martes, 27 de febrero de 2007

Dominus Flevit

Posted by Emilio López  |  at   8:21

Ayer, bajo una lluvia intermitente, nos dirigimos a pie hacia el Monte de los Olivos, desde donde empezaríamos una interesante visita a distintos lugares llenos de tradición secular. De manos de un arqueólogo, emprendemos el camino de subida hacia la Iglesia conocida como “Dominus Flevit”, donde se recuerda aquel pasaje del Evangelio de Lucas en el que Jesús, acercándose a la ciudad que le verá morir, llora sobre ella y dice: “¡Si también tú conocieras, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Pero ahora está encubierto a tus ojos”. Si se presta atención a la imagen que acompaña este post se entiende bastante bien la impresión que Jesús se tuvo que llevar al ver Jerusalén, aunque claramente no coincida con la vista que nuestro Señor tuvo. Si no se puede decir con toda seguridad que éste sea justo el sitio, al menos, como digo, nos podemos hacer una idea bastante cercana.
El recorrido empieza en subida. Por el camino, el profesor nos indica que algunas de las rocas que vemos al margen de la carretera son seguramente parte de la antigua manera de subir a la cima del monte. Por aquí muchos peregrinos antiguos (gracias a los cuáles podemos hoy seguir investigando la arqueología de la zona) subieron buscando los lugares santos; quizá estos “escalones naturales” fueron usados por Jesús y sus discípulos en sus “retiros” al Monte, a “un lugar tranquilo”…
Dejando a la derecha el cementerio judío, entramos en los límites de la posesión de la Custodia de Tierra Santa. Nos detenemos ante unos asombrosos yacimientos arqueológicos, famosos por ser los primeros en los que se encontraron tumbas de período tardo-helenístico y romano con nombres tan conocidos como Mateo, Santiago, Jesús, Judas, etc. La pregunta obvia, debido al fragor de las noticias, se lanza al aire. La respuesta del profesor es categórica. El sensacionalismo es mal compañero de la actividad arqueológica.
Visitamos la capilla moderna, de 1955, construida sobre las ruinas de otra capilla bizantina. Me sobrecojo por las vistas. La capilla actual cambia la orientación de la primera, para permitir al visitante (y al celebrante) la magnífica visión. Nuestra suerte no es completa, pues el cielo gris sigue derramándose sobre Jerusalén. Pero aún así, viene a mi mente aquello del Salmo 122: “Jerusalén, construida como ciudad bien compacta”. Es una traducción difícil la de este versículo, pero que se entiende desde esta vista: una ciudad encerrada entre sus muros, con una sensación que puede llegar a agobiar, pero que sacia de seguridad y grandiosidad.
Jesús seguramente vio una panorámica similar, y al seguro que se le vinieron a la mente éste y otros muchos textos sálmicos y bíblicos que cantan la belleza de Jerusalén. La visita continuó en ascenso, pero mi espíritu se detuvo allí por un momento, adquiriendo la calidad del espíritu de cualquier peregrino que se dirige a Jerusalén desde tiempo inmemorial.
Para más información, aquí va una página breve, en inglés, pero que contiene la información necesaria para conocer la historia de la capilla y de sus alrededores: Dominus Flevit

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lunes, 26 de febrero de 2007

Cambridge Journals on-line

Posted by Unknown  |  at   7:50




Alison Fox nos avisa que desde esta semana están disponibles on-line los artículos de las principales revistas teológicas del grupo Cambridge Journals. Se puede acceder al abstract, al pdf del artículo y a los datos de importación para bases de datos.
Se trata de un servicio temporal que se podrá hacer permanente en caso de registrarse y recomendar una suscripción a alguna librería o biblioteca que conozcas. Aquí van los enlaces a las tres principales revistas que nos pueden interesar:

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sábado, 24 de febrero de 2007

Bianchi: El verdadero sentido de la Eucaristía

Posted by Rubén García  |  at   21:45

El prior de la comunidad de Bose, Enzo Bianchi, escribió en el diario La Stampa (18 julio 2006) esta reflexión sobre la Eucaristía, con ocasión de la sonada no-participación de Zapatero en la misa del Papa en Valencia. No tiene desperdicio.

"Il primo ministro spagnolo Zapatero, in occasione del viaggio di Benedetto XVI a Valencia per il raduno mondiale della Famiglia ha salutato il papa al suo arrivo, lo ha incontrato in un colloquio personale, ma non ha partecipato alla celebrazione eucaristica da questi presieduta di fronte a un milione di cattolici. Un diniego che ha scandalizzato molti

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suscitando voci di deplorazione: in verità queste voci sono state più di non cattolici, di “cattolici atei”, in ogni caso di persone che non confessano la fede in Gesù Cristo il Signore, che non di credenti. Si è detto e scritto: “E’ stato un grosso errore politico”, “un modo infantile per enfatizzare la differenza”, “una scelta di rottura anche rispetto all’atteggiamento di atei come Fidel Castro o di capi di stato islamici”, “un atto di scortesia diplomatica”, “un gesto di laicità contrapposta alla religione”... oppure si è voluto intentare un processo alle intenzioni, insinuando che Zapatero abbia voluto evitare di essere fischiato: ma se a questo avesse portato la sua presenza, avremmo avuto una chiara manifestazione di che cosa può diventare oggi un’assemblea eucaristica!
E’ sempre più triste per chi è credente e si sente legato alla grande tradizione della chiesa il constatare l’ormai sempre più raro sensus fidei. Dalla formazione cristiana ricevuta prima del concilio e dalla sua ripresa nel Vaticano II, noi cattolici avevamo imparato che la celebrazione eucaristica è il “mistero della fede” per eccellenza, da celebrarsi con serietà somma e con timore grande. L’eucaristia non è di per sé “opera missionaria”, una fonte della missione, come ben ricordava l’allora cardinale Ratzinger in un intervento al Congresso eucaristico di Bologna: “In quale senso si può parlare dell’eucaristia come origine della missione? Non nel senso che l’eucaristia sarebbe una specie di azione di propaganda, attraverso la quale si cerca di acquisire uomini al cristianesimo. Se si fa questo, si rovina sia l’eucaristia sia la missione”. Per sua natura, infatti, essa va celebrata come la celebrò Gesù, nella “sala superiore”, cioè al cuore della chiesa, non come rito o spettacolo da ostentare di fronte ai non cristiani. Proprio per questo, fin dai primi secoli del cristianesimo, alla prima parte della celebrazione, la “liturgia della Parola”, erano sì ammessi i catecumeni (cioè coloro che si preparavano a ricevere il battesimo), ma costoro erano invitati a lasciare l’assemblea al momento della celebrazione dei santi misteri. Forse a molti è sfuggito che è precisa volontà di Benedetto XVI che al momento della distribuzione della comunione si ricordi a quanti assistono alle celebrazione eucaristica che solo ai cristiani è permesso comunicarsi.
Invece ultimamente, contro lo spirito e il dettato della riforma liturgica, l’eucaristia è celebrata in occasione di funerali, di stato e non, o di manifestazioni pubbliche con la partecipazione di non credenti nelle prime file. Si sono addirittura visti alcuni di loro, che si professano atei, comunicare al corpo e al sangue del Signore e poi, interpellati su quel gesto, li è sentiti rispondere che lo avevano fatto “per solidarietà”. Sappiamo che un simile comportamento appare normale e comunque profittevole a chi auspica una “religione civile”, ma così si offende il sensus fidei dei cristiani e si rende un cattivo servizio all’annuncio del vangelo. Invece – sono ancora parole del cardinal Ratzinger – “proprio quando l’eucaristia viene ben celebrata, ‘nella sala superiore’, nell’ambiente interiore di una fede reverente senza altri fini se non quelli di compiacere a Dio, ne scaturisce la fede”.
Potremmo chiederci se, nei casi in cui appare inevitabile che anche dei non credenti presenzino a celebrazioni cristiane, non sia opportuno pensare a forme liturgiche diverse dalla celebrazione eucaristica. Non sappiamo il motivo per cui Zapatero non ha partecipato all’eucaristia presieduta dal papa, ma in ogni caso i credenti autentici non si sentono offesi: sanno che devono custodire con amore e discrezione il dono grande che il Signore ha fatto loro a favore di tutti gli uomini e che devono celebrarlo in modo tale che non rischi di degenerare in ostentazione celebrativa che ne offuscherebbe la dimensione di fede"

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viernes, 23 de febrero de 2007

Era de noche

Posted by Emilio López  |  at   9:59

Esta mañana, muy temprano, me he despertado con muchas ganas de ir de nuevo a la Ciudad Vieja. Tenía una hora de clase, concretamente sobre los discursos del Adiós en el Evangelio de Juan. El texto que estudiábamos termina diciendo “… era de noche” (Jn 13,30). Después de formalizar mi matrícula en el Studium Biblicum Fransicanum me decido a pasar de nuevo por el Santo Sepulcro. Callejeo por dentro de una ciudad que se va despertando poco a poco. Los que tengáis la dicha de haber estado por aquí sabéis la gran cantidad de tiendas con souvenirs que existen por todas las callejuelas. Pero era todavía temprano, y muchas estaban abriendo, la mayoría cerradas. Así que nada me impide volver a entrar en el Sepulcro. A esta hora hay poca gente, y puedo entrar sin hacer cola en la “Anástasis”.

Dentro, sólo una mujer, no sé bien de qué confesión, creo que copta, rezaba intensamente, alumbrada por la luz de seis velas encendidas. Me mira agradecida, me invita a rezar con su mirada, y con un leve gesto. Dentro de la Anástasis, pienso, nunca es de noche. La Luz de la Resurrección mantiene encendida la fe de millones de personas. Rezo intensamente, tanto como puedo. Pero la tranquilidad se empieza a esfumar. Dos orantes más ingresan el pequeño recinto. Nos recolocamos como podemos, pero no decae la intensidad de nuestra oración. Intentan encender unas velas más. Dejo que pasen por detrás de mí, pero el espacio es reducido. Entonces me doy cuenta de que mi privilegio es grande, que puedo hacer esto casi cada mañana… y me despido de aquel lugar con los ojos de la cara cerrados, pero con los de la fe bien abiertos.
La luz débil, amarillenta, renqueante de aquellas nueve velas me ha dado que pensar. Para Judas, en el momento cumbre, era de noche. Para nosotros, para mí, la luz de la Resurrección brilla para siempre. Aquel a quien todos reconocemos como el traidor vive el momento culminante en oscuridad. Nosotros podemos (es más, debemos) cerrar los ojos y vivir desde la luz de la fe.

La exégesis actual, si no me equivoco, tiende a leer los textos bíblicos tal y como nos han llegado, aun siendo consciente de su desarrollo y formación. También es de dominio general que los textos evangélicos están escritos a la luz de la Resurrección. Cuando se está en Jerusalén, cuando se entra en la Anástasis, esa Luz de la Resurrección se hace casi palpable. Leer desde esta luz los textos evangélicos se convierte en una tarea apasionante.

