iglesia; nadie espere encontrar en estas novelas un relato aguado de los evangelios - advierte Rice para los ansiosos de versiones adulteradas tipo Código Da Vinci - "Creo cada palabra de Mateo, Marcos, Lucas y Juan". Os recomiendo vivamente la lectura de estas novelas: personalmente, supe de su existencia gracias a una mujer de mi parroquia, que me los ha recomendado (y prestado!) Desde el punto de vista dogmático, afronta de modo realista y respetuoso la progresiva conciencia que Jesús tiene de su misión (un dato adquirido en teología, ¡aunque algunos no se den por enterados!); el modo de novelar algunos episodios (como la discusión con los sacerdotes del Templo o las Tentaciones en el Desierto) resulta muy sugestivo. Una gran escritora al servicio del Evangelio y la Evangelización. Todo un regalo.

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viernes 9 de octubre de 2009

San Efren de Nisibe



Os presento la página "San Efrén de Nisibe, la cítara del Espíritu Santo". El autor principal, Javier Martínez, arzobispo de Granada, es uno de los grandes conocedores de este gran teólogo y poeta.. La página ofrece introducciones a Efrén y a sus poemas, además de traducciones al castellano de los himnos, homilías y otros escritos del Nisibeno. Hay que felicitarse por la iniciativa, que enriquece el panorama patrístico en Internet, y desear también su publicación en papel.

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miércoles 13 de mayo de 2009

La Eucaristía en san Pablo: “Cuerpo de Cristo, Cuerpo de la Iglesia”

Pablo es uno de los testigos privilegiados, dentro del Nuevo Testamento, al que debemos acudir si queremos comprender en profundidad el sacramento de la Eucaristía, máxime cuando estamos celebrando un Año Paulino en toda la Iglesia.
Es cierto que, en sus cartas, habla pocas veces de la Eucaristía, solamente lo hace en los capítulos 10 y 11 de la Primera Carta a los Corintios. En ambos casos, además, no se refiere a ella directa, sino indirectamente, con ocasión de las consultas que le hacen los cristianos de Corinto.
Pablo no pretende defender apologéticamente la verdad teológica de la presencia real de Cristo en el sacramento, que no era negada, sino sacar de la Eucaristía consecuencias prácticas para la vida cotidiana de la comunidad.
Corinto era una gran ciudad cosmopolita, abrumadoramente pagana, con infinidad de templos, y con fama de moralmente corrupta. La iglesia local era una comunidad cristiana entusiasta, muy orgullosa de su ciencia y sus carismas, pero que olvidaba a sus miembros más débiles. El Apóstol les recuerda que lo esencial no son los dones, sino la edificación fraterna desde el amor; si la ciencia no lleva al amor está vacía. Hay entre los cristianos una grave fractura que contradice el Evangelio: por un lado los fuertes y sabios, por otro los indoctos y pobres.
Respecto al modo en que se celebraba la eucaristía en aquella comunidad, parece deducirse que, al reunirse la comunidad, tenían primero un ágape, una cena festiva y solidaria, al menos en su intención. Pero no todos llegaban a tiempo a ella; unos llegaban antes con sus propios alimentos y comían y bebían en abundancia, llegando incluso a embriagarse. Cuando llegaban los cristianos pobres, sin comida, simplemente miraban, ansiando aquello que los otros derrochaban.
Después de esto, pasaban juntos a celebrar lo específico de la Eucaristía, con los gestos y palabras sacramentales de bendición del pan y del vino. No dice nada, pero es de suponer que, antes de repartir las especies eucarísticas, leían y comentaban las Escrituras.
Para Pablo, la Eucaristía une a Cristo de una manera total: “la copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?” (10,16). Comunión (koinonia) significa participar, junto con otros, de una realidad salvífica, que pasa a formar parte de mí. No dice cómo se da realmente esta participación de la sangre y del cuerpo glorioso de Cristo, pero para Pablo es incuestionable que esto es lo que ocurre cuando celebramos la Eucaristía.
Los cristianos tienen el sacramento del altar para unirse a Cristo, por lo que no deben participar de los banquetes paganos, “Así que no podéis beber de la copa del Señor y de la copa de demonios” (10,21). La comunión con Cristo excluye todas las demás “comuniones”.
Además, esas comidas rituales unen a los paganos, y eso supone separarse de la mesa cristiana, unida por una sola Eucaristía: “Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan” (10,17). Por tanto, la Eucaristía une a Cristo y une a la Iglesia al mismo tiempo. Porque participamos de un solo pan, el cuerpo de Cristo, la Iglesia se hace un solo pan y un solo cuerpo.
Respecto a las divisiones, Pablo les reprocha que, aunque se sigan reuniendo, “eso ya no es comer la cena del Señor” (11,20), porque no son fieles a la intención fundamental que Cristo quiso dar a la Eucaristía. Es un pecado contra la fraternidad; obrando así desprecian a la comunidad y avergüenzan a los que no tienen con su ostentación egoísta.
Les recuerda el sentido primero de la Cena del Señor, para que examinen si están siendo realmente fieles a él. Es una tradición que se remonta hasta el mismo Jesús, Cristo fue entregado, nos dio su propio cuerpo (su vida entera, su ser) y mandó a la comunidad que celebrara esto como memorial de su entrega a los demás. Entonces, ¿cómo llamar “cena del Señor” a lo que hacen los corintios, cuando no son capaces de esperarse los unos a los otros, no parten su banquete con el pobre, y avergüenzan a los necesitados y a la comunidad? La disposición comunitaria –unidad, compartir, respeto, amor- es esencial, según Pablo, para que se de la verdadera Eucaristía.
¿Puede haber Eucaristía, verdadera cena del Señor, allí donde, aún existiendo los elementos indispensables para la validez, como son la materia, la forma, el ministro, etc., faltan la caridad y el amor fraterno? ¿Es menos esencial que haya pan ázimo y vino sin aditivos que el hecho de que sea una comunidad unida y reconciliada la que celebre?
Las palabras de Jesús “haced esto en conmemoración mía” son mucho más que una invitación a reproducir los gestos rituales y las palabras, exigen que se den las mismas circunstancias que se dieron en su Cena, la entrega de la vida por amor.
Benedicto XVI comentando esta enseñanza de san Pablo decía, en la Audiencia general del jueves 11 de diciembre de 2008: “Cristo se une personalmente a cada uno de nosotros, pero el mismo Cristo nos une también con el hombre y con la mujer que están a mi lado. Y el pan es para mí y también para el otro. Así Cristo nos une a todos consigo y nos une entre nosotros, uno con otro (...) Cristo y el prójimo son inseparables en la Eucaristía. Y así todos somos un solo pan, un solo cuerpo. Una Eucaristía sin solidaridad con los demás es un abuso de la Eucaristía”.

