jueves, 1 de marzo de 2007

De la Dialéctica al Silogismo. Re-correr la existencia

Posted by Departamento de Teología  |  at   9:52

José Manuel García Matos nos envía esta magnífica y densa descripción sobre la desconocida filosofía de Claude Bruaire; el principio de una estrecha colaboración. Aclarará conceptos y precisará su explicación a través de los comentarios que se hagan al post.
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El 14 de octubre de 1986, la filosofía cristiana contemporánea perdía, prematuramente a uno de los máximos exponentes en lo que, entre otras cosas, al diálogo con la Teología se refiere. Claude Bruaire, filósofo francés, nacido en 1932 y profesor en la Facultad de Filosofía de la Sorbona, católico convencido, comprometido con la sociedad y la iglesia, efectúa, en el seno de la filosofía europea, la recuperación de los problemas de la metafísica. En el marco de la filosofía del sistema, retoma los conceptos tradicionales de Absoluto, Espíritu, y de ser, para elaborar una “ontothéologie”, posteriormente denominada “ontodologie” que pueda dar razón de la especificidad de la existencia.


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Hijo de su tiempo, encarnado en su realidad, su pensamiento se presenta con espíritu crítico y ofreciendo alternativa a las corrientes dominantes de la época (marxismo, fenomenología, existencialismo, estructuralismo), a las cuales acusa principalmente de la ausencia de Absoluto. Critica los materialismos (naturalismo, biologismo, cientifismo), a los cuales responsabiliza del olvido del Espíritu. Y, la era de la técnica (tecnocracia, economismo, ideología), la considera como la causante de la devaluación del ser.

Descubre en la metafísica el único camino para salvar la decadente situación actual. Comenzando por retomar a Hegel, y por denunciar la interpretación atea que de él se hizo (p.e. Kojève), muestra los peligros de las posiciones dialécticas y la necesidad del método del silogismo. Pero, considerando que las potencias utilizadas por éste (Logica-Naturaleza-Espiritu) no pueden concluir sino en una "autología" absoluta que él rechaza, los transformará en: Lenguaje-deseo-libertad, con el fin de volver a dar un lugar central a la Libertad (Lógica y religión cristiana en la filosofía de Hegel). Viendo en el último Schelling de la filosofía positiva una superación del negativo hegeliano, asumirá de éste los conceptos de Libertad y Existencia, para desarrollar una ontología existencial que sea también lógica de la Libertad (Schelling). Con los conceptos de “hábito” de Ravaisson, de “acción” de Blondel y con el “método concreto” de Gabriel Marcel, pone de manifiesto que es necesario, en todo rigor, ir de lo concreto y de la vida para poder comprender el espíritu y la existencia, reuniendo así idealismo alemán y vitalismo francés.

Consciente que la filosofía no puede concluir, Bruaire invita a la apertura a otros conocimientos, y, en particular, la religión cuyo propósito es “decir el Absoluto”, poniendo a prueba la racionalidad y retomando sus afirmaciones. Crítico respecto a los pensamientos negativos (teología apofática, fideísmo, misticismo), que no toman conciencia de la medida del objeto del que hablan, es decir, la Revelación, él ve en el cristianismo, la religión absoluta que asume todas las otras y aporta la prueba de su mensaje en la Encarnación, la única esperanza ofrecida al hombre.

Influido por los trabajos de Fessard, toda su investigación, en filosofía de la religión, será una búsqueda de Dios que sea a la vez Sujeto y Sistema, para el hombre. Bruaire comienza, a partir de su primer texto (la Afirmación de Dios), por preguntar el Absoluto sin el cual ningún sistema puede elaborarse. Observando que todo pensamiento, incluso el más relativo, es portador de una preconcepción del Absoluto, critica las concepciones previas del Absoluto que rechazan toda determinación de éste (metafísica negativa, teología negativa) o prohíben el conocimiento al hombre (criticismo, misticismo). Si hay transcendencia, debe efectivamente ser en acto, y la filosofía especulativa debe poder expresarlo como lo hizo la teología positiva trinitaria. Bruaire, yendo al revés de las ciencias humanas, construye una antropología negativa que interroga a las tres potencias existenciales (lenguaje-deseo-Libertad), que se refiere a los tres sectores de su ontothéologie (Absoluto-Espíritu-Ser), antes de concluir en una teología positiva de la Trinidad (Dios-Cristo-Espíritu). La Afirmación de Dios, Filosofía del Cuerpo, la Razón política, será la trilogía en la que nos presenta este itinerario.