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miércoles, 21 de febrero de 2007

Dios: La palabra evitada e inevitable

Posted by Rubén García  |  at   20:28

A partir del sorprende éxito de taquilla de El Gran Silencio, producción alemana que retrata, sin la mínima concesión al artifico, la vida cotidian de los monjes de la Gran Cartuja de Grenoble, Olegario González de Cardedal reflexiona sobre el eclipse de lo sagrado en Europa y la inevitabilidad de Dios.


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La palabra evitada e inevitable

OLEGARIO GONZÁLEZ DE CARDEDAL
EL PAÍS - Opinión - 13-02-2007

En el mundo de la creación literaria y de la obra cinematográfica casi nunca ocurre nada y asistimos a la aparición de libros o películas insignificantes, por más que los anuncios, la propaganda y el dinero nos las quieran imponer como de lectura o contemplación necesaria. Pero de vez en cuando restalla un relámpago de luz en un autor o director de cine que en una súbita iluminación nos hacen redescubrir la belleza originaria, el sentido de la existencia, nuestra destinación a la verdad, la sacrosanta realidad de Dios.
La película del director alemán Philip Gröning (Dusseldorf 1959), El gran silencio (2005) sobre la vida en la Gran Cartuja (Grenoble), pertenece a esa serie de raras producciones ante las cuales sólo son posibles reacciones de fondo, bien de desinterés absoluto, de reconocimiento agradecido o de transvaloración de su verdadero sentido. Tres interpretaciones he encontrado entre las personas que la han visto. La primera es la que yo llamaría interpretación estético-informativa, de quienes se esperaban algo así como un reportaje sobre la historia y la vida de los monasterios, repleto de esas rarezas románticas y misteriosas a las que nos tienen acostumbrados la llamada novela histórica o libros como El nombre de la rosa, de Umberto Eco. Les habría gustado que el director hubiera sacado más partido al paisaje, las nieves y al contraste de las cuatro estaciones en su diversidad, ya que en torno a ese ciclo anual gira la película.
La segunda es la interpretación religioso-contemplativa. En este caso el espectador se va percatando lentamente de que el fondo de la película es justamente lo que no se ve y, sin embargo, lo sostiene todo. La sucesión de escenas, rostros, ruidos, cantos y nieves es el acorde de una presencia interior que lo sostiene todo. La película es el relato de la presencia silente y sonora de Dios en la vida de unos hombres, para quien él es todo, pero no interfiere en nada, de forma que todo discurre en la luz de su rostro y bajo la mirada de sus pupilas. Él está ausente y presente siempre. Quienes allí moran no huyen de nada ni nada desprecian; han venido tras una vocación de soledad para llegar a un encuentro, tras una llamada al silencio para mejor poder oír una palabra, tras una necesidad de contemplación para mejor columbrar al Eterno. Y así viven, como quienes ven al Invisible y cada uno de los pliegues de sus hábitos, los rictus de su rostro y los cantos litúrgicos tienen una transparencia absoluta, porque son la expresión serena de esos seres para quienes el miedo no existe, la vida es una promesa de absoluto que se anticipa en todo, y marchan hacia ella, sintiéndola ya operante en cada segmento de las horas cotidianas.
La tercera la designaríamos interpretación ético-existencial. Quienes la sostienen quedan también fascinados por esa percepción del tiempo, que nos aleja de los ruidos y de la historia inmediata para acercarnos a las venas por las que fluyen el agua de lo eterno, otro horizonte y otra esperanza. El hecho de que no se oigan otros ruidos que los de la propia naturaleza, de las campanas y de las nieves, del canto gregoriano y de los fenómenos atmosféricos fuerza al espectador a volver sobre sí, a estar ante su mismidad, dispuesto a oír el silencio y con ello a aceptarse o rechazarse a sí mismo. En la película hay que oír, ver, contemplar, abrir los ojos y los oídos a sensaciones interiores o exteriores que tenemos olvidadas o que ni siquiera sabíamos que existen. El director nos arranca de nuestra implantación inmediata en las cosas y los hombres. Cavando en nuestro propio suelo intenta trasplantarnos en otra tierra, con otro humus y humedad. Hay en la película atención y espera, unas pocas palabras del monje ciego, manando de un silencio que abre los ojos y los labios para una realidad por evidente apenas mentada: Dios. Paradójicamente el verdadero sentido de la película no es “El gran silencio” de los Cartujos sino “La real Presencia” de Dios.
Uno de los críticos nos ha ofrecido un ejemplo riguroso de esta interpretación exclusivamente humanista, sin la más mínima alusión al fondo y raíz cristiana. Todo el vocabulario utilizado remite al universo de sentido, la actitud ante la realidad, el encuentro del hombre consigo mismo. No utiliza ni una sola palabra religiosa (p. e. gracia, salvación, fe…) que trascienda el nivel antropológico de una ética filosófica (Wittgenstein) o de lala analítica existencial (Heidegger). La palabra Dios es cuidadosamente evitada. Se alude a las campanas y al canto gregoriano pero no se dice para quién doblan esas campanas y a quién se dirigen esas melodías, ni menos ante quién viven esos hombres. Lo que una persona es no se deduce o esclarece del análisis de su sustancia, haberes o enseres, posesiones o poderes, sino a la luz de aquella realidad ante la que vive y para la que vive (coram Deo). No se puede dar cuenta y razón de esa película haciendo silencio sobre lo esencial, Dios, principio y fundamento de esas vidas. Tal silencio, ¿no significaría que se las reduce a una inmensa equivocación, a un fatal engaño antropológico? Toda esa admirable belleza nacería de un error mortal: vivir ante quien no existe, orar a quien no responde, esperar a quien nunca va a venir.
Si he subrayado este aspecto es porque en él se refleja un rasgo de la cultura contemporánea: evitar públicamente el nombre de Dios, la palabra y la idea, la realidad y la relación con él. En unos es sencillamente por ausencia de fe o por pudor de ofender al prójimo y en otros porque no saben dónde están, qué se puede decir y qué se debe callar. De pronto ha sobrevenido un eclipse sobre lo sagrado en Europa, una sombra sobre algo que había sido evidente en nuestra existencia y la luz que guiaba nuestros proyectos. Pero el sol y la luna no dejan de existir cuando tales eclipses sobrevienen. Y sobrevienen por razones muy complejas.
¿Cuál es la actitud del creyente en tales situaciones? Ante todo una serena lucidez para reconocer la situación e interpretar los fenómenos. Dios no es una realidad apresable como una piedra del suelo, un fruto del árbol o una mercancía que compramos. Dios es Dios, el Santo, el Absoluto, el que se nos da a conocer y se nos sustrae, a quien sólo en la libertad del amor y en la adhesión del consentimiento que va más allá de sí mismo podemos conocer. La actitud del cristiano debe ser hoy la del centinela en la noche que espera la aurora.
Hay unas pocas palabras verdaderas y esenciales a la vida humana que no podemos callar, porque haciendo silencio sobre ellas arrojamos oscuridad sobre nuestro ser y nuestro destino. Dios es la primera de esas palabras, porque da mucho que pensar, esperar y amar. Hay que volver a descubrirla con lucidez intelectual, acreditándola con la verdad y la justicia, proferirla luego con humildad y confianza. Los creyentes tienen que estar dispuestos a dar razón de su esperanza en todo tiempo, también en los de dificultad y acoso. Es una oportunidad de apropiarse de nuevo esa fe en mayor profundidad y de expresarla con mayor limpieza. A explicitar esa tarea dediqué uno de mis libros. ¿Se me permitirá reasumir aquí las líneas con que se abre?
Esta divina palabra -Dios- no la podemos olvidar, ni asegurar como propiedad, ni usar como moneda de cambio para los gastos diarios. Tampoco podemos callarla ni dejarla en vacío o arrojarla contra el prójimo. Tenemos que devolverle su peso y su luz, su lumbre y su gracia. Porque ella sigue siendo santa y santificadora, a pesar de haber sido manchada y ensangrentada por los hombres. Ha habitado en tantos corazones justos, ha suscitado tanto amor y esperanza, tanta paz y justicia, que al proferirla vienen sobre nosotros como olas bienhechoras toda la verdad y compasión, todas las flores y frutos que han brotado de su seno. Nuestra primera tarea es recuperarla para invocar con amor y estremecimiento.

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... Tus umbrales, Jerusalén

Posted by Emilio López  |  at   10:28

¡Qué alegría cuando me dijeron: "vamos a la casa del Señor"! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén.
No podía empezar de otro modo esta aventura en el Blog que citando el comienzo de este conocidísimo Salmo. Llevo a penas ocho horas en Jerusalén y ya me he sorprendido varias veces. Me vienen a la mente las sensaciones que el salmista debía experimentar cuando, terminando su peregrinación, se paraba a las puertas de la Ciudad Santa y entonaba el Salmo 122. Esta es una de las mejores explicaciones de la existencia de este Salmo, y además, es bello pensar que todo el que tuviese la gran oportunidad de llegar hasta aquí supiese como rezar.
Yo lo he hecho esta mañana, al bajarme del taxi, y por casi una hora en la capilla de la Flagelación. Y se me ha llenado la boca con una palabra: Gracias.
Ya hablaré del choque cultural, de la pluralidad de confesiones, incluso de la belleza de algunos rincones... ahora, y que sirva como obertura, aquí queda esta acción de Gracias:
Gracias, Señor Jesús, porque tú también sentiste la alegría, aún mezclada con la angustia, de visitar Jerusalén. Gracias porque diste tu vida fuera de sus muros para que el caminante tenga siempre tu protección y perdón. Y sobre todo Gracias porque, muy cerca de donde ahora escribo, nos abriste el camino hacia el Padre, y nos enseñaste que si el grano de trigo no muere, no da fruto. Así sea. Amén.

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martes, 20 de febrero de 2007

Ix-Theo: acceso libre

Posted by Domingo García  |  at   10:58

No sé si conocéis Index Theologicus (Ix-Theo), uno de los mejores buscadores bibliográficos para el área de teología. Elaborado por la prestigiosa Universidad de Tübingen (Alemania), hasta ahora ha estado reservado a los suscriptores. Ahora es de acceso libre y gratuíto: podéis navegarla en inglés y en alemán. Haced una prueba y veréis lo potente que es. ¡Una muy buena noticia para los estudiantes de teología, en especial por los que no tienen acceso a los recursos electrónicos de las Universidades!

El link de Ix-Theo... y que lo disfrutéis.

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Recursos on-line para el estudio de la Biblia

Posted by Domingo García  |  at   10:27

Álvaro Pereira nos presenta varios recursos que ofrece la red útiles para los estudios bíblicos.

En primer lugar, el Pontificio Instituto Bíblico ofrece, además del acceso al fichero de su Biblioteca y la libre descarga de la versión on-line de su revista Bíblica, una bibliografía actualizada tanto para el NT como para el AT, muy útil para no perderse por los océanos de las publicaciones. La bibliografía del AT ha sido elaborada por el profesor Ska y la del NT por el profesor Swetnam, con la colaboración de Stanislaw Bazylinski y la consulta del resto de los profesores. Otros subsidios interesantes (cómo citar un texto de Qumran o de Flavio Josefo, por ejemplo) se hallan en "Sussidi" .