Rubén García Peláez



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martes 21 de abril de 2009

La Creación como kénosis, nueva perspectiva

John Polkinghorne al encuentro entre ciencia y religiones
La idea de un Dios que impone su presencia en el mundo y que exige ser reconocido, de tal manera que no hacerlo supone contravenir las leyes del orden creado en el universo, fue propia de gran parte de la filosofía y teología teocéntrica cristiana, vigente en los últimos siglos. Hoy en día, sin embargo, comienza a abrirse camino una forma distinta de entender la presencia divina en el mundo. Dios no ha querido imponerse, sino que ha aceptado la kénosis de sí mismo en la Creación, creando un universo ambiguo en que el hombre deberá construir su vida libre y creativamente. El libro “La obra del amor. La creación como kénosis”, coordinado por John Polkinghorne, recoge las opiniones de un grupo de teólogos y científicos sobre esta nueva perspectiva. Por Leandro Sequeiros.
En octubre del año 1998, un grupo de teólogos y de científicos se reunieron en el Queens´s College de Cambridge, bajo los auspicios de la Fundación Templeton para discutir las intuiciones proporcionadas por un enfoque kenótico de la creación. Entendían ésta como producida por la acción del Dios del amor. La reunión se inspiró inicialmente en los escritos de Jürgen Moltmann y W. H. Vanstone, y ambos especialistas pudieron tomar parte en los debates. Se acordó desarrollar más el tema preparando la serie de ensayos que constituyen la parte sustancial del libro coordinado por John Polkinghorne, La obra del amor. La creación como kénosis.

El punto de partida de este ensayo es la aceptación de que el diseño del universo es kenótico. Este concepto no es nuevo. Aparece ya en la teología de Urs von Balthasar, pero en estos años se ha extendido y difundido en el mundo anglosajón. Esta expresión está empezando a formar parte de las elaboraciones teológicas modernas. ¿Qué quiere expresar? ¿Qué imagen de Dios refleja esta teología? ¿Qué consecuencias tiene para el diálogo con los científicos? La reciente publicación en castellano de este excelente ensayo teológico [Editorial Verbo Divino, Estella, 2008 (traducción de la edición inglesa de 2001), 287 páginas] abre nuevos espacios para las tendencias de las religiones.

