lunes, 11 de diciembre de 2006

Una mirada distinta al discurso de Ratisbona

Posted by Domingo  |  at   11:00

Os ofrezco una traducción mía (de andar por casa, eso sí) de un artículo publicado recientemente por el Prof. Elmar Salmann, OSB, profesor de teología en el Instituto Anselmiano y la Universidad Gregoriana de Roma. No se puede negar que es una postura original, que a nadie dejará indiferente.

Apoyo con reservas, por ELMAR SALMANN

Las afirmaciones de Jürgen Habermas son extremadamente razonables, claras y casi irrefutables en su trasfondo teórico y su aplicación a la vida de los ciudadanos. Eso no es un defecto; así debe ser y no podría ni debería ser de otro modo. Todo está fundamentado en el acuerdo democrático, intercultural y libre de violencia, que es criterio de validez del Ethos tanto en el ámbito privado como público. Con esto (una jugada maestra) se protege de todo brote ideológico o cultural.
Incluso alguien como Joseph Ratzinger se vio obligado a dar la razón a aquel que critica las patologías de la religión y la Ilustración, del sentimiento y de la racionalidad técnica. Su discurso de Ratisbona parecía estar comprometido con aquel ideal de la reciprocidad mutua entre fe y razón. En nombre de un grandioso matrimonio, celebrado entre la razón griega y la fe en Logos, no se podría menos que dar el “Sí quiero” a la religión. Toda deshelenización, cualquier énfasis en la irracionalidad, la voluntad o el sentimiento romántico habrían de rechazarse, atendiendo tanto a Dios como a la praxis y el pensamiento humano.
Todo esto convence por su claridad sin mácula. Pero con esto, ¿una experiencia histórica y existencial del hombre como es la religión no queda desvaída? Tanto Habermas como Ratzinger (y es raro para un pensador de raigambre agustiniana) pueden apenas explicar por qué hay tanto de no-racional, aún más: por qué la mayoría de las cosas se deben sólo marginalmente a la razón. ¿Por qué nadie sigue al pie de la letra, incluidos nuestros dos protagonistas, la comunicación guiada por la razón que ellos reclaman? ¿De dónde brota lo fascinante de lo Insondable, lo Mítico, de las elecciones sin sentido o acertadas, de los afectos, de los vínculos, de los éxtasis, del instinto y de las decisiones que de él vienen? Todo esto entreteje, sostiene y define nuestra vida día a día, es el alma del arte y de la religión, tanto de la intuición científica como de la intuición que nos permite relacionarnos unos con otros.
Por eso, desde Agustín y Buenaventura, desde Goethe y Kant, la tarea principal de la razón es estimar hasta dónde alcanza el saber, pensando los límites de la razón, y determinar cuánta verdad hay en ella; ver dónde tienen su lugar la voluntad, la apuesta, la fe, la decisión, la intuición. Sólo entonces la razón se vuelve razonable, poniéndose al servicio de la vida. Ya los griegos eran conscientes de la complejidad y la profundidad abismal de la razón.
En ellos no existía el concepto de la razón pura y clara. La tragedia, la historiografía, la filosofía presocrática y la escéptica, incluso Platón, conocen el lado demoniaco (daimonico) y contradictorio de la razón. ¿Acaso no sabía el Kant de los últimos años del enigma del Mal, de aquello que, en la voluntad, es “prevoluntario”? Y nosotros, ¿no seguimos, a menudo, con todo derecho, la dinámica y la gramática de las pulsiones, los sueños, los traumas? ¿No habla la teología constantemente del oscuro misterio de Dios?
Todo esto no ha de dragarse como si fuera una ciénaga. Hay que cultivarlo con atención y valentía, porque es el humus y el horizonte de toda razón. Por negar esto durante mucho tiempo (quizá por las traumáticas experiencias del siglo pasado) las otras culturas nos ven tan extraños. Parece que hayamos olvidado nuestras propias raíces mítico-religiosas.
Así pues, en los niveles superiores de la razón y la fe, habría mucho que aprender: de la Biblia, de la gran tradición de la oración y la mística, de la psicología y la praxis cotidiana del pensamiento y la vida, del amor y del odio, del juicio y la decisión, del entendimiento y el malentendido, de la confianza y el rechazo. De lo contrario, mandaríamos a paseo al 90 % de la pequeña y gran historia de la vida y el pensamiento.
(Original alemán, publicado en el diario Kölner-Stadt Anzeiger, el 21.11.06)

Sobre el autor

Blog del departamento de Teología del Istic

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