Los estudios actuales de exégesis neotestamentaria y patrística echan mano cada vez más de la literatura y la retórica greco-latina. La inmersión en la terminología y los conceptos de la retórica no resulta nada fácil, así que presento algunas webs que pueden ser útiles. Para principiantes, una página en español que explica los rudimentos y las principales figuras retóricas. El valor de esta página estriba en su simplicidad, aunque tiene de malo para la exégesis que no distingue entre retórica antigua y retórica actual (de hecho, los ejemplos que pone son de autores contemporáneos). Una página del mismo estilo, un poco más completa y en inglés: Silva rhetoricae. En cuanto a los textos originales y sus traducciones, tengo varias sugerencias, aunque confieso que yo sigo empleando la Loeb Classical Library para los textos y la Biblioteca Clásica Gredos para las traducciones españolas.

En primer lugar, el proyecto Perseus ofrece una gran cantidad de textos griegos y latinos analizados, usando el diccionario Liddle-Scott. También es útil The Internet Classics Archive, con muchísimas traducciones. Para textos latinos, una herramienta rápida para conseguir muchos textos originales es The Latin Library (como siempre, la validez de la edición debe ser cuestionada; cf. los créditos) y Forum Romanum (con multitud de traducciones en diversos idiomas, sobre todo en inglés). Para traduciones en italiano, el Progetto Ovidio. Una página de traducciones en español es la Biblioteca de Clásicos Grecolatinos. Pero esta página no es demasiado útil porque ofrece pocos textos, la mayoría aparecen fragmentados, sin créditos y sin número de referencia.

En fin, una página imprescindible por su gran cantidad de enlaces es la web del departamento de Clásicas de la Universaridad de Murcia. No os perdáis su hemeroteca en la que se puede encontrar enlaces a multitud de revistas científicas on-line.

El estudio de la antigüedad clásica no tiene por qué ser aburrido: podéis mirar la página de nuestros amigos de Miscellanea Classica.

Si alguien encuentra otras web más fiables, más interesantes o más sencillas, por favor comunicar con Álvaro Pereira.

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lunes, 19 de febrero de 2007

Red social de calendarios

Posted by Unknown  |  at   21:16




Te presentamos este servicio que puede serte de mucha utilidad si utilizas alguna gestión de calendario. Se trata de un directorio de calendarios en formato "icalendar" que contiene cientos de ficheros con las fechas señaladas de eventos principales. Los hay de todos los tipos: deportivos (ligas española, italiana...), artísticos, universitarios... y también religiosos. Hay bastantes calendarios litúrgicos, de festividades, de lecturas bíblicas, devocionales, de eventos pastorales. Todavía no he encontrado alguno exclusivamente teológico, pero sería una buena idea hacer un calendario colaborativo de eventos teológicos: congresos, simposios, conferencias, presentaciones...
Al estar en formato "ical" es ideal para importar en el outlook, el googlecalendar, thunderbird, etc. Sólo tienes que descargarlo e ir importando desde el programa gestor.
La dirección principal del servidor: icalshare
La de la sección de religiosos: icalshare religious

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¿Acción ecuménica por fin?

Posted by Unknown  |  at   15:19


No solemos publicar "noticias" por confirmar y que pueden ser un "canto de sirena", pero por esta vale la pena arriesgarse... Según el diario británico The Times las confesiones católica y anglicana estarían preparando un documento conjunto informativo y de propuesta sobre la unidad con la Iglesia católica. En él se anima a los fieles de las dos confesiones a revisar el "escándalo" de la desunión y la figura del Obispo de Roma como vínculo de unidad para todos los cristianos. Si fuese cierto, sería la primera vez desde hace muchos siglos, que se propone una acción determinante encaminada hacia la unidad plena. Es una buena noticia, aunque sólo existiera en el terreno de los deseos apremiantes. Se hace eco de esta noticia el periódico La Vanguardia; ofrecemos un extracto del comentario:

« Una comisión internacional de las dos iglesias ha preparado un documento de 42 páginas en el que se pide que exploren formas en las que se puedan unir. El documento, al que ha tenido acceso 'The Times', está siendo considerado en el Vaticano, donde los obispos católicos están preparando una respuesta formal.

Esta información se conoce después de que los arzobispos que lideran las 38 provincias de la comunisón anglicana se reunieran en Dar es Salam, Tanzania, en un intento de evitar una escisión sobre las ordenaciones de obispos homosexuales, que han dividido a la Iglesia.

El Papa Benedicto XVI, cuando era todavía cardenal, envió un mensaje de apoyo al ala ortodoxa de la Iglesia Episcopal de los Estados Unidos, molesta por la ordenacón del obispo homosexual, Gene Robinson» «El documento al que ha tenido acceso el diario lleva el nombre de 'Creciendo juntos en la unidad y la misión'y reconoce "la imperfecta comunión" entre las dos iglesias, pero dice que existe suficiente terreno común para realizar "este llamamiento para la acción".

El informe destaca que "la Iglesia católica romana enseña que el ministerio del obispo de Roma (el Papa) es el primado universal de acuerdo con los deseos de Cristo para la iglesia y un elemento esencial de mantenerlo en unidad y verdad"».

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lunes, 12 de febrero de 2007

La madre del etarra

Posted by Rubén García  |  at   21:05

Me parece una imagen tan conmovedora e ilustrativa de lo que significa el verdadero perdón y la misericordia que no me resisto a colgarlo para que lo disfrutéis. Como veis sólo le pongo una etiqueta: Amor. ¿Para qué más?

Dos mujeres contra el odio
Todas las tardes, dos mujeres mayores se sientan frente a frente en el salón de un piso del barrio de Amara de San Sebastián. Son vecinas y consuegras. Una de ellas le va dando con una cucharilla y mucha paciencia un yogur de café a la otra, enferma de Alzheimer. La primera es viuda de un comandante asesinado por ETA en 1977. La segunda es la madre del terrorista Iñaki de Juana Chaos

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Madrid otorgó en 1977 a De Juana un diploma por su "valiente lucha" contra un incendio. El padre del terrorista hizo la guerra con las tropas de Franco y ganó cuatro medallas
La escena se repite cada día durante el último año y medio hasta que, el 27 de enero, Esperanza Chaos Lloret muere. Tenía 83 años y había nacido en Tetuán, donde su padre, un militar del Ejército español, estaba destinado entonces. Luego se casaría con un médico, Daniel de Juana Rubio, oriundo de Miranda de Ebro (Burgos), que también hizo la guerra como teniente asimilado en las tropas de Franco, por lo que fue condecorado con una medalla de campaña, dos cruces rojas y una cruz de guerra. De todo ello da fe un carné de Falange Española y de las Jons expedido el 16 de octubre de 1943 donde aparece sonriente a sus 35 años. Daniel de Juana y Esperanza Chaos tuvieron dos hijos, Altamira y José Ignacio, que nacieron y se criaron en una casona de Legazpia donde el doctor pasaba consulta a los trabajadores de Patricio Echeverría, una de las principales acerías de Guipúzcoa. La vivienda estaba al lado de la casa cuartel de la Guardia Civil y por las tardes José Ignacio jugaba al fútbol con los hijos de los guardias.

-Soy Chacho, hola mamá.
Durante las dos últimas décadas, unas veces los lunes y otras los miércoles, el terrorista Iñaki de Juana Chaos, encarcelado en las prisiones más alejadas de Euskadi por asesinar a 25 personas -entre ellas 17 guardias civiles-, empleaba esa fórmula, casi siempre la misma, para iniciar la conversación con su madre. Los cinco minutos reglamentarios de charla versaban sobre cuestiones banales, el tiempo o un jersey verde que el terrorista quería que su madre le hiciera llegar, pero jamás hablaban de política y mucho menos de ETA. Sencillamente porque Esperanza Chaos, a la que en familia llamaban Nina, nunca justificó los crímenes de su hijo ni formó parte del colectivo de apoyo a los presos de ETA. Tampoco llegó a saber jamás qué o quiénes influyeron en él para que, a principios de los 80, abandonara su trabajo en la Ertzaintza y se fugara a Francia.
Cuentan personas que la quisieron mucho que Esperanza se cayó redonda al suelo el 16 de enero de 1987 cuando le contaron que a su hijo lo acababan de detener en Madrid. La fotografía que al día siguiente vio publicada en los periódicos no se parecía en nada a las que de él guardaba en el álbum familiar. En ellas aparece de corbata en el bautizo de su sobrina o jurando marcial la bandera española tras el periodo de instrucción en Alcalá de Henares. Nada en la trayectoria del hijo hacía presagiar un futuro cercano a ETA. Más bien al contrario. Cuando De Juana regresó del servicio militar llevaba consigo un diploma, expedido por el Ayuntamiento de Madrid el 27 de mayo de 1977, en reconocimiento por su valiente lucha contra un incendio que sufrió la capital entre el 15 y el 20 de abril de aquel año. Más tarde, ingresó en la segunda promoción de la policía autonómica vasca. "Aún faltaban unos años", recuerda un familiar, "para que De Juana, muy propenso siempre a los amoríos, se ennoviara con una enigmática mujer llamada Helena y residente en Bayona".
El caso es que Esperanza Chaos jamás volvió a ver a su hijo en libertad. Ya por entonces viuda, inició una difícil carrera por mantener viva su relación con su hijo al tiempo que rechazaba una y otra vez las invitaciones para integrarse en el colectivo de apoyo a los presos de ETA. La madre del terrorista más famoso recorrió más de 300.000 kilómetros en coche -le aterrorizaba el avión- para ver a su hijo preso. Su llegada a las distintas cárceles, según recuerdan funcionarios de prisiones, nunca pasó desapercibida. "Venía como a una boda, con anillos y collares, elegante y alegre, siempre educada y cordial con nosotros, nada que ver con el carácter frío ni la mirada agresiva del hijo ni mucho menos con la actitud desafiante de la mayoría de los familiares de presos de ETA". En una ocasión, un guardia civil, aun sabiendo a quién iba a visitar, se atrevió a pegar la hebra con ella.
-De Tetuán, ¿eh? O usted es hija de funcionario o de militar.
-De militar, agente.
-Pues permítame que la acompañe.
La última vez que vio a su hijo fue el 7 de julio de 2005, en la cárcel madrileña de Aranjuez. Esperanza ya apenas podía caminar. Había seguido manteniendo la costumbre de mandarle 150 euros mensuales, que rebañaba con trabajo de su pensión, e incluso llegó a hablar con un taxista de San Sebastián para que fuera a recogerlo en cuanto obtuviera la libertad. Pero entre las nieblas del Alzheimer y una mano oportuna que apagaba la televisión en el momento justo, Esperanza se fue alejando de la realidad de su hijo en huelga de hambre.
Las dos ancianas están sentadas frente a frente. Una se quedó viuda el 2 de enero de 1977, a las ocho y media de la mañana. Tres pistoleros de ETA se apostaron frente a su marido, el comandante del Ejército José María Herrera, y lo acribillaron con disparos de metralleta en la misma puerta de su casa. Pasado el tiempo, el hijo del militar se casó con una muchacha llamada Altamira de Juana. La anciana enferma es precisamente la madre de Altamira y de Iñaki de Juana Chaos.
Lo que une a estas dos mujeres, más allá de la familia o incluso de la fatalidad de una vida marcada por ETA, es el interés común, tácito, de que el odio no prolongue el trabajo de las pistolas. El País Vasco también está lleno de historias así. Madres de hijos que matan y mujeres de hombres que mueren tejiendo una red invisible de afecto imposible de fotografiar, indetectable para el radar de los telediarios.
Al día siguiente del fallecimiento de la madre del terrorista, las asociaciones vinculadas a los presos de ETA publicaron en Gara hasta 10 esquelas en su memoria. Una de ellas aparecía firmada por "Helena", la enigmática mujer de Bayona. En todas se refieren a Esperanza Chaos como "la madre de un preso político vasco". Tal vez ignorando, o tal vez no, que la única familia política de Esperanza Chaos era, lo que son las cosas, la viuda de un militar asesinado por ETA.

