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Domingo García
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18:24

He traducido un par de posts del foro "
Faith and Theology" que me parecen muy interesantes. El primero es una cita, que habla de la modestia de la teología; el segundo está tomado del blog de Aaron Ghiloni y aboga por una Dogmática "mucho más breve". Para situarlo en su contexto, hay que saber que en blogs teológicos de EE.UU. se ha puesto de moda hacer listas de proposiciones teológicas. En este post, Ghiloni aboga por una única proposición: menos verborrea.
“[La teología] ha sobrepasado a menudo su objetivo y ha degenerado en mera repetición de las mismas frases vacías…. A veces parecía partir de la idea de que puede contestar todas las preguntas y resolver todos los problemas. Muchas veces le ha faltado modestia, ternura, y simplicidad. Esto es aún peor en la medida en que lateología tiene que ver con los problemas más profundos y entra en el contacto con las fibras más delicadas del corazón humano. Más que cualquier otra ciencia, tiene que asumir de la advertencia de ‘no estimarse más de lo que conviene' (cf. Rom. 12:3). Es mejor decir con honestidad que una cosa no está clara, que hacer una suposición incontrolada.”
Herman Bavinck, Reformed Dogmatics 1 (Grand Rapids: Baker, 2003), p. 605.
En el Prólogo a la segunda edición de La Fe cristiana, Schleiermacher parece justificarse al explicar que la versión de 1830 será más larga que la ofrecida en 1821. Le habría gustado hacerla más breve. Tenía esperanza en algo que él creía que sería posible en el futuro - escribir "una Dogmática mucho más breve”
Décadas más tarde, Karl Barth, escribió su propia Dogmática. Catorce volúmenes y el trabajo estaba sin acabar. Parecía que la "Dogmática mucho más breve” tendría que esperar. La tendencia continúa hoy. En el Prólogo al descomunal "Ser Cristiano", Hans Küng comenta que “un libro así podría y, en realidad, debería ser el trabajo de una vida.” Evidentemente no lo era; le siguieron dos tomos de similar tamaño, completando así la trilogía de Küng.
He aquí mi única proposición sobre los libros de Teología:
¡ Son demasiado largos !
Si no puedes decir lo que tienes que decir en menos de 200 páginas, para de escribir y empieza a pensar en el segundo tomo. Si su libro empieza a parecerse a una lista de embargos, empieza a borrar cosas.
En menos de 150 lúcidas páginas George Lindbeck pudo escribir
uno de los libros más influyentes de los últimos 25 años. Kevin Vanhoozer no estaba de acuerdo y en más de 450 prolongadas páginas nos dijo precisamente por qué. El
libro de Vanhoozer es bueno pero demasiado largo. En cambio, el libro de Lindbeck es excelente y nos deja con ganas de más.
La teología tiene un problema de obesidad; nosotros hemos consentido en engordarla durante demasiado tiempo. He aquí mi esperanza para “una Dogmática mucho más breve”
Y tú, ¿qué opinas de todo esto?
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Rubén García
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10:15

Publicamos el «Chequeo a la actual situación ecuménica» escrito por Jesús de las Heras Muela (director de la revista Ecclesia):
Entre el 18 y el 25 de enero se celebra la Semana de oración por la unidad de los cristianos
Se entiende por ecumenismo "el conjunto de esfuerzos realizados bajo el impulso del Espíritu Santo con el fin de restaurar la unidad de todos los cristianos". El movimiento ecuménico tiene un siglo de existencia y nace como respuesta a la división de los seguidores de Jesucristo en distintas Iglesias y Confesiones. En todo el mundo hay, en la actualidad, unos dos mil millones de cristianos: 1.100 millones son católicos, unos 350 son ortodoxos y el resto pertenecen a las Iglesia nacida de la Reforma Protestante, entre ellas, la Comunión Anglicana.
Continúa...
Esta realidad de separación y de división contradice abierta y escandalosamente la voluntad de Jesucristo, el fundador de la única Iglesia, perjudica la obra evangelizadora, resta credibilidad y dispersa fuerza. Es una situación que hay que superar. Es ineludible la unidad, la plena comunión de todos los discípulos de Jesucristo, que quiere todos seamos uno y que haya un solo Pastor y en un solo Rebaño.
La oración, uno de los seis caminos ecuménicos
Una de las iniciativas del ecumenismo es la semana de oración por la unidad de los cristianos, que surge a finales del siglo XVIII en Escocia. Desde 1908, la semana de oración por la unidad de los cristianos se celebra en todas las Iglesias entre los días 18 al 25 de enero. "Hace oír a los sordos y hablar a los mudos", en alusión obvia a Jesucristo, es su lema para este año 2007. La importancia de la oración ecuménica es reconocida universalmente. Es camino fecundo y privilegiado para lograr la meta de la unidad.
La oración por la unidad es, en efecto, uno de los seis caminos del ecumenismo enumerados por el Concilio Vaticano II, en su decreto "Unitatis redintegratio", uno de los documentos más emblemáticos de la última asamblea conciliar católica. Estos seis caminos del ecumenismo son: 1.- La reforma de la Iglesia. 2.- La conversión del corazón. 3.- La oración constante y unánime. 4.- El conocimiento mutuo de los hermanos. 5.- La formación ecuménica y 6.- La cooperación entre los hermanos cristianos.
Seis dimensiones esenciales del ecumenismo
Hoy día también se habla de dimensiones y aspectos del ecumenismo como los llamados ecumenismo del Pueblo de Dios, ecumenismo de la santidad y ecumenismo espiritual, ecumenismo apostólico, ecumenismo de la verdad y ecumenismo del amor.
El primero de ellos sería el más directamente relativo a la acción pastoral dentro de las propias comunidades. Se trata de suscitar en el pueblo cristiano la necesidad de orar, trabajar y servir la unidad de los cristianos. Si el pueblo no se sensibilizara y motivara en este sentido, la comunión plena podría ser papel mojado, como ya ocurrió en la primera mitad del siglo XV, tras la fallida unidad entre las Iglesia griegas y latina, decretada por el Concilio de Florencia y rechazada por el pueblo. Para fomentar el ecumenismo del Pueblo de Dios hay que intensificar la oración, el conocimiento mutuo, la formación y la cooperación intercristiana.
El ejemplo quizás más significativo del llamado ecumenismo de la santidad lo constituye hoy día el hermano Roger de Taizé, el fundador de la Comunidad Ecuménica Internacional de esta pequeña villa francesa. El ecumenismo de la santidad se logrará, ante todo, a través de la conversión del corazón y de la oración. En la base de la separación de los cristianos están los pecados de las distintas partes afectadas en estas rupturas. La separación de los cristianos es un pecado grave, que se ha de superar por la vía de la santidad. En el ecumenismo de la santidad se engloba y encuentra su más plena identificación el también llamado ecumenismo espiritual.
El ecuménico apostólico parte de la necesidad evangelizadora que debemos experimentar todos los cristianos para el mundo crea. El ecumenismo apostólico significa mostrar con palabras y con obras la verdadera imagen de Dios, relevada y encarnada en Jesucristo. El ecumenismo apostólico habrá de constatar cómo la actual separación es un obstáculo para la mayor eficacia de la acción evangelizadora, máxime en medio de un mundo como el nuestro que vive, particularmente en Occidente, bajo el estigma del neopaganismo, del relativismo y de la secularización. El ecumenismo apostólico viene ahora particularmente demandado ante la sociedad de la movilidad y de las migraciones, dos de las realidades que más poderosamente están configurando en la hora presente a la humanidad.
El ecumenismo de la verdad es una llamada a evitar la tentación fácil de sincretismo, del irenismo, del relativismo, que no culminarán la búsqueda ecuménica, sino, al contrario, la tergiversarán y desorientarán. Y es que en materia ecuménica, también la verdad nos hace libres y nos acerca a la unidad tan anhelada. El ecumenismo de la verdad supone el conocimiento mutuo de los hermanos y la formación ecuménica. El ecumenismo de la verdad no consiste en diluir la propia identidad, ni en atenuar -y mucho menos ocultar- la propia confesión de la fe, sino en potenciarlas desde la búsqueda de la voluntad de Jesucristo. Para vivir este aspecto, debemos recorrer el primero de los caminos ecuménicos propuesto por el Concilio Vaticano II: la reforma de la Iglesia para ésta sea cada vez más fiel a su único Señor y Salvador.
Por último, el ecumenismo del amor es como la síntesis y la suma de todas las dimensiones anteriores. "Desciende directamente del mandamiento que Jesús legó sus discípulos. El amor acompañado de gestos coherentes genera confianza y abre el corazón y los ojos. Por su propia naturaleza, el diálogo de la caridad fomenta y alumbra el diálogo de la verdad: y es que precisamente en la plena verdad tendrá lugar el encuentro definitivo al que conduce el Espíritu de Cristo", tal y como afirmaba recientemente el Papa Benedicto XVI. El ecumenismo del amor encuentra realizaciones en la cooperación práctica entre los cristianos, que, según afirma el Concilio Vaticano II, "expresa vivamente aquella conjunción por la cual están ya unidos entre sí y presenta bajo una luz más plena el rostro de Cristo siervo".
Una mirada a la actual situación ecuménica
En el mismo día -24 de abril de 2005- del comienzo de su ministerio apostólico petrino, el Papa Benedicto XVI señalaba la unidad de los cristianos como la verdadera prioridad de su servicio. Recientemente, Benedicto XVI retomaba y reasumía aquellas palabras suyas de "trabajar sin ahorrar energías en la reconstitución de la unidad plena y visible de todos los seguidores de Cristo" y las volvía a situar como "compromiso prioritario, ambición y acuciante deber".
En el último año y medio, hay muestras y signos inequívocos de avance ecuménico: las declaraciones conjuntas del Papa con el Patriarca de Constantinopla, con el Arzobispo de Canterbury y con el Arzobispo ortodoxo de Grecia, la reanudación de los trabajos de la Comisión Mixta Internacional ortodoxo-católica, la aceptación del Consejo Mundial Metodista de la declaración conjunta sobre la doctrina de la Justificación, un todavía reciente documento católico-anglicano sobre el papel de María, la preparación de la III Asamblea Ecuménica Europea de Iglesias, prevista para septiembre en la ciudad rumana de Sibiu... Y asimismo lo certifica la ya citada y creciente necesidad compartida de la urgencia evangelizadora ante la actual situación de secularización tan generalizada, máxime también en la actual sociedad de la movilidad y de las migraciones.
