domingo, 21 de enero de 2007

Diálogo Ecuménico: Iglesia Católica-Iglesia Ortodoxa

Posted by Departamento de Teología  |  at   21:31

Por Carlos Izquierdo Yusta (Burgos)
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Ha pasado suficiente tiempo como para reflexionar sosegadamente sobre el controvertido viaje de Benedicto XVI a Turquía. Lejos del efecto mediático, alentado por el riesgo de atentado, o por su manifiesta oposición, antes de ser Papa, al ingreso de Turquía en la Unión Europea, voy a centrarme en la importancia ecuménica de la visita. Dejo para otra ocasión el valor incalculable del viaje en cuanto a la defensa de los derechos humanos. No me refiero sólo a la dificultad en que viven tanto la Iglesia Católica como otras confesiones, sino a la conculcación frecuente de libertad de expresión. El mensaje conjunto de Benedicto XVI y Bartolomé I hizo hincapié en esta necesidad básica, sin detenerse en pormenores. En este sentido no es un discurso lejano al del reciente Premio Nobel de Literatura, el turco Ohran Pamuk, defensor del reconocimiento del “mea culpa” del Gobierno de su país en el genocidio armeno. Por esta defensa fue encarcelado no hace tanto al incurrir en una violación del antiguo art. 301 del Código Penal, pero jamás derogado por el Gobierno de Erdogan. Lo mismo que su amigo y periodista Hrank Dink, asesinado el 19 de enero de 2007 por el empeño en la misma causa.


Continúa...


En la visita a Estambul, el Papa recibió al patriarca armeno Mesrob II. Es cierto que en el mismo día también recibió al metropolita siro-ortodoxo, a los representantes de las iglesias protestantes, incluso al rabino de la misma ciudad. Pero el significado particular de este encuentro con la Iglesia Armena tiene una trascendencia aún mayor. Todo esto, en lo que se refiere a defensa de derechos humanos, lo dejo para otra ocasión. Ahora es momento de abordar el fenómeno ecuménico.

En primer lugar, es importante destacar que fue un viaje largamente preparado. Estaba previsto realizarse en el 2005. El objetivo era visitar al Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, reeditando la visita de Pablo VI y la de Juan Pablo II. Tras la entrada en Constantinopla, se hacía oportuno visitar Turquía, máxime después de las persecuciones a los cristianos, exacerbadas aún más con la “polémica de las caricaturas” o los serios problemas de libertad de culto. La visita, siempre con un marcado carácter teológico, debía realizarse para celebrar juntos la fiesta de San Andrés, el primer Apóstol elegido por Jesús, según el evangelista S. Juan, y fundador del la Iglesia Bizantina, según su propia tradición. Por tanto, Benedicto XVI tenía previsto viajar la última semana de noviembre de 2005. Finalmente, por motivos de seguridad, se desestimó tal fecha, recomendando otra posterior. Como prima el carácter litúrgico, que en la Iglesia Bizantina es prácticamente sinónimo de teológico, se demoró hasta la fecha conocida: 30 de noviembre de 2006.

A la vez que esto sucedía, varias iglesias autocéfalas ortodoxas movían ficha. Algunas, como la griega y la armena, de forma inmediata; otras, más tímidamente, como es el caso de la rusa. ¿Qué está cambiando en el ambiente ecuménico? ¿Qué hay detrás de todos estos gestos? ¿Qué futuro se atisba a corto-medio plazo?