PABLO ORDAZ - San Sebastián - 11/02/2007 (www.elpais.es)

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miércoles, 7 de febrero de 2007

Radcliffe: El Parque Jurásico y la Última Cena

Posted by Rubén García  |  at   21:33

Con su estilo fresco, cargado de imágenes actuales y anécdotas, el que fuera superior de la Orden de Predicadores, reflexiona en esta conferencia, que dio en 1994 con motivo de la apertura del periódico católico "The Tablet", sobre algunas urgencias de la misión en el mundo actual.

Continúa...
El año pasado tuve que dar una charla de diez minutos a la Unión de Superiores Generales - los "jefes" de las órdenes Religiosas - sobre los retos de nuestra misión como religiosos en Occidente. Parecía un trabajo un tanto irrealizable. ¿Qué se puede decir en diez minutos? Por aquella época fui a ver Parque Jurásico y me di cuenta de que es ésta una historia que nos muestra un cuadro maravilloso del mundo en que hemos de vivir nuestra fe hoy. Es una de las películas de mayor éxito. Se estaba exhibiendo en uno de cada tres cines en Italia y el Ministro francés de Cultura la declaraba como una amenaza a la nación. Nuestros niños comen galletas en forma de dinosaurios. ¿Por qué ha tenido tanto éxito? Seguramente porque toda cultura vive de historias, de relatos que conforman nuestra percepción del mundo y de nosotros mismos, los cuales nos dicen qué significa ser humano. Es ésta una narración en la que millones de personas, tal vez inconscientemente, se encuentran a sí mismas, encuentran la historia de sus vidas.
Pero nosotros, los cristianos, afirmamos vivir de otra historia, que nos reúne para recordarla y reactualizarla cada domingo, la historia de la última Cena; la historia del hombre que congregó a sus amigos a su alrededor y compartió con ellos una comida, les entregó su propia persona, su cuerpo y su sangre. Esta es la historia que debería, sobre todo, conformar nuestras vidas y nuestra conciencia personal. Por tanto el reto de ser cristiano no es para nosotros el simple intentar ser buenos. No hay evidencia que indique que los cristianos son, en general, mejores que los demás, y, ciertamente, Jesús no vino a llamar a los santos sino a los pecadores. El desafío está más bien en vivir de y por una historia que algunos de nuestros contemporáneos pueden encontrar muy rara, y que ofrece una visión distinta del mundo y del ser humano. Esta tarde quiero mencionar sólo unas cuantas diferencias entre estas dos historias.
Supongo que la mayoría de vosotros habéis ido a ver Parque Jurásico. Probablemente llevasteis a vuestros hijos, pretextando que sólo ibais para que ellos pasaran un buen rato, pero seguro que también disfrutasteis con ella. Por si alguno no la ha visto, os cuento la historia. Un millonario, Richard Attenborough, utiliza experimentos con el ADN para devolver la vida a los dinosaurios. Crea un parque especial por el que todos los dinosaurios pueden moverse libremente. Desgraciadamente se escapan, comienzan a matar a los visitantes y los seres humanos abandonan la reserva, dejando tras de sí la jungla. Tal vez os parezca que esto no tiene mucho que ver con la vida de los barrios de Londres, a no ser que las cosas hayan cambiado mucho desde que estoy en Roma, pero a mí me sugiere que todo ello afecta a elementos importantes de nuestra cultura contemporánea.

1. Violencia

El primer punto que quiero desarrollar es un tema bastante común. Parque Jurásico nos habla de un mundo violento, de una manada de dinosaurios vagabundeando por las llanuras y devorando cuanto encuentran a su paso. Se trata de una violencia a la que los seres humanos sólo pueden replicar con nueva violencia. La otra historia nuestra, la de la última Cena, es también una historia de violencia, la violencia que se inflige a Jesús y que él soporta: "como oveja que es llevada al matadero, él no abrió su boca" (Is 53, 7).
Cuando hace poco pregunté a un grupo de dominicos americanos -hermanos y hermanas- cuál era el primer reto a nuestra predicación, sin dudarlo me respondieron que la violencia. En los últimos meses he visitado Ruanda, Burundi, Haití, Angola, Croacia y Nueva York y he podido comprobar la cruda violencia de gran parte de nuestro mundo. Supongo que la mayor parte de la historia humana ha sido violenta y, si dejamos de lado los horrores de las dos guerras mundiales, la nuestra no ha sido mucho peor. En el pasado muchas sociedades han glorificado la violencia. Creo que también la nuestra lo hace, y de forma sutil y apenas explícita.
Parque Jurásico nos presenta una resucitada selva darwiniana en la que los animales compiten para sobrevivir. El débil fracasa y muere llegando a extinguirse, como los dinosaurios. La competición violenta por la comida y el territorio es parte de un proceso creativo a través del cual llegamos a existir. Esa lucha brutal es la que nos introduce en la existencia. Es nuestra cuna. Últimamente se sugiere que la violencia es fructífera. Sin embargo la teoría de Darwin -que yo no puedo afirmar haber estudiado- es interesante solo como síntoma de la profunda transformación en nuestra comprensión de lo que significa ser humanos, que ha tenido lugar hace doscientos años, más o menos. Es la aparición del convencimiento de que toda sociedad humana funciona y florece a través de una feroz lucha entre individuos competitivos, cada cual persiguiendo su propio bien. La metáfora de la supervivencia del más preparado, de la vida como una jungla darwiniana, aparece con frecuencia en nuestro lenguaje. Sumner, el economista de Yale, escribió incluso que "los millonarios son un producto de la selección natural... Pueden ser objetivamente considerados como agentes de la sociedad seleccionados naturalmente para un determinado trabajo".
Uno de los primeros indicios de este cambio profundo en nuestra comprensión de la sociedad humana fue una pequeña paradoja titulada "La parábola de las abejas", escrita por un tal Mandeville en el siglo dieciocho. Defendía que la avaricia, la envidia, el orgullo, todos los vicios tradicionales, pueden ser realmente muy útiles. Son los que hacen que el mundo continúe y que la sociedad humana prospere. Pueden ser vicios privados, pero son virtudes públicas. La política de la avariciosa competición viene de lejos. Es esta comprensión de lo que significa ser humano la que hace de nuestras ciudades Parques jurásicos urbanos, ciudades-selvas con violencia interior, donde los débiles son destruidos. Nuestra historia, la de la última Cena, nos ofrece un profundo desafio, no sólo porque aquí se nos presenta al hombre que soporta la violencia y rehusa deshacerse de ella. Nuestra historia ofrece una imagen radicalmente diferente de lo que significa ser humano. Él nos ofrece su cuerpo. Esta es la nueva alianza, nuestro hogar y nuestra morada. El significado de las vidas no se da en la búsqueda del propio interés, sino en la acogida del don de comunión.
Creo que la mayoría de nosotros estaríamos de acuerdo - y se ha defendido con frecuencia - en que el reto del momento es romper la fascinación de lo que al fin es una imagen dolorosa y destructiva de lo que significa ser humanos: la de vernos como mónadas solitarias persiguiendo siempre nuestro propio provecho individual. Somos carne de la carne del otro, una comunión que encuentra la perfección en esa carne que Cristo da, su propio cuerpo. Lo que buscamos es radicalmente el bien común. El problema está en cómo hemos de romper la influencia de este falso mito de nuestra humanidad. ¿Qué hemos de hacer? Como señaló David Marquand en "La sociedad sin principios": "¿Cómo puede una sociedad fragmentada hacerse a sí misma un todo? ¿Cómo puede una cultura impregnada de un individualismo egoísta restaurar los vínculos de comunidad? Admito que el sentir común de casi doscientos años es el principal obstáculo para un ajuste fructífero tanto económico como político. ¿Cómo se puede redefinir el sentir común? (The Unprincipled Society: New Demands and Old Politics (Glasgow, 1988), p. 223.).
Creo que nuestro relato de la última Cena nos da unas cuantas claves. Después de todo es la historia de una comunidad que es profundamente desprendida, en la cual el hombre que está en el corazón de esa comunidad está a punto de ser traicionado y negado. Todos sus amigos escaparán en un momento. Es la historia del nacimiento de una comunidad que tira por tierra toda forma de alienación, traición, incluso la muerte. Nos ofrece esperanza.