El diálogo ecuménico con las Iglesias de la ortodoxia es más fácil. Hay menos escollos; en la realidad, la distinta concepción del Primado papal es la única, grave y, a día de hoy, insalvable diferencia. Tampoco son excesivas las diferencias doctrinales con la Comunión Anglicana, si bien a ellas ahora se han añadido decisiones como el sacerdocio de la mujer y la legitimación de la homosexualidad, causa también de división dentro del mismo Anglicanismo. Hablar de protestantismo o luteranismo como si de una unidad compacta y homogénea se tratara es falso y precisamente en esta pluralidad, que deriva en atomización, radica razón añadida que dificulta aún más la unidad.
Con todo, las luces y con las sombras descritas, hemos de ser conscientes de que todavía queda mucho por recorrer. En cuarenta años -los que van desde el final del Concilio Vaticano II- se ha avanzado mucho más que durante los siglos precedentes desde las distintas rupturas y divisiones. El camino se ha hace al andar. Hay que seguir caminando, orando, dialogando, cooperando juntos, persuadidos de que la actual situación de división es inaceptable. La unidad no puede esperar. Y uno de sus caminos es la oración, a la que siempre y especialmente entre el 18 y el 25 de enero estamos convocados todos los cristianos.
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Rubén García
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10:02

Nació en Roccasecca, cerca de Aquino, Nápoles. El hijo menor de 12 hijos del Conde Landulf de Aquino. Sus primeros estudios fueron con los benedictinos en Montecassino, cerca del castillo de sus padres.
Continúa por cinco años en la Universidad de Nápoles. Allí supera a todos sus compañeros y se demuestra su portentosa inteligencia. Conoce a los Padres Dominicos (comunidad recién fundada) y entra con ellos pero su familia se opone. Trata de huir hacia Alemania, pero por el camino lo sorprenden sus hermanos, lo apresan en el castillo de Rocaseca por dos años. Aprovecha el tiempo en la cárcel estudiando la Biblia y la teología.
Continúa... Los hermanos, al ver que no logran convencerle contra su vocación, le envían a una mujer de mala vida para que lo haga pecar. Tomás la confronta con un tizón encendido y la amenaza con quemarle el rostro si se atreve a acercársele. La mujer huyó espantada.
Después de su liberación, Tomas fue enviado a Colonia, Alemania, donde estudió bajo el Padre Dominico San Alberto Magno. Los compañeros al, ver a Tomás tan robusto y silencioso, lo tomaron por tonto, por lo que le pusieron como apodo: "El buey mudo". Pero un día, uno de sus compañeros leyó los apuntes de este joven estudiante y se los presentó a San Alberto. Al leerlos, este les dijo a los estudiantes: "Ustedes lo llaman el buey mudo. Pero este buey llenará un día con sus mugidos el mundo entero". Mas aun que su sabiduría destacaba su devoción. Pasaba horas en oración y tenía un profundo amor a la Eucaristía.
Recibió el doctorado de teología en la Universidad de París y a los 27 años es maestro en París (1252-1260). En 1259 el Papa lo llama a Italia donde por siete años recorre el país predicando y enseñando. En Orvieto (1261-1264), en Roma (1265-1267), en Viterbo (1268), en París (1269-1271) y en Nápoles (1272-1274). Sus clases de teología y filosofía son las más concurridas de la Universidad. El rey San Luis lo estima tanto que lo consulta en todos los asuntos de importancia. En una ocasión, en la Universidad se traba una discusión acerca de la Eucaristía. Al no lograr ponerse de acuerdo, ambos bandos aceptan recurrir a Tomás para que diga la última palabra. Lo que él dice es aceptado por todos.
En 4 años escribe su obra más famosa: "La Suma Teológica", obra maestra de 14 tomos. Fundamentándose en la Sagrada Escritura, la filosofía, la teología y la doctrina de los santos, explica todas las enseñanzas católicas. La importancia de esta obra es enorme. El Concilio de Trento contaba con tres libros de consulta principal: la Sagrada Biblia, los Decretos de los Papas, y la Suma Teológica de Santo Tomás.
Santo Tomás logró introducir la filosofía de Aristóteles en las universidades.
Su humildad: Según el santo, el aprendió más arrodillándose delante del crucifijo que en la lectura de los libros. Su secretario Reginaldo afirmaba que la admirable ciencia de Santo Tomás provenía más de sus oraciones que de su ingenio. Aun en las más acaloradas discusiones exponía sus ideas con gran respeto y total calma; jamás se dejó llevar por la cólera aunque los adversarios lo ofendieran fuertemente. Su lema en el trato era: "Tratad a los demás como deseáis que los demás os traten a vosotros".
Amor a la Eucaristía
El Papa le encargó que escribiera los himnos para la Fiesta Corpus Christi. Así compuso el Pangelingua y el Tantumergo y varios otros cantos Eucarísticos clásicos.
Habiendo escrito Tomás bellos tratados acerca de Jesús Eucarístico, Jesús le dijo en visión: "Tomás, has hablado bien de Mi. ¿Qué quieres a cambio?". Respondió Tomás: "Señor: lo único que yo quiero es amarte, amarte mucho, y agradarte cada vez más".
Su devoción por la Virgen María era muy grande. En el margen de sus cuadernos escribía: "Dios te salve María". Compuso un tratado acerca del Ave María.
Final
El Sumo Pontífice lo envió al Concilio de Lyon, pero enfermó cerca de Roma y lo recibieron en el monasterio cisterciense de Fosanova. Cuando le llevaron por última vez la Sagrada Comunión exclamó: "Ahora te recibo a Ti mi Jesús, que pagaste con tu sangre el precio de la redención de mi alma. Todas las enseñanzas que escribí manifiestan mi fe en Jesucristo y mi amor por la Santa Iglesia Católica, de quien me profeso hijo obediente". Allí murió el 7 de marzo de 1274 a la edad de 49 años. Sus restos fueron llevados solemnemente a la Catedral de Tolouse un 28 de enero, fecha en la que se celebra su fiesta.
Canonizado en 1323, declarado Doctor de la Iglesia en 1567 y patrón de las universidades católicas y centros de estudio en 1880.
Tomado de www.corazones.org
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10:49
La filosofía de Maurice Blondel puede considerarse, como las del espíritu Agustiniano – platónico, un "itinerario de la mente hacia Dios" según las exigencias fundamentales del hombre, pero es un itinerario nuevo, que ha contribuido, sobre todo a principios de nuestro siglo, a rejuvenecer la cultura católica en Francia en los ambientes eclesiásticos y también laicos, a renovar los esquemas escolásticos, a hacer repensar el tomismo, a promover estudios e investigaciones sobre la filosofía del cristianismo y de la historia de la filosofía que van desde los de los hermanos Auguste y Roberto Valensin a los otros teoréticos de Jacques Paliard, J. Chaix – Ruy, M Nédoncelle, H. Duméry, etc.
Puedes adentrarte en la biografía y obra de este autor pinchando en los comentarios.
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Domingo García
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20:08

Concluímos hoy la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Pero nuestro compromiso con la unidad de la Iglesia no cesa. Tampoco en el ámbito teológico. Para los que podéis leer en varios idiomas, ofrezco enlaces a dos tesis doctorales realizadas en la Universidad de Friburgo. Es de advertir que son ficheros PDF muy pesados, por lo que lo mejor es pulsar el enlace con el botón derecho del ratón y seleccionar "Guardar como".
La primera tesis tiene el título "
Local Church and Church Universal: Towards a Convergence between East and West". Su autor, Joseph G. Aryankalayil, pertenece a la
Sociedad Misionera de Sto. Tomás Apóstol (de la iglesia
Siro Malabar de la India, iglesia oriental católica). En su estudio, compara la eclesiología de dos importantes teológos del siglo XX: el ortodoxo ruso N. Afanasiev y el católico franco-canadiense J. M.-R. Tillard OP, atendiendo a la relación que establecen entre iglesia local e iglesia universal.
Descargar la tesisLa segunda tesis, también de tema ecuménico, es "
L’Eglise comme Communion – Vers une ecclesiologie commune a l’age de l’oecumenisme". Redactada por Andrzej Choromanski, que al parecer es sacerdote de la diócesis de Lomza (Polonia), aborda tres estudios de eclesiología ecuménica: 1) el concepto de
koinonia; 2) la Iglesia como comunión en los documentos del Consejo Mundial de Iglesias y de Fe y Constitución; 3) la Iglesia como comunión en perspectiva católica (especialmente en el Vaticano II).
Descargar la tesisHe tenido conocimiento de la primera tesis por el blog
Cathedra Unitatis.
Espero que os sirva.
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Rubén García
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21:30

Un estudio de hace unos años, realizado por Ermenegildo Spaziante, miembro de la Sociedad Italiana de Bioética y publicado por la Universitá Cattolica del Sacro Cuore de Roma, fijaba en 38.896.000 el número anual de abortos en el mundo (casi 110.000 diarios). Ahora estas cifras han aumentado significativamente. Por poco sensibilizado que esté uno hacia el tema, no puede negarse que se trata de un hecho sin igual en la historia de la especie humana y adquiere tintes de genocidio universal. Por ello, debe evitar acometerse con puntos de vista estrechos y reduccionistas, que dejen el tema envuelto en brumas parciales
Continúa...
Y es que el problema del aborto en el mundo, por más que así se nos presente por quienes lo defienden, excede con mucho el problema de la liberación de la mujer: los fetos desechados pertenecen a ambos sexos –más aún, suele tenderse, al menos en el tercer mundo, a que pertenezcan mayoritariamente al género femenino-; como tampoco cabe, en sana lógica, situar una matanza de esta magnitud en el terreno de la revolución sexual, que se nos aparecería como desproporcionadamente cara por grandes que pudieran ser sus beneficios presentes y futuros. Por eso, consciente de la dificultad de ligar el tema a una dinámica puramente ideológica, todo el orquestado discurso proabortista ha tendido a presentar el tema desde una óptica individual y hasta casuística, buscando propiciar en el ciudadano la sensación de que se trata de un “problema de conciencia” en el que no tiene arte ni parte nadie sino la mujer afectada. No es así, sin embargo; y no hablo aquí de entrar en polémica sobre si el feto es ya un ser humano o no lo es; ni si el varón tiene derecho alguno a intervenir; ni si lo tiene la Iglesia, o la sociedad. El aborto, a nivel mundial, es, por encima de todo, un acto de imperialismo brutal a cuenta de los países ricos sobre los pobres. Y esto, que puede sonar a demagógico, no lo es en absoluto.