Partimos de un hecho fundamental: No existe una única Iglesia Ortodoxa, sino 15 “iglesias ortodoxas” de Tradición Bizantina (8 patriarcados y 7 iglesias autocéfalas nacionales, es decir, con autonomía para nombrar obispos por sí mismas). Todas ellas funcionan de forma interna desde el principio de la sinodalidad episcopal. En cuanto al Derecho, utilizan lo expresado en los Concilios Ecuménicos y la adaptación pertinente de los cánones a cada iglesia concreta. Por eso, aún habiendo desarrollado tanto la sinodalidad, carecen del sentido de unidad (en sentido fuerte) pan-ortodoxa. Cada patriarcado tiene un orden y honor dependiendo de su origen histórico-canónico. El orden es el siguiente: Costantinopla, llamado “ecuménico” desde el s. V, Alejandría, Antioquía y Jerusalén. El Patriarcado Ecuménico ejerce un primado de honor sobre el resto. En tanto en cuanto se muestra adhesión y fidelidad, se da la unidad. No obstante, no existen discrepancias significativas a nivel doctrinal. Sin duda, el momento en el que se expresa esta unidad es el de celebración de la Divina Liturgia en ciertas solemnidades. En este caso se pide por todos los patriarcados según la escala de honor y orden. Sin entrar en más detalles por el momento, este modelo de unidad es el que quieren extrapolar a la Iglesia Universal Católica y de ahí su crítica “eclesiológica” al ejercicio del ministerio petrino católico, que hace del honor un valor jurídico.

Dejando el parangón entre ambas concepciones del Primado, la pluralidad de patriarcados y de iglesias autocéfalas se hace especialmente significativo cuando se trata de representatividad. Ejemplo: la Iglesia Católica tiene un representante ante la UE. La Iglesia Griega Ortodoxa tiene el suyo. ¿Qué ocurrirá a partir de ahora con la Iglesia Ortodoxa Rumena? Más aún: Cuando se entabla el diálogo ecuménico, ¿es válido el Patriarca Ecuménico como interlocutor para todas las iglesias? ¿No es necesario un posterior diálogo ecuménico entre las diferentes iglesias autocéfalas en el que se aborden los asuntos particulares de cada una en relación con la Iglesia Católica? Paradójicamente, si se diera este diálogo “ad intra” y se viera la necesidad de un Concilio Ecuménico pan-ortodoxo, según la tradición, ¿no sería el Papa de Roma el encargado de su convocatoria?

Sigo adelante, dejando ya el ecumenismo “ad intra”, para profundizar en el diálogo con la Iglesia Católica. Cualquier encuentro de este tipo supone de inmediato: Primero, la superación de los obstáculos histórico-teológicos “secundarios” (mutua excomunión de Focio y el Papa Juan VIII saldada en 1965 por el abrazo histórico entre Pablo VI y Atenágoras I o la afrenta por la no participación de los armenos en el Concilio de Calcedonia solucionado en 1996). Segundo, el diálogo teológico sobre los puntos en desacuerdo, en cuyo gozne se sitúa siempre el ejercicio petrino en su dimensión tanto eclesiológica como jurídica.

Con este esbozo general, retomo la actualidad ecuménica. En los dos últimos pontificados estamos contemplando diversos gestos ecuménicos con un eco fabuloso. Especialmente es significativo el ímprobo trabajo del Card. Kasper, siempre ajeno al rol del éxito. Pero se hace necesario ir paso por paso y dar a cada momento y personaje el valor que tiene.

- En primer lugar, el teológico. La Comisión Mixta Teológica Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa se había reunido por última vez en Batilmore (EEUU) en el año 2000. En aquella ocasión se trató el tema de la sacramentalidad de la Iglesia y sus consecuencias eclesiológicas y canónicas. Estos encuentros de diálogo, con la solera de haberse iniciado en Patmos (1980), estaban en proceso de hibernación. El despertar del letargo ha tenido lugar hace poco más de un año en Belgrado con el tema “Conciliaridad y autoridad en la Iglesia”. En esta IX Sesión los presidentes de ambas comisiones fueron Ioannis Zizioulas, metropolita de Pérgamo y Card. Walter Kasper. El estudio se hizo bajo el punto de vista eclesiológico y canónico.