2. Palabras

El acto central de Jesús es pronunciar una palabra. Dice algo: "Esto es mi cuerpo y os lo entrego". Pronuncia una palabra poderosa y transformadora. Las palabras no son tan importantes en Parque Jurásico. Hay muchos gruñidos y rugidos, el sonido de huesos que se quiebran, pero no se nos anima a hablar con un Tiranosaurus Rex. Un ruso o un chino podrían ver la película en inglés y no echar muchas cosas en falta. Esta diferencia es significativa. Una de las formas con las que construimos la sociedad humana y trascendemos la trampa del individualismo egoísta, es recuperando el respeto por las palabras, y su capacidad para formar y sostener la comunidad.
Somos humanos y nos pertenecemos unos a otros porque podemos hablar entre nosotros. Una sociedad en desintegración es aquella en la que se da el desprecio por las palabras. Cuando estuve en El Salvador visité la habitación donde fueron tiroteados los jesuitas en la Universidad. Los asesinos también dispararon contra sus libros. Se puede ver un ejemplar del Diccionario teológico del Nuevo Testamento de Kittel, abierto por la página del Espíritu Santo, el que nos enseñó a hablar en lenguas, atravesada por agujeros de bala. Pienso en la biblioteca de un sacerdote de Haití con todos los libros destruidos y rasgados; pienso en un pueblecito en la frontera entre Croacia y Serbia borrado del mapa, con los mismos cuerpos sacados de las tumbas y esparcidos alrededor, y en la iglesia el misal desgarrado y decorado con obscenidades. Lo que todos estos incidentes muestran es, por una parte, el odio a las palabras y, por otro, la fuerza que las mismas conllevan.
Cuando, durante mis viajes, aterrizo en Inglaterra para recuperarme del desfase horario y hacer la colada, no leo nada referente a que los parlamentarios irrumpan unos en las habitaciones de los otros rompiendo los libros de los oponentes. Sin embargo me da la impresión de que vivimos en una cultura en la que nos soltamos unos a otros palabras con poco contenido en lo tocante a sus consecuencias, igual que hacen los niños cuando juegan a indios y vaqueros, sin comprender que las pistolas que usan son reales. Es como si hubiéramos olvidado que hablar es un acto moral que exige la responsabilidad más profunda. No puedo menos de sorprenderme ante las cosas tan distintas que se decían del señor Smith antes y después de su muerte. ¿Se trataba sólo de palabras?
El libro del Génesis nos dice que la vocación de Adán fue llamar a las cosas por su propio nombre. Dios hizo a Adán para que le ayudara en la creación. Le mostró un león o un conejo y Adán les puso nombre. Sabía lo que eran las cosas y así ayudó a Dios a sacar del caos un mundo con sentido. Sus nombres no eran marcas arbitrarias pegadas sobre las cosas de forma que pudiera haber llamado liebre al conejo; los nombres participaban del poder de las palabras de Dios para traer a la existencia, para sacarlas a la luz. Hablar, usar palabras, es casi una vocación divina. Como Dios, el hablar nos da el poder de la vida o de la muerte.
La violencia de nuestra sociedad impregna el lenguaje que usamos. Vaclav Havel, el presidente de la República Checa, contrasta las palabras de Salman Rushdie con las de Jomeini: "palabras que iluminan a la sociedad con su libertad y sinceridad se contraponen a palabras que hipnotizan, engañan, inflaman, enloquecen, seducen, palabras hirientes, letales incluso. La palabra es como una flecha" (Citado en Independent, 9 de diciembre de 1989, p. 29.). George Steiner escribió: "En las palabras, como en la física de las partículas, hay materia y antimateria. Construcción y aniquilación. Padres e hijos, hombres y mujeres, cuando se dirigen unos a otros en el intercambio de palabras, están ante un riesgo definitivo. Una palabra puede mutilar una relación humana, puede poner en peligro la esperanza. Los cuchillos del habla producen cortes muy profundos. Con todo es el mismo instrumento, léxico, sintáctico, semántico, que usamos para hablar de la revelación, el éxtasis, el de la maravilla de comprender lo que es la comunión".
Una hermana dominica de Taiwan contaba de una chica que llevaba un niño a sus espaldas. Alguien le dijo: "Chiquilla, llevas una pesada carga". Ella le replicó: "No llevo una carga pesada. Llevo a mi hermano". Una palabra transformadora.
Los defensores de lo políticamente correcto están en lo cierto aunque la forma sea incorrecta. Han visto correctamente que importa mucho las palabras que yo uso, ya que mis palabras pueden ser puñales que matan a las personas. Ahora bien la comunidad humana no se cura simplemente por prohibirnos usar ciertas palabras. Como escribió Robert Hugues en "La cultura de la queja": "Queremos crear una especie de "Lourdes" lingüístico donde el mal y la desgracia se desvanezcan por la inmersión en las aguas del eufemismo". Destaca que no se vence el horror a la muerte disponiendo, tal como lo hacía el New England Journal of Medicine, que al referirse a un cadáver se debería decir una "persona no viva". Un cadáver grueso, señala, se convierte en "una persona no viviente de tamaño diferente". Los administradores de la Universidad de S. Francisco, en Santa Cruz, se equivocaron al creer que se podrían superar expresiones racistas, tales como "estoy negro" y "esto es un trabajo de chinos", con sólo admitir que en algunos contextos podían parecer racialmente despectivas.
Construimos comunión y sanamos heridas no por prohibir palabras desagradables, sino usando palabras que crean comunión, que dan la bienvenida al extraño, que anulan distancias. En el corazón de nuestro relato prototipo, la última Cena, se habla de un hombre que pronuncia palabras que dan origen a la comunidad: "esto es mi cuerpo y os lo entrego". Y si la doctrina de la Presencia Real, de estas palabras verdadera y profundamente transformadoras, parece estúpida y absurda a muchos de nuestros contemporáneos, seguramente es porque hemos olvidado qué poderosas son las palabras. Emily Dikinson escribió:
Podría el labio mortal presagiar
la carga no desvelada
de una sílaba confiada,
que la desintegrara en su peso.
Las palabras de Cristo en la consagración revelan algo a lo que todo lenguaje humano aspira, la gracia que perfecciona la naturaleza.
Cuando los monjes de la Edad Media huyeron hacia las costas occidentales de Irlanda, llevaban consigo los textos de los Evangelios que ellos copiaban, adornaban, volvían a copiar y veneraban. Fundaban comunidades que mantenían viva la veneración por estas palabras santas. Tal vez lo que nosotros estamos llamados a hacer es formar comunidades donde exista veneración por el lenguaje, por las palabras veraces, palabras que construyan comunidad. Si la iglesia ha de ser un lugar donde la gente pueda redescubrir el sentido profundo de lo que significa ser humano, ser eso que en nuestra más profunda identidad somos unos para otros, entonces debemos ser ante todo una comunidad en la que las palabras se usan con veneración y responsabilidad.
Eso quiere decir que tenemos que ser una comunidad de personas donde nos atrevemos a debatir, a discutir, a dialogar en la búsqueda de la verdad que nunca podemos dominar o amaestrar. Con frecuencia en nuestra querida Iglesia hay miedo al debate. No me refiero al desacuerdo. Hay mucho desacuerdo ruidoso. Me refiero a esa difícil batalla con el otro, en la cual ambos buscamos el mutuo esclarecimiento, esa apasionada disputa en la que uno lucha con los otros porque espera precisamente aprender de ellos. En la Suma, Sto. Tomás comienza siempre con las objeciones de sus oponentes no sólo para probar su error, sino para descubrir exactamente en qué tienen razón. Luchamos con el oponente como Jacob con el ángel para reclamar una bendición.
Esa especie de reverencia por la palabra que nosotros debemos aprender, si la Iglesia tiene que construir el hogar humano, implica humildad ante la verdad y ante la otra persona. Nuestras palabras, tanto en la Iglesia, como en nuestra sociedad, están con frecuencia cargadas de arrogancia. Una última cita de Havel: "Deberíamos luchar juntos contra las palabras altivas, estar alerta a todo germen solapado de arrogancia que tiene la apariencia de humildad. Este no es obviamente un trabajo de lingüística. La responsabilidad por las palabras y con las palabras es un trabajo intrínsecamente ético. Como tal está situado más allá del horizonte del mundo visible, en ese reino donde habita la Palabra que existió en el principio y que no es la palabra del hombre".