John Polkinghorne y la kénosis

La teologia de la ciencia es un concepto emergente. John Polkinghorne es un físico y teólogo conocido por todos aquellos que muestran interés por el diálogo entre las ciencias y las religiones. Su obra más conocida es La fe de un Físico. Siendo un prestigioso profesor universitario de Física de partículas, optó por dejar la cátedra, estudiar teología y ordenarse sacerdote en la iglesia anglicana. Desde entonces, ha sido uno de los más eficaces dinamizadores del encuentro fe-ciencia. Como apunta el profesor Manuel García Doncel en la presentación de la edición española de La obra del amor. La creación como kénosis, “esta obra de 2001 constituye una grandiosa colaboración sobre el tema de actualidad “la creación como kénosis”. Este concepto ha surgido de su concepción cristológica, bíblicamente fundada en el himno prepaulino (Filipenses 2, 6-11), tradicionalmente aplicado a la encarnación, en el que se canta a Cristo que en su amor redentor, siendo de condición divina, “se despojó de sí mismo” (en griego heautón ekénosen: literalmente, “se autovació”, “se autoanonadó”) tomando condición de esclavo y haciéndose obediente hasta la muerte. Para el profesor Javier Monserrat, Dios no ha “impuesto” su presencia ante la razón humana. Es decir, ha escogido en la creación la vía de su ocultamiento, del “vaciamiento” o “anonadamiento” de su presencia divina. La kénosis divina es, pues, epistemológica. En este concepto se fundamenta la nueva “teología de la ciencia”.

Los once capítulos del libro corresponden a otras tantas colaboraciones especialmente invitadas. Cinco de ellos han sido distinguidos con el Premio Templeton, por su activa participación en el diálogo entre la teología y las ciencias, y especialmente por sus reflexiones sobre la acción divina en el mundo (Ian G. Barbour [en 1999], Arthur Peacocke [en 2001], Holmes Rolston III [en 2003], George Ellis [en 2004] y el mismo John Polkinghorne [en 2002]). A ellos se añaden, entre otros, tres de los creadores históricos de esa tercera concepción de la kénosis, el propio Jürgen Moltmann y su colaborador teológico en Tubinga, Michael Welter, y Paul S. Fiddes, que tras acudir allí como visitante redactó su defensa del “sufrimiento creativo de Dios”.

Las raíces de la Teología kenótica

Las raíces de una elaboración teológica de la kénosis se nutren de las concepciones trinitarias de Urs von Balthasar (1905-1988). Para von Balthasar, la kénosis del “dejar espacio al otro” es la condición básica de todo amor, y en especial del eterno amor interpersonal divino. Desde otra perspectiva, a partir de la obra sobre El Dios Crucificado (Jürgen Moltmann, 1972), se elaboró otra concepción de la kénosis del Creador Trinitario que, por amor a los seres personales creados, decide tolerar el pecado y admitir ciertas limitaciones en su omnipotencia, en su eternidad (haciéndose también temporal), y aun quizá en su omnisciencia y en su modo de actuar sobre la creación. Este último concepto de kénosis, que es el central de la obra, supone un cambio drástico en la idea misma de Dios, que admita su sufrimiento y, por tanto, su mutabilidad.

El poder divino: un enfoque procesual (Ian G. Barbour)

El profesor Ian G. Barbour desarrolla el concepto teológico de autolimitación de Dios como kénosis. Para este prestigioso físico y teólogo, apoyándose en la teología del proceso sugiere que la crítica a la omnipotencia divina ofrece una forma característica de tratar cinco temas muy importantes de la teología kenótica: la integridad de la naturaleza; el problema del mal y del sufrimiento; la realidad de la libertad humana; la interpretación cristiana de la cruz; y las críticas feministas de las imágenes patriarcales de Dios. En suma: el pensamiento procesual abre un camino entre la omnipotencia y la impotencia, reelaborando el concepto del poder divino como potenciación habilitadora más que como control dominador.