El meollo de toda la política antinatalista del mundo desarrollado sobre el subdesarrollado tiene su punto de origen en el problema de la competencia por mano de obra barata y en el fenómeno de la inmigración. Vayamos al segundo: es un hecho que, cada año desde hace treinta, un millón de inmigrantes del sur se instala en el norte. Lo es también que el norte no sabe ya cómo convencer al sur de que la causa de su pobreza es su sobredimensionado crecimiento demográfico. Y parece lógica esta dificultad: ¿no es verdad que la densidad de población de, por ejemplo, Japón (325 habitantes por Km2, y 23.000 dólares anuales de renta per cápita), sobrepasa con creces la de la mayoría de los países que se consideran “pobres” (como Tanzania, que con 25 habitantes por Km2, sólo alcanza los 130 dólares de renta per cápita)?. Cualquier persona medianamente informada –los países del Tercer Mundo son pobres, pero no tontos- sabe que una adecuada revolución demográfica es un factor esencial para cualquier proceso de promoción y expansión industrial de primera fase; más población es también más mano de obra –lo que la hace más barata-, y más mercado interior, elementos esenciales ambos para consolidar una mínima infraestructura industrial capaz de abrirse posteriormente a la competencia exterior. Europa, desde luego, tuvo su propia revolución demográfica, desde la inglesa, inaugurada a principios del siglo XIX, a la española, concluida en los años sesenta de nuestro siglo. Recordemos cómo, ya en el siglo XVII y XVIII, nuestros novatores e ilustrados supieron ver en la despoblación que entonces aquejaba a la península una de las causas de la decadencia nacional. Pero también es fácil colegir –y comprobar históricamente- que los beneficios de una expansión demográfica concluyen, e incluso comienzan a revertir negativamente, en el momento en que se alcanza un punto de saturación, si ésta no viene acompañada de un cualitativo empujón tecnológico. Europa solventó este problema mediante la emigración: chorros de europeos invadieron durante siglo y medio los continentes vecinos (África, América) y no tan vecinos (Oceanía, Extremo Oriente) hasta descongestionar sus respectivas poblaciones incluso a costa de sustituir a las poblaciones autóctonas en sus lugares de destino. En 1895, sir Cecil Rhodes afirmaba en el Parlamento británico que “para salvar los 40 millones del Reino Unido de una guerra civil funesta, nosotros, los políticos coloniales, hemos de tomar posesión de nuevos territorios para colocar en ellos el exceso de población, para encontrar nuevos mercados en los que vender los productos de nuestras fábricas y de nuestras minas”. A la vista de esto, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que una parte del Tercer Mundo pagó con la extinción el progreso del hombre blanco. Pues bien: el mundo en vías de desarrollo lleva veinte años necesitando del mismo modo, y con la misma urgencia, una descongestión demográfica que le arranque de la miseria y le aparte del peligro –ya peligrosamente constatable- de la guerra civil. El problema está en que, en ese camino, no ha hecho más que tropezar con el primer mundo, que sólo le ofrece parches, pero no soluciones efectivas. En la Conferencia de la Población de El Cairo, de 1994, por ejemplo, los países desarrollados se negaron repetidamente a ampliar sus cuotas de inmigración y a abrir las barreras aduaneras a la importación de productos del sur, tal como pedían los países pobres. En cambio, sí que supieron ofrecer notabilísimas ayudas encaminadas a la “planificación familiar” y, muy especialmente, al aborto. Resulta bien significativo que el presidente Billy Clinton, que no ha tenido empacho en negar al aborto, en su propio país, la cualificación de “método de planificación familiar”, impidiendo así que sea subvencionado con fondos federales, lo proponga en cambio como tal para el Tercer Mundo. Ya en la Conferencia de Población de Méjico (1984) el mundo rico intentó incluir el aborto en los países en desarrollo como “método de planificación familiar”, siendo rechazada la propuesta. En la de El Cairo se insistiría en las mismas pretensiones, fijando incluso un límite para la población del planeta, en 7.270 millones. El promotor de esta “luminosa” idea no es otro que el “Fondo para la Población de la Naciones Unidas”, fundación creada a iniciativa de los Estados Unidos para camuflar sus intereses en las campañas contra la natalidad para el Tercer Mundo.
No es, como digo, demagogia mencionar los intereses que el gigante capitalista tiene a la hora de frenar la expansión demográfica de los países en desarrollo: el mismo Juan Pablo II así lo afirmó en su rotunda y reveladora encíclica Evangelium Vitae, del año 1995, cuando decía que “estamos en realidad ante una objetiva ‘conjura contra la vida’, que ve implicadas incluso a instituciones internacionales”. Como muestra, un botón: el 16 de marzo de 1994, poco antes de la Conferencia de El Cairo, el departamento de Estado norteamericano ordenó a sus embajadas que insistieran a sus gobiernos anfitriones en que los Estados Unidos consideraban el acceso al aborto voluntario un derecho fundamental de todas las mujeres, y, a comienzos del segundo mandato de Clinton, en febrero de 1997, el Congreso de los Estados Unidos aprobó una ley presupuestaria de 385 millones de dólares (53.900 millones de pesetas) destinados a la planificación familiar y al aborto en el Tercer Mundo. Simultáneamente, era rechazada una moción del congresista pro-vida Chris Smith que, aludiendo a lo que llamó “imperialismo demográfico”, ofrecía aumentar la partida hasta 713 millones siempre que del programa antinatalista fuera explícitamente excluido el fomento del aborto. Obviamente, las intenciones del presidente Clinton y de sus compañeros de viaje no pasaban por esa exclusión. La razón la dio explícitamente la entonces nueva secretaria de Estado, Madeleine Albrigth, alegando que el control de nacimientos en el Tercer Mundo es pieza fundamental de su política de promoción de los intereses norteamericanos. Algunos otros congresistas supieron ser algo más explícitos y aludieron a necesidad de reducir la competencia por mano de obra barata en el mercado internacional (ABC, 16-2-97). Pero no se crea que este planteamiento estratégico-defensivo proviene de estos últimos años, o está únicamente representado por Clinton; tiene su origen, más bien, en el famoso “Documento 2000” del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, aprobado el 10 de diciembre de 1974 por el presidente Gerald Ford, documento, como es obvio a tenor de la dureza de su contenido, originariamente secreto, y sin embargo desvelado en 1990 gracias a las presiones de algunos historiadores que supieron invocar con éxito las leyes de secretos oficiales. El documento, textualmente, afirma en algunos de sus apartados:
Punto 19: Los actuales factores de población en los países menos desarrollados suponen un riesgo político e incluso problemas de seguridad nacional para los Estados Unidos”.
Punto 30: Los países con interés político y estratégico especial para los Estados Unidos son India, Bangla Desh, Pakistán, Nigeria, México, Indonesia, Brasil, Filipinas, Tailandia, Egipto, Turquía, Etiopía y Colombia (...) El presidente y el secretario de Estado deben tratar específicamente del control de la población mundial como un asunto de la máxima importancia en sus contactos regulares con jefes de otros gobiernos, particularmente de países en desarrollo”.
Punto 33: Debemos tener cuidado de que nuestras actividades no den a los países en desarrollo la apariencia de políticas de un país industrializado contra países en desarrollo. Hay que asegurar su apoyo en este terreno. Los líderes del Tercer Mundo deben figurar a la cabeza y recibir el aplauso por los programas eficaces”.
Punto 34: Para tranquilizar a otros respecto de nuestras intenciones, debemos hacer énfasis en el derecho de los individuos y las parejas a decidir libre y responsablemente el número y el espaciamiento de sus hijos, el derecho a recibir la información, educación y nuestro continuo interés en mejorar el bienestar de todo el mundo. Debemos utilizar la autoridad del Plan Mundial de Población de las Naciones Unidas”.
No sabemos si tendrá que ver con aquellas áreas de interés estratégico el hecho de que la primera conferencia de población se celebrase en Méjico, y la segunda en Egipto. Pero sí podemos constatar que el Fondo para la Población de las Naciones Unidas es una de las pocas oficinas de la O.N.U. que ve crecer sus presupuestos cada año, financiados en un 50 % por los Estados Unidos, y el resto por otros países del Primer Mundo. En 1994, por ejemplo, contaba con 246 millones de dólares, más otros 1.000 millones en programas destinados expresamente a frenar la natalidad de los países pobres. Sus actividades se centran en la esterilización, anticoncepción y aborto en el mundo en desarrollo. Con todo, su más rutilante actuación en los últimos tiempos, ha sido la convocatoria de la polémica Conferencia de El Cairo, encaminada en un primer momento a conseguir que los países destinatarios de los programas antinatalistas contribuyesen económicamente al sostenimiento de éstos.
Claro, que no es el Fondo de Población la única institución con que juegan los intereses estratégicos de los Estados Unidos: una gran parte de los 385 millones de dólares (al cambio, muchos millones de pesetas) que el Congreso norteamericano dedicó en febrero del 97 a la planificación familiar en el Tercer Mundo, habrían de ser encauzados a través de la International Planet Parenthood Federation (I.P.P.F.), una multinacional del aborto fundada a principios de este siglo en Estados Unidos (Brooklin, 1916) por Margaret Sanger a partir de una clínica abortiva. La I.P.P.F., por otro lado, tuvo mucho que ver con la redacción del documento propuesto –y afortunadamente rechazado- en El Cairo: el 31 de marzo de 1994, por ejemplo, I.P.P.F. se jactaba públicamente de que su presidente, Fred Sai, lo era a su vez de la tercera conferencia preparatoria, y de que la delegada de la organización abortista para el hemisferio occidental, Billie Miller, presidía el grupo de O.N.Gs y el comité de planificación. No decía, aunque era de dominio público, que Nafis Sadik, directora por entonces del Fondo para la Población de las Naciones Unidas, había trabajado con anterioridad para la I.P.P.F., lo mismo que el secretario de Estado adjunto para Cuestiones Globales de los Estados Unidos, antiguo director de la I.P.P.F. en Denver. Junto a esa verdadera “multinacional de la muerte”, hay que citar también la Fundación Ford, la Fundación Rockefeller, el Alan Guttmacher Institute, que depende del I.P.P.F., o el Population Council, financiado por el gobierno norteamericano. Pero quizá el más importante instrumento de presión del “lobby” antinatalista sea el Banco Mundial, con su política dirigida a condicionar los créditos a los países pobres al grado de cumplimiento de las directrices marcadas por el Fondo para la Población de las Naciones Unidas. Recordemos que la deuda externa es uno de los más dolorosos cánceres del Tercer Mundo. Mozambique, por ejemplo, tuvo que desembolsar en 1996, por este concepto, el doble de lo que dedicó a educación y salud. Y no caigamos en la trampa –claramente racista- de culpar del desastre a una nunca demostrada “incapacidad” de esos países para valerse por sí solos o para escapar de la corrupción política. Tengamos en cuenta que durante los años ochenta, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, los tipos de interés para los países pobres fueron en conjunto cuatro veces más elevados que para los países ricos. Del mismo modo, conviene no olvidar que el problema de la deuda externa tiene orígenes relativamente cercanos, pues se remonta a la crisis del petróleo de 1973. En esas fechas, los grandes bancos mundiales vieron crecer sus fondos por las imposiciones provenientes de los países de la O.P.E.P., que habían acrecentado sobremanera sus ingresos después de cuadruplicar el precio del petróleo, y se lanzaron desaforadamente a una arriesgada política de préstamos sobre los países en desarrollo. Como es natural, éstos recibieron ávidos esta inopinada lluvia de millones que, en muchos casos, no fueron a parar al objetivo para el que habían sido solicitado. Por otra parte, y al mismo tiempo, el aumento del precio del crudo provocaba en el mundo industrializado un galopante proceso inflacionario de difícil solución sino con medidas radicales. En 1979, el gigante norteamericano se vería obligado a un duro ajuste monetario, que fue inmediatamente seguido por todos los otros países del bloque industrializado. La consecuencia para el Tercer Mundo, que vivía de sus exportaciones, no se hizo esperar: en breve plazo, aquellos países que habían contraído deudas a tipos de interés variable –que eran, lógicamente, casi todos- vieron cómo los intereses de sus préstamos se multiplicaban. Las más de las veces la deuda se convertía en un peso insalvable: los pagos anuales, efectuados con notables sacrificios por los deudores, no alcanzaban a cubrir ni siquiera el montante de los intereses. En 1996, por ejemplo, la deuda externa acumulada por Zambia duplicaba su P.N.B. Ese mismo año, el mundo en desarrollo debía al primer mundo globalmente el doble que diez años antes, sólo en calidad de acumulación de intereses impagados.