El Deseo de saber, con el cual comienza la investigación filosófica, no puede encontrar satisfacción sino en una respuesta del Absoluto. Bruaire afirma la calidad y la posibilidad del deseo de acceder a un Absoluto que, él mismo, es Deseo de hacerse reconocer. El Deseo de Absoluto no puede realizarse en el humanismo (Feuerbach), prometido al final de la Historia (Marx), olvidado en el estetismo (primer fase de Kierkegaard), dominado por el Superhombre (Nietzsche) o apagado en la renuncia (estoicos, budistas), ya que es constitutivo de la particularidad de un hombre que busca la Universalidad. Este Deseo, que es el de una libertad relativa en búsqueda de una Libertad absoluta, que está al origen y que solo puede renovarlo y responder, es también la marca de un acto inicial de lo Divino que se hace Dios para que el hombre pueda comprenderlo. Esta es la razón por la que, al retomar las posturas de Schelling sobre la Libertad absoluta y la libertad relativa, la prueba ontológica tanto denigrada, puede renovarse. Bruaire considera que las críticas de la prueba ontológica no incluyeron su significación. Tal como ocurre con los que intentaron realizarlo (Anselmo, Descartes, Leibniz, Hegel) cada uno a su manera, pero siempre queriendo hacer coincidir una cualidad y una esencia, él piensa que la prueba no es más que una clave que permite cerrar un sistema con su Absoluto. Propone una solución original orientada en torno a la Libertad y que confirma el sistema de libertades: a partir de la libertad relativa, que no podrá nunca invalidarse, y constatando que no puede ser su propio origen, deduce una Libertad absoluta que si que puede serlo. El Deseo de saber de la libertad relativa no basta para acceder al conocimiento del Absoluto. Es necesario, en primero lugar, que este Deseo se desarrolla en el tiempo de la Historia; luego que una Lengua universal mediatice el Deseo particular y la Libertad singular, para dar sentido al primero y razón a la segunda; y finalmente que el propio Absoluto acontezca en la Historia y se revele, recorriendo el camino hacia la finitud del hombre. Esta es la razón por la que, para Bruaire, el cristianismo, con su Revelación, su Encarnación y su Verbo, aparece como la única religión en condiciones de proponer una solución racional al hombre en búsqueda de esperanza en cuanto a su destino.

Bruaire se pregunta a continuación sobre el Espíritu, “sin el cual ninguna reflexión filosófica es posible”. Comienza por poner de manifiesto que, sin la particularidad del cuerpo, ningún espíritu singular puede manifestarse (Filosofía del cuerpo). Si el cuerpo es lo que determina al individuo, éste no puede fundar totalmente a la persona como singularidad particular, y es necesario que el cuerpo sea habitado por la expresividad del espíritu para que la vida se convierta en existencia. Su concepción del cuerpo necesario va contra el dualismo (cartesiano), y renueva el significado de un cuerpo que encuentra su sentido en su precariedad propia. El cuerpo, que es “absurdo perecedero”, pero que, en su particularidad, es indispensable para la singularidad donada. El hecho mismo de su deber desaparecer es el índice de su renovación más allá de la muerte. Es porque el cuerpo es mortal que da un sentido ontológico a la muerte, y es portador de una esperanza que él sitúa en la Resurrección cristiana.

Bruaire pone en guardia contra el olvido del espíritu propio del tiempo presente, que quiere reducir al hombre a su cuerpo (una Ética para la medicina). El espíritu, constitutivo de ser de espíritu que es el hombre, es el lugar de encuentro con el Espíritu del Absoluto que lo ha originado, que dialoga con él en la Historia, que renueva sus interrogaciones y las responde, que es portador de la reconciliación eterna. Inscribiéndose en el planteamiento de la fenomenología del espíritu hegeliano, pero rechazando el "autología" divino de su conclusión, Bruaire desarrolla una ontología del espíritu (El ser y el espíritu), que pone al Espíritu de la Libertad absoluta en relación con el espíritu de la libertad relativa, en conformidad con la Libertad donada. Relación de inclusión: infinito/finito, se transforma en una relación de Espíritu infinito y espíritu finito que, por la mediación de la Palabra, es acto de disposición para la Libertad finita.