Arthur Peacocke: el coste de la nueva vida

El bioquímico y teólogo Arthur Peacocke (1924-2006), afirma que “admitir que Dios, en el acto de la creación, pueda concebirse como autosacrificándose y autolimitándose, como exponiendo de algún modo la divinidad misma al sufrimiento y haciéndose por tanto vulnerable a la historia del orden creado, no se puede justificar sin hacer referencia al carácter evolutivo del proceso real de la creación”. Esta sugerencia se refuerza, e incluso se manifiesta como revelada – o sea, comunicada por Dios – si Dios se ha expresado verdaderamente a sí mismo en Jesucristo. Pues mientras éste vivió en la tierra fue muy vulnerable a los poderes que se agitaban a su alrededor, bajo los cuales acabó sucumbiendo con terrible sufrimiento y, desde su punto de vista humano, en el abandono de una muerte trágica.

Creer que Jesucristo –concluye- es la autoexpresión de Dios en los límites de una naturaleza humana concuerda del todo con aquellas concepciones, previamente derivadas por tanteos de la reflexión sobre el ser y el devenir naturales, que afirman que Dios, al ejercer la creatividad divina, se autolimita, es vulnerable, se autovacía y es donador de sí mismo (…) Es esta acción y expresión del Amor, creemos, la que finalmente vence al mal en la humanidad.

Kénosis, naturaleza y persona humana

Para Holmes Rolston III, la ciencia y la religión deben reconciliarse con la naturaleza. Rolston defiende que la religión debe “naturalizarse” en el sentido de que debe volver a la experiencia “sacral” de la naturaleza. Toda experiencia religiosa es para Rolston una experiencia numinosa de la naturaleza. Esta experiencia puede explicar el origen prehistórico de la religión y, por tanto, es la forma que lo religioso ha ido tomando en nuestros genes (y que está en línea con los resultados empíricos actuales sobre la existencia del hoy llamado “cerebro místico”).

“Se debe llegar a una religión naturalizada, - escribe- no tanto en el sentido de explicarla naturalísticamente, cuanto en el de explicar el encuentro numinoso con una naturaleza manifiesta. La biología genera religión: el fenómeno de la vida evoca una respuesta religiosa, entre o no en cuestión una presencia funcional de la sociedad humana …”. Y añade: “La naturaleza es el primer misterio que se encuentra; la sociedad viene después, mucho después, según lo que sabemos por la historia evolutiva” (Genes, Genesis and God University Press, 1999, 292). Como seres humanos con mente (mind) estamos aquí y necesitamos por ello el recuento unificado de la historia de la Tierra que nos ha llevado hasta aquí.

“El mundo secular aspira a dirigir la naturaleza –concluye en su capítulo de La obra del amor – a reducirla a recursos humanos, y planifica una tecnología y una industria con las que lograr tal fin en nuestro siglo XXI y nuestro tercer milenio. Pero, con tamaña aspiración, lo único que los humanos hacen es intensificar sus herederos apetitos de autorrealizarse, tentados hoy a autoengrandecerse en proporciones jamás posibles antes (….) La oportunidad actual del cristianismo consiste en limitar ese desproporcionado engrandecimiento humano y velar por el bien de los cinco millones de otras especies de seres vivos que también habitan la Tierra. Tal kénosis es una exigencia cristiana para nuestro tercer milenio”.

Por su parte, Malcolm Jeeves, profesor de psicología y neurólogo, parte de la afirmación de Moltmann de que un aspecto clave de la kénosis, el de darse uno a sí mismo, es “la naturaleza trinitaria de Dios, y por tanto, la marca de todas sus obras”. Hoy día, aspectos de la conducta de autodonación y autosacrificio están siendo muy estudiados y debatidos por los biólogos, los psicólogos y los neurólogos evolucionistas”. Concluye que hemos de ver la kénosis como una clave para comprender un aspecto de la naturaleza profunda de la creación, contemplando la emergencia de la kénosis en el mundo biológico del que nosotros, creaturas de Dios, formamos parte. Hemos de recordar que seguimos creyendo que Cristo era más que humano “por las señales que a lo largo de los siglos han sido aducidas como prueba de que en Él se combinaron la divinidad y la humanidad”.

Creación kenótica: unificación de vida y cosmología

El núcleo central de La obra del amor lo constituyen los capítulos de John Polkinghorne y George Ellis. Para el primero, toda dicotomía entre creación y redención comporta riesgos teológicos, que aumentan cuando se la fuerza a una correlación con diferentes atributos divinos. “El acto de crear, - escribe- de dar existencia a un mundo y mantenerlo en su ser, es a todas luces un acto de gran poder, al que no son comparables los exiguos poderes de las creaturas. En el discurso teológico, sólo Dios puede dar la respuesta a la famosa pregunta: ¿Por qué hay algo más bien que nada?”