Así las cosas, no es posible ignorar el funcionamiento interno por el que se rige la actividad del anteriormente mencionado Banco Mundial. Nacido, como el Fondo Monetario Internacional (F.M.I.), en julio de 1944 en Bretton Woods (EE.UU.), representó en su momento el deseo de diseñar las directrices económicas de un mundo que ya preveía la victoria en la Segunda Guerra Mundial, y anhelaba extender y globalizar su capitalismo a escala planetaria. No cabe duda de que sus objetivos están cerca de cumplirse, si es que no lo han hecho ya. A finales de 1991 la revista The Economist y el New York Times sacaron a la luz un memorándum interno del Banco Mundial según el cual esta institución debía estimular la instalación en el Tercer Mundo de las industrias más sucias, por varias razones: la misma lógica económica, que invita a alejar de la propia casa los residuos, los bajos niveles de contaminación de esos países, a causa de su menor densidad de población, y la escasa incidencia del cáncer sobre grupos de gente cuya esperanza de vida es de por sí pequeña. ¿Puede extrañar a alguien, pues, que el primer mundo necesite perpetuar el déficit poblacional del mundo en desarrollo? Es preciso señalar que, en las decisiones del F.M.I., los Estados Unidos cuentan con un 17’80 % de los votos, y el mundo desarrollado en conjunto (unos quince países, de un total de poco más de ciento setenta y cinco), el 55 %. El porcentaje, por supuesto en un sistema cuya base es el dinero, viene determinado por las aportaciones económicas al Fondo, lo que deja fuera de juego a los países menos desarrollados. Por ejemplo, el grupo formado por Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay, Perú y Uruguay no suma más del 2’15 % de los votos.
El demógrafo Karl Zinsmeister ya demostró en 1994, en sendos artículos publicados por las revistas norteamericanas The National Interest y Population Research Institute Review, que el problema demográfico no existe en cuanto tal, sino como consecuencia de una injusta distribución de la riqueza. La misma División de la Población de la Naciones Unidas, organismo estadístico sin capacidad ejecutiva y por ello, hasta la fecha, libre de la infiltración estratégica de los países ricos, aseguró en 1994, en su documento anual “Perspectivas de la población mundial”, que el famoso “peligro demográfico” es cada vez menor, y que, por encima de pesimismos más o menos interesados, el crecimiento demográfico del planeta se está estabilizando. En 1960, la previsión mundial de población para el año 2000, era de casi 10.000 millones; a pocos meses del nuevo milenio, hay que revisar esa cifra notablemente a la baja. Y la razón, desde luego, no es la actividad antinatalista del F.P.N.U., sino la misma lógica demográfica, que determina que, a mayor nivel de vida, se corresponde un descenso en la cantidad del número de hijos por pareja. Por otro lado, no conviene magnificar desmesuradamente la triste situación económica del mundo. Hace sólo treinta años, el 80 % de la población de los países en vías de desarrollo vivían bajo el triste umbral de las 2.000 calorías per cápita, y en esos mismos países sólo un 2 % superaba las 2.700. Hoy no llega al 8’5 % la cantidad de población en vías de desarrollo que no alcanza el umbral mínimo, y supera el 15 % la que sobrepasa el de las 2.700 calorías. En este tiempo, y mientras la población mundial se duplicaba, el suministro medio de calorías per cápita del planeta pasaba de 1.950 a 2.475. En la actualidad existe, por ejemplo, un 60 % más de cereales disponibles por persona que en 1960. La F.A.O., en 1994, determinó que, de 1950 hasta ese año, la producción mundial de cereales se había multiplicado por tres, mientras la población sólo se había duplicado. Y, en 1996, durante la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, este organismo internacional reveló que desde 1970 en los 55 países más pobres de la tierra la esperanza de vida se había disparado. En Tanzania, por ejemplo, ha pasado de los 41 a los 52 años; en Etiopía, de los 37 a los 47, y en Sudán, de los 40 a los 53. El catastrofismo, en todo caso, no es de hoy: ya en el siglo II después de Cristo, Tertuliano se quejaba de que el mundo no podía soportar más carga demográfica. De entonces ahora, algo ha llovido, y algo hemos avanzado. La realidad histórica demuestra que la capacidad de la técnica humana permite ampliar el ecúmene hasta límites insospechados. Roger Revelle, que fue director del Harvard Center for Population Studies, ha llegado a afirmar que las capacidades tecnológicas actuales, bien aplicadas, permitirían alimentar a 40.000 millones de personas en el mundo. Un buen ejemplo de esto es lo que se llamó la “revolución verde”, llevada a cabo por el doctor M.S. Swaminathan en la India a partir de un arroz de laboratorio, el I.R. 36, capaz de un rápido crecimiento y de una fuerte resistencia a las plagas y enfermedades, que permitió al país asiático, entre 1967 y 1987, multiplicar su producción de cereal por habitante en un período en que su población había crecido en 100 millones, e incluso acumular un stock de 50 millones de toneladas y convertirse, desde 1980, en país exportador. Por otra parte, la superficie cultivada es susceptible de aumentar: en China, por ejemplo, donde la política antinatalista se ha ejercido de la forma más brutal y donde su fracaso ha sido más evidente, la superficie apta para el cultivo de secano y no utilizada es de 2.500 millones de hectáreas, tres veces más que la que se dedica a la explotación. Lo mismo ocurre con el problema de la desertización. La F.A.O. ha prevenido frecuentemente contra la poca credibilidad de los mecanismos que se utilizan para evaluar la irrecuperabilidad de las tierras, y hay casos que desmienten muchas de estas clasificaciones, como el programa agrícola que devolvió la fertilidad a algunas zonas de Kenia, y que logró demostrar que una tierra clasificada como no restaurable puede dejar de serlo con sólo aplicar en ella la tecnología y los incentivos adecuados. Para qué hablar de las experiencias israelíes.
El problema, en cualquier caso, no es demográfico, sino de reparto. Aunque los países pobres son cada día, en efecto, menos pobres, los ricos son más ricos, de modo que las diferencias se acrecientan. En el año 1800, el P.N.B. por habitante era de 200 dólares entre los países del norte, y de 206 en los del sur. En 1900, ya el norte dispone de 528 dólares de P.N.B. por habitante, y el sur sólo de 179. A la altura de 1987, la diferencia es escandalosa: el norte disfruta de un P.N.B. medio por habitante de 14.430 dólares, y el sur sólo de 700. No cabe la menor duda de que, objetivamente, el sur ha mejorado en este tiempo; pero la pobreza es tanto más evidente, y se hace más injusta, cuando se la coteja con el lujo. Baste señalar que los Estados Unidos, por sí solos, podrían alimentar adecuadamente a los 6.000 millones de habitantes que viven hoy sobre la Tierra (un solo niño norteamericano consume anualmente lo que 422 etíopes), y que sólo poniendo en juego un 10 % de los stocks del mundo desarrollado, podría acabarse con los problemas de malnutrición del Tercer Mundo. Cada occidental consume y, en consecuencia, ensucia cuatro veces más que cada habitante del Tercer Mundo. Es significativo que la riqueza de 225 personas en el mundo equivalga a la de la mitad de la Humanidad, y que las tres personas más ricas del mundo (entre ellas Bill Gates) superen en conjunto el presupuesto de los 48 países más pobres, según denunció en septiembre de 1998 el director regional del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo de América Latina y el Caribe, Alfonso Zumbado, en su Informe Anual de Desarrollo Humano. Mientras un 20 % de la población del Planeta vive aún por debajo de lo que se considera el umbral de la pobreza, el mundo rico se gasta anualmente en el cuidado y manutención de sus animales domésticos un montante de 17.000 millones de dólares, más otros 12.000 en perfumes y cosméticos. Claro que estas cifras cobran su verdadera dimensión cuando se sabe que serían suficientes 13.000 millones de dólares para lograr que todos los seres humanos tuvieran acceso a unos mínimos servicios de salud. Baste conocer, en suma, que el 40 % de la humanidad ha de valerse con tan sólo el 3’3 % de los recursos, mientras el 20 % del planeta consume el 82’7 % y, lo que es más escandaloso, produce simultáneamente el 80 % de la contaminación. A este respecto, no deja de resultar curioso que sean precisamente los países industrializados –es decir: aquéllos que contaminan en mayor medida- quienes abanderen el movimiento de la ecología como dogma ético de la globalidad mundialista, conminando a los países del Tercer Mundo a conservar vírgenes sus bosques y selvas (los “pulmones del planeta”) aunque ello les suponga a medio plazo el estancamiento económico. Curioso -y hasta cínico-, cuando comprobamos, como ha sucedido hace poco en la cumbre de Kioto, que el llamado “primer mundo” no está dispuesto a reducir su carrera hacia la opulencia ni siquiera ante la posibilidad más que probable de dejar la biosfera hecha unos zorros. Sin duda, es más fácil pedir al mendigo que limpie el basurero global mientras nosotros lo llenamos; en suma: que siga siendo pobre, para que podamos nosotros seguir siendo ricos. No podemos evadirnos de nuestra responsabilidad; y nótese que al utilizar la primera persona del plural incluyo en ese capítulo también a España, como parte del mundo rico. Debemos ser conscientes de que una parte –no me atrevo a asegurar que pequeña- de nuestra riqueza es espuria, sustraída al esfuerzo universal de la Humanidad gracias a una privilegiada –y no siempre honestamente conquistada- posición en la parrilla de salida.