Bruaire se plantea finalmente la cuestión del ser que solo es Espíritu. El hombre, como ser de espíritu, es ser tanto de deseo como de libertad. Como ser de deseo, tiene el deseo de saber (por la reflexión espiritual), el deseo de tener (un cuerpo indispensable) y el deseo de ser eternamente, al cual pueden solamente responder el Verbo, la Encarnación y la Promesa del cristianismo. Como ser de libertad, ser de espíritu tiene el deber ético de preservar (una Ética para la medicina) y de organizar (la Razón política) las libertades. Para ello, las tres potencia existenciales: Lenguaje-deseo-libertad, deben transformarse en tres potencias políticas: Estado-Nación-Poder, y organizarse según una doble mediación: la de cada uno de los términos, según el método del silogismo, y el de la Historia, para que la Libertad política se preserve en el tiempo, y no se niegue en la realidad de una sociedad fija.
Bruaire va más lejos, y en hombre que eligió participar en la acción política, logra tres Órdenes de Justicia necesarios para las relaciones entre libertades: el Principio de identidad (entre las libertades insustituibles), el Principio de Equivalencia (en la asunción de las libertades) y el Principio de desigual distribución (en función de la condición de cada Libertad). Pero, tomando conciencia, ante las utopías (humanismo, marxismo) y a las ideologías (populismo, demagogia), que la ciudad perfecta no es de este mundo, invita a una justicia de otro orden, la de la misericordia, no como justicia instituida, sino como justicia donada más allá de la justicia, al ejemplo del mensaje cristiano.
Bruaire no pudo acabar su ontología, que tomaba a una nueva dirección ética con el Don como Concepto absoluto, y se encontraba transformada en "ontodologia". Con las nuevas categorías de Don: Don-Redención-Confirmación, aplicables a la vez a las tres potencias existenciales (lenguaje-deseo-Libertad) y a las tres Personas de Trinidad (padre-Hijo-Espíritu), se reformulaba una nueva lógica de la Libertad, la lógica del Don del Absoluto para el hombre. El Don original es a la vez Don en acto y Don del ser, Don de ser a un ser que no puede rechazarlo (Don donado eternamente), ni remitirlo (Don constitutivo del ser), ni devolverlo (Don es al origen). Pero el ser-de-don, en deuda, puede devolver aquel don que se le ha donado, en una lógica de disposición hacia los otros, de obligación moral cara a cara, con otro ser-de-don., la “obligación ontológica”.

Para eso, debe previamente tomar plenamente posesión de su ser, según una triple conversión: del inséité (en sí) al aséité (sí), luego adséité (autonomía), y finalmente ipséité (para sí). Dado que se efectuó esta triple conversión, el ser-de-don, tomando plenamente conciencia de su dimensión, puede legítimamente prever otro que le es idéntico, el ser-de-don con quien comparte condición, y otro que le es diferente, quien no puede no obstante concebir sino como una "mancha ciega".

La muerte prematura de Bruaire nos deja una filosofía inacabada, pero ya portadora de los conceptos esenciales para su comprensión. Filosofía del sistema, encontrando su Absoluto en el cristianismo (Dios), reanudando las potencias que la componen (lenguaje-deseo-Libertad) de un idealismo alemán puesto al servicio de la Libertad, negándose la diferencia ontológica del ser y del ente (Heidegger) que domina el pensamiento del final del siglo, parece una vuelta a un pasado metafísico de la ontoteología, mientras que, sobre todo, es búsqueda de principios fundantes irrefutables. Garantizados, esta filosofía opera naturalmente el cambio de dirección ético que anunciaba desde el principio con la afirmación de la Libertad absoluta, pero sigue siendo inacabada en cuanto a la cuestión de la encarnación y su corolario, el destino, aunque supo volver a entablar el vínculo olvidado entre la física y la metafísica. Su originalidad proviene de su reformulación de las cuestiones y problemas fundamentales sobre el hombre y su futuro.
(J.M. García Matos).

Sobre el autor

Blog del departamento de Teología del Istic

2 comentarios :

Cesar Olón dijo...

No he entendido mucho... ¿me podría indicar de forma sencilla qué es eso de la ontoteología? Realmente se puede hablar hoy de una recuperación de la metafísica. Y, si no es molestia, nunca había oído hablar de este filósofo, ¿ha dejado escuela? ¿Alguien sigue hoy su pensamiento?

No es molestia ninguna, e intentaré ir por partes para mejor aclarar y aclararme.
El término onto-teología, que terminará para Bruaire en convertirse en onto-do-logía, quiere unir en reflexión las dos fuertes disciplinas que son la ontología (filosofía) con la teología, realizando, inevitablemente para nuestro autor, un camino ascendente desde el mundo de la realidad, de los entes, hacia el mundo del Absoluto (Dios). Con el concepto posterior de onto-do-logía, introduce la variante de la también inevitable respuesta del ser humano, que se considera "donado" por el Absoluto y por tanto tiene la exigencia interna de "donarse" al Absoluto en los otros.
Seguiremos aclarando conceptos, pero no dudes en preguntar
Saludos

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