Polkinghorne desarrolla sus ideas considerando que es necesario apelar al amor divino para entender lo que es la creación: ésta existe porque Dios le da una vida y un valor extrínsecos. Pero la necesidad de hacer justicia a la vez al amor divino kenótico y al poder divino providencial forma parte claramente de una tensión teológica. La insistencia en el amor divino se percibe tras la figura, trazada por la teología del proceso, de un Dios que, en conmovedora frase de A. N. Whitehead, es “el compañero de sufrimientos que comprende” y que sólo actúa mediante el poder de la persuasión. Pero, ¿podría ser el Dios de Whitehead el Dios Único que resucitó a Jesús?

“Una gran parte del creativo pensamiento teológico de la segunda mitad del siglo XX –escribe Polkinghorne – se ha ocupado de reexaminar estas cuestiones (…) El reconocimiento científico del carácter evolutivo del universo ha animado a los teólogos a reconocer la presencia de Dios inmanente en la creación y la necesidad de complementar el concepto de creatio ex nihilo con un concepto de creatio continua. Así, el de la creación continua ha sido un tema importante en los escritos de los científicos-teólogos. Y sus implicaciones teológicas son muchas e importantes”.

Y finaliza: “A ningún autor serio que escriba sobre la acción divina se le pasará por alto la desmedida arrogancia que supone mostrarse como interlocutor y confidente del Creador en sus actos de creación. Toda teología es, en un sentido obvio, “teología humilde”, pues confesamos nuestra limitación e ignorancia ante el Misterio divino. Jamás podremos coger al Infinito entre las mallas de nuestra red racional. Sin embargo, creo que sabemos lo bastante para decir que Dios es verdaderamente amoroso, y que cuida no sólo de la creación en general, sino de todas y cada una de las criaturas en particular (…) La teología kenótica es inevitablemente teología paradójica, puesto que se basa en el concepto de la humildad de Dios”.

Para Ellis, el universo está diseñado para la ambigüedad. El mal físico es una consecuencia de este mundo autónomo que se hace a sí mismo evolutivamente. El mal moral de la acción humana tampoco debía ser restringido en un diseño providente para la libertad incondicionada del ser humano. El Dios oculto no está absolutamente oculto, ya que el universo está diseñado con un equilibrio entre ocultamiento y manifestación que hacen posible a los humanos acceder a Dios. El diseño del universo es, pues, kenótico: Dios ha renunciado a imponer su presencia para la libertad humana. Dios –escribe Ellis – ha elegido un amor incondicional y un camino sacrificial.

Dios ha sacrificado, ha anonadado, ha vaciado de contenido (kénosis) la imposición de su presencia en el mundo. Es la kénosis de Dios en la creación, en entera consonancia con la kénosis del Verbo (lógos) en Cristo, de que nos habla San Pablo en el himno de la carta a los de Filipos. Para Ellis, “la revelación kenótica dada por Cristo muestra la acción creativa de Dios en el mundo”.

La voluntad kenótica de Cristo, que manifiesta la kénosis fundamental del Dios creador, está manifiesta en la escena de las tentaciones en el desierto, en toda la vida de Cristo y en su muerte y resurrección. Situando su pensamiento en una constante línea de convergencias que a lo largo del siglo XX apuntan a entender la teología de la kénosis como una pieza esencial del pensamiento cristiano.

Pero un aspecto esencial para George Ellis es la traducción ética de este enfoque cosmológico-teológico de la kénosis. Así como, a través de la creación y el misterio de Cristo, Dios ha aceptado la kénosis de sí mismo a favor de la humanidad, así igualmente el comportamiento del cristiano debe ser entendido como una kénosis libre que acepta a Dios y se entrega en plenitud a los demás hombres en una solidaridad sacrificial que es un estado religioso que va más allá del puro altruismo.

La moral cristiana se funda así en una kénosis a la inversa por amor. Estos principios han sido aplicados por Ellis en su propia vida de compromiso político por los derechos humanos en Sudáfrica, como se refleja en sus publicaciones sobre esta temática, que le llevaron incluso a la persecución en la época del apartheid.

El amor kenótico como holografía de la realidad

En sucesivos capítulos de La obra del amor, se añaden tres de los creadores históricos de la concepción de kénosis como limitación de Dios: el propio Jürgen Moltmann, su colaborador teológico en Tubinga, Michael Welker, y Paul S. Fiddes que ahonda en el “sufrimiento creativo de Dios”. El cuadro se completa con el filósofo de la naturaleza Keith Ward y la representante de la teología femenina, Sarah Coakley. El canónigo W. H. Vanstone, que completaba el número de doce colaboradores, falleció durante la preparación de esta obra, por lo que le ha sido dedicada, y cada uno de los capítulos recoge un pensamiento de su librito clásico sobre el tema, Esfuerzo del amor, costo del amor (1977).