Está claro que la solución no puede pasar por pedir a los países pobres que lo sigan siendo y abandonen sus expectativas de industrializarse, mientras el mundo “rico” continúa contaminando y disfrutando de los mismos niveles de producción y consumo que hasta ahora. La única solución ha de ser, fundamentalmente, asumir la interdependencia como un reto de futuro y como un compromiso moral, y no sólo como paisaje-escenario para el enriquecimiento rápido y para la explotación. El mundialismo económico, si ha de serlo, tendrá que reportar a sus protagonistas no sólo beneficios, sino también responsabilidades. Para ello, se haría preciso que los países ricos asumieran su parte alícuota de sacrificio sin reservas. Y ello, no sólo por un elemental deber de justicia (se calcula que por cada dólar que el mundo desarrollado invierte en el Tercer Mundo, recupera cuatro), sino también –para el caso en que lo anterior no fuera suficiente-, que tendría que serlo- como único modo verdaderamente eficaz de evitar el previsible big bang migratorio que se avecina y ya se apunta. El camino para ello, aunque suene a paradójico, pasa por la eliminación, o en su defecto por la ampliación, de las cuotas de inmigración en los países ricos y la desaparición de sus barreras aduaneras proteccionistas a las importaciones provenientes del mundo en vías de desarrollo. Sin olvidar la urgente condonación de al menos una parte de su deuda externa. Con ello, sin duda, se conseguiría a medio plazo una mínima descongestión demográfica y económica en esos lugares y, en un período más largo, seguramente una tendencia a un cierto grado de igualación en el nivel de vida de todos los habitantes del Planeta. A cambio, el primer mundo ganaría algunos siglos de paz. Claro, que tales medidas supondrían algunos notables sacrificios, tales como la inmediata caída de los salarios y la reducción en gran medida del bienestar individual y social, con la consiguiente pérdida de votos y de influencia de partidos políticos y sindicatos, cosa que, por otra parte, se me aparece precisamente como una de las causas de que sea hoy por hoy tan difícil poner en marcha un verdadero programa de estabilización económica mundial. Aunque hay otras, mucho más importantes y decisivas, y menos explicitables: el primer mundo, convencido en gran medida de su superioridad biológica como WASP (White, anglo-saxon and protestant), ha ido viendo cómo, en las últimas décadas, perdía puntos porcentuales en los patrones demográficos (mientras el total de los países “ricos” crecía, entre 1950 y 1990, de 832 millones a 1.207, los países “pobres” lo hacían de 1.684 a 4.086), lo que ofrece al Tercer Mundo unas posibilidades de futuro hasta ahora difícilmente alcanzables en el marco geopolítico. Es evidente que el siglo XXI no es, sin duda, el de la raza blanca: si en la O.N.U. los distintos países estuvieran representados democráticamente en función de su número de habitantes, los Estados Unidos contarían con cinco veces menos votos que la India, y con seis veces menos que China. Un hipotético –pero no imposible- cambio de reglas del juego político internacional supondría, pues, una verdadera revolución copernicana en el escenario geo-estratégico. Lo cierto es que el mundo “rico” anhela mantener su status y su ritmo de vida sin perder, además, la hegemonía política. Por eso necesita detener con urgencia el crecimiento demográfico de los países en vías de desarrollo, y, para ello, trata de convencer a éste de que su pobreza se debe a su exceso de población, mientras restringe las cuotas de inmigración y fortifica su proteccionismo. Es significativo, en este sentido, el formidable atasco en que los intereses egoístas de las superpotencias económicas tuvieron sumida a la llamada “Ronda de Uruguay”, desde 1986 y durante casi diez años, hasta la firma del G.A.T.T. Los países en desarrollo, por el contrario, alegan que su pobreza se debe a la carencia de medios para mejorar su productividad, y que tal carencia se hace insalvable ante su continua discriminación en los intercambios internacionales y las barreras aduaneras a sus productos en los países ricos. Señalemos al respecto que el precio de las materias primas –principal fuente de ingresos del Tercer Mundo- sigue una carrera “convenientemente” descendente en el mercado mundial, lo que resta a los países en vías de desarrollo la capacidad efectiva de acumular divisas. Crece así el déficit de su balanza de pagos corriente, que en 1991 era de 100.000 millones de dólares, y, con él, su deuda externa, arma fundamental que el mundo “rico” utiliza para su política antinatalista. Lo que los países “pobres” piden no es otra cosa que juego limpio en las relaciones económicas internacionales. Y también que el Banco Mundial y el FMI dejen de condicionar sus créditos al cumplimiento de los programas demográficos del F.P.N.U. En lugar de eso, se les fuerza a un durísimo –yo diría que inhumano- corsé demográfico, mientras se palian sus hambrunas y sus crisis con bondadosos envíos de ayuda humanitaria, ciertamente útiles en primera instancia frente a la urgencia de la muerte, pero que, al final, sólo sirven para que los beneficiarios se acostumbren a depender del exterior y pierdan el interés por su propia producción, sometida a una competencia desleal desde el punto y hora en que el suministro humanitario es de carácter gratuito. Lo que los países en desarrollo necesitan no es tanto una ayuda permanente, y menos aún una grosera e interesada presión sobre sus hábitos demográficos, sino tecnología y comercio, y sobre todo una válvula de escape para sus excedentes de población. Con razón, los países suramericanos supieron responder en El Cairo a las pretensiones de Estados Unidos, el Banco Mundial y el F.P.N.U., afirmando que el alarmismo apocalíptico de los países ricos sólo responde a una concepción pesimista –y seguramente protestante- de la existencia, que no acaba de comprender que el ser humano no sólo dispone de una boca para comer, sino de una mente para pensar y de unos brazos para trabajar. Yo añadiría que responde también a una inconfesada falta de fe en la capacidad de la civilización occidental para absorber, y occidentalizar también, los aportes culturales que recibe y que espera recibir. Claro que una sociedad que no confía en la capacidad de su propio bagaje espiritual para atraer y convencer al recién llegado, no merece sino desaparecer. Los españoles, y los mediterráneos en general, que sabemos algo de mestizaje biológico y cultural porque hemos sabido enriquecernos con él y también exportarlo a lo largo de la Historia, deberíamos ser un buen referente para atender a las nuevas necesidades a que obliga el fenómeno de la inmigración. Más aún: tendremos que serlo, de grado o por fuerza, pues nadie puede poner vallas al campo, y seguramente sea imposible frenar el curso natural de las pateras. Aprendamos, pues, a manifestar sobre el recién llegado aquel proverbial sentido hispánico de la hospitalidad, y reforcemos, a la vez, los pilares sobre los que se asienta nuestra civilización, no sólo para no perderla en el marasmo étnico que se nos viene encima, sino porque seguramente descansen precisamente ahí los los mecanismos del más hondo, eficaz e indoloro mestizaje. Por más que el ario se empeñe en ignorarlo.
Autor: Miguel Argaya Roca- Fecha: 2007-01-23
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21:20

A través del padre
André Buchmann se nos ofrece la posibilidad de adquirir la estupenda colección Storia della Teologia a un precio inmejorable. Se trata de los tres tomos de esta obra en italiano editada por la Dehoniana y que recorre los principales hitos de la Teología y sus autores desde la antigüedad hasta el Concilio Vaticano II.
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1°. Volume: Dalle origini a Bernardo di Chiaravalle (a cura di Enrico dal Covolo), 541 pagg.
2°. Volume: Da Pietro Abelardo a Roberto Bellarmino ( a cura di Giuseppe Occhipinti), 693 pagg.
3°. Volume: Da Vitus Pichler a Henri de Lubac (a cura di Rino Fisichella), 843 pagg.
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Actualizado: Don André ha llamado ya para decir que se han agotado las existencias.
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Los post que más éxito han tenido entre los lectores del blog son los referidos a recursos de idiomas: diccionarios, gramáticas y traductores. Hace un tiempo prometí una entrada con una recopilación de estos instrumentos en la red y se me han adelantado. En la
Asociación de empresas de traducción, quién mejor que ellos, acaban de publicar una de las mejores recopilaciones que he visto. Aquí les dejo la parrilla principal y si quieren consultar todos los recursos disponibles, aquí va la
dirección principal.
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6:06
Por Alvaro Pereira
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El ser humano no se conforma con la muerte. Nunca se ha conformado. Lo mejor humano se alza buscando una respuesta ante la “postrera sombra”. El hombre estima una aberración la separación de los que queremos. Incluso los humanos más execrables han recibido como bálsamo de esperanza las lágrimas de sus madres. Es uno de los universales de la naturaleza humana y, por tanto, uno de los lugares desde los que partir en la reflexión teológica. Ofrezco tres poemitas y una cita bíblica, en los que esta confrontación entre el amor y la muerte deslumbran por su evidencia. Acaso sea un buen instrumento propedéutico para comenzar a pensar sobre cómo y quién enalteció ese amor humano para vencer a la muerte.
Continúa...
1. Romancero. Este es un precioso poemita anónimo del siglo XV, que pertenece a nuestro augusto Romancero. El sentir popular, siempre rebelde ante los opresores, confiesa su fe –siempre un tanto ingenua, pero por ello obstinadamente convincente– en que dos enamorados jamás podrán ser vencidos. M. A. MATEO- R. ALBERTI, Canción de canciones. Los mejores poemas de amor de la lengua castellana (Buckinghamshire 1995) 77.
Conde niño por amores
es niño y pasó la mar;
va a dar agua a su caballo,
la mañana de San Juan.
Mientras el caballo bebe,
él canta dulce cantar,
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar,
navegante que navega
la nave vuelve hacia allá.
La reina estaba labrando,
la hija durmiendo está:
- Levantaos, Albaniña,
de vuestro dulce folgar,
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mal.
- No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
si no es el conde niño
que por mí quiere finar.
¡Quién le pudiese valer
en su tan triste penar!
- Si por tus amores pena,
¡oh mal haya su cantar!,
y porque nunca los goce,
yo le mandare matar.
- Si le manda matar, madre,
juntos nos han de enterrar.
Él murió a la medianoche,
ella a los gallos cantar;
a ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar;
a él, como hijo de conde,
unos pasos más atrás.
Della nació un rosal blanco,
d`él nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar,
las ramitas que se alcanzan
fuertes abrazos se dan,
y las que no se alcanzaban
no dejan de suspirar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.
Della naciera una garza,
d`él un fuerte gavilán,
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan par a par.