3. Perdón

Cuando nos reunimos el domingo para oír de nuevo nuestros relatos fundacionales, las poderosas palabras que oímos son las de perdón, las de sangre que es derramada para el perdón de los pecados. La palabra es una palabra que sana y absuelve. Sin embargo hay en nuestra cultura una profunda resistencia a la idea del perdón. Parte viene de la sospecha de que las personas que hablan sin cesar de perdón, especialmente los católicos, tienen probablemente una obsesión malsana de culpa. Habiendo sido educado por los benedictinos, hombres bondadosos, no es desde luego esa la clase de catolicismo en la que yo me inicié. Me pregunto de forma más radical si de hecho nuestra cultura no desconfía del perdón porque sospecha que el perdón puede que no sea una cosa muy buena. Pudiera ser que en el fondo nuestra cultura contemporánea mantenga la creencia de que, salvo en el sentido más privado y personal, el perdón fuese dañino e incluso peligroso. Si hubiera demasiado a nuestro alrededor la sociedad se derrumbaría. Como la mantequilla, el chocolate y esas otras cosas buenas, debería ser estrictamente racionado. Y sin embargo es algo central en nuestra fe.
Desde luego después de Dachau y Auschwitchz -también Spielberg realizó la Lista de Schindler - después de Dresden y Hiroshima, uno podría dudar de la idea de perdón como algo demasiado fácil. Como si tales horrores fuesen fáciles de olvidar. Sin embargo nuestra duda es aún más honda y podemos ver las claves en Parque Jurásico. En la jungla darwiniana no puede darse el perdón. La extinción es la consecuencia necesaria de la debilidad y el fallo. Y es bueno que suceda esto, ya que de otra manera no habría evolución. Nosotros, seres humanos, somos el resultado de un proceso despiadado que elimina imnumerables especies ya que fueron incapaces de adaptarse, pero así llega hasta nosotros. Lo que es creativo de nuestra humanidad es una historia implacable. En Parque Jurásico estos dinosaurios son rescatados de la muerte y enseguida descubrimos que ese es un gran error. Deberíamos haber dejado su ADN incrustado en las gotas de ámbar.
Es verdad que no puedo alegar ninguna pericia en economía. Cuando se explicaban las cuentas en inglés, no me resultaba difícil perderme. Ahora que las explicaciones se hacen en italiano, la oscuridad es total. Sospecho, sin embargo, que la imagen de supervivencia de los más preparados funciona de un modo implacablemente semejante en mucho de la política y economía contemporáneas y que una de las funciones del gobierno es precisamente la de retirar todo lo que resguarda y protege a las industrias débiles o desadaptadas. Aquí no hay lugar para la misericordia. Los débiles deberían perecer ya que la piedad es un sentimiento peligroso. Sé que esto es una simplificación excesiva: nosotros creemos en las redes de seguridad y soñamos con el mercado social y con la benevolencia del capitalismo; y, sin embargo, eso toca algún profundo instinto de nuestra sensibilidad contemporánea.
Esa falta de piedad parece penetrar profundamente nuestra cultura. Una de las alegrías de mi existencia errante -sesenta países desde Julio de 1992 y espero que mi hermano mayor no haya olvidado que me prometió unas vacaciones gratis después de los cincuenta primeros-, es, aparte de leer The Tablet, toparme con algún periódico inglés. Tal vez atrasado de varias semanas, pero caigo sobre él como un hambriento. Y, sin embargo, es deprimente lo poco que hablan de denuncia y acusación. El modelo imperante en el acercamiento a la verdad es el de la revelación, el de airear las faltas de alguien. Es indudable que todo esto se dice hacerlo en nombre de la moralidad, de volver a la base. Sin embargo uno debe preguntarse: ¿Qué es realmente lo que se expone? ¿Qué es lo que se descubre y revela? La verdad de otro ser humano, con todos sus vicios y virtudes, bondad y maldad, solamente se puede alcanzar con una paciente atención. Hay que escuchar con verdadero mimo, y dejar al otro que se muestre a sí mismo. La verdad no se ofrece como desenmascaramiento, sino en un momento de revelación. Necesita ternura, no denuncia. La mirada verdadera es siempre una mirada compasiva, incluso una mirada amorosa, ya que, como nos enseña Sto. Tomás, la verdad y la belleza son la misma cosa. El periodista con una primicia me recuerda a Pompeyo cuando toma por asalto el templo de Jerusalén, y exige ver lo que se hallaba escondido detrás del velo del Sancta Sanctorum. Cuando fue rasgado exclama: "¡Pero no hay nada, nada en absoluto!". No había nada que él pudiera ver.
El perdón de la última Cena no es fundamentalmente olvidar. No nos tranquiliza diciendo que nuestro Dios desea pasar por alto nuestras faltas, mirar hacia otro lado. Es un acto profundamente creativo de sanación. El perdón, en nuestra tradición, es ese momento totalmente creador en el que Jesús es rescatado de la muerte. No es el que nos capacita para olvidar. Hace posible el recuerdo. Es el misterio del Dios siempre fecundo que, en la imagen medieval, hizo que la madera muerta de la cruz se cubriera de flores, y puede hacer que nuestras vidas muertas florezcan. Estas dos historias, el Parque Jurásico y la última Cena, difieren profundamente en su percepción de la creatividad. En una los humanos son creados a través de un proceso despiadado que destruye al débil; en la otra se trata de una palabra que sana y redime y nos lleva a la plenitud.
Los héroes de Parque Jurásico son los dinosaurios. Son, por supuesto, las víctimas, los que fueron condenados por el proceso evolutivo. Y son los héroes indicados de nuestra cultura en la que la víctima con frecuencia tiene status de héroe. Y el hambre y la amargura de la víctima, el abuso o la vejación, o la injusticia, seguramente derivan del sentimiento de que nada se puede hacer para curar el daño, que ellos o nosotros estamos condenados a llevar nuestras heridas para siempre, a ser víctimas. Mencionar, incluso, la posibilidad del perdón sería trivializar el dolor e intensificar la rabia. Todo lo que se puede hacer es echar fuera al culpable. Seguramente sólo la fe en un Dios absolutamente fecundo, que hizo todo de la nada y resucitó a Jesús de entre los muertos, puede darnos la fuerza para pensar en aquellos a quienes hemos herido o que nos han hecho sufrir, y esperar el perdón.
En la última Cena el perdón no es sólo una absolución privada sino el nacimiento de una comunidad. No es sólo el ofrecimiento de una paz personal interior, sino la paz que nosotros vivimos juntos. Así era como se veía en Europa, cuando el sacramento de la reconciliación era el sacramento en que la comunidad era curada, un acontecimiento público hasta después del Concilio de Trento cuando se inventaron los confesionarios.
Uno de los ejemplos más conmovedores que vi de este perdón compartido tuvo lugar en Burundi el año pasado; durante las masacres. Los conflictos entre tutsis y hutus que han diezmado Ruanda este año ya había comenzado en Burundi. Nuestros hermanos pertenecían a ambos grupos étnicos y entre ellos todos habían perdido miembros de sus respectivas familias. Fue un momento de un dolor intenso para estos hermanos nuestros. ¿Cómo podíamos sostener y edificar una comunidad religiosa en la que enemigos tradicionales vivían juntos? Esta era nuestra prioridad más inmediata. Yo recorrí el país con el Asistente del Consejo General para África, que es hutu, y el superior local que es tutsi. No vimos más que bandas ocasionales de hombres armados buscando a sus enemigos. Visitamos campos de refugiados y encontramos a las familias de nuestros hermanos y hermanas. Era muy importante que estos aceptaran a los hermanos de los dos bandos, tutsis y hutus juntos. Fue el primer gesto de reconciliación y de mutuo perdón. Luego, antes de que yo abandonara la capital, Bujumburu, nos sentamos e intentamos hablar. Más que palabras de denuncia o acusaciones, cada uno tenía que escuchar, oír lo que el otro había sufrido, de forma que él pudiera seguir siendo un hermano y no se convirtiera en un extraño. Fue, tal vez, el momento más extraordinario de escucha que jamás he visto, de ofrecimiento de una escucha acogedora a aquél que parecía hablar desde otro mundo. Aquí el perdón no es amnesia sino el don imposible de la comunión.

4. Fatalismo

El último contraste que me gustaría establecer entre Parque Jurásico y la última Cena está profundamente conectado con la posibilidad del perdón. Se trata de la diferente forma de entender la libertad que ambos proporcionan. Parque Jurásico es una especie de parábola, como la historia de Frankestein, sobre el fracaso de nuestra cultura científica para vivir de acuerdo con su sueño de control de la libertad. En el libro esto se hace explícito cuando la sala de control del parque deja de funcionar y, por ello, todos los dinosaurios pueden escapar. Al pararse durante un momento de reflexión, cuando el caos está a punto de arrollarlos, el héroe dice: "Desde Newton y Descartes, la ciencia nos ha ofrecido explícitamente la visión del control total. La ciencia ha afirmado su poder para controlar finalmente todo, a través de su comprensión de las leyes naturales, pero en el siglo veinte esa afirmación ha sido hecha añicos sin posibilidad de reconstrucción" (Michael CRICHTON, Jurassic Park, p. 313). Al final, la única libertad que queda a nuestros héroes es la libertad de huir, de escapar de la confusión que ellos han producido. También se puede leer como una forma de provocar la expectación para ver Parque Jurásico 2. Es la libertad de no pertenecer, libertad final de nuestro moderno ser humano, ese ser aislado y solitario para quien pertenecer es estar atrapado.
Cosas maravillosas han tenido lugar estos últimos años, se han alcanzado libertades inesperadas. Hemos visto la caída del muro de Berlín, la elección de Nelson Mandela como presidente de África del Sur. Puede que estemos en el camino de la paz en Oriente Medio. Sin embargo, a pesar de todo esto, a veces nos tienta un triste fatalismo, un sentimiento de que nada de lo que hacemos puede en realidad afrontar y vencer la pobreza creciente, la crueldad y la muerte. Es lo que Havel llama "la incapacidad general de la humanidad moderna para ser dueña de su propia situación". Quizá ese sentido de fatalismo no sea sólo debido al fracaso de la ciencia para ofrecer todas las respuestas. En The culture of Contentment, el economista americano John Kenneth Galbraith afirma que este fatalismo está implícito de hecho en nuestro sistema económico, que nuestra política está profundamente influida, a lo largo de doscientos años más o menos, por la filosofía del "dejar hacer" ("laissez faire", por tanto probablemente sea culpa de los franceses). Sostiene que cualquier interferencia en el mercado tendrá un efecto nocivo. Debemos permitir que el mercado trabaje según sus principios y al final todo funcionará bien. "La vida económica tiene en sí misma la capacidad para resolver sus propios problemas y para que todo funcione bien al finaJ” (The culture of Contentment (Londres, 1992), 79.) . Es la filosofía que nos lleva a todos a pensar a corto plazo, ya que, como dijo Keynes, "a largo plazo todos estaremos muertos".
La última Cena ofrece precisamente la libertad haciendo frente a la muerte, esa perspectiva de largo o corto plazo. Nos presenta el recuerdo de un hombre enfrentado a la muerte. Es necesario - palabra clave en el Evangelio de Marcos - que el Hijo del Hombre sea entregado para sufrir y morir. Es su destino. Y sin embargo a pesar de la destrucción, la noche antes de ser entregado, él lleva a cabo un acto de loca libertad. Toma su sufrimiento y su muerte, agarra su destino y hace de él un don. Esto es mi cuerpo y os lo entrego. El destino se transforma en libertad. Y la forma que escoge es totalmente contraria a la de Parque Jurásico. Es precisamente negándose a huir de los discípulos que lo traicionarán y lo negarán. Se pone él mismo en sus propias manos. Les deja hacer lo que quieran con él. Es esta una libertad diferente de la de los héroes de Parque Jurásico huyendo del caos de los furiosos dinosaurios. Es la libertad de pertenecer. Es la libertad más profunda que tenemos ya que somos, más allá de lo que estemos tentados a pensar, carne de la carne de nuestro hermano y no podemos prosperar solos. La libertad de huir de ello es alejarnos de lo que es más propio de nuestra naturaleza.
Si fuerais a preguntarme por lo más importante que yo he aprendido a lo largo de estos dos años como Maestro de la Orden, saltando de aeropuerto en aeropuerto, os diría que he aprendido un poquitín de lo que podría implicar la libertad de pertenecer. He visto a tantas personas, hombres y mujeres, con frecuencia miembros de órdenes religiosas, pero también laicos, que se han atrevido a agarrar esa libertad de pertenecer, de entregar sus vidas, a hacer de sus vidas un don. He aprendido un poco más lo que quiere decir celebrar la Eucaristía.
Acabo de regresar de Argelia donde nuestros hermanos han decidido quedarse, a pesar de las amenazas de muerte de los fundamentalistas islámicos, como signo de esperanza y de comunión futura. Para ellos cada Eucaristía se celebra haciendo frente a la muerte.
Recuerdo un día en el norte de Ruanda, en la zona de guerra antes de los problemas actuales. Había visitado el campo de refugiados con 30.000 personas, había visto mujeres intentando alimentar a sus hijos que ya habían rechazado el comer puesto que no tenían ánimo para seguir viviendo. Había visitado el hospital atendido por las hermanas y había visto sala tras sala con niños y jóvenes cuyos miembros habían sido amputados. Recuerdo un niño de ocho o nueve años con ambas piernas cortadas, sin un brazo y sin un ojo, con su padre llorando, sentado junto a su cama. Volvimos a la casa de las hermanas. No había nada que decir. No podíamos encontrar palabra alguna. Pero pudimos celebrar la Eucaristía, pudimos recordar la última cena. Fue lo único que pudimos hacer y lo que dio ánimos a aquellas hermanas para seguir, para pertenecer.
Para finalizar, ¿cómo romper el asidero, el embelesamiento de la imagen de ser humano que mantiene cautiva a nuestra cultura? ¿Cómo vamos a liberarnos de este mito reciente de que somos realmente seres solitarios, persiguiendo cada uno su propio provecho en una competición feroz? ¿Cómo podemos, como señaló Marquand, redefinir el sentir común de los doscientos años pasados y descubrir que somos hermanos y hermanas, hijos de un único Dios, y hermanos de Cristo que comparten la misma carne y no pueden encontrar satisfacción solos? La verdad más honda de nuestra naturaleza humana no es que somos avariciosos o egoístas, sino que tenemos hambre y sed de Dios y en Dios nos encontraremos unos a otros. Alasdair McIntyre sugiere que deberíamos seguir el ejemplo de nuestros antepasados en la Edad Media y formar comunidades locales "dentro de las cuales la vida moral pudiera ser sostenida para que tanto la moralidad como la cortesía pudieran sobrevivir a los tiempos de barbarie y oscuridad que están por llegar" (After Virtue (Londres, 1981), 244.).
Ciertamente una de las formas a través de las cuales podremos testimoniar lo que significa ser humano es juntarnos en pequeñas comunidades locales y reactualizar esta historia de la Última Cena con su misterio de libertad y perdón. En Inglaterra llaman a estas pequeñas comunidades parroquias. En el mundo toman formas diferentes. Deberían ser comunidades donde nos alimentáramos en el conocimiento de que el bien que buscamos no es nuestra propia satisfacción personal sino el bien común. Pero no deberían ser pequeños grupos interesados sólo en sí mismos, celebrando sus propia camaradería. Personalmente no podría soportar tal cosa. Aquí deberíamos alentar un sentido más amplio de pertenencia, gustar nuestra comunión con todos los demás hermanos, los santos y los pecadores, y el vivir y el morir.


