jueves, 19 de octubre de 2006

Reflexión sobre la inhabitación de Dios en el hombre

Posted by Departamento de Teología  |  at   14:10

Otra forma de exponer la intimidad y trascendencia de Dios (por J. Salinas)



Recuerdo una conversación que mantuve con el joven conductor de un taxi. Intentaba aquél muchacho explicarme cómo se dirigía a Dios mientras conducía el vehículo por las calles de Madrid. “Mire Vd: ¿sabe lo que hago? Le hablo a Dios con toda sencillez para pedirle ayuda en determinados momentos...Como está allá arriba, yo le hablo muy alto; no levanto la voz, porque me tomarían por loco, pero “desde dentro” le hablo muy fuerte para que me oiga bien”. Aquél hombre no era consciente, probablemente, de la hondura que encerraba su testimonio. Con gran sencillez había descrito la transcendencia de Dios respecto al hombre y, al mismo tiempo, su inmanencia en el corazón humano. San Agustín buscando a Dios llegó a resolver esa aparente contradicción entre Dios fuera de mí y Dios dentro de mí: ¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían[1] El encuentro con el Dios buscado lo formuló el Obispo de Hipona con esa frase imposible de traducir bien a ninguna lengua: tu autem eras interior intimo meo et superior summo meo[2]. Quizá podríamos aproximarnos a su sentido original latino con algo parecido: tú estabas dentro de lo más íntimo de mí y por encima de lo más alto de mí.

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Blog del departamento de Teología del Istic

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