2. Francisco de QUEVEDO (1580-1645). En uno de los sonetos más ilustres de la poesía española de todos los tiempos, Quevedo nos muestra la fe inconmovible de un moribundo que acepta su vuelta al polvo primordial, pero no renuncia a su vocación de enamorado. M. A. MATEO- R. ALBERTI, Canción de canciones. Los mejores poemas de amor de la lengua castellana (Buckinghamshire 1995) 301:
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no de esotra parte en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a la ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
3. Miguel HERNÁNDEZ (1910-1942). Ésta es la más triste de las tres obritas. El poeta ya no confiesa su fe en la victoria del amor sobre la muerte, sólo afirma su convivencia, nada pacífica. El poema deja entrever la esencialidad de una historia profunda explicada con palabras sencillas. Cada estrofa está dedicada a uno de los protagonistas de su vida. “Llegó con tres heridas”, su querida esposa. “Con tres heridas viene”, el niño que esperan, y que se amamantará con las cebollas más famosas de la poesía castellana. “Con tres heridas yo”; dice el poeta que, encarcelado, sueña con ver a su hijo en vida, por amor, contra la muerte. Miguel HERNÁNDEZ, El hombre y su poesía. Antología. (Letras hispánicas, 2; ed. CÁTEDRA):
Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.
Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.
Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.
4. Cantar de los cantares 8,6: “el amor es fuerte como la muerte”.
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Rubén García
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20:53

Desde un profundo respeto, y aprecio por todo lo que hay de bueno en los auténticos creyentes musulmanes, un colectivo de cristianos cordobeses, llamados
Presencia Cristiana de Cordoba, denuncia, en este manifiesto, el "lado oscuro" del proyecto de construcción una macro-mezquita junto a la antigua Medina Azahara.
Continúa...
1. Los cristianos cordobeses miramos con comprensión cualquier proyecto que pretenda poner a disposición de la comunidad musulmana residente en nuestra ciudad, o de cualquier otra confesión religiosa aquí radicada, los espacios necesarios para atender dignamente las necesidades específicas de culto derivadas de tal presencia, siempre que la utilización de los mismos no limite o perturbe las manifestaciones culturales propias de otras confesiones.
2. El proyecto de construcción de una macro mezquita para Córdoba junto a la antigua ciudad palatina de Medina Azahara, tal como se recoge en la prensa, parece, sin embargo, desproporcionado en relación con las necesidades de espacio para culto de la pequeña comunidad musulmana que hay en Córdoba en estos momentos (menos de un millar de personas censadas). Por tanto, dada la magnitud de esta iniciativa, parece innegable que persigue unos fines que superan claramente el derecho al culto que toda religión debe tener.
3. El hecho de que el citado proyecto pudiera llevarse a cabo, directa o indirectamente, por interposición de capital saudí o de los Emiratos Árabes Unidos, suscita serias dudas en cuanto al grado de independencia del mismo respecto a grupos islamistas radicales o de inspiración fundamentalista. A nadie medianamente informado de lo que es la realidad religiosa, cultural y política en estos países se le oculta el grado de intolerancia que sufren en ellos otras religiones distintas de la musulmana, ni las dificultades de todo tipo que arrastran los no musulmanes, más aún los agnósticos y los no creyentes, para poder desarrollar una vida de ciudadanos libres con los mismos derechos que los de la mayoría musulmana. Esta consideración que hacemos en cuanto a la independencia del proyecto no sólo la suscitamos nosotros; aparece también en las manifestaciones del propio Presidente de la Junta Islámica Española cuando declara: "No es Arabia Saudí una referencia válida para nosotros, que preferimos mezquitas más modestas, con capital autóctono y apoyo de los ayuntamientos. Somos transparentes y nos desmarcamos del capital con condicionantes"
4. Las reflexiones anteriores plantean graves dudas acerca de si, entre los condicionantes del proyecto, no habrá alguno de índole política y de gran alcance: el interés de cierto mundo islámico por recuperar Córdoba como símbolo de la hegemonía musulmana en la Península Ibérica y en Occidente y como catalizadora de la cultura islámica en Europa. El plantear la nueva mezquita como «una vuelta a Al-Andalus», como plataforma de «yihad» o con un sentido de recuperación histórica del territorio perdido, como parecen pretender países caracterizados por su intolerancia (baste recordar como los EAU y Arabia Saudí reconocían como legítimo el régimen integrista de los talibanes de Afganistán), es un germen de futura discordia social, cultural y política.
5. No seamos ingenuos, a nadie se le escapa que la estrategia que subyace en iniciativas como la que han dado lugar a este escrito es introducir lenta pero inexorablemente en nuestra cultura y sociedad una nueva forma de islamización. Infiltrándose en los pueblos y ciudades de Occidente de manera más o menos soterrada, gracias a la «ingenuidad» de Occidente, la red se va extendiendo silenciosamente. Tengamos siempre presentes las palabras del arzobispo de Esmirna (Turquía), monseñor Giuseppe Bernardini, en el Sínodo de Europa, citando las declaraciones de un autorizado personaje musulmán, durante un encuentro oficial sobre el diálogo islámico-cristiano:
"Gracias a vuestras leyes democráticas os invadiremos, gracias a nuestras leyes religiosas os dominaremos; los petrodólares que entran en las cajas de Arabia Saudí y de otros Gobiernos islámicos son usados, no para crear trabajo en los países pobres del norte de África y de Oriente Medio, sino para construir mezquitas y centros culturales en países cristianos con inmigración islámica, incluida Roma"
6. Finalmente, las consideraciones anteriores las hacemos desde un respeto profundo a los auténticos creyentes musulmanes que hay en Córdoba, pero también desde la convicción de que conviene evitar planteamientos o reivindicaciones políticas o culturales que puedan suponer miradas al pasado. Como se ha dicho desde instancias cercanas al Obispado de Córdoba, cristianos y musulmanes debemos regirnos por el principio de reciprocidad, el respeto mutuo, la cooperación y el diálogo, en señal de que ambas religiones "son hermanas porque nos aúna el mismo Padre Dios".
Autor: Presencia Cristiana de Córdoba- Fecha: 2007-01-17
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21:31
Por Carlos Izquierdo Yusta (Burgos)
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Ha pasado suficiente tiempo como para reflexionar sosegadamente sobre el controvertido viaje de Benedicto XVI a Turquía. Lejos del efecto mediático, alentado por el riesgo de atentado, o por su manifiesta oposición, antes de ser Papa, al ingreso de Turquía en la Unión Europea, voy a centrarme en la importancia ecuménica de la visita. Dejo para otra ocasión el valor incalculable del viaje en cuanto a la defensa de los derechos humanos. No me refiero sólo a la dificultad en que viven tanto la Iglesia Católica como otras confesiones, sino a la conculcación frecuente de libertad de expresión. El mensaje conjunto de Benedicto XVI y Bartolomé I hizo hincapié en esta necesidad básica, sin detenerse en pormenores. En este sentido no es un discurso lejano al del reciente Premio Nobel de Literatura, el turco Ohran Pamuk, defensor del reconocimiento del “mea culpa” del Gobierno de su país en el genocidio armeno. Por esta defensa fue encarcelado no hace tanto al incurrir en una violación del antiguo art. 301 del Código Penal, pero jamás derogado por el Gobierno de Erdogan. Lo mismo que su amigo y periodista Hrank Dink, asesinado el 19 de enero de 2007 por el empeño en la misma causa.
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En la visita a Estambul, el Papa recibió al patriarca armeno Mesrob II. Es cierto que en el mismo día también recibió al metropolita siro-ortodoxo, a los representantes de las iglesias protestantes, incluso al rabino de la misma ciudad. Pero el significado particular de este encuentro con la Iglesia Armena tiene una trascendencia aún mayor. Todo esto, en lo que se refiere a defensa de derechos humanos, lo dejo para otra ocasión. Ahora es momento de abordar el fenómeno ecuménico.
En primer lugar, es importante destacar que fue un viaje largamente preparado. Estaba previsto realizarse en el 2005. El objetivo era visitar al Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, reeditando la visita de Pablo VI y la de Juan Pablo II. Tras la entrada en Constantinopla, se hacía oportuno visitar Turquía, máxime después de las persecuciones a los cristianos, exacerbadas aún más con la “polémica de las caricaturas” o los serios problemas de libertad de culto. La visita, siempre con un marcado carácter teológico, debía realizarse para celebrar juntos la fiesta de San Andrés, el primer Apóstol elegido por Jesús, según el evangelista S. Juan, y fundador del la Iglesia Bizantina, según su propia tradición. Por tanto, Benedicto XVI tenía previsto viajar la última semana de noviembre de 2005. Finalmente, por motivos de seguridad, se desestimó tal fecha, recomendando otra posterior. Como prima el carácter litúrgico, que en la Iglesia Bizantina es prácticamente sinónimo de teológico, se demoró hasta la fecha conocida: 30 de noviembre de 2006.
A la vez que esto sucedía, varias iglesias autocéfalas ortodoxas movían ficha. Algunas, como la griega y la armena, de forma inmediata; otras, más tímidamente, como es el caso de la rusa. ¿Qué está cambiando en el ambiente ecuménico? ¿Qué hay detrás de todos estos gestos? ¿Qué futuro se atisba a corto-medio plazo?
Partimos de un hecho fundamental: No existe una única Iglesia Ortodoxa, sino 15 “iglesias ortodoxas” de Tradición Bizantina (8 patriarcados y 7 iglesias autocéfalas nacionales, es decir, con autonomía para nombrar obispos por sí mismas). Todas ellas funcionan de forma interna desde el principio de la sinodalidad episcopal. En cuanto al Derecho, utilizan lo expresado en los Concilios Ecuménicos y la adaptación pertinente de los cánones a cada iglesia concreta. Por eso, aún habiendo desarrollado tanto la sinodalidad, carecen del sentido de unidad (en sentido fuerte) pan-ortodoxa. Cada patriarcado tiene un orden y honor dependiendo de su origen histórico-canónico. El orden es el siguiente: Costantinopla, llamado “ecuménico” desde el s. V, Alejandría, Antioquía y Jerusalén. El Patriarcado Ecuménico ejerce un primado de honor sobre el resto. En tanto en cuanto se muestra adhesión y fidelidad, se da la unidad. No obstante, no existen discrepancias significativas a nivel doctrinal. Sin duda, el momento en el que se expresa esta unidad es el de celebración de la Divina Liturgia en ciertas solemnidades. En este caso se pide por todos los patriarcados según la escala de honor y orden. Sin entrar en más detalles por el momento, este modelo de unidad es el que quieren extrapolar a la Iglesia Universal Católica y de ahí su crítica “eclesiológica” al ejercicio del ministerio petrino católico, que hace del honor un valor jurídico.