Leandro Sequeiros es Catedrático de Paleontología y Colaborador de la Cátedra CTR

(Tomado de Tendencias21)

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viernes 20 de marzo de 2009

Manifiesto de Madrid contra el aborto

«Los abajo firmantes, profesores de universidad, investigadores, académicos, e intelectuales de diferentes profesiones, ante la iniciativa del Grupo Socialista en el Congreso, por medio de la Subcomisión del aborto, de promover una ley de plazos, suscribimos el presente Manifiesto en defensa de la vida humana en su etapa inicial, embrionaria y fetal y rechazamos su instrumentalización al servicio de lucrativos intereses económicos ó ideológicos.
En primer lugar, reclamamos una correcta interpretación de los datos de la ciencia en relación con la vida humana en todas sus etapas y a este respecto deseamos se tengan en consideración los siguientes hechos:


a) Existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación. Los conocimientos más actuales así lo demuestran: la Genética señala que la fecundación es el momento en que se constituye la identidad genética singular; la Biología Celular explica que los seres pluricelulares se constituyen a partir de una única célula inicial, el cigoto, en cuyo núcleo se encuentra la información genética que se conserva en todas las células y es la que determina la diferenciación celular; la Embriología describe el desarrollo y revela cómo se desenvuelve sin solución de continuidad.
b) El cigoto es la primera realidad corporal del ser humano. Tras la fusión de los núcleos gaméticos materno y paterno, el núcleo resultante es el centro coordinador del desarrollo, que reside en las moléculas de ADN, resultado de la adición de los genes paternos y maternos en una combinación nueva y singular.
c) El embrión (desde la fecundación hasta la octava semana) y el feto (a partir de la octava semana) son las primeras fases del desarrollo de un nuevo ser humano y en el claustro materno no forman parte de la sustantividad ni de ningún órgano de la madre, aunque dependa de ésta para su propio desarrollo.
d) La naturaleza biológica del embrión y del feto humano es independiente del modo en que se haya originado, bien sea proveniente de una reproducción natural o producto de reproducción asistida.
e) Un aborto no es sólo la «interrupción voluntaria del embarazo» sino un acto simple y cruel de «interrupción de una vida humana».
f) Es preciso que la mujer a quien se proponga abortar adopte libremente su decisión, tras un conocimiento informado y preciso del procedimiento y las consecuencias.
g) El aborto es un drama con dos víctimas: una muere y la otra sobrevive y sufre a diario las consecuencias de una decisión dramática e irreparable. Quien aborta es siempre la madre y quien sufre las consecuencias también, aunque sea el resultado de una relación compartida y voluntaria.
h) Es por tanto preciso que las mujeres que decidan abortar conozcan las secuelas psicológicas de tal acto y en particular del cuadro psicopatológico conocido como el «Síndrome Postaborto» (cuadro depresivo, sentimiento de culpa, pesadillas recurrentes, alteraciones de conducta, pérdida de autoestima, etc.).
i) Dada la trascendencia del acto para el se reclama la intervención de personal médico es preciso respetar la libertad de objeción de conciencia en esta materia.
j) El aborto es además una tragedia para la sociedad. Una sociedad indiferente a la matanza de cerca de 120.000 bebés al año es una sociedad fracasada y enferma.
k) Lejos de suponer la conquista de un derecho para la mujer, una Ley del aborto sin limitaciones fijaría a la mujer como la única responsable de un acto violento contra la vida de su propio hijo.
l) El aborto es especialmente duro para una joven de 16-17 años, a quien se pretende privar de la presencia, del consejo y del apoyo de sus padres para tomar la decisión de seguir con el embarazo o abortar. Obligar a una joven a decidir sola a tan temprana edad es una irresponsabilidad y una forma clara de violencia contra la mujer.
En definitiva, consideramos que las conclusiones que el Grupo Socialista en el Congreso, por medio de la Subcomisión del aborto, trasladará al Gobierno para que se ponga en marcha una ley de plazos, agrava la situación actual y desoye a una sociedad, que lejos de desear una nueva Ley para legitimar un acto violento para el no nacido y para su madre, reclama una regulación para detener los abusos y el fraude de Ley de los centros donde se practican los abortos».