- Unido al estatuto teológico no se puede olvidar la postura ante el “Uniatismo”. Para algunos es el auténtico modelo de unidad de ambas iglesias, para los más es un problema más que una solución. El cisma surge en 1054, a raíz del desafortunado desencuentro con el obispo Focio. En las iglesias ortodoxas que abandonan la comunión con Roma se mantienes grupos discrepantes que prefieren seguir siendo fieles al Papa. El problema se aborda con cierto éxito años después, pero a partir del Concilio de Florencia (1439 los fracasos se repiten. A día de hoy, es uno de los mayores problemas para la unidad. En él se juntan el aspecto histórico antiguo y reciente (ejemplo de Rusia), así como el teológico. Para las Iglesias Ortodoxas no hay fundamento teológico que permita la existencia de iglesias católicas orientales. Por su parte, para la Iglesia Católica, la misma comunión con Roma en la fe, sacramentos y gobierno justifican de por sí su carácter eclesial y canónico. En varias ocasiones, exponentes ortodoxos han presentado como solución que vuelvan a ser ortodoxos o que sean iglesia latina unida a Roma. Esta propuesta nunca ha sido apoyada en Roma. Por tanto el Uniatismo, presente siempre en todas las sesiones teológicas, reclama de nuevo el tema del Primado del Romano Pontífice. Curiosamente, este tema frecuentemente termina por dejarse aparte en las reuniones de la Comisión Teológica, con el fin de llegar a acuerdos en otros ámbitos. En la última, Belgrado 2005, se tomó esta decisión desde el principio.

- La importancia de conocer el caso particular de cada Iglesia y los gestos concretos con ella. La condición de autocéfala de cada iglesia ortodoxa le permite una idiosincrafia con notables diferencias entre ellas.
La Iglesia Rusa ofrece una ambigüedad importante. Por un lado manifiesta gestos importantes de cambio a su actitud reticente. El reciente encuentro entre el patriarca de Moscú, Alejo II, con el Card. Kasper hace pensar que es posible una entrevista definitiva con Benedicto XVI. Por su parte, cada vez son más frecuentes las invitaciones a sacerdotes católicos a ciertas celebraciones litúrgicas (la última en la pasada Navidad). Todo ello augura que las heridas causadas por el supuesto “proselitismo” de la Iglesia Católica, tras la caída del régimen comunista, comienzan a cerrarse. Sin embargo, hay importantes motivos de preocupación que llevan a algunos teólogos rusos a hablar de riesgo de cisma “ad intra”. El camino de connivencia con el régimen del presidente Putin empieza a ser preocupante para ciertos sectores críticos, sobre todo con la sanción a alguno de los teólogos. El problema se agrava aún más si consideramos el fenómeno del uniatismo, tan vivo en algunas ex-repúblicas soviéticas.
La Iglesia Griega, tal vez la de más prestigio en la actualidad, ha visto cómo se ha normalizado su relación con Roma. La visita del Papa Juan Pablo II a Atenas y la participación del Obispo de Atenas y de toda la Grecia, Christodoulos, en su misa exequial han sido un expresivo gesto de comunión. Tal vez no sea casualidad para el tema la educación del prelado en un colegio marista de Atenas o la altura teológica de las facultades de Atenas o Tesalónica o el empeño conjunto de un grupo de obispos jóvenes parte del éxito y de la bonanza actual. Esto explica gestos insólitos, si miráramos para atrás cuatro o cinco años, como las 30 becas de estudios durante un mes en Atenas o la presencia de laicos ortodoxos en las facultades pontificias de Roma. Otro gesto importante de esta Iglesia es su trabajo por la evangelización en África o por la presencia en las grandes catástrofes (fue la Iglesia que primero se hizo presente en la zona afectada por el Tsunami). No obstante, hay escollos que, cuando menos, tienen una validez simbólica. Es el caso del estatuto de la Iglesia Católica en Grecia y su no reconocimiento como personalidad jurídica. Se trata de un asunto gubernamental, que requiere la modificación de la Constitución, pero que implica directamente a la Iglesia Ortodoxa.
La Iglesia Armena representa el Patriarcado más próximo a la unidad. La separación de la Iglesia Católica se produjo poco después del Concilio de Constantinopla (451) al que no pudieron asistir por estar en guerra. La consideración inicial de “monofisitas” quedó reducida, finalmente, a un asunto verbal en el encuentro entre el Papa Juan Pablo II y el Patriarca Karekin I. No obstante, no debemos olvidar que se trata de una iglesia oriental, pero no ortodoxa. El encuentro en el viaje a Turquía, entre Benedicto XVI y el Patriarca Mesrob II Mutafian en la iglesia armena de Estambul, es una prueba más del avance de las relaciones. Esta Iglesia tiene siempre como orgullo es ser la primera nación cristina de la historia.