Dejando el parangón entre ambas concepciones del Primado, la pluralidad de patriarcados y de iglesias autocéfalas se hace especialmente significativo cuando se trata de representatividad. Ejemplo: la Iglesia Católica tiene un representante ante la UE. La Iglesia Griega Ortodoxa tiene el suyo. ¿Qué ocurrirá a partir de ahora con la Iglesia Ortodoxa Rumena? Más aún: Cuando se entabla el diálogo ecuménico, ¿es válido el Patriarca Ecuménico como interlocutor para todas las iglesias? ¿No es necesario un posterior diálogo ecuménico entre las diferentes iglesias autocéfalas en el que se aborden los asuntos particulares de cada una en relación con la Iglesia Católica? Paradójicamente, si se diera este diálogo “ad intra” y se viera la necesidad de un Concilio Ecuménico pan-ortodoxo, según la tradición, ¿no sería el Papa de Roma el encargado de su convocatoria?
Sigo adelante, dejando ya el ecumenismo “ad intra”, para profundizar en el diálogo con la Iglesia Católica. Cualquier encuentro de este tipo supone de inmediato: Primero, la superación de los obstáculos histórico-teológicos “secundarios” (mutua excomunión de Focio y el Papa Juan VIII saldada en 1965 por el abrazo histórico entre Pablo VI y Atenágoras I o la afrenta por la no participación de los armenos en el Concilio de Calcedonia solucionado en 1996). Segundo, el diálogo teológico sobre los puntos en desacuerdo, en cuyo gozne se sitúa siempre el ejercicio petrino en su dimensión tanto eclesiológica como jurídica.
Con este esbozo general, retomo la actualidad ecuménica. En los dos últimos pontificados estamos contemplando diversos gestos ecuménicos con un eco fabuloso. Especialmente es significativo el ímprobo trabajo del Card. Kasper, siempre ajeno al rol del éxito. Pero se hace necesario ir paso por paso y dar a cada momento y personaje el valor que tiene.
- En primer lugar, el teológico. La Comisión Mixta Teológica Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa se había reunido por última vez en Batilmore (EEUU) en el año 2000. En aquella ocasión se trató el tema de la sacramentalidad de la Iglesia y sus consecuencias eclesiológicas y canónicas. Estos encuentros de diálogo, con la solera de haberse iniciado en Patmos (1980), estaban en proceso de hibernación. El despertar del letargo ha tenido lugar hace poco más de un año en Belgrado con el tema “Conciliaridad y autoridad en la Iglesia”. En esta IX Sesión los presidentes de ambas comisiones fueron Ioannis Zizioulas, metropolita de Pérgamo y Card. Walter Kasper. El estudio se hizo bajo el punto de vista eclesiológico y canónico.
- Unido al estatuto teológico no se puede olvidar la postura ante el “Uniatismo”. Para algunos es el auténtico modelo de unidad de ambas iglesias, para los más es un problema más que una solución. El cisma surge en 1054, a raíz del desafortunado desencuentro con el obispo Focio. En las iglesias ortodoxas que abandonan la comunión con Roma se mantienes grupos discrepantes que prefieren seguir siendo fieles al Papa. El problema se aborda con cierto éxito años después, pero a partir del Concilio de Florencia (1439 los fracasos se repiten. A día de hoy, es uno de los mayores problemas para la unidad. En él se juntan el aspecto histórico antiguo y reciente (ejemplo de Rusia), así como el teológico. Para las Iglesias Ortodoxas no hay fundamento teológico que permita la existencia de iglesias católicas orientales. Por su parte, para la Iglesia Católica, la misma comunión con Roma en la fe, sacramentos y gobierno justifican de por sí su carácter eclesial y canónico. En varias ocasiones, exponentes ortodoxos han presentado como solución que vuelvan a ser ortodoxos o que sean iglesia latina unida a Roma. Esta propuesta nunca ha sido apoyada en Roma. Por tanto el Uniatismo, presente siempre en todas las sesiones teológicas, reclama de nuevo el tema del Primado del Romano Pontífice. Curiosamente, este tema frecuentemente termina por dejarse aparte en las reuniones de la Comisión Teológica, con el fin de llegar a acuerdos en otros ámbitos. En la última, Belgrado 2005, se tomó esta decisión desde el principio.
- La importancia de conocer el caso particular de cada Iglesia y los gestos concretos con ella. La condición de autocéfala de cada iglesia ortodoxa le permite una idiosincrafia con notables diferencias entre ellas.
La Iglesia Rusa ofrece una ambigüedad importante. Por un lado manifiesta gestos importantes de cambio a su actitud reticente. El reciente encuentro entre el patriarca de Moscú, Alejo II, con el Card. Kasper hace pensar que es posible una entrevista definitiva con Benedicto XVI. Por su parte, cada vez son más frecuentes las invitaciones a sacerdotes católicos a ciertas celebraciones litúrgicas (la última en la pasada Navidad). Todo ello augura que las heridas causadas por el supuesto “proselitismo” de la Iglesia Católica, tras la caída del régimen comunista, comienzan a cerrarse. Sin embargo, hay importantes motivos de preocupación que llevan a algunos teólogos rusos a hablar de riesgo de cisma “ad intra”. El camino de connivencia con el régimen del presidente Putin empieza a ser preocupante para ciertos sectores críticos, sobre todo con la sanción a alguno de los teólogos. El problema se agrava aún más si consideramos el fenómeno del uniatismo, tan vivo en algunas ex-repúblicas soviéticas.
La Iglesia Griega, tal vez la de más prestigio en la actualidad, ha visto cómo se ha normalizado su relación con Roma. La visita del Papa Juan Pablo II a Atenas y la participación del Obispo de Atenas y de toda la Grecia, Christodoulos, en su misa exequial han sido un expresivo gesto de comunión. Tal vez no sea casualidad para el tema la educación del prelado en un colegio marista de Atenas o la altura teológica de las facultades de Atenas o Tesalónica o el empeño conjunto de un grupo de obispos jóvenes parte del éxito y de la bonanza actual. Esto explica gestos insólitos, si miráramos para atrás cuatro o cinco años, como las 30 becas de estudios durante un mes en Atenas o la presencia de laicos ortodoxos en las facultades pontificias de Roma. Otro gesto importante de esta Iglesia es su trabajo por la evangelización en África o por la presencia en las grandes catástrofes (fue la Iglesia que primero se hizo presente en la zona afectada por el Tsunami). No obstante, hay escollos que, cuando menos, tienen una validez simbólica. Es el caso del estatuto de la Iglesia Católica en Grecia y su no reconocimiento como personalidad jurídica. Se trata de un asunto gubernamental, que requiere la modificación de la Constitución, pero que implica directamente a la Iglesia Ortodoxa.
La Iglesia Armena representa el Patriarcado más próximo a la unidad. La separación de la Iglesia Católica se produjo poco después del Concilio de Constantinopla (451) al que no pudieron asistir por estar en guerra. La consideración inicial de “monofisitas” quedó reducida, finalmente, a un asunto verbal en el encuentro entre el Papa Juan Pablo II y el Patriarca Karekin I. No obstante, no debemos olvidar que se trata de una iglesia oriental, pero no ortodoxa. El encuentro en el viaje a Turquía, entre Benedicto XVI y el Patriarca Mesrob II Mutafian en la iglesia armena de Estambul, es una prueba más del avance de las relaciones. Esta Iglesia tiene siempre como orgullo es ser la primera nación cristina de la historia.
- Las posibilidades de una gran voz común en la Unión Europea y de referente moral mundial. Aspectos como la defensa de los derechos humanos de la persona, la raíz cristiana de Europa, la evangelización en un mundo en progresiva secularización, la promoción del diálogo cultural y religioso del que parten con un patrimonio común, la preocupación por la paz en Oriente Próximo (Tierra Santa) y los grandes problemas mundiales son motivos que unen a cristianos y ortodoxos. Se trata de objetivos en los que el punto de partida y el esfuerzo por conseguirlos repercuten directamente en la unidad. Máxime si vemos esta unidad como necesario ejemplo ante una Europa fragmentada, falta de liderazgo y empeñada en perder su memoria.
Muchas otras ideas y consideraciones son posibles. Lo importante es ir sumando gestos positivos como los siguientes del último año: la homilía de Benedicto XVI en su toma de posesión, explicando los símbolos del Sucesor de Pedro; el cambio de palio, siendo más cercano al diseño original; la donación de reliquias de San Juan Crisóstomo o de las cadenas de San Pablo; el préstamo, por parte de la Biblioteca Vaticana, del Menologuion de Basilio II para ser reproducido en edición facsímile (edición realizada en Madrid, dicho sea de paso); la invitación a diferentes delegados de iglesias ortodoxas para participar en el Sínodo de Obispos sobre la eucaristía; las recientes visitas del Papa a Constantinopla o del obispo Christodoulos a Roma... Todos estos gestos fraternales son garantía de que hay motivos para seguir rezando esperanzadamente por la unidad. De momento, esperemos que la “hoja de ruta”, trazada en septiembre de 2006 por el Card. Kasper, sea una realidad. En ella augura un encuentro próximo entre el Papa y todos los Patriarcas Bizantinos. Antes o después, tal vez, veamos al Benedicto XVI viajar a Rusia.
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Rubén García
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22:48

Filarete de Minsk, exarca patriarcal de Bielorrusia, preside la Comisión teológico-doctrinal en el Santo Sínodo de la Iglesia ortodoxa rusa. Es el mejor interlocutor para saber qué piensan del primado los ortodoxos del otro lado del Dnepr. 30Días lo ha entrevistado con motivo del encuentro organizado por la Comunidad de San Egidio en Lyón del 11 al 13 de septiembre del 2005.
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Por fin de nuevo en marcha. Tras años de estancamiento, el diálogo teológico oficial entre la Iglesia de Roma y las Iglesias ortodoxas bizantinas vuelve a contar con citas para afrontar los problemas del regreso a la plena unidad visible. Esta vez, la Hoja de Ruta ecuménica apuntará directamente a la cuestión del primado, el punto neurálgico entorno al cual se concentran todas las dificultades que siguen obstaculizando la plena comunión sacramental entre católicos y ortodoxos.
La próxima reunión plenaria debería tener lugar en la Iglesia de Serbia antes de 2006. Al frente de la delegación ortodoxa estará, como ha sido anunciado, el metropolitano de Pérgamo, Ioannis Zizioulas, que en el último número de 30Días expuso de manera detallada sus importantes reflexiones sobre la cuestión del primado.