Fdo.:
Nicolás Jouve (Catedrático de Genética; DNI 1154811)
Francisco Ansón (Escritor; DNI 847005)
Cesar Nombela (Catedrático de Microbiología; 1346619S)
Francisco Javier del Arco (Biólogo, Filósofo y Escritor; DNI: 00138438-N)
Vicente Bellver (Profesor Titular Filosofía del Derecho: DNI: 24335564T)
Luís Franco Vera (Catedrático de Bioquímica: DNI es 02.464.829B)
…/…

Siguen un millar de adhesiones a fecha de 17 de marzo de 2009, y siguen aumentando

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sábado 7 de marzo de 2009

La Biblia tenía razón (Por Ramón Tamames)

Realmente, nunca es fácil hacer predicciones económicas a corto plazo, a través de lo que generalmente se consideran estudios de coyuntura; y lo mismo acontece a largo, respecto de los cambios que acaban siendo estructurales. En el primer caso, por hallarnos inmersos en un ciclo de incierta evolución, en gran medida por los ajustes que vayan produciéndose, relacionados con la política económica en curso. Y en el segundo, por el inevitable proceso de cambio tecnológico y social de duración imprevisible.
Precisamente, esas alteraciones de la marcha de la actividad económica es lo que Joseph A. Schumpeter supo destacar en su libro Business Cycles (1927), en el que analizó las diferentes clases de fluctuaciones, distinguiendo en la región ascendente de la curva la recuperación a partir de la fase anterior, para pasar después al auge, prolongable en una fase más o menos larga de bonanza culminante en el boom. Ulteriormente, dicho en lenguaje actual, tendríamos el recalentamiento, la desaceleración, el estrés y el definitivo cambio de tendencia, para entrar en la crisis, pudiendo llegarse, de persistir las inercias declinantes, a la recesión, y más allá a la propia depresión.
La experiencia histórica demuestra que ciclos ha habido siempre, y que no pueden erradicarse: ni por medio de decretos leyes, ni a través de políticas económicas, por muy bien que se diseñen e instrumenten. Sencillamente, porque en una economía de mercado -aunque sean no pocas restricciones a la competencia- se dan millones de planes individuales de empresas y consumidores, que difícilmente pueden encajar en un equilibrio perfecto. En ese contexto, inevitablemente van surgiendo fenómenos de sobredimensionamiento de la oferta y de saturación de demanda, que acaban por derivar en escenarios de interrupción y ulterior declive del crecimiento.
¿Y por qué decimos como subtítulo de este artículo que la Biblia tenía razón? No es ningún epígrafe a lo Isaac Asimov, o incluso proveniente de tendencias creacionistas. Y veremos que, efectivamente, la Biblia tenía razón, en lo que seguramente fue la primera referencia histórica conocida sobre ciclos: en el Génesis se planteó la iniciática teoría de las fluctuaciones económicas, y la primera solución a las mismas.
Lo que sigue es una transcripción, simplemente retocada para evitar algunas insistencias -tan frecuentes en el lenguaje antiguo-, de un gran diálogo económico. Cuando el Faraón mandó llamar a José, a quien apresuradamente sacaron de la prisión donde estaba. Se cortó el pelo, se mudó de ropa y fue a ver al rey, quien le dijo:
-He tenido un sueño y no hay quien lo interprete, y he oído decir que tú sí sabrías hacerlo... Estaba yo en la ribera del Nilo, y de él vi salir siete vacas gordas y hermosas, que se pusieron a pacer en la verdura de la orilla. Al poco tiempo, detrás de ellas subieron otras siete vacas, feas y flacas, que se comieron a las siete primeras. Luego vi cómo de un mismo tallo salieron siete espigas granadas y hermosas, para a continuación surgir otras tantas espigas malas, secas y quemadas por el viento solano, que devoraron a las primeras. Se lo he contado a todos mis sacerdotes y adivinos, y ninguno ha sabido explicarme.
-El sueño, Faraón -contestó José-, es uno solo; Dios te ha dado a conocer lo que va a hacer: las siete vacas hermosas, y las siete espigas hermosas, son siete años de abundancia. Y las siete vacas flacas y las siete espigas secas y quemadas por el viento solano, son los siete años de hambre que seguirán a otros tantos de abundancia. Por tanto, Faraón, es preciso que tus enviados, con toda autoridad, visiten la tierra de Egipto, y guarden un quinto de la cosecha de los años de la abundancia; poniéndolo a tu disposición, para mantener las ciudades durante los siguientes años de hambre que han de venir.
Pareció muy bien esa interpretación al Faraón, quien se dirigió a sus cortesanos con estas palabras:
-¿Podríamos por ventura encontrar un hombre como éste? Así lo digo, José: como Dios te ha dado a conocer tales cosas, y eres persona tan sabia, serás tú mismo quien se haga cargo de las tareas que has mencionado.
Los ciclos de siete años de abundancia, seguidos de otros tantos de escasez fueron una buena exposición -hace por lo menos 3.000 años- de la deriva cíclica en la realidad. Además, en la Biblia se dio una solución absolutamente racional al proceso: acumular reservas en los años de abundancia para los de escasez.
Para terminar, no cabe decir, tras la rememoración del Génesis aquello de nihil novum sub sole, porque, ciertamente, bajo el sol surgen nuevas circunstancias: de modo que en el caso que nos ocupa, cada crisis es una nueva experiencia. Y así sucede con la que se inició en el verano del 2007. Y si quieren Vds. más detalles, lean mi nuevo libro, que saldrá en abril, con el título: La Primera Gran Depresión del Siglo XXI.
(Tomado de Estrella Digital)