- Las posibilidades de una gran voz común en la Unión Europea y de referente moral mundial. Aspectos como la defensa de los derechos humanos de la persona, la raíz cristiana de Europa, la evangelización en un mundo en progresiva secularización, la promoción del diálogo cultural y religioso del que parten con un patrimonio común, la preocupación por la paz en Oriente Próximo (Tierra Santa) y los grandes problemas mundiales son motivos que unen a cristianos y ortodoxos. Se trata de objetivos en los que el punto de partida y el esfuerzo por conseguirlos repercuten directamente en la unidad. Máxime si vemos esta unidad como necesario ejemplo ante una Europa fragmentada, falta de liderazgo y empeñada en perder su memoria.

Muchas otras ideas y consideraciones son posibles. Lo importante es ir sumando gestos positivos como los siguientes del último año: la homilía de Benedicto XVI en su toma de posesión, explicando los símbolos del Sucesor de Pedro; el cambio de palio, siendo más cercano al diseño original; la donación de reliquias de San Juan Crisóstomo o de las cadenas de San Pablo; el préstamo, por parte de la Biblioteca Vaticana, del Menologuion de Basilio II para ser reproducido en edición facsímile (edición realizada en Madrid, dicho sea de paso); la invitación a diferentes delegados de iglesias ortodoxas para participar en el Sínodo de Obispos sobre la eucaristía; las recientes visitas del Papa a Constantinopla o del obispo Christodoulos a Roma... Todos estos gestos fraternales son garantía de que hay motivos para seguir rezando esperanzadamente por la unidad. De momento, esperemos que la “hoja de ruta”, trazada en septiembre de 2006 por el Card. Kasper, sea una realidad. En ella augura un encuentro próximo entre el Papa y todos los Patriarcas Bizantinos. Antes o después, tal vez, veamos al Benedicto XVI viajar a Rusia.

Sobre el autor

Blog del departamento de Teología del Istic

2 comentarios :

Domingo dijo...

Enhorabuena por tu comentario, resulta muy clarificador. Ciertamente, las perspectivas que se van abriendo son muy interesantes y el clima se va serenando. De todo lo que dices, yo destaco que esta generación de ortodoxos conoce de cerca la Iglesia católica y algunos católicos van teniendo la oportunidad de conocer las iglesias orientales "in situ". Los problemas teológicos podrán resolverse mucho mejor cuando vayan cayendo las barreras de la desconfianza. Son muchos siglos de desencuentros, de impedir a la iglesia respirar a "dos pulmones". Pero esta obra del Espíritu ya no hay quien la pare...

Anónimo dijo...

Muchas gracias por tu artículo. Además de ser informativo, es oportuno hacer una revisión de la vertiente ecuménica del viaje de Benedicto XVI a Turquía, ahora que estamos todos rezando por la unidad visible de los cristianos. Por lo demás, es una prueba más de que este viaje de Benedicto tiene aún riquísimas vetas que explorar. ¡Es que este anciano no da puntada sin hilo!
Paco Castro

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