Zizioulas es miembro del Sínodo del Patriarcado ecuménico y todos le reconocen su importancia como uno de los más prestigiosos teólogos vivos. Pero, ¿pueden considerarse sus observaciones lúcidas y claras representativas de toda la Ortodoxia? Y, sobre todo, ¿cuenta con el consenso del Patriarcado de Moscú que como Iglesia ortodoxa “mayoritaria”, puede condicionar de modo inevitable y determinante el resultado del diálogo teológico?
Eminencia, en el último número de 30Días el metropolitano de Pérgamo, Ioannis, declaró que para continuar el diálogo es necesario reconocer que el primado forma parte de la esencia de la Iglesia.
FILARETE DE MINSK: Desde luego. La cuestión del primado tiene que ver con la doctrina de la fe. No es sólo una cuestión de organización humana. Aquí precisamente reside el problema. Ya en el siglo IV, lo que se conoce como el Canon de los Apóstoles número 34 establecía que «los obispos deben reconocer al primus entre ellos y no hacer nada sin él… pero tampoco el primus puede hacer nada sin los otros. Así que, mediante esta unidad, Dios será glorificado en el Espíritu Santo».
Ioannis de Pérgamo citaba precisamente el Canon 34 como un buen punto de partida para volver a abrir entre ortodoxos y católicos el diálogo sobre la cuestión del primado. ¿Comparte esta sugerencia?
FILARETE: El Canon 34 indicaba ya que el primado es un dato esencial en la naturaleza de la Iglesia, como la sinodalidad. Al mismo tiempo, no se puede volver a plantear este tipo de cuestiones sin tener en cuenta la manera en que históricamente se han aplicado. No se trata de realidades pre-existentes, abstractas, atemporales…
En definitiva, el problema que discutir es más bien «en qué primado se piensa»…
FILARETE: Si miramos la historia, lo que ha ocurrido es que la Iglesia de Roma, pese a no declararlo en voz alta, ha afirmado que el obispo auténtico es el que se somete a la jurisdicción del Papa. Esta sumisión, según el planteamiento de la Iglesia de Roma que ha predominado, parece haberse convertido en la fuente y el fundamento de la auténtica sucesión apostólica. Sin embargo, la dignidad de todos los obispos es perfectamente igual, habiendo recibido todos del Espíritu Santo la misma gracia. He hablado de esto con varios hermanos obispos católicos, y en especial con algunos obispos alemanes. Insistían en que la situación no es esta, y que la eclesiología católica no es esta. Pero en el plano teológico también el asunto del Filioque lo confirma…
¿De qué manera?
FILARETE: Oriente y Occidente confiesan juntos la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Confesamos el mismo Símbolo de fe apostólica, definido por los primeros concilios ecuménicos después de muchas y complicadas discusiones. Hasta el punto de que los Padres del Concilio de Efeso introdujeron la regla de no reconocer más añadidos al Símbolo de fe niceno-constantinopolitano. Temían que añadir aunque solo fuera una palabra sería una catástrofe, haría que volvieran a comenzar las discusiones. Pero haciendo referencia precisamente al título de primacía, quien se consideraba el «primer obispo» pudo sancionar el añadido del Filioque al Símbolo de la fe. De manera que todavía hoy en las parroquias católicas se confiesa que el Espíritu Santo «procede del Padre y del Hijo»…
Ioannis de Pérgamo sostiene que a los ortodoxos, para entender el nexo entre el primado y la naturaleza de la Iglesia, les basta mirar a su propia tradición. En la Iglesia ortodoxa nunca ha habido sínodos sin primados.
FILARETE: Las Iglesias ortodoxas reconocen el primado de honor del patriarca ecuménico. En la competición entre los antiguos Patriarcas de Oriente, Constantinopla predominó al final y su arzobispo asumió el título de patriarca ecuménico. Pero el primus de Constantinopla quería ser como el primus de Roma… De modo que tampoco este primado fue concebido de manera unívoca. Y a veces la falta de unanimidad en la interpretación del primado constantinopolitano se convierte en obstáculo para el desarrollo normal de las relaciones dentro incluso del Oriente ortodoxo. Las Iglesias ortodoxas autocéfalas sienten a veces ese primado como una limitación a su propio desarrollo orgánico. En todos estos acontecimientos entran en juego también factores humanos y psicológicos que difícilmente podrán arrinconarse totalmente. Por eso es necesario garantizar que estas prerrogativas de primacía sirvan para la vida y el crecimiento de las Iglesias, y no acaben obstaculizándolas.
Según Zizioulas, el diálogo sobre el primado entre católicos y ortodoxos habría que plantearlo a partir del axioma que tanto le gustaba al teólogo ortodoxo Afanasieff: donde está la Eucaristía, allí está la Iglesia una, santa, católica, apostólica.
FILARETE: Sin duda. La Eucaristía es el sacramento de la Iglesia, el sacramento de los sacramentos. Dondequiera que un sacerdote consagrado de manera válida, según el canon que las Iglesias reconocen como legítimo, celebre la Eucaristía la Iglesia está presente y es posible vivir la plenitud de la experiencia de la Iglesia, que no pertenece a un grupo social etnorreligioso, sino que pertenece al propio Cristo. Ningún primado puede ejercerse contra esa plenitud católica de la Iglesia local. Sin embargo, en la Iglesia católica el papa proyecta su poder eclesiástico sobre todo el territorio terrestre. Y esto complica también las relaciones con las Iglesias hermanas ortodoxas.
Sobre este punto, cuando el Patriarcado de Moscú acusó a la Iglesia católica de invadir su «territorio canónico», usted precisamente introdujo en esas polémicas argumentos interesantísimos, que en Occidente muy pocos han considerado…
FILARETE: La reacción del Patriarcado de Moscú fue liquidada como autodefensa por parte de quien temía perder algo de poder eclesiástico. Pero, sobre todo, era el testimonio indirecto de que el Patriarcado de Moscú considera la relación con la Iglesia de Roma como una relación entre Iglesias hermanas, que se reconocen plenamente como tales, y que pertenecen a la misma Iglesia, una, santa, católica, apostólica. El propio argumento de «territorio canónico» puede usarse sólo frente a las Iglesias con las que se reconoce que se comparte el mismo depositum fidei y la validez de la sucesión apostólica. Desde luego no lo utilizamos cuando se trata de la infiltración agresiva de las sectas. Era el mismo argumento utilizado por san Pablo cuando escribía en la Carta a los Romanos: «Me he prometido como cosa de honor anunciar el evangelio solo donde todavía no ha llegado el nombre de Cristo, para no construir sobre un fundamento de otros».
De todos modos, en Bielorrusia ha habido menos problemas.
FILARETE: Fui yo quien planteó la cuestión ante los burócratas estatales responsables de las cuestiones eclesiásticas: les pregunté que cómo es que en Bielorrusia hay una presencia histórica de parroquias católicas y ni un sólo obispo católico que las pueda gobernar. En ciertos casos la presencia del obispo es incluso una garantía de orden, porque cuando no hay obispo a menudo las parroquias se ponen a reñir… Y, efectivamente, al cabo de poco llegaron tres prelados del Vaticano, y entre otras cosas me dijeron que había un proyecto para mandar a un obispo a Bielorrusia. «No hay problema», respondí yo. De este modo apareció primero un obispo, y luego se abrieron también escuelas teológicas católicas. Muy diferente fue lo ocurrido en Rusia, donde ni el Patriarca ni el Sínodo fueron informados de las intenciones vaticanas, y se enviaron obispos incluso a lugares donde históricamente no había habido nunca cátedras episcopales católicas. Con esto quiero decir que buena parte de los problemas han surgido debido también a una serie de procedimientos, a cómo se ha realizado el proceso. Quizá hubiera sido suficiente explicarse mejor.
En cambio, en estas querellas hubo quien en la parte católica hizo llamamientos a los derechos civiles, a la democracia e incluso a la necesidad de hacer que también en Rusia avance el “mercado libre” de las ofertas religiosas. ¿Qué piensa del recurso a este tipo de argumentos de naturaleza secular para orientar las relaciones entre Iglesias hermanas?
FILARETE: Son argumentos de efecto. La verdad es que en el colapso del sistema social soviético la Iglesia de Roma trató de difundir en Rusia, de manera mecánica y no creativa, el modelo operativo religioso-social que en aquellos años existía en Occidente. El resultado fue que en Rusia los católicos parece como si estuvieran en un gueto social, y se les ha equiparado a las sectas. Es decir, a uno de esos tantos grupos que llegaron de repente cargados de dinero, que se pusieron a difundir por las ondas ideas que son una parodia del cristianismo. Sobre todo esto ha causado turbación en muchas personas, que comenzaron a pensar: mira dónde hemos ido a parar, por fiarnos del movimiento ecuménico. Se trataba desde luego de una deducción equivocada. Pero también así se explica la desconfianza que existe hoy en Rusia hacia el ecumenismo.
En el camino hacia la unidad quizá algunos tópicos del diálogo ecuménico parecen viejos. En cambio usted siempre ha subrayado la importancia de mirar juntos a los Padres de la Iglesia.
FILARETE: El lema de nuestros teólogos durante el primer cuarto del siglo XX era: hacia delante, hacia los Padres. La fe de la Iglesia es una e inmutable, porque la Iglesia es la unidad de la vida de gracia que llega ininterrumpidamente de los santos apóstoles y de los santos Padres hasta nosotros. La Iglesia es la Iglesia de los apóstoles, es la Iglesia de los Padres. En cambio ahora en la Iglesia los Padres se estudian como personas de todo respeto, pero como si no tuvieran nada que decirle a la vida cristiana de cada día. Ante ellos se adopta una actitud académico-decorativa, se los considera como mucho como un buen filón de citas o como un campo de estudios que se deja a la consideración de un grupo pequeño de personas competentes. Sin embargo, para mí seguir a los santos Padres no es una cuestión teórica, sino que tiene que ver con nuestra vida en la Iglesia y con nuestra salvación. Deberían convertirse en elemento sustancial en la práctica pastoral y en la vida cotidiana. Durante los días del convenio de la Comunidad de San Egidio en Lyón experimenté la felicidad de poder venerar las reliquias de san Ireneo, que para mí es el Padre de todos los Padres.
Como presidente de la Comisión teológica del sínodo de la Iglesia ortodoxa rusa, ¿qué piensa del modo de ver el papa Ratzinger las relaciones entre la Iglesia de Roma y las Iglesias de Oriente?
FILARETE: Yo soy presidente de la Comisión teológica solo por obediencia. Trato solo de reunir a personas para que trabajen juntas. No conozco detalladamente las obras teológicas que el nuevo Papa escribió cuando era teólogo. Pero sé que es una gran personalidad y una gran mente. Por lo demás, al frente de la Santa Inquisición siempre ha habido personas inteligentes… (se ríe).
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