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domingo, 4 de febrero de 2007

¿Un "canon" teológico?

Posted by Domingo García  |  at   21:18

Os presento una lista de libros que ha sido elaborada por un buen número de blogueros de lengua inglesa. La idea ha sido del estudiante finlandés Patrick Hagman, que mantiene un blog de contenidos propios (God in a Shrinking Universe) y otro "blog de blogs" (Theology Blogs). Se lanzó una primera encuesta para obtener una lista de libros (más de 100), que posteriormente se sometió a votación. Se trata de los libros de teología más influyentes de los últimos 25 años. Y ahí está el resultado: la lista original puede consultarse en inglés en el blog de Hagman.

La lista tiene el valor que tiene, muy limitado, porque muchos de los libros son del ámbito lingüístico inglés (todos están traducidos a esa lengua) y no son conocidos en nuestra tierra. Sólo un libro está escrito originalmente en español, el de Gustavo Gutiérrez. Muy interesante, que las catequesis de Juan Pablo II sobre el cuerpo hayan obtenido 11 votos. Pensad que en la lista votan teólogos de todas las confesiones.

A mí, la lista me sugiere algunas consideraciones:

La primera, la escasa incidencia de la teología que se produce en España. Hace años, Ruiz de la Peña hablaba del manual de gracia de Capdevila (Liberación y divinización del hombre, I) como el mejor tratado de la gracia en el evangelio de Juan. Añadía que, si el libro estuviera escrito en alemán, lo citaría todo el mundo. Él mismo citaba continuamente un tratado de la Gracia desde la Reforma hasta hoy escrito en alemán por un autor tan teutón como... José Martín Palma.

La segunda, qué criterios emplean las editoriales a la hora de seleccionar los libros que traducen. Y la valoración sale muy positiva para las editoriales de lengua española, que han traducido varias de las obras de este canon (la de Milbank, una sorpresa). Pero... lástima que, por ejemplo, los interesantes libros de Lindbeck y de Tracy no estén traducidos. Ah! no sé si lo de Marion es teología, pero eso sí que es una carencia...

La tercera. Respetable la elección final, aunque yo hubiera votado algunos libros que aparecen en la primera encuesta: por ejemplo: el de Colin Gunton, The One, the Three and the Many traducido al español por Sígueme (39) o el de Catherine Mowry LaCugna (24), discutible aunque muy, muy sugerente. Otra devoción privada que no ha obtenido votos suficientes, Símbolo y Sacramento de Chauvet (18). Lástima...

Y la cuarta (last but not least)... ¿por qué no hacer una cosa similar con los libros de lengua española? La sugerencia queda ahí... A ver si os parece interesante.

Bueno, ahí va la lista. Os he puesto un enlace a los libros que están traducidos al castellano. Sólo un par de indicaciones: los libros que tienen el mismo número obtuvieron el mismo número de votos. Indicar también que, de la Teología Sistemática de Pannenberg (7), se han traducido sólo los dos primeros volúmenes. Ojalá que el P. Martínez Camino completara la traducción del tercero. La obra de Juan Pablo II (6), aunque aquí indico la edición completa de Cristiandad, se publicó primero en varios volúmenes en Editorial Palabra.

1. John D. Zizioulas, El ser eclesial (1985)
2. Hans Urs von Balthasar, Teodramática (completada en 1983)
3. George A Lindbeck, The Nature of Doctrine (1984)
4. John Milbank, Teología y Teoría Social. Más allá de la razón secular (1990)
5. Miroslav Volf, Exclusion and Embrace: A Theological Exploration of Identity, Otherness, and Reconciliation (1996)
6. Juan Pablo II, Hombre y mujer los creó (1979-1984)
7. Stanley Hauerwas, The Peaceable Kingdom: A Primer on Christian Ethics (1983)
7. Wolfhart Pannenberg, Teología Sistemática I-II (1988-93)
9. Jürgen Moltmann, El Espíritu de la vida. (1991)
10. Elizabeth Johnson, La que es. El misterio de Dios en el discurso teológico (1992)
10. T. F. Torrance, The Trinitarian Faith (1985)
12. Gustavo Gutierrez, Beber en su propio pozo (1984)
12. Robert W. Jenson, Systematic Theology (1997-99)
14. Jean-Luc Marion, God without Being (Dieu sans l'être) (1982)
14. David Tracy, The analogical imagination: Christian theology and the culture of pluralism (1981)

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Nueva edición de la Enciclopedia Filosófica

Posted by Carlos Izquierdo  |  at   20:41

*Fondazione Centro Studi Filosofici di Gallarate, Ed. Bompiani, Milano 2006, 12.496 pág. 299 €

A veces las efemérides son un buen momento o buen pretexto para una publicación. En el mundo filosófico dicen que el segundero del pensamiento no puede ser la coincidencia centenaria y, menos, el éxito editorial. Filosóficamente hablando es el bicentenario de la Fenomenología del Espíritu. No sé si Hegel esperaba llegar tan lejos, pero el hecho es que hoy se ha convertido en reloj del pensamiento contemporáneo. Quien quiere estudiar cualquier autor, debe ponerlo en hora con el ayuntamiento de Jena.

Pero el bicentenario es cosa de alemanes. En Italia son un poco más modestos y el gong de las efemérides suena cada 50 años. Ésta es la añada de la memorable Enciclopedia Filosofica, de reciente aparición. Es Bompiani, la editorial del rizziolesco Corriere della Sera, la que ha apostado por actualizar la conocida Enciclopedia de 1957 y de 1967. Muchos datos en los 12 tomos que la componen y las 12.000 páginas que la decoran. Han sido 7 años de trabajo y 1.900 colaboradores. No es necesario recomendar su uso, pero sí importante reconocer los motivos por los que es una gran obra.

Continúa...



1. Materialmente, una vasta obra. Hablamos de 12.496 páginas de filosofía en estado puro, escritas por más de 1.600 autores. En estado puro quiere decir que los autores firman sus artículos, actualizan la bibliografía, muestran las tendencias actuales y filosofan en primera del singular. Sin duda, tiene sabor azzurro, pues es una obra casi enteramente italiana. Los autores fueron clasificados a partir de 24 especialidades seleccionadas, cada una con su coordinador. Todos ellos grandes ases.

2. Si es de mérito la cantidad, no va a la zaga la calidad de las plumas. Existen de todas las tendencias posibles. He ahí una muestra: Dario Antiseri, Emmanuele Severino, Gianni Vattimo, Giuseppe Flores d’Arcais... Por eso es una obra libre de antiguas y/o nuevas hipotecas como el iluminismo, el neotomismo, el antifundacionismo o el positivismo científico. A la vez, apuesta por novedades metodológicas, que gozan ya de cierta veteranía, como la falsabilidad de la ciencia, la importancia de la hermenéutica y el rigor científico del intérprete, el método de las Ciencias Sociales...

3. Lo nuevo, si lo es, no es por destruir lo antiguo, sino porque avanza con ello. Así la Enciclopedia mantiene un nutrido número de artículos de las anteriores, con el aggiornamento pertinente. Novedad absoluta son las acepciones de filosofía con apellido: Filosofía rusa, filosofía china, filosofía japonesa, filosofía africana... como nuevos exponentes culturales. Lo mismo la saga de los neo, los bio y los neuro: Neurobiología, neurociencia, evolución, cerebro, inteligencia... Igualmente la implicación del novel campo filosófico de la mente en los clásicos de la libertad, ciencia... No pasa desapercibido el reconocimiento del Vaticano II como evento de gran relevancia para el siglo XX, a la vez que se incluyen por primera vez autores teológicos como Chenu, Congar, Kasper, Balthasar, Rahner...

4. La obra no se muestra ajena a la mutación cultural sufrida en la segunda mitad del siglo XX. En lo que al mundo filosófico se refiere, supone prescindir de conceptos y autores en desuso y de abordar lo conocido desde otras posturas. Es de destacar la opción tomada en voces como Aristóteles (E. Berti), Tomás de Aquino (A. Ghisalberti), Kant (V. Mathieu – S. Marcucci), Locke (M. Gennari), Bacon (P. Rossi Monti). No aparece la voz Neotomismo. Tras de los firmantes está lo que la crítica filosófica actual admite como más fiel interpretación.

5. La didáctica filosófica es otro de los aspectos más cuidados. Cada concepto es iniciado en su etimología, expresado en su significado y analizado en su tradición histórica. Finalmente es discutido y puesto en relación con algunos de los problemas actuales. En su conjunto, cada voz recoge una reflexión, una propuesta y un diálogo con los autores actuales más expertos o relevantes.

6. Dos virtudes fundamentales que la definen en sí misma como “un intento de hacer filosofía juntos”: es una propuesta de diálogo intrafilosófico entre los diferentes autores, a la vez que un diálogo abierto a hacer filosofía. Filosofía como saber que no se alicorta antes de emprender el vuelo del intelecto o se deja encasillar por la ventana pensamiento de moda o la monada cultural que lo sostiene.

Una obra, por tanto, esencial para una biblioteca filosófica. De momento sólo hay versión en italiano y en papel. Veremos si su éxito le permite romper ambos cercos para disfrutarla on-line y en castellano.

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El Lenguaje Teológico hoy

Posted by Unknown  |  at   11:55

Estos días, he mantenido un difícil debate en algunos blogs en los que participo habitualmente, sobre la posibilidad (o mejor conveniencia) de hablar de Dios y de la teología en algunos foros de la denominada web 2.0
Para muchos es una cuestión simple: Dios no interesa. Para otros es un tema en franco declive ante la "presunta" objetividad de la ciencia y su, cada vez mayor, influencia. Y para otros es fruto de la inadaptación del lenguaje teológico (religioso, dicen muchos) a la forma de pensar y de expresarse de las personas de hoy. Lo que más me ha sorprendido es la participación de algunos alumnos de teología y de profesores de filosofía, que animaban el debate con perlas del género: "pues es verdad, la teología no ha sabido dialogar con el mundo contemporáneo" o "las ciencias nos llevan gran ventaja", "la teología ha escogido el camino del esoterismo y ha perdido contacto con la realidad" (wow), "debería adaptarse al lenguaje actual", "al estar basada en dogmas, la teología es impositiva y eso es inaceptable" (aquí ya me puse de mal humor). También había comentarios más radicales de todo tipo y entre los defensores de la teología algunos postulaban "la desaparición de la reflexión teológica de estos foros porque sólo interesan a unos pocos". Buff, ya he comentado en este blog, varias veces, la importancia de las blogosfera y de las redes sociales; así que no insistiré. Pero todo esto me hizo recordar una comunicación que leí hace unos años en mi Centro Teológico en unas Jornadas de Teología sobre la Sociedad de la información. La cuelgo aquí por si alguien está interesado y por si nos sirve para pensar sobre el tema y reformular, sin complejos, nuestra participación en cualquier foro. El lenguaje teológico se basa en lo que Dios ha dicho de Sí mismo, ¿cómo no va a ser adecuado para cualquier época y para cada sociedad?
Disculpen de antemano la extensión y el formato (Blogger no admite facilmente el formateo de textos complejos, con notas y párrafos singulares).