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jueves 29 de enero de 2009

Teología para ver

El IOCS (Institute for Orthodox Christian Studies) de Cambridge nos ofrece en su sitio videos sobre teología cristiana ortodoxa; el primero de ellos, recoge una mesa redonda sobre el libro de David Bradshaw "Aristotle East and West: Metaphysics and the Division of Christendom". Aquí encontraréis la página y aquí los videos. Son en inglés, pero la iniciativa merece reseña.

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martes 20 de enero de 2009

Etana

Quiero presentaros un portal con abundantes recursos sobre arqueología y lenguas del próximo oriente antiguo. Es un proyecto cooperativo de varias universidades de todo el mundo y se llama ETANA (Electronic Tools and Ancient Near Eastern Archives), o lo que es lo mismo: Herramientas electrónicas y archivos sobre Próximo Oriente Antiguo.

Los aficionados a la arqueología del Próximo Oriente y los que estudian el Antiguo Testamento encontrarán textos fundamentales en hitita, cananeo, sumerio, egipcio... El portal tiene un buscador (ABZU) y la sección Core Texts. El primero se fija en la bibligrafía secundaria y el segundo en las fuentes, aunque en ambas secciones puede localizarse parecido contenido. Puede accederse también a una sección de excavaciones arqueológicas y a un proyecto de traducciones de textos acadios en escritura cuneiforme.

Espero que os resulte interesante.

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viernes 2 de enero de 2009

Revista Católica Internacional "Communio"

Alojado en la web personal de Alfonso Pérez de Laborda (catedrático de filosofía de la facultad teológica San Dámaso) encontramos un pequeño tesoro para los hispanófonos que gustan de los contenidos on-line: la edición española de la Revista Católica Internacional Communio. Como sabéis, la revista fue fundada (entre otros) por el teólogo Joseph Ratzinger. Tiene ediciones en diversas lenguas, cuyo catálogo completo encontraréis aquí: encontraréis que se publica en belga-holandés, francés, alemán, portugués e inglés. La edición española ha pasado por diversas visicitudes: ha dejado de editarse (entre 1997 y 1999 y en 2005) y ha cambiado de editor y equipo editorial en España (desde 2006). Se nos ofrece el texto completo, escaneado en PDF (como imagen, no como texto) de los números más difíciles de localizar: los publicados por Encuentro entre 1979 y 2004; en cuanto a los últimos números (de 2006 a 2008), producidos por Ciudad Nueva, podéis informaros en la web oficial. Espero que os sirva...

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sábado 27 de diciembre de 2008

Teología para escuchar

Para los fans del IPod y aquellos que se cansan pronto de leer, os presento una manera distinta de aprender teología: escuchando. Por casualidad, he encontrado esta charla del Prof. Ángel Cordovilla en un ciclo de conferencias de la Fundación Juan March. El ciclo tenía por título "Las fuentes de la conciencia europea", y abordaba cuatro de estas fuentes, de la mano de cuatro reconocidos expertos: la griega, la romana, la ilustrada y la cristiana. El joven profesor Cordovilla aborda la fuente cristiana y lo hace (a mi juicio) con maestría. Os recomiendo que os la descarguéis en MP3 o que la escuchéis on-line, mientras hacéis alguna de vuestras tareas.

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