Leer Comunicación...

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viernes, 2 de febrero de 2007

Método o teología en Exégesis

Posted by Unknown  |  at   9:22

Después de una kdd teológica en la que tratamos sobre la relación de exégesis y teología, algunos amigos hemos estado debatiendo muchísimo sobre esta cuestión. Sobre todo, en lo relacionado a los "supuestos teológicos" de la exégesis cristiana. Es una discusión difícil porque conlleva una infinidad de asuntos relacionados. Pero de toda esta reflexión hay algo que ha quedado más o menos claro: no se trata principalmente del método (algo ya muy trillado y que sufre diversas evoluciones dentro de la propia labor exegética), sino más bien de la propia función de la exégesis en el concierto teológico y eclesial. Es decir, que más allá del método sigue pendiente una revisión del papel "fundamental" de los estudios bíblicos en la reflexión crítica de la Iglesia. Al menos, es lo que parece deducirse de los diálogos y dintintas lecturas que hemos ido haciendo a partir de entonces. Claro, que en un tema tan difícil hay opiniones para todos los gustos e incluso alguno afirma que no existe tal problema y que la práctica científica ha ido clarificando el lugar y la función de cada disciplina. Sea como sea, aún aclarándose a un nivel práctico, en el plano teorético sí parece existir una dificultad de fundamentación y conjugación. Hemos quedado en seguir tratando este tema, pero esta mañana, mientras estudiaba, me he encontrado con un texto de Balthasar que habla precisamente de esta problemática y dónde afirma que la gran cuestión es la de los supuestos teológicos y no la del método. No me he podido resistir a colgarlo:

«La metodología de Bultmann no va ciertamente más allá de Kälher y es tan incapaz de unir las dos formas que había contrapuesto Kälher, como de separarlas completamente. Este trágico dualismo convierte la imagen de Cristo en autorrepresentación de la antropología protestante. Lo que la "prostituta razón" realiza fuera de la fe es tan necesario como inaceptable: prepara kantianamente el camino a la fe; se critica y se limita a sí misma y reconoce así su incapacidad para percibir el objeto de la fe, es decir, el "Cristo histórico". El dualismo que ello implica entre historia (Historie) y "actualización de la historia" o "historia existencial" (Geschichte) es verdaderamente trágico, por una parte, para la teología, que está a punto de dejar a un lado el hecho de la encarnación de Dios en cuanto tal y de construirse tomando como única base el absoluto de la fe que se comprende así misma, y por otra, para la predicación y la misión eclesiales, que no pueden valorar semejante retroceso sino como una autorrenuncia al cristianismo. La posibilidad de dar un paso más allá de Bultmann, como lo dió el idealismo más allá de Kant, es problemático, porque el idealismo fue un abandono del principio reformador propiamente dicho, mientras hoy, desde un punto de vista cristiano, lo único que queda por hacer es recuperar los hechos históricos con su significado salvífico. La controversia en torno a la exégesis teológica bultmanniana no es tanto una discusión sobre los resultados de una investigación cuanto una polémica a propósito de los supuestos teológicos del método exegético. Ni siquiera el método mismo necesita ser puesto en cuestión» ( H. U. Von Balthasar, Gloria I, La percepción de la forma, 477).

Como siempre, están abiertas "las líneas" de los comentarios para ofrecernos tu opinión.

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jueves, 1 de febrero de 2007

Cardenal Martini: Welby, la eutanasia y el ensañamiento terapeútico

Posted by Rubén García  |  at   20:28

Leyendo esta reflexión del cardenal Martini, al hilo del caso Welby, (publicada en Il Sole 24 Ore el 21 de enero del 2007) me resulta aún más incomprensible la "supuesta polémica" con la que algunos querían presentar una división interna, en el seno de la iglesia italiana, acerca de la eutanasia. Según algunos medios por un lado se situaría el "inmisericorde" e inmovilista Ruini, defendiendo la postura oficialista, y, por el otro, Martini, el cardenal "progresista". Nada de eso en realidad. Sólo una reflexión ponderada del cardenal Martini, que viene a recordar lo obvio. Pero ya se sabe: a río revuelto...


Continúa...
"Con la fiesta de la epifanía 2007 entré en el vigésimo séptimo año de episcopado y estoy a punto de entrar, Dios mediante, también en el octogésimo de año de edad. Aun habiendo vivido en un período histórico tan atormentado (piénsese en la segunda guerra mundial, en el Concilio y el postconcilio, en el terrorismo, etcétera), no puedo más que mirar con gratitud todos estos años y a cuantos me ayudaron a vivirlos con suficientes serenidad y confianza. Entre ellos debo mencionar también a los médicos y enfermeros a quienes, sobre todo desde hace un cierto tiempo, he necesitado para mantener el trabajo diario y para prevenir achaques debilitantes. De estos médicos y enfermeros he apreciado siempre la dedicación, la competencia y el espíritu de sacrificio. Me doy cuenta sin embargo, con algo de vergüenza y desconcierto, que no todos han gozado de la misma atención y cuidados. Mientras se habla de evitar cualquier forma de “ensañamiento terapéutico”, me parece que en Italia estamos todavía en la situación contraria, es decir. en una especie de “negligencia terapéutica” y de “espera terapéutica demasiado larga”. Se trata especialmente de los casos en los que las personas deben aguardar también mucho antes tener una prueba que ha sido pedida como necesaria o urgente, o de otros casos en los que las personas no pueden ser acogidas en los hospitales por escasez de plazas o son desatendidas. Es un aspecto de lo que viene a veces definido como “mala sanidad” y que marca una discriminación en el acceso a los servicios sanitarios que por ley tienen que estar a disposición de todos de la misma manera.
Ya que, cómo dije antes, los enfermeros y los médicos hacen lo que les corresponde con gran dedicación y respeto, se trata probablemente de problemas de estructura y de sistemas de organización. Sería por lo tanto importante encontrar procedimientos institucionales –independientes de la dinámica exclusiva del mercado que lleva en la salud a privilegiar las intervenciones médicas más remunerativas y no las más necesarias para los pacientes–, que permitan acelerar las acciones terapéuticas y la ejecución de las pruebas necesarias.
Todo esto nos ayuda a orientarnos con respecto a casos recientes en los noticiarios de la crónica que nos hicieron tomar conciencia de la creciente dificultad que acompaña la toma de decisiones en la fase terminal de una enfermedad grave. El caso reciente de P. G. Welby, que con lucidez pidió la suspensión de las terapias de asistencia respiratoria, consistente desde hacía nueve años en una traqueotomía y un ventilador automático, sin posibilidad alguna de mejoría, ha tenido una especial resonancia. Especialmente por la intención obvia de algunas fuerzas políticas de ejercer una presión en favor de una ley que favorezca la eutanasia. Pero situaciones como ésta serán cada vez más frecuentes y la misma Iglesia tendrá que prestarle también una atenta consideración pastoral.
La creciente capacidad terapéutica de la medicina permite prolongar la vida incluso en buenas condiciones durante un tiempo impensable. Sin duda el progreso médico es muy positivo. Pero al mismo tiempo las nuevas tecnologías que permiten intervenciones cada vez más efectivas en el cuerpo humano requieren un suplemento de sabiduría para no prolongar los tratamientos cuando ya no benefician a la persona.
Es importantísimo en este contexto distinguir entre eutanasia y abstención del ensañamiento terapéutico, dos términos que se confunden frecuentemente. La primera se refiere a un gesto que intenta abreviar la vida, causando positivamente la muerte; la segunda consiste en la “renuncia… a la utilización de procedimientos médicos desproporcionados y sin la razonable esperanza de resultado positivo” (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, N. 471). Evitando el ensañamiento terapéutico “no se quiere… ocasionar la muerte: se acepta no ser capaz de impedirla” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2.278) asumiendo así los límites propios de la mortal condición humana.
El punto delicado es que para establecer si es conveniente una intervención médica no se puede recurrir a una regla general casi matemática, de la que se deduzca el comportamiento adecuado, sino que es necesario un discernimiento atento que tenga en cuenta las condiciones concretas, las circunstancias y las intenciones de los sujetos implicados. Especialmente no se puede ignorar la voluntad del enfermo, en cuanto a él compete –también desde el punto de vista jurídico, salvo excepciones bien definidas– valorar si los cuidados que le proponen, en esos casos de extrema gravedad, son realmente proporcionados.
Por otra parte, esto no equivale a dejar al enfermo solo en el momento de hacer evaluaciones y tomar sus decisiones, según una concepción del principio de autonomía que tiende erróneamente a considerarla como absoluta. Es responsabilidad de todos acompañar a quien sufre, sobre todo cuando el momento de la muerte se acerca. Quizás sería más correcto hablar no de “la suspensión de los tratamientos” (y menos todavía de “desconectar el enchufe”), sino de la limitación de los tratamientos. Resultaría así más claro que la asistencia debe continuar, redimensionándose a las verdaderas exigencias de la persona, asegurando por ejemplo la sedación del dolor y las curas de enfermería. Precisamente en esta línea se mueve la medicina paliativa, que reviste por tanto una gran importancia.
Desde el punto de vista jurídico, queda abierta la exigencia de elaborar una normativa que, de una parte, consienta reconocer la posibilidad del rechazo (informado) de los cuidados –en cuanto considerados desproporcionados por el paciente–, y por otra parte proteja al médico de eventuales acusaciones (como la de asesinato consentido o de ayuda al suicidio), sin que esto implique en modo alguno la legalización de la eutanasia. Una empresa difícil, pero no imposible: ellos me dicen que por ejemplo la reciente ley francesa en esta materia parece haber encontrado un equilibrio que si no es perfecto, por lo menos capaz de conseguir un suficiente consenso en una sociedad pluralista.
Al insistir tanto en que hay que evitar el ensañamiento y en temas semejantes (que tienen un alto impacto emocional también porque afrontan la enorme cuestión de cómo vivir de manera humana la muerte) no se debe olvidar el primer problema que he querido subrayar, a partir de mi experiencia personal. Sólo mirando más hacia arriba y más hacia adelante es posible valorar el conjunto de nuestra existencia y juzgarla a la luz no de criterios puramente terrenos, sino bajo el misterio de la misericordia de Dios y de la promesa de la vida